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Desorientación laboral

jlopez.ccoo.es | 16 Marzo, 2017 01:00

La crisis ha sido larga, dura, brutal, intratable. La crisis se ha convertido en modelo de vida que justifica los cambios profundos que han llegado para quedarse en forma de precariedad e inseguridad. Golpeó el sistema financiero, destrozó empresas, mandó al paro a millones de personas y desestabilizó la sociedad, la política  y nuestras vidas.

Altas tasas de paro conviven con una población que envejece por momentos y con una escasez evidente de personas cualificadas, en determinados espacios laborales como la tecnología, ingenierías, ciencia, etc. Nuestros jóvenes han madurado en esta nueva situación, sin ninguna ayuda para entender qué está ocurriendo y como pueden afrontar esta nueva realidad, por confusa, e injusta que esta sea.

Una de las claves estribaría en adquirir las competencias necesarias para intentar labrarte una carrera profesional. Pero lo cierto es que los Servicios Públicos de Empleo, en España, cuentan con pocos recursos y posibilidades de buscar empleo para personas desempleadas, y aún mucho menos para asesorar y orientar a las personas paradas para encontrar  oportunidades de empleo y posibilidades de formación a su disposición.

El porcentaje de jóvenes españoles que no trabaja, ni estudia, es del 22,5%, cuando la media europea es del 15,9 % y en países como Holanda, tan solo del 7,1 %, Francia el 13,8 %, Reino Unido el  14,7%.

La crisis genera riesgo social y, para muchos jóvenes, un incremento de quienes ni estudian, ni trabajan, un aumento de los porcentajes de desempleo y abandono de los estudios y la formación, que alcanzan con mayor intensidad a quienes cuentan con  menores niveles de estudios, viven en los barrios trabajadores, y con menos rentas. Para ellos, la falta de servicios de orientación incrementa la desigualdad frente a quienes cuentan con mayores niveles formativos

La orientación y el asesoramiento, realizados a través de la cooperación y no la competencia entre servicios públicos de empleo, centros educativos, ayuntamientos, empresarios, sindicatos, familias, contribuirían a corregir el abandono escolar temprano, abriría opciones profesionales, ayudaría a la inserción laboral, facilitaría el acceso a programas formativos adaptados a las necesidades, no solo de las empresas, sino de las personas y al servicio del modelo de desarrollo territorial que queremos impulsar.

La estabilidad de las carreras profesionales exige que los períodos de desempleo y los cambios constantes de actividad se minimicen. La Reforma Laboral juega a la contra. El deterioro de la negociación colectiva juega a la contra. Pero contar con buenos servicios de orientación profesional contribuye, en los países donde funcionan bien, a mejorar el enfoque personal, mejorar las competencias, facilitar la elección de trayectorias profesionales.

Hay quienes piensan que la orientación es un coste inadmisible. Hay quien quiere convertir la orientación en un negocio privado, en un servicio público externalizado, en tarea de ONG. En tarea caritativa.

Sin embargo, si algo ponen de relieve, en otros países, o en algunos lugares de España, las experiencias de orientación laboral desarrolladas por servicios públicos y con participación y cooperación de todos los actores sociales, es que quienes reciben estos apoyos, asesoramiento y orientación realizan mejores trayectorias profesionales y son menos propensos a  encasillarse en prestaciones sociales.

Tener información, conocer tu mercado laboral, conocer tus opciones y posibilidades, afrontar procesos de cualificación y formación útiles y adaptados a las necesidades, constituyen una buena respuesta a los problemas de las personas, las comunidades y las propias empresas.

Pero una vez más, aunque las experiencias han existido y existen en España. Aunque contamos con personas cualificadas y con experiencia para dirigir y desarrollar procesos de asesoramiento y orientación, la mediocridad y cortas miras amenazan con volver a perder la oportunidad de abordar un mejor futuro y en mejores condiciones.

No se pueden hacer oídos sordos a un problema y a una necesidad que desde CCOO venimos reclamando durante dos décadas, como quien clama en el desierto. Unas veces porque el pelotazo de turno lo tapa todo, otras porque la dureza de las crisis impide invertir en orientación. La pescadilla que se muerde la cola eternamente en España.

Francisco Javier López Martín

 

 

 

 

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15-D y 18-D A LA CALLE POR LAS PERSONAS Y SUS DERECHOS

jlopez.ccoo.es | 14 Diciembre, 2016 00:21

 

La memoria es efímera. Vivimos en un mundo en el que el bombardeo de noticias hace difícil el recuerdo hasta de lo más inmediato. Un mundo en el que lo individual ha suplantado a lo colectivo, que ha sido relegado al último rincón de nuestra memoria, hasta el punto de que me encuentro personas que me preguntan qué han hecho los sindicatos durante la crisis. Para empezar les digo que tres Huelgas Generales. Entonces, van a internet, consultan la Wiki y confirman la existencia de esas tres huelgas generales.

Luego les hablo del papel sindical en cada movilización por los derechos laborales en las empresa, por el convenio, en las movilizaciones  contra los despidos, contra los ERE. En las luchas contra las privatizaciones y el trasvase de recursos públicos al sector privado. En las mareas blancas, en las mareas verdes, en las mareas negras, en cada maremoto que se desencadena.

En la pelea contra la pobreza energética. En la exigencia de una renta mínima para las personas que carecen de todo tipo de recursos. Contra la violencia de género. Las concentraciones ante los tribunales de justicia para exigir que los juicios contra sindicalistas, por participar en movilizaciones, no produzcan condenas inaceptables y la necesidad de derogar el artículo 315.3 del código penal que hace posibles esas condenas.

De nuevo tienen que ir a internet y confirmar que todo ello es real. Que el mundo virtual ratifica que en todas estas luchas diarias estamos los sindicatos. Que aunque no aparezcan en las televisiones, esas batallas se libran cotidianamente. Que las perdemos, o las ganamos, cada día. Que si no fuera porque hay sindicalistas organizados en sindicatos, que dan la cara cada día, el silencio de los corderos sobre los derechos sociales y laborales sería una ley de hierro que se aplicaría casi sin contestación.

Ahí tenemos a los compañeros y compañeras de Coca-Cola en lucha contra los desmanes de una multinacional omnipresente y omnipotente. Ahí Pedro Galeno , o los 8 de Airbús, jugándose su libertad por defender la de todas y todos. Ahí las camareras de piso y las mujeres de ayuda a domicilio y las personas que nos atienden telefónicamente. Son sólo algunas de las miles de cusas en las que miles de sindicalistas están comprometidos y comprometidas, todos lo días en este país. No acaparan páginas, ni portadas en los periódicos, pero están, existen, luchan, siguen luchando.

Hemos pasado un año con un gobierno en funciones. Se acaba de constituir un gobierno continuista, pero en un terreno que hace difícil que la soberbia, el deprecio del diálogo y el autoritarismo demostrados por el PP, a lo largo de los últimos años pueda tener continuidad. La recesión puede que haya acabado, pero las crisis económica, de empleo, social y política, tienen mucho recorrido por delante. El horizonte es incierto y no son pocos, en las propias filas del conservadurismo, los que reconocen que se les ha ido la mano con las reformas, los recortes, el destrozo de la negociación colectiva y los ataques a las rentas salariales y los derechos de la clase trabajadora.

Después de tanto negar la evidencia, ahora nos vienen con que es necesario subir los salarios, porque sin salarios no hay ventas. Y que es necesario un empleo más estable, porque están destrozando el futuro de generaciones enteras y porque sin estabilidad no hay ventas a largo plazo. Y que es necesario asegurar el futuro de las pensiones porque millones de personas no pueden quedar relegadas a la pobreza y la miseria en las últimas etapas de su vida. Se les ha ido la mano, mucho, brutalmente y tienen que reflexionar.

Pero esta reflexión, obligada y necesaria, no llegará a buen puerto por sí sola, si no cuenta con el respaldo de millones de personas que con su voz, con su acción, con su movilización, trazan el camino a seguir a quienes tienen las responsabilidades de gobierno. Los próximos días 15 de diciembre, los sindicatos, con el apoyo de numerosas fuerzas políticas y sociales, saldremos a las calles de toda España en manifestaciones y concentraciones. El 18 de diciembre tomaremos las calles de Madrid en una gran manifestación.

Acaba de constituirse un Gobierno, que no puede ser más de lo mismo. Un Gobierno que tiene que cambiar el rumbo de sus políticas económicas y sociales, para que las personas sean lo primero y los derechos arrebatados sean repuestos. Para que los problemas del desempleo, la pobreza, los bajos salarios, la precariedad laboral, el deterioro de los servicios públicos que sostienen derechos constitucionales como la sanidad, la educación, los servicios sociales, la atención a la dependencia, la vivienda, el transporte público, encuentren soluciones justas y cuenten con los recursos necesarios.

Cuando veo la prisa con la que este Gobierno acude al rescate de los intereses de los grandes propietarios de la autopistas de peaje, con el dinero de todas y todos los españoles y la desidia que demuestran a la hora de cubrir las necesidades de las personas desempleadas y sin recursos, el abandono de nuestras personas mayores, los salarios de miseria y los abusos laborales, me ratifico en la necesidad de apretar los dientes.

Cuando escucho a la ministra del ramo hablar de acabar la jornada laboral a las 6 de la tarde, obviando que es su reforma laboral la que produce prolongaciones de jornada, horas extraordinarias no cobradas, salarios indignos para contratos basura, pienso que habrá que hacer mucho más que enseñar los dientes.

Dentro de unos años, pocos probablemente, alguien volverá a preguntarme, qué hicieron los sindicatos durante la crisis y volveré a contarles estas mismas cosas. Y ese alguien espero que no tenga que ir a internet a comprobar que no miento. Espero que recuerde, incluso, que asistió a una gran manifestación en Madrid un 18 de diciembre de 2016, convocada por los sindicatos CCOO y UGT, para exigir una salida justa de la crisis, con más empleo, con mejor empleo y con derechos laborales y sociales recuperados y efectivamente aplicados.

Y quisiera que pudiera recordar que aquella manifestación, que parecía una más de las cientos y miles de manifestaciones que se producen al año en Madrid, marcó un antes y un después, porque la voz de las personas comenzó a ser lo primero y sus derechos volvieron a ser respetados.

Francisco Javier López Martín

 

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La intransitable cartografía de los recortes

jlopez.ccoo.es | 13 Junio, 2016 13:59

Un reciente informe de CCOO pone de relieve que uno de los peores efectos de la crisis ha sido que los ingresos públicos han disminuido brutalmente.  Así, las cuentas del Estado, que se saldaban en 2007 con un superávit de 21.620 millones de euros, arrojaban en 2009 un déficit de 118.237 millones de euros. La caída de los ingresos fue de casi 70.000 millones de euros, pero las rebajas fiscales descontroladas puestas en marcha desde 1994, también tienen mucho que ver.

La solución de los recortes es la más fácil, pero la que más pone en riesgo la estabilidad y cohesión de cualquier país. En las cuentas formales, el gasto de las Administraciones Públicas disminuyó en 30.824 millones de euros entre 2009 y 2014. Pero este dato oculta un desequilibrio más complejo.  Así, mientras los intereses de la deuda, el gasto energético, o las pensiones crecieron en 47.000 millones de euros, el resto del gasto público bajó en 78.000 millones de euros (casi 8 puntos del Producto Interior Bruto). Si tomamos en cuenta la inflación acumulada, el gasto público ha caído entre un 21% y un 30%.

Y el golpe no lo han sufrido exclusivamente los empleados públicos en forma de rebajas salariales y pérdida de empleo. Tan sólo en el capítulo de inversiones en transportes hemos perdido 13.000 millones de euros, 4.400 millones en vivienda, 4.000 en inversiones sanitarias y educativas, o 4.600 millones en políticas sectoriales. Las políticas de Investigación y Desarrollo (I+D+i) han perdido en su conjunto más de 1.700 millones.

Esto sólo en las inversiones, porque si miramos el retroceso de la dotación de servicios como la salud y la educación se han gastado, en 2014, 18.400 millones menos que en 2009. Pero se trata de recortes desequilibrados- Mientras la educación pública ve retroceder sus inversiones en un 70%, los conciertos con centros privados caen un 1,2%.

Los gastos con mayor componente social han sido el principal objetivo del PP a lo largo de los últimos años. Ya sea la incapacidad laboral, el apoyo a las familias y la infancia, las políticas sociales de vivienda, la protección del medio ambiente, las políticas sectoriales de impulso a la economía.

En definitiva, una orientación de la política de gasto presupuestario, que nos está colocando en los últimos puestos de la Unión Europea en nuestra capacidad de proteger  a las personas y las familias frente a los efectos de la crisis.

Corregir esta deriva de empobrecimiento que fractura cada vez más a la sociedad, sería el trabajo urgente de cualquier Gobierno. Ese Gobierno que lleva ya seis meses sin constituirse y que veremos cuanto tarda en llegar después del 26j.  Un lujo, que no deberíamos permitirnos como país, pero que nos estamos permitiendo. Y es que la lógica política no parece tener mucho en común con la lógica de las necesidades de la sociedad. Con el agravante de que en este caso, como en muchos otros, el tiempo solo puede empeorar las cosas.

Francisco Javier López Martín

 

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Empleo juvenil y formación profesional

jlopez.ccoo.es | 02 Julio, 2015 12:42

El hecho de que sean muchos los jóvenes que abandonan los estudios prematuramente, supone no sólo un destrozo social, sino un derroche económico, con duros costes en forma de desempleo de larga duración.

España presenta los niveles más altos en Europa de fracaso escolar entre jóvenes de 18 a 25 años, por encima del 25 por ciento, mientras que la media europea se sitúa en torno al 13 por ciento. Una situación que contribuye a que más del 60 por ciento de estos jóvenes se encuentre en situación de desempleo.

Para empezar hay que constatar que no hay criterios estadísticos homogéneos en Europa para saber las condiciones que determinan el abandono de los estudios en cada país, ni en qué niveles profesionales se produce el abandono. Ni tan siquiera existe coincidencia en las formas de contabilizar los abandonos. Hay países en los que cuenta como abandono dejar un programa de Formación Profesional, aunque se produzca para incorporarse a otro programa. El aprendiz es alumno en unos países y empleado en otros.

Pero dicho esto, que contribuye a desvirtuar las estadísticas, conviene constatar, una vez más, que España se sitúa de nuevo en el pelotón de cola, en abandono de los estudios. Una situación que forma parte de las desigualdades laborales existentes en nuestro país y que termina golpeando, sobre todo, a nuestros jóvenes de nivel económico más bajo y pertenecientes a grupos sociales más vulnerables.

El abandono de los estudios generales juega, en principio, a favor de una mayor demanda de Formación Profesional, que es más variada y que termina atrayendo a alumnos y alumnas muy diversos. Este factor permite incorporar programas más flexibles, e integrar en los estudios a jóvenes con bajo rendimiento educativo. Pero también puede terminar haciendo que los niveles de fracaso en la Formación Profesional sean elevados.

El modelo económico español ha jugado, durante demasiados años, a favorecer el abandono de los estudios. Nuestras empresas han ofrecido abundantes empleos de baja cualificación, con salarios mejores, en algunos casos, que los empleos que exigen más cualificación. A la larga, quien tiene menos cualificación, tiene más posibilidades de permanecer en el desempleo, pero nadie alertó de estos peligros, mientras la economía iba bien. Dejar los estudios cuando encuentras un trabajo, o emigrar en busca de mejores oportunidades de empleo, son motivos recurrentes para el abandono.

Para atajar estos problemas hay mucho hecho y escrito. Aprender de las buenas prácticas y experiencias de otros sería positivo para nosotros. Pero pocos responsables políticos se paran en estas consideraciones y terminamos inventando la pólvora y desperdiciando el tiempo, para actuar sobre un problema que, con el paso de los años, no hará sino agravarse.

Hay países, como Holanda, que registran a los alumnos y alumnas y hacen un seguimiento de su evolución formativa. Otros crean programas que incorporan el dominio de herramientas para que cada joven pueda gestionar su carrera, utilizando cursos y prácticas profesionales, adquiriendo competencias clave, utilizando servicios de orientación y enlaces a programas que permiten utilizar el aprendizaje formal e informal.

Hay países que permiten a sus jóvenes ensayar breves periodos de prácticas, para poder elegir la formación que realmente necesitan. Otros han potenciado sus servicios de orientación y tutoría, utilizando profesionales de diferentes disciplinas, para atender mejor a sus jóvenes en sus decisiones profesionales.

En algunos países atienden de forma especial a jóvenes procedentes de colectivos más desfavorecidos, poniendo el acento en formarlos en competencias clave como Lengua, idiomas, matemáticas, o habilidades profesionales. En la mayoría de los países han puesto en marcha servicios para vincular a las empresas con los estudiantes, estableciendo módulos que incorporan prácticas en las empresas.

Una vez más, experiencias hay muchas en todos los países, de las cuales podemos extraer aprendizaje para salir del atolladero de una realidad que nos sitúa a la cola de Europa en fracaso y abandono de los estudios. Una vez más, la responsabilidad política es la clave para poner en marcha medidas que permitan que los estudiantes permanezcan en el sistema educativo, vinculando más y mejor la educación con el empleo. Evitando que los procedimientos burocráticos y las distorsiones entre administraciones, terminen tirando por tierra las buenas intenciones.

Necesitamos una ordenación de las prácticas profesionales, acordada con los responsables empresariales y sindicales, que evite los abusos e impidan la precarización del empleo juvenil, a la que estamos asistiendo, a base de multiplicar fórmulas inconexas de prácticas laborales y no laborales con pocos derechos y mal pagadas.

Sólo si la formación se vincula al acceso al empleo decente, con derechos, con formación y promoción profesional, con reconocimiento real de las cualificaciones adquiridas en un marco nacional claro de cualificaciones, podremos iniciar un camino para que nuestros jóvenes permanezcan en el sistema educativo y accedan a un futuro profesional. Un compromiso político y social por la formación y el empleo de nuestros jóvenes es cada día más necesario.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

 

 

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La cuenta personal de formación

jlopez.ccoo.es | 29 Abril, 2014 12:42

La nueva Ley francesa de Formación Profesional es un buen ejemplo del debate abierto en toda Europa, también en nuestro país, sobre la importancia de la Formación Profesional para el Empleo.

La ley francesa va más allá de la Formación Profesional, porque se convierte en un instrumento para regular la representatividad y financiación de las organizaciones empresariales y sindicales, además de regular la financiación del sistema de formación, o reforzar el papel de la Inspección de Trabajo en el control del sistema.

No da el espacio de un artículo para dejar constancia de los cambios que introduce la ley francesa y que podríamos y deberíamos tomar en cuenta en la negociación de un nuevo modelo de formación para el Empleo en España.

Ya he reflexionado en otros momentos sobre  otros elementos a tomar en cuenta, en un cambio de modelo de formación, como la tan cacareada formación dual.  Aprovecharé este artículo para describir la Cuenta Personal de Formación (CPF).  Toda persona mayor de 16 años, con o sin empleo, así como los mayores de 15 años que  hayan terminado ciclo escolar y firmen un contrato de aprendizaje, dispondrán de esta CPF, que se nutrirá  con 20 horas de formación por año trabajado, hasta alcanzar un crédito de 120 horas, y posteriormente 150 horas.

Se trata de una Cuenta Personal no vinculada a un contrato, sino a una vida laboral.  Es decir, la Cuenta de Formación (CPF) va unida a la persona y sigue a la persona a lo largo de su vida laboral, favoreciendo su itinerario profesional.

Las horas acumuladas no se pierden al cambiar de empleo, o perder el empleo.  Además pueden incrementarse con aportaciones complementarias de la empresa, el trabajador, los organismos paritarios (empresariales y sindicales), las instituciones, las Regiones……

Permitirá, esta cuenta personal, adquirir competencias, certificados, títulos más prolongados en el tiempo y por lo tanto más útiles para la economía y para los itinerarios profesionales.

La cuenta viene a sustituir el Derecho Individual de Formación ( DIF) que no llegaba al 5% de utilización, promovía procesos cortos de formación con una media de 22,5 horas por acción formativa y alcanzando a 66.000 personas en 2012.  Si el DIF contaba con 180 millones de euros, la nueva Cuenta Personal de Formación (CPF) contaría con una dotación de 1.000 millones de Euros anuales.

Para las personas desempleadas que buscan un empleo, la cuenta personal de formación supone medios y el derecho a formarse.  Los recursos que aportan las empresas a través de organismos bipartitos de empresarios y sindicatos para la protección a las personas desempleadas pasarán de 600 a 900 millones de Euros, además de los recursos que los Servicios Regionales de empleo puedan aportar a las cuentas personales de formación de los solicitantes de empleo.

A partir de ahora, la Cuenta Personal de Formación, se constituye en Francia en la puerta de acceso a la Formación Profesional, además de convertir al trabajador o trabajadora, en el protagonista de su propia carrera profesional. La empresa participa, pero es el trabajador el que utiliza las horas de su cuenta sin esperar a que otros, ya sean empresa o servicios de empleo, decidan por él.

En las grandes empresas la negociación colectiva  nutrirá  las cuentas de formación con horas de formación, que podrán incrementarse en función de las necesidades formativas acordadas. 

En las pequeñas empresas será el Fondo Paritario de Protección, constituido por empresarios y sindicatos, el que planificará las acciones formativas en el marco de un plan para la formación en las pequeñas empresas.

No existen soluciones mágicas, ni modelos de gestión únicos, pero creo que para repensar el modelo de formación para el empleo, la condición del éxito estriba en conseguir compaginar el derecho personal a la formación, con las necesidades del sistema productivo.  Estriba en combinar y articular bien el carácter bipartito (empresarios-sindicatos) y tripartito (Administración, empresarios, sindicatos) que deben vertebrar y organizar el sistema.

Bajo la fórmula de la formación dual (a la alemana, austriaca, suiza, danesa, francesa, o de cualquier otro país europeo), o bajo el modelo francés, es el equilibrio entre estos elementos el que asegura el éxito, o determina el fracaso, del modelo.

Aprender de lo mejor de cada sistema, mantener lo mejor de nuestra propia experiencia de formación y prácticas en las empresas, debe permitirnos negociar un nuevo modelo de formación al servicio de las personas y de un nuevo modelo de país que necesitamos.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

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Todos los 8 de marzo

jlopez.ccoo.es | 07 Marzo, 2014 10:04

Todos los 8 de Marzo se convierten en un momento para reivindicar la igualdad de la mujer en nuestra sociedad. Un día para reivindicar el final de esa violencia de género que nos sigue golpeando día tras día desde las pantallas de la televisión y las páginas interiores de los periódicos. Un día para exigir que el acoso sexual, el acoso laboral, dejen de ser una realidad cotidiana que machaca a miles de mujeres. Para tomar conciencia de la discriminación laboral, social, cultural, que ha pervivido tras más de 35 años de Constitución democrática.

Todos los 8 de Marzo se convierten en el día en el que el curso de la historia parece detenerse para constatar que, a partir del mismo, todo puede cambiar a mejor, si nos lo proponemos. Por eso cada 8 de Marzo miles de personas, mujeres y hombres, retoman el compromiso por la igualdad. Porque ese es el verdadero problema. El reto de la igualdad. Un reto en el que hemos ido perdiendo terreno, a lo largo de los últimos años de triunfo de un imaginario de prosperidad infinita, enriquecimiento generalizado, endeudamiento espiral, que nos otorgaba la libertad de consumir productos y servicios sin cuento y sin fin.

El viejo ideario de la libertad y la igualdad, de la mano de su inseparable compañera, la solidaridad (a la que los revolucionarios franceses llamaban fraternidad), ha devenido en un liberalismo feroz, antisocial y, a la vista de los acontecimientos, antieconómico e insostenible, que ha propiciado que los desechos se conviertan en el paradigma de la sociedad.

Ese mundo se ha derrumbado estrepitosamente sobre la sociedad toda, pero son las mujeres las que primero padecen los efectos de las crisis y las que más tardan en sentir los efectos de las recuperaciones económicas. El paro de las mujeres, las pensiones de las mujeres, la calidad de su empleo, ponen de relieve la discriminación existente.

La cualificación de las nuevas generaciones de mujeres, contrasta con los empleos que ocupan, sus salarios siguen sometidos a una brecha salarial injustificable. Siguen perviviendo categorías profesionales destinadas a discriminar salarialmente a la mujer, de forma que con cualificaciones similares, se producen diferencias salariales sustanciales.

Preservar los derechos y los avances en igualdad conquistados, hubiera debido ser el empeño de cualquier gobierno para intentar salir de la crisis más pobres, pero no menos iguales. Sin embargo hemos asistido a un proceso de desmantelamiento de derechos laborales y sociales. Se han alentado políticas de austeridad y recortes presupuestarios, que han incidido directamente en el aumento de las desigualdades y de forma notoria las de género.

Los recortes en la sanidad y la educación públicas, en los servicios sociales, tienen efectos inmediatos sobre las mujeres. Los recortes en educación infantil (0-3 años), en la ayuda a domicilio,  en la aplicación de la ley de dependencia, en plazas residenciales y centros de día. Hasta la aplicación de la reforma laboral introduce nuevas medidas encaminadas a endurecer las condiciones de trabajo e impedir la conciliación de la vida laboral, personal y familiar.

Para terminar de agravar el proceso de involución en la vida y los derechos de la mujer española, entra en liza el poderoso influjo de la jerarquía católica española, que se niega a perder sus privilegios económicos y su capacidad de imponer sus principios a toda la sociedad. La contrarreforma de la Ley del Aborto, es un mazazo en el centro mismo de una sociedad que a duras penas ha conseguido ir arrinconando un pasado de sometimiento al nacionalcatolicismo más rancio y casposo de la vieja Europa.

Como bien nos recuerda Laura Nuño, Directora de la Cátedra de Género del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos y Coordinadora del Master en Género y Políticas de Igualdad entre Mujeres y Hombres,  que CCOO organizamos conjuntamente con la Universidad Rey Juan Carlos, los avances son siempre muy lentos y rápidos los retrocesos.

Por eso, no podemos permitir que la igualdad pase a ser un asunto subsidiario en las políticas públicas. No podemos tolerar que la violencia de género sea tratada como un drama puntual y no como un problema estructural de nuestra sociedad. No podemos aceptar que la Ley del Aborto nos retrotraiga a la etapa más negra de nuestra historia.

Este 8 de Marzo, como todos los 8 de Marzo, ratificamos un compromiso: No podemos consentir que la igualdad de género, los avances en materia de paridad, sean tratados como una molesta obligación, tras la cual se oculta la pervivencia de una profunda fractura de desigualdad y discriminación en nuestro país.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Poesía, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (479). Retroenlaces:(0). Enlace

Una renta mínima para Europa

jlopez.ccoo.es | 19 Febrero, 2014 08:38

Llega a mis manos un Dictamen del Comité Económico y Social Europeo que invita a la Comisión Europea a estudiar posibilidades de financiación de una Renta Mínima Europea.

La del Comité es una de las cada vez más numerosas voces que reclaman que la lucha contra la pobreza y la exclusión social en Europa, sean algo más que meras declaraciones de objetivos, siempre postergados por los gobiernos nacionales y por las autoridades europeas. De hecho, desde hace más de 20 años el Comité viene reivindicando este tipo de medidas.

La crisis y las insensatas políticas de ajustes y reformas, han incrementado el riesgo de pobreza hasta el punto de que el 24,2% de la población europea, casi 120 millones de personas, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.  Durante la crisis,  todos los indicadores de riesgo han empeorado. Tanto en riesgo de pobreza, en privaciones materiales severas, o en familias en las que el empleo es escaso, o inexistente.

Los pobres son cada vez más pobres y los menores de 18 años, conforman uno de los grupos más expuestos a la pobreza con una tasa de 27,1%, seguidos, en muchos países, de las personas mayores y otros grupos de población vulnerables como las personas con discapacidad, con enfermedades crónicas graves, hogares monoparentales, familias de rentas bajas, inmigrantes, minorías étnicas.

Aparecen nuevas formas de pobreza, como las personas sin hogar, la pobreza energética, la exclusión financiera, el endeudamiento excesivo, la feminización de la pobreza. Nuevas formas de pobreza que incorporan el fenómeno de los trabajadores y trabajadoras pobres, cuya precariedad y bajo salarios vienen a sumarse a los 26,2 millones de personas desempleadas, alcanzando el desempleo juvenil tasas máximas del 23’6%. Desgraciadamente España duplica las medidas europeas en casi todos estos datos desfavorables.

Mientras los programas nacionales de ajustes y reformas se cumplen al milímetro.  Mientras las entidades financieras gozan de ayudas incondicionales para sus rescates, los objetivos de la Estrategia Europea 2020, que incorporan una reducción de 20 millones de personas pobres, no se cumplirán y quedarán entre 5 y 8 millones por debajo, suponiendo que la suma de objetivos nacionales se cumpliera rigurosamente.

Hay que reforzar las políticas que permitan impulsar una economía sostenible, que apueste por el empleo y la formación de las personas y los trabajadores y trabajadoras.  Y en el mientras tanto, hay que poner en valor elementos sociales de los tratados, Cartas de Derechos, recomendaciones, planes y estrategias de la Unión Europea.

La pobreza tiene hoy muchas y muy variadas dimensiones.  Sus efectos sobre la sociedad son demoledores.  Incluso económicamente sus consecuencias son desastrosas sobre las rentas disponibles y la demanda.  No hay país competitivo compatible con altas tasas de pobreza.

La Unión Europea no puede seguir concentrando todas sus prioridades en las políticas monetarias, de estabilidad presupuestaria, de recortes presupuestarios, de injusticia fiscal.

La implantación de una Renta Mínima se viene reclamando desde hace más de veinte años.  Recientemente CCOO hemos presentado una propuesta en este mismo sentido. No es una panacea, ni una solución a la crisis, pero puede contribuir a paliar los efectos sociales de la misma, al dotar a las personas de los recursos mínimos esenciales para la subsistencia, impulsando la demanda interna y provocando un efecto anticíclico que contribuya a superar la crisis.

Europa necesita que todos sus países establezcan una Renta Mínima garantizada para las personas que no pueden acceder a prestaciones derivadas de sus cotizaciones al desempleo, o a la Seguridad Social. Necesitamos una última barrera contra la pobreza que asegure el derecho a una vida digna de las personas y las familias.

Son muchas las organizaciones sindicales, sociales, fuerzas políticas, que reclamamos una Renta Mínima Garantizada,  Una demanda que no puede toparse con los silencios de los Gobierno, con la indolencia de los poderosos, con la avaricia de quienes detentan la riqueza.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Empleo, Política, Sociedad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (476). Retroenlaces:(0). Enlace

2013 el año del oprobio

jlopez.ccoo.es | 09 Enero, 2014 12:13

Es difícil decir algo sobre 2013 que no haya sido dicho ya. Pocos años habrán sido percibidos tan nefastos como el que acaba de terminar, pese a que no han faltado malos años en nuestra historia. Sin embargo, en muy pocas ocasiones hemos podido sentir que los cambios que se estaban produciendo, acelerados, vertiginosos, nos conducían a otro país. Un país que no sabemos cómo será, pero que intuimos que alguien está diseñando a nuestras espaldas.

Para mí también ha sido un año de profundos cambios. La Secretaría General de CCOO de Madrid, que ocupé hasta enero, me parece, tras el año transcurrido, un lugar seguro, en el que la perspectiva tenía puntos de fuga reales a los que dirigir la vista en cada momento, a los que acudir para poner barreras, taponar grietas, frenar agresiones. Un lugar donde perder o ganar. Un lugar inmenso, pero acotado. Un territorio de frontera, pero de dimensiones aún humanas. Complicado, pero conocido.

Durante este año me he adentrado en un territorio nuevo. El de la formación profesional para el empleo. Soy maestro y el funcionamiento de la estructura educativa no me es ajeno. Sin embargo, la formación para el empleo es un subsistema que funciona como un submundo, con reglas propias y una arquitectura diseñada a lo largo de décadas, que hoy se ve sometida a los avatares de la crisis, no sólo económica, sino de empleo, social, política, cultural.

El modelo de formación para el empleo tiene muchas virtudes y no pocos problemas. Revisar el modelo, crear un nuevo marco para la formación de los trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda la vida, sería una tarea urgente, pero lo urgente no siempre es prioritario en política y la política no goza de buena salud en nuestro país.

Ha sido duro. Y, sin embargo, lo peor con diferencia no ha consistido en aceptar un nuevo reto en tiempos difíciles, sino percibir que la crisis que atravesamos es mucho más que una crisis económica al uso, más dura y más larga que otras anteriores. Percibir que el mundo que hemos vivido y conocido, afronta uno de esos procesos de transformación histórica que lo convierte en irreconocible y que abre un escenario nuevo de imprevisibles consecuencias. Un mundo globalizado frente al que los Gobiernos, los Estados, los pueblos, tienen poco margen de maniobra y los instrumentos de gobierno internacionales se muestran impotentes.

Por lo pronto, el destrozo económico que ha producido la crisis, ha fracturado el mercado de trabajo hasta límites intolerables. El paro frente al empleo, el temporal frente al fijo, el becario frente a todos. El empleado público frente al privado. El autónomo frente al asalariado. En todos los casos los salarios se reducen, las condiciones de trabajo empeoran, las posibilidades de encontrar un empleo para los que carecen del mismo son cada día menores, las posibilidades de perderlo para cuantos lo han conservado han crecido de forma desproporcionada. La temporalidad, la precariedad, la inseguridad en los derechos laborales, parecen convertirse en el paradigma de la modernidad que se avecina.

Mientras tanto, los recortes sociales han conseguido que servicios esenciales para el bienestar de la ciudadanía se hayan visto no sólo recortados, sino sometidos a los flujos de los intereses privados. La sanidad, la educación, los servicios sociales, la atención a nuestros mayores, el acceso a la cultura, que considerábamos como logros conseguidos durante largos procesos de movilización y negociación, de construcción democrática, se ven sometidos a las reglas inexorables de los mercados.

Las libertades públicas, los derechos individuales, para reunirse, concentrarse, manifestarse. El derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Hasta el derecho a fumarse un canuto de marihuana, se ven limitados y sometidos a ancestrales principios del nacionalcatolicismo. Retrocedemos a pasos de gigante hacia los últimos puestos de la Unión Europea en los derechos laborales, sociales, de ciudadanía.

La especulación, la corrupción, la puerta giratoria que pone en comunicación constante la política y los intereses empresariales, la falta de transparencia, el tráfico de influencias y de información, en aras de conseguir más riqueza, más poder. Los largos años dedicados a construir un espejismo de riqueza basado en el alto consumo interno, el endeudamiento infinito, el crecimiento especulativo del sector inmobiliario y de los precios de la vivienda, hicieron el resto y hoy pasan factura.

Algo muy grave tiene que haber pasado en el corazón de este país para que las ansias de riqueza, el todo vale para conseguir el poder del dinero, el amor al poder, se hayan convertido en valores admirables y admirados. Algo muy grave tiene que haber ocurrido para que el beneficio fácil y especulativo prevalezca sobre el estudio, el esfuerzo, el trabajo de cada día. Algo debe haber nublado este rincón de Europa que lamamos España, para que tanta gente de alta estirpe y de baja estopa, de alta cuna y de baja cama, hayan creído que la impunidad podía presidir sus comportamientos especulativos, sus tráficos de influencias, sus fraudes a la Hacienda, sus correos dando cuenta y presumiendo de sus actuaciones mafiosas.

Así llegaron estos largos años de crisis. Así nos ha golpeado sin clemencia y con brutalidad inusitada. Así ha terminado este año 2013, este año del oprobio, mientras hay quien anuncia que 2014 será el año de la recuperación de la economía. Parece ser que hemos tocado suelo, e iniciamos una larga y lenta recuperación, en la que lo último que volveremos a tener será empleo y, para cuando éste retorne, será temporal, precario, inseguro, mal pagado y sin derechos. Así de simple, así de terrible.

Paradójicamente, quienes más dicen amar a España, están alentando todo el individualismo necesario, produciendo todas las fracturas precisas, dibujando todos los puntos de fuga posibles y  levantando todas las murallas infranqueables, para impedir cualquier intento de reconstrucción, o para que esa reconstrucción se produzca bajo los designios de una nueva burbuja especulativa, en un nuevo modelo económico y social, en el que los pueblos hayan perdido todas las bazas para gobernar y tan siquiera limitar, las fuerzas de una economía de consumo globalizado.

El destino no está escrito, pero si queremos elegir y decidir nuestro destino, deberemos sumar mucha sensatez, mucha voluntad, mucho trabajo, mucha flexibilidad en las ideas y una cultura de la honestidad, a prueba de bombas, de la que no andamos sobrados. No lo tenemos fácil. En primer lugar porque muchos de nuestros males son estructurales, forman parte de cuanto hemos acuñado como país. Y en segundo lugar porque nos encaminamos hacia un mundo desconocido, donde muchas de las experiencias pasadas nos servirán de poco.

Pero de nuestra decisión de hoy, dependerá el futuro de nuestras hijas y nuestros hijos. De nosotros y nosotras depende que ese futuro desconocido vaya naciendo bajo el signo de los derechos de ciudadanía, o sometidos a la marca del oprobio. Un futuro de las personas, o un futuro de opresión de las libertades. Es la hora de tomar las riendas y la palabra.

 

Francisco Javier López Martín.

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Aproximación a los probemas de la formación profesional para el empleo

jlopez.ccoo.es | 19 Diciembre, 2013 09:38

El 31 de diciembre de 2010 concluyó la vigencia del IV Acuerdo de Formación Continua. Desde entonces el acuerdo se ha visto prorrogado aprovechando la normativa existen que dotaba de cierta estabilidad al mismo RD 395/2007, pese a la conciencia generalizada de la necesidad de revisar en profundidad el modelo.

La crisis económica, los cambios de gobierno, la inestabilidad política y social que se ha generado, han impedido que la necesidad se convierta en proceso de negociación y búsqueda de un acuerdo político y social. Sin embargo la necesidad persiste y se convierte, cada día, en más acuciante.

Conviene aclarar que, cuando hablamos de Formación Profesional para el Empleo, nos estamos refiriendo a la organización y gestión del subsistema de Formación para el Empleo, cuyos recursos proceden de la cuota que empresas y trabajadores depositamos en la seguridad social, unos recursos que,  en plena crisis, suponen 1860 millones de euros, en el presente año.

Los cambios que se han producido son brutales y la conciencia de los problemas que aquejan al sistema es general. Para empezar, casi seis  millones de personas paradas, han hecho que la mayoría de los recursos para formar a personas trabajadoras, se dediquen a formar personas desempleadas. La formación profesional para el empleo desarrolla así el principio de universalidad, donde empresas y trabajadores ocupados ejercen la solidaridad con aquellas personas que han perdido su empleo o no lo encuentran.

Ahora bien, este principio de universalidad, debe producirse sin perjudicar el reciclaje y la mejora de la cualificación de las personas ocupadas, lo cual tiene efectos siempre positivos sobre la viabilidad y futuro de las empresas. Eso sólo puede conseguirse incrementando con recursos del Estado, destinados a políticas activas de empleo, los fondos recaudados por la cuota de formación, no podemos olvidad tampoco que la cuota también financia la formación del colectivo autónomo que no cotiza por formación.

Otro problema proviene de la falta de conexión entre los dos ministerios que tienen competencias en materia de Formación. La Educación de adultos, la Formación Profesional, la Formación Universitaria, son competencia del Ministerio de Educación. La Formación Profesional para el Empleo depende del Ministerio de Empleo. La desconexión entre ambos departamentos y los recursos propios del subsistema de Formación para el Empleo, procedentes de la cuota de formación, han contribuido a alimentar este aislamiento y crear comportamientos endogámicos en el subsistema.

No es un fenómeno exclusivo de la formación para el empleo, porque ocurre en otros ámbitos, pero sería malo negarlo. No tiene, además, explicación alguna que los centros públicos de formación profesional, centros de adultos, universidades, dependientes de los departamentos de Educación, no participen activamente en la formación de personas trabajadoras, ya sean ocupadas o desempleadas. Es un derroche inaceptable e incomprensible.

Otra distorsión procede del incompleto desarrollo del Estado Autonómico, que carece de instrumentos propios de un Estado Federal. Me explico. De los 1860 millones de la cuota, algo más de 1000, van a parar a las Comunidades Autónomas. A partir de ahí las Comunidades ejecutan programas formativos que, en muchos casos, no respetan el carácter finalista de la cuota para la formación.

Se han producido numerosas sentencias del Tribunal Constitucional, que reconocen que el Estado puede y debe establecer normativa para ordenar la utilización de los recursos que transfiere y también para reanualizar los fondos no gastados, pero no se hace y la consecuencia inmediata es que, una vez transferidos los recursos y tras la justificación de que se han aprobado los fondos (no es necesario tan siquiera justificar que se han pagado los mismos), poco más sabemos. La autonomía no debería estar reñida con sistemas integrados de información, gestión, evaluación, compartidos. Instrumentos con los que cuenta un Estado Federal, pero de los que carecemos en España.

Otro elemento que llama a la preocupación es la gestión de la formación bonificada. Esta línea de bonificación debería, en principio, permitir que las empresas, entendidas como empresarios y trabajadores utilizasen la cuota a cambio de realizar formación específica, adaptada a las necesidades de la empresa. Sin embargo, con un tejido de pequeña empresa y microempresa, la bonificación ha producido muchos problemas.

Miles de empresas (las llamadas entidades organizadoras), se han especializado en gestionar bonificaciones a las pequeñas empresas. El incumplimiento de la obligación de informar a la representación legal de los trabajadores no es infrecuente y el control de las irregularidades y abusos en bonificaciones, muy difícil. Hay países, como Inglaterra, donde sistemas similares han levantado escándalos por fraudes millonarios.

Al final, la Fundación Tripartita, de la que forman parte el gobierno, empresarios y sindicatos, termina gestionando menos del diez por ciento de los recursos de la cuota, 181 millones de euros, repartidos en programas de centros, sectoriales, intersectoriales, autónomos, economía social, jóvenes. Una dispersión difícilmente comprensible.

La formación sectorial, fruto del acuerdo entre empresarios y sindicatos, se articula en torno a cerca de 90 Comisiones Paritarias, nacidas de la negociación colectiva de convenios sectoriales o de acuerdos de formación en algunos sectores. Una dispersión poco útil para diseñar procesos formativos realmente útiles.

Es verdad que la gestión de la Fundación Tripartita cuenta con numerosos controles administrativos, de la Inspección de Trabajo, de la intervención, del Tribunal de Cuentas y de los tribunales de justicia. Pero los problemas descritos dificultan la eficacia y la eficiencia del conjunto del subsistema en el cumplimiento del objetivo de garantizar la formación continua de los trabajadores y trabajadoras.

Soy maestro. No me considero un experto en formación para el empleo. He llegado a esta responsabilidad hace poco menos de un año. El subsistema de formación para el empleo es muy complejo, donde conviven intereses encontrados, con reglas propias, que hacen aconsejable no entrar en el mismo como un elefante en cacharrería.

Mis opiniones admiten, sin duda, matizaciones y correcciones. Pero he hablado con mucha gente y creo que no me encuentro muy alejado de la realidad en la descripción de los problemas que sitúan la formación para el empleo en un punto muerto, al borde del precipicio.

Dejaré para una segunda entrega, un avance de posibles soluciones. Pero creo que para realizar el intento hay que tomar en cuenta que, si queremos revisar el modelo y corregir sus problemas, no hay soluciones mágicas. Además, reconocer los males, no debe significar que tiramos por la borda los logros conseguidos, que no son pocos. No todos coincidimos en las propuestas para solucionarlos. El clima político tampoco ayuda. Pero merece la pena intentarlo y, en todo caso, constituye una auténtica irresponsabilidad mantener este estado de cosas, a la espera de que el paso del tiempo solucione, por si solo, los problemas.

Francisco Javier López Martín

Secretario Confederal de Formación de CCOO

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35 AÑOS: UNA CONSTITUCION EN LA ENCRUCIJADA

jlopez.ccoo.es | 06 Diciembre, 2013 01:31

Los años transcurridos, cuando acaban en cero, o cuando acaban en cinco, llaman al recuerdo, a la conmemoración. Convocan la memoria, la evocación del tiempo transcurrido, el camino andado, el momento que fue y el que está por venir. Pueden convertirse en un jetztzeit, al más puro estilo Walter Benjamin. Un tiempo del ahora, que rompe el curso continuo de los acontecimientos, cargado de energía y dispuesto a dar un salto hacia el futuro. Pueden convertirse, que nadie se ofenda (que anda el personal muy crispado), en momentos revolucionarios, cargados de transformaciones profundas. 35 años de Constitución Española, no son una cifra tan redonda como 25, o 50, pero bien podrían constituir un tiempo-ahora, como me recordaba recientemente Jesús Montero, al comentar un artículo mío sobre Camus y rememorar los 25 años transcurridos desde la Huelga general del 14-D. Y sin embargo, atenazados como estamos por una crisis económica, de empleo, política y social, nadie parece excesivamente interesado en conmemorar la Constitución. Como si pensáramos que hacerlo puede aún empeorar la ya irrespirable situación. El país parece entregado a la autoinmolación en aras de satisfacer a los más ancestrales demonios, que nos han devorado, cada cierto tiempo, a lo largo de nuestra historia, obligándonos a largos, duros y costosos procesos de renacimiento y reconstrucción, emergiendo de las cenizas. La eterna derechona inclemente, que transigió a regañadientes con el advenimiento de un régimen constitucional, ha encontrado en la crisis, la coartada perfecta para desmontar la igualdad aún incipiente e imperfecta que, con tanta persistencia y sacrificio, hemos ido construyendo. Vuelve por sus fueros el nacionalcatolicismo a las escuelas y se extinguen las becas y ayudas a los estudios. Vuelve Torquemada a perseguir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo. Vuelven a expoliar los recursos de todos, para ponerlos a los pies del dios mercado, al servicio de los intereses privados. Vuelven nuestros mayores a la indigencia y la soledad. Vuelve la justicia a ser de pago. Vuelven los jóvenes, más preparados que nunca, a hacer las maletas y emigrar al extranjero. Y los que se quedan, serán la primera generación que viva peor que la anterior, desde hace muchas décadas. Porque de eso se trata. La precariedad, la temporalidad, lo efímero, la inseguridad como forma de vida y horizonte de futuro. La modernidad de diseño que nos deparan. Vuelve la criminalización de la protesta. Vuelve la hipocresía del empresario “buen salvaje”, que explota hasta el hastío a sus trabajadores y recoge alimentos para los mismos trabajadores que acaba de despedir, ahora convertidos en pobres que aguardan en la cola de la beneficencia. Vuelven las organizaciones de caridad, que no de justicia, que suplen temporal y precariamente, el hueco dejado por unos servicios públicos debilitados. Vuelven los ataques al sindicalismo. Si un despacho de abogados negocia un ERE en nombre de la empresa y cobra sus abultados honorarios, estamos ante profesionales. Si los abogados y economistas del sindicato intervienen y cobran un pequeño porcentaje que nada tiene que ver con los costes de los despachos “profesionales”, están robando a todos los ciudadanos. Si la editora de El Mundo, o de La Razón, o de ABC, organizan cursos para altos ejecutivos, a 3000, a 6000 euros, y los bonifican con recursos de todos los trabajadores extraidos de la Fundación Tripartita, y obtienen cuantiosas subvenciones y tapan sus agujeros financieros sangrando a Ministerios, a Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, el silencio es absoluto. Si los sindicatos organizan cursos, mucho más modestos, pero más pegados a las necesidades formativas de los trabajadores, de las personas paradas y del común de los mortales, son ladrones y ocupan portadas en esos mismos periódicos. El silencio es absoluto, entre otras cosas porque perro no come perro. Entre otras cosas, porque una corte de tertulianos bien pagados y alimentados, viven de despotricar, contra los sindicatos y contra la izquierda, en las tertulias de las mismas televisiones que propiedad de esos mismos grupos editores de los periódicos. Televisiones que les han sido concedidas por amigos bien situados en la política. Amigos que tendrán su puesto asegurado en los consejos de administración, cuando decidan utilizar la puerta giratoria que conecta la política con la empresa. Y no quiero decir, con todo esto, que los sindicatos y la izquierda, hayamos hecho todo bien en este país. La burbuja inmobiliaria, que trajo la ley del suelo del inefable Aznar, era mucho más que una burbuja de especulación inmobiliaria. Era especulación bancaria, Era fijar precios a la carta. Era con IVA o sin IVA. Era tener derechos sin deberes. Era depredar el territorio, las costas, los espacios protegidos. Era envilecer a las personas. Era espejismo de crecimiento sin fin. Era pelotazo infinito. Era consumo descabellado. Era vivir a crédito. Decía mi padre, que vivió y murió en la pobreza, Que no me pongan donde haya. A lo largo de la ultima década y media, todo parecían oportunidades y el que no las aprovechaba, podía pasar por tonto. También habrá habido sindicalistas que han picado ese anzuelo. No conozco, sin embargo, nadie que se haya hecho rico y haya amasado fortunas en el sindicato. Pero si alguno ha incurrido en ilegalidades, merece pagarlo. Estoy seguro de que cuando echemos cuentas de la locura que vivió este país y las consecuencias que trajo consigo, podremos comprobar que los sindicalistas aportaron una ínfima parte de esa locura. Quienes hoy deterioran lo público, la sanidad pública, la enseñanza pública, los servicios sociales, las pensiones. Quienes hoy atacan a los partidos políticos, a los sindicatos, a las instituciones públicas, degradando su credibilidad, preparan el asalto al Estado, para apropiarse de lo que es de todos, en beneficio de intereses privados. Sin control alguno, sin testigos. Con todo, la Constitución que construyeron quienes hace 35 años asumieron la responsabilidad de acabar con una dictadura, en un momento de crisis económica mundial que devoraba empleos, salarios, empresas, tiene poco que ver con la corrupción, con la destrucción de derechos laborales y sociales, con el paro, con las tensiones políticas, con el robo de lo que es de todos para ponerlo a los pies de los mercaderes,con la fractura social que se está generando. Más bien al contrario, releer la Constitución, que comienza definiéndonos como un Estado Social y Democrático de Derecho, puede ayudarnos a tomar conciencia de ese tiempo-ahora que nos toca vivir. Un tiempo que rompe la secuencia de los últimos 35 años y nos sitúa ante el despeñadero, o ante la voluntad de negociar un nuevo contrato social que asegure los derechos sociales y de ciudadanía, sin los cuales no hay país, no hay patria, no hay futuro. Hoy, la Constitución es nuestra última esperanza. Francisco Javier López Martín

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CAMUS, UN EXTRANJERO

jlopez.ccoo.es | 07 Noviembre, 2013 13:01

A modo de introducción:

Inicio mi andadura en este espacio de Blogs de CCOO, con un artículo dedicado al centenario del nacimiento de Albert Camus. Habrá quien pensará que hay temas más actuales y combativos para un momento como éste. Y, sin embargo, os lo aseguro, no se me ocurre otro tema más actual y combativo, más necesario para cada uno de nosotros y nosotras, como personas, como ciudadanía, como clase trabajadora, que la lucha permanente y prometéica de nuestra gente, para abrir paso a la justicia y a la libertad, sin ceder un solo paso en ninguno de los dos empeños.

Albert Camus

 

ALBERT CAMUS, NUESTRO EXTRANJERO

El 7 de Noviembre de 1913 nacía en la Argelia francesa Albert Camus. 44 años después, en 1957, el año de mi nacimiento, el año aleatorio del nacimiento de las CCOO, Albert Camus recibía el Premio Nobel de Literatura, por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Su discurso, en el momento de recibir el premio, es toda una declaración de vida y de intenciones que no me resisto a reproducir al final de este artículo.

Un discurso en el que reconoce el fracaso de su generación en dar cumplimiento al reto que cualquier generación se plantea: rehacer el mundo. La misión de su generación, nos cuenta Camus, es, tal vez, aún más grande y consiste en impedir que el mundo se deshaga.

Una generación, resalta en su discurso, que carga con una pesada herencia de corrupción, revoluciones frustradas, técnicas enloquecidas, dioses muertos e ideologías extenuadas. En un momento histórico en el que los poderes más mediocres pueden destruirlo todo y vencer sin convencer. En el que los intelectuales se han rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión. Una generación que ha tenido que restaurar, por sí misma, en torno a sí misma, desde sus propias negaciones, un poco de cuanto constituye la dignidad de vivir y de morir.

Cómo no sentirse, en estos días que corren en España, en Europa, en el planeta todo, concernido, llamado, convocado, por estas reflexiones de un hombre que, en el momento de recibir el Premio Nobel, en el momento de su muerte, dos años más tarde, era más joven de lo que yo lo soy ahora.

No llegué a Camus con facilidad. No llegué sólo por la lectura y el conocimiento. Mis primeras aproximaciones a Camus vinieron de la mano del idioma francés que se enseñaba en el bachillerato. La lectura de L´Étranger fue mi primer acercamiento a Camus. Tal vez era demasiado joven, o dominaba superficialmente el idioma, para entender el pozo profundo de un alma, tan sólo segura de su vida y de su muerte.

Mi segundo encuentro, leyendo La Peste, me resultó mucho más satisfactorio. Ese aire inmundo de un Orán asolado por la peste, asediado, ocupado por la muerte y el dolor, la enfermedad, fue desvelando sentimientos, sensaciones, miedos que anidaban en mí, como imagino que en la gran mayoría de los habitantes de aquel Orán suburbial y sitiado, de los últimos años del franquismo.

Imagino que esos libros provenían de aquella librería Espinela, en cuya trastienda se acumulaban algunos ejemplares venidos de Francia, o de editoriales latinoamericanas que suministraban libros que nunca traían impreso el nihil obstat.

Mi tercer encuentro, llegó de la mano de un grupo de drogodependientes, empeñados en representar la obra Calígula. Eran ya los años duros de la droga que asediaba, como la peste, los barrios obreros del sur de Madrid. No eran grandes actores, pero la obra funcionaba y conmovía, porque aquellos jóvenes, con sus sábanas a modo de togas romanas, eran los extranjeros de una tierra desolada.

El Hombre Rebelde llegó más tarde para cerrar el círculo de mi comprensión de un hombre que, en su corta vida, truncada en un accidente de coche en 1960, tuvo tiempo para asumir el orgullo de una madre analfabeta de la que aprendió el español y el catalán. De un padre trabajador en los campos de Argelia, muerto en la I Guerra mundial y del cual casi sólo tenía el recuerdo de su rechazo ante la horrible ejecución de una pena de muerte. Tuvo tiempo para alzarse del suelo, sobre la dura miseria de su infancia, aprender de excelentes profesores a los que recordaría toda la vida, hasta llegar a convertirse en un hombre entre los hombres, pensando entre los hombres, viviendo entre los hombres, sin dejar de ser un extranjero.

Un hombre capaz de defender la justicia y la igualdad, sin dejar de construir su propia libertad, porque "si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo". Capaz de debatir y rebatir con los surrealistas, con quienes fueron sus camaradas en el Partido Comunista. Con los pieds-noirs, los colonos originarios de Francia en Argelia y con los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional de Argelia.

Con Jean-Paul Sartre y con los existencialistas, entre los que también estuvo encuadrado. Con los propios anarquistas, con los que también colaboró, pero que tampoco escapan al doctrinarismo y la ortodoxia, pese a que no son pocos los que consideran que Camus formuló el pensamiento anarquista del siglo XX.

Presente en todas las causas justas, nunca renunció a su libertad. El precio que pagó fue alto. El Premio Nobel no consiguió romper el ostracismo personal, que no literario, al que le habían condenado los círculos intelectuales encabezados por Sartre. Un extranjero siempre consciente de que "el éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo".

Un hombre libre, de esos que siempre son necesarios en cada generación. De esos que tienen plena vigencia y actualidad en nuestros tiempos Un hombre capaz de decir No, aun siendo consciente de que "las tiranías de hoy se han perfeccionado: Ya no se admiten el silencio ni la neutralidad. Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra".

Un hombre capaz de habitar entre nosotros, preguntándose las mismas cosas y respondiéndolas con libertad, aun pagando el precio de ser siempre un extranjero.

Francisco Javier López Martín

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR ALBERT CAMUS EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO NOBEL

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Albert Camus

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