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Elecciones en Andalucía y Asturias: RAZÓN Y SOLILOQUIO

lmgonzalez.ccoo.es | 26 Marzo, 2012 19:37

Javier Arenas lo intentó por enésima vez. Logró un puñado más de votos que el PSOE y le superó en tres escaños. Salió al balcón de la sede, sonrió, leyó un discurso y se abrazó a los suyos. Había ganado unos cuantos asaltos a los puntos pero perdió estrepitosamente el combate. Izquierda Unida le amargó la noche, porque se llevó 6 de los 9 diputados que perdió el PSOE. La izquierda cerró el paso a la derecha, que ya había preparado la semana de abril engrandecida en su fe. También le traicionó la Macarena. La huelga general se acerca.

 A caballo del siglo XVIII y XIX, el ensayista alemán Johan Wolfgang von Goethe, sugirió que “el que quiera tener razón y habla solo, de seguro logrará su objetivo”. El Gobierno de Rajoy lleva tiempo hablando solo y por supuesto, confiando en su razón. Hace cuatro meses ganó con autoridad en las urnas las elecciones generales. Ahora perdió con esmero 554 mil votos en las elecciones autonómicas de Andalucía y Asturias. Son las cosas de la democracia. La misma gente que te vota deja de hacerlo si gobiernas tercamente contra los derechos de la mayoría de la sociedad. La derecha está jugando con fuego. Debería de abandonar el soliloquio y hablar con la gente. Lo digo por el bien del país a corto plazo, porque si se empeña pasará a la historia como el Gobierno que en el plazo más breve de tiempo transformó una mayoría absoluta en un batacazo electoral.

 Que la izquierda no se duerma

 Griñán resistió mejor de lo que decían los sondeos la invasión conservadora, pero ha sido IU la que evitó la debacle. En Asturias el PSOE fue el partido con más escaños e IU consiguió un notable incremento de votos, pero la derecha sigue ganando en escaños; y para colmo, una división en circunscripciones electorales pactada para beneficiar el voto conservador y socialista, ha restado ilegítimamente al menos un par de escaños a la formación liderada por Jesús Iglesias. Es decir, conviene que la izquierda interprete bien el resultado de las urnas y se exija, antes que nada, impulsar el cambio de la ley electoral, y en Asturias, acabar con el atropello de un reparto de escaños por circunscripciones sorprendentemente inspirado por el PSOE.

En los próximos días, deberá producirse un diálogo fluido entre PSOE e IU en ambas comunidades autónomas para fijar algunas prioridades programáticas ante un posible acuerdo. Sin prisas, sin urgencias, pero conscientes de que hay que conciliar una vieja controversia de las izquierdas: gobernar sin complejos y evitar el ataque de liberalismo (ética de la responsabilidad) que sufren los socialistas cuando gobiernan, o el pánico a gestionar gobernando un programa de izquierdas que tiene atrapada a IU. Las opiniones extravagantes, que las habrá en ambos campos, no deben ser excusa para madurar un programa de gobierno.

 Hay que precisar que la situación es distinta en Asturias. Si el voto del exterior no lo remedia, las derechas (Foro y PP) formarán gobierno. Incluso si la izquierda recuperase un escaño, sería necesario el concurso del único diputado de UpyD para poder alcanzar un acuerdo progresista. Aunque en realidad, conviene no perder de vista el problema de fondo: las circunscripciones electorales, que niegan de antemano a formaciones como IU la disputa de diputados en dos de ellas. Así no se puede seguir.

 Trascendiendo a todo ello,  las izquierdas deben actuar con sentido de futuro. No se puede seguir reaccionando a la defensiva en un escenario que la derecha domina política y culturalmente en España y en Europa. Un buen síntoma sería que la socialdemocracia diese por concluido un triste periodo de sometimiento al poder del dinero. Hollande en Francia parece marcar ese camino. En la pelea de la democracia con la economía no basta con el recurso a la retórica; hay que activar leyes y normas para que la política gobierne los mercados, y no al revés. Hay que construir discurso económico alternativo al del liberalismo desregulador.

 Pero sobre todo, hay que cambiar el rostro y los modos de hacer política de las formaciones de izquierda. De la misma manera que los partidos que ganan las elecciones no pueden creer en la impunidad para gobernar, ignorando la función participativa de la democracia, las izquierdas (gobiernen o no) deben disponer de estructuras sólidas, abiertas y transparentes para canalizar las demandas de la ciudadanía, y escuchar y debatir huyendo del sectarismo, creyendo y practicando  la cultura de la tolerancia.

 Luis María González

 

 

 

 

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El envilecimiento de los malvados

lmgonzalez.ccoo.es | 13 Marzo, 2012 12:17

Son legión. Pelean por el reconocimiento privilegiado de Moncloa. Convierten el debate político en un lodazal. Se dicen periodistas, pero el 20N  empezaron a sentirse propagandistas. Degradan la profesión. Minan la convivencia. Por eso, parafraseando a la activista francesa Madame Roland, cuya vida segó la guillotina, “Nada se puede aceptar de un malvado, so pena de envilecerse”.

 En los últimos tiempos vomitan contra los sindicatos. No informan, calumnian. No opinan, difaman. Viven en un vertedero y escriben lo que respiran. Por eso resulta inútil, en este clima de intoxicación programada, hacer un esfuerzo y participar de la orgía del antisindicalismo con espíritu de comprensión. Hemos de elegir bien nuestras prioridades. El tiempo es escaso y no debe perderse en mirar al dedo. Hay que observar la luna, que de aquí al 29M deberá avanzar hacia la luna llena. Foros y tribunas han de escuchar nuestras ideas y razones. Está en juego  la arquitectura social y laboral que nos dimos en democracia.

 También en los medios de comunicación

 La derecha ganó las elecciones municipales y autonómicas, y las generales. Alcanzó las mayores cotas de poder institucional que ninguna fuerza política haya logrado nunca en democracia. Y una vez con los mandos del Estado, estrechó aún más los lazos con la Iglesia, anunció el gobierno corporativo de la Justicia acabando con los instrumentos de control democrático, y resulta apabullante su presencia en los medios de comunicación. El miedo y la resignación ganan enteros, los poderes del Estado involucionan, la democracia se evapora. Y todo ello con el concurso decisivo de un denso aparato mediático que, con seguridad, deberá reestructurarse más pronto que tarde. El medio ambiente no puede con tanto hedor. El concierto suena a himno nacional.

 Frente a la tormenta conservadora se han alzado numerosas voces, la más potente la del movimiento sindical. CCOO lo repite insistentemente. Combatiremos las políticas injustas, el ataque a los derechos sociales y laborales, la pérdida de calidad democrática. Haremos frente a la resignación y mantendremos vivo el conflicto social con firmaza y talento. La huelga general del 29M no es el final de etapa. Es la primera etapa.

 Sabemos de nuestros enemigos, ahora crecidos por el espíritu del 20N. Conocemos su misión. Sufrimos su infamia mediática. Pero su munición no quebrará el proyecto sindical. Hemos peleado en peores plazas, en tiempos de feroz dictadura, en los que buena parte de estos mensajeros hacían gimnasia con el brazo. Nos sobra talento, coraje  y capacidad de propuesta para resistir las embestidas de tanto malvado.

 

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REHENES

lmgonzalez.ccoo.es | 12 Marzo, 2012 12:33

 

En la multitudinaria manifestación que ayer domingo, en Madrid, subió desde Atocha hasta la Puerta de Alcalá contra la reforma laboral -manifestaciones que se repitieron en 60 ciudades de la geografía española-, pudimos escuchar al secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, en el mitin final en la Plaza de la Independencia, acusar al Gobierno de utilizar a las personas en paro como rehenes de la crisis. Consciente de lo difícil que resulta explicar una reforma laboral que hace añicos el marco de relaciones laborales de la democracia, el Ejecutivo ha decidido recurrir a la difamación del movimiento sindical para despistar a la ciudadanía. Y todo vale si se trata de restar crédito a la capacidad de movilización de los sindicatos. En los últimos días, distintos portavoces del Gobierno y de la derecha española, debidamente jaleados por el aparato mediático ultraconservador, han agitado el fantasma del enfrentamiento entre unos trabajadores y otros. Dolores de Cospedal ha llegado a decir que esta es una huelga contra las personas en paro, a las que la reforma quiere ayudar a encontrar empleo. Una forma de convertir a los parados en rehenes, por si no tenían bastante con querer y no poder trabajar. Además, con esta reforma, una persona en paro debe estar cobrando la prestación por desempleo si quiere tener alguna opción, aunque remota, a ser contratada por un empresario que reciba a cambio la correspondiente bonificación. Fuera de esta "subasta bonificada" quedan quienes ya no cobran, ni siquiera, prestación por desempleo. Todo un monumento a la injusticia y la discriminación. Calumnias como la citada formarán parte en los próximos días de la orgía antisindical que, al alimón, han activado gobernantes y propagandistas del régimen contra los sindicatos y la huelga general.

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VIVIR, SOÑAR Y DESPERTAR

lmgonzalez.ccoo.es | 06 Marzo, 2012 13:18

Artículo que hoy publica NUEVATRIBUNA

Vivir, soñar y despertar

 

 

“Si vivir es bueno, es mejor soñar, y mejor que todo, madre, despertar”, escribió Antonio Machado.  Yo también creo que lo mejor es despertar, aunque no todos tenemos el mismo despertar. Después de varios años viviendo y soñando con gobernar España, Rajoy y su gobierno parecen haber despertado en un país desconocido, lleno de trampas y cambalaches, y aquejado de una muy mala salud económica y financiera. Algo falló en la teoría del saber del ahora presidente. O era un pardillo hace tan solo unas semanas, aficionado impenitente a la siesta, y solo ocupado en zapatearlo todo para llegar a Palacio; o un profesional de la escena cuando pasa a ser actor de la realidad, y nos amenaza con la insoportable crudeza  de la crisis, el déficit, el paro y la ausencia de dinero para hacer política.

 No queda aquí el extraño caso del presidente desinformado. Mariano Rajoy se presentó a las elecciones sin contar, ni siquiera insinuar, alguna de las medidas ahora aprobadas. Es más, aún están frescas en la memoria alguna de sus intervenciones contra la reforma laboral que el Gobierno de Zapatero aprobó en mayo de 2010, y que a mi juicio, se alimentó de los mismos ingredientes que la suya (despido más fácil y barato, dualidad del mercado laboral, devaluación de la negociación colectiva) si bien, con dosis de menor alcance. Podría afirmarse que unos abrieron la puerta y otros tiraron el tabique. Si las elecciones hubieran arrojado un resultado distinto, sabiendo el electorado lo que votaba, es algo que pertenece a la ficción. Yo creo que no; lo que no es incompatible con exigir a las fuerzas políticas mayor transparencia y honestidad hacia  la ciudadanía a la que se dirige para pedirle su voto.

 

Cada uno en su sitio

 Dice el Gobierno que hace lo que hace por responsabilidad con su país. Sus razones tendrá para llamar responsabilidad a eliminar derechos sociales y laborales que diseñaron la arquitectura básica de la democracia en España y de su posterior desarrollo constitucional. Denuncian los medios de comunicación afines, que la izquierda social y política ni siquiera concede los 100 días de cortesía al Ejecutivo de Rajoy.  Ni siquiera unas horas nos dieron ellos a nosotros. En su primer Consejo de Ministros, tan solo unos días después de su constitución, el Gobierno aprobó un plan de ajuste centrado en deprimir salarios y reducir gasto social. En poco más  de un mes hizo honor a las palabras del presidente  (“la reforma del mercado de trabajo me puede costar una huelga general”) y decretó una reforma laboral que cuestiona toda la estructura del derecho del trabajo desde la transición democrática.

 ¿Y qué nos piden los propagandistas del régimen, que nos quedemos parados 100 días mientras nos desmontan en una semana todo lo construido hasta ahora? Si esa es su responsabilidad la nuestra es defender los derechos de los trabajadores con diálogo, negociación y con todos los instrumentos democráticos que la Constitución pone a nuestro alcance. Han ido demasiado lejos. Acusan al PSOE de liderar la protesta. Algún que otro ministro, necesitado de hacer méritos, le acusa incluso de alentar actos violentos. Ni una cosa ni la otra. Sabe el PSOE que no está en condiciones de liderar la respuesta social, porque todavía están vigentes sus agresiones a los derechos sociales y laborales (reforma del 2010, golpe a la actividad económica, golpe a la inversión pública, golpe a la dependencia, golpe a los pensionistas, golpe a las empleadas y empleados públicos…). Pero el movimiento sindical sabe también que el manual de recortes y de eliminación de derechos de Rajoy es de tal magnitud que no bastará con mantener vivo el conflicto laboral; habrá que tejer una amplia y plural convergencia social de la que únicamente deben sentirse excluidos los que así lo decidan y los violentos.

 La situación no es fácil. La última legislatura de Zapatero no fue precisamente para enmarcar. La tasa de paro  es insoportable. Pero ya huele mal tanto recurso a la candidez. Nadie se cree el elevado índice de ignorancia que el Gobierno dice tener de la realidad; o como gusta decir al PP, de la torticera manipulación de los indicadores económicos que llevó a cabo el anterior Ejecutivo. Que no se escondan en la ignorancia. Que no justifiquen su gigantesco ataque al Estado de bienestar y al derecho laboral con la cantinela de que “las cosas están peor de lo que nos dijeron”. Vivir en la oposición y soñar con la Moncloa estuvo bien. Pero ahora, superado el sueño, uno debe elegir qué intereses defiende cuando gobierna. La derecha española no se caracteriza por su  sensibilidad social. Recibió un aval estimable el 20 de noviembre. Pero nadie es elegido para gobernar con impunidad. Podría equivocarse el PP si llegara a la conclusión  de que los votos son el mejor aval para que la ciudadanía lo aguante todo. Su enorme voracidad para aniquilar el Estado social, emprendiéndola simultáneamente contra el movimiento sindical para contagiar el miedo y la resignación en la sociedad, puede acelerar su descrédito. El paro, la exclusión social, la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el deterioro de los servicios públicos y la cada vez mayor evidencia de que se gobierna al dictado de instituciones financieras, lobbys conservadores europeos, grupos empresariales y la Conferencia Episcopal pueden acabar con la paciencia de cualquiera.

El 9 de marzo, las direcciones confederales de CCOO y UGT decidirán el calendario de la respuesta social. El Gobierno sabe que si descarta el diálogo y elige el camino del decreto, el conflicto social en su máxima expresión está servido. 

 

 

 

 

Luis María González

 

 

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