Logo de CCOO

Menu:

calendario

« Julio 2017 »
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31            

Recientemente...

Buscador

Accesos directos

Categorias

Links

Sindicacin

RSS 0.90
RSS 1.0
RSS 2.0
Atom 0.3

La intransitable cartografía de los recortes

jlopez.ccoo.es | 13 Junio, 2016 13:59

Un reciente informe de CCOO pone de relieve que uno de los peores efectos de la crisis ha sido que los ingresos públicos han disminuido brutalmente.  Así, las cuentas del Estado, que se saldaban en 2007 con un superávit de 21.620 millones de euros, arrojaban en 2009 un déficit de 118.237 millones de euros. La caída de los ingresos fue de casi 70.000 millones de euros, pero las rebajas fiscales descontroladas puestas en marcha desde 1994, también tienen mucho que ver.

La solución de los recortes es la más fácil, pero la que más pone en riesgo la estabilidad y cohesión de cualquier país. En las cuentas formales, el gasto de las Administraciones Públicas disminuyó en 30.824 millones de euros entre 2009 y 2014. Pero este dato oculta un desequilibrio más complejo.  Así, mientras los intereses de la deuda, el gasto energético, o las pensiones crecieron en 47.000 millones de euros, el resto del gasto público bajó en 78.000 millones de euros (casi 8 puntos del Producto Interior Bruto). Si tomamos en cuenta la inflación acumulada, el gasto público ha caído entre un 21% y un 30%.

Y el golpe no lo han sufrido exclusivamente los empleados públicos en forma de rebajas salariales y pérdida de empleo. Tan sólo en el capítulo de inversiones en transportes hemos perdido 13.000 millones de euros, 4.400 millones en vivienda, 4.000 en inversiones sanitarias y educativas, o 4.600 millones en políticas sectoriales. Las políticas de Investigación y Desarrollo (I+D+i) han perdido en su conjunto más de 1.700 millones.

Esto sólo en las inversiones, porque si miramos el retroceso de la dotación de servicios como la salud y la educación se han gastado, en 2014, 18.400 millones menos que en 2009. Pero se trata de recortes desequilibrados- Mientras la educación pública ve retroceder sus inversiones en un 70%, los conciertos con centros privados caen un 1,2%.

Los gastos con mayor componente social han sido el principal objetivo del PP a lo largo de los últimos años. Ya sea la incapacidad laboral, el apoyo a las familias y la infancia, las políticas sociales de vivienda, la protección del medio ambiente, las políticas sectoriales de impulso a la economía.

En definitiva, una orientación de la política de gasto presupuestario, que nos está colocando en los últimos puestos de la Unión Europea en nuestra capacidad de proteger  a las personas y las familias frente a los efectos de la crisis.

Corregir esta deriva de empobrecimiento que fractura cada vez más a la sociedad, sería el trabajo urgente de cualquier Gobierno. Ese Gobierno que lleva ya seis meses sin constituirse y que veremos cuanto tarda en llegar después del 26j.  Un lujo, que no deberíamos permitirnos como país, pero que nos estamos permitiendo. Y es que la lógica política no parece tener mucho en común con la lógica de las necesidades de la sociedad. Con el agravante de que en este caso, como en muchos otros, el tiempo solo puede empeorar las cosas.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: General, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos . Comentario: (232). Retroenlaces:(0). Enlace

La forja de Giner de los Ríos (Episodio I)

jlopez.ccoo.es | 23 Diciembre, 2015 10:57

A finales de octubre participé en un Homenaje a Francisco Giner de los Ríos en Colmenar Viejo, con motivo del centenario de su fallecimiento. El proceso electoral, durante el cual he ido publicando diversos artículos sobre las propuestas sindicales dirigidas a los partidos políticos, me ha hecho retrasar la publicación del contenido de aquella conferencia.

Ahora, cuando ya conocemos los resultados de las elecciones del 20 de Diciembre, me parece más imprescindible aún poner de relieve la labor pedagógica y el esfuerzo regeneracionista, de una figura como la del creador de la Institución Libre de Enseñanza, que cobra especial actualidad en estos momentos.

Me invita Vicente Puerta, desde su Colmenar Viejo, a hablar sobre Francisco Giner de los Ríos, en compañía de Isabel Galvín, Secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid y de José Luis Pazos, Presidente de la Federación de Madres y Padres Giner de los Ríos de Madrid, con motivo del Homenaje que Izquierda Unida de Colmenar organiza para conmemorar el centenario de su muerte.

No soy un experto en Giner de los Ríos. Me parce un arduo divertimento. Decido recurrir a aquel viejo método de Francisco Gutiérrez, que desentrañaba la realidad recurriendo al lenguaje total. Intentar entender a Giner de los Ríos desde los hechos que lo definieron, los sentimientos que provocó y provoca, en otros, en mí. Sentir que parte de Giner de los Ríos es mía, parte de mí.

Y para encontrar estas claves recurro a la estructura del libro “La forja de un rebelde”, al que García Márquez considera uno de los mejores diez libros del exilio español. Arturo Barea divide el libro en tres grandes capítulos: La Forja, la Ruta, la Llama. Me parece que estos tres grandes capítulos pueden servir también para definir las etapas que marcaron la vida de Giner de los Ríos.

La Forja: Nació Giner en 1839, pocos años después de la llegada de Isabel II al trono. Siendo una reina-niña, menor de edad, era su madre María Cristina, quien actuaba como Regente, afrontando la primera Guerra Carlista, que cuestiona que la niña Isabel llegue a reinar.

Durante este reinado se forjará Francisco Giner de los Ríos. Nace en Ronda, pero se forma en Cádiz, estudia el Bachillerato en Alicante, inicia estudios de Jurisprudencia en Barcelona, pasante en Madrid y obtiene la Licenciatura de Derecho y Bachiller en Filosofía en Granada, donde tomará sus primeros contactos con el krausismo y conoce a Nicolás Salmerón, que llegará a ser Presidente de la I República Española y diputado, desde 1886 por circunscripciones como Madrid y Barcelona, hasta su fallecimiento en 1908. La formación de Giner cuenta con personas como el también Presidente de la República de 1873, Emilio Castelar, o Gumersindo de Azcárate.

Algo mayores eran Francisco Pi y Margall, también futuro Presidente de la República, o el introductor del krausismo en España, Julián Sanz del Río, aunque formaban parte del núcleo intelectual que, desde la defensa de la libertad de enseñanza, construyeron un modelo de educación que quería reformar España, con la convicción de que, ni las revoluciones, ni la violencia, aportan soluciones reales a los problemas.

Cada generación tiene la obligación de dar respuesta a los problemas que se encuentra, afrontar los retos propios de su momento y ellos lo hicieron con responsabilidad generosidad y con creces.

En 1863 Giner de los Ríos ya está en Madrid y, al tiempo que trabaja, obtiene un Doctorado en la Universidad Central, accediendo en 1866, con 27 años, a la Cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional. Es aquí donde desarrolla su amistad con Sanz del Río y se adentra en el krausismo, como pensamiento inspirador de su acción.

Pero pronto, en 1867, el Ministro de Educación conservado, Manuel Orovio, publica un decreto contra la libertad de cátedra. Julián Sanz del río, Fernando de Castro, Nicolás Salmerón y otros, son separados de sus cátedras. Giner se pronuncia en solidaridad con ellos y en mayo es suspendido como catedrático.

Poco después estalla La Gloriosa. Isabel II abandona un trono acosado por las divisiones, las fuerzas carlistas y la corrupción generalizada, en torno al desarrollo de infraestructuras como el ferrocarril. Prim, toma el mando de la situación y el decreto de libertad de enseñanza repone en sus cátedras a los separados de las mismas.

Se inicia, de esta manera, el “sexenio democrático” que, tras diferentes intentos, desemboca en la designación como Rey de Amadeo de Saboya, el cual parte hacia España el mismo día que su mentor, el general Prim, es asesinado.  Un periodo marcado por la inestabilidad política impulsada por la iglesia, los carlistas, los unionistas, los progresistas, los republicanos, o por la aristocracia borbónica.  Muerto Prim, el único capad de poner algo de orden en la confusión del momento, el reinado de Amadeo nace herido de muerte, incapaz de frenar el independentismo cubano, la guerra carlista y las tensiones en torno a la definición del modelo de Estado.

Amadeo renuncia al trono y en 1873 se proclama la I República, que pronto tiene que hacer frente a tres guerras. La carlista, la cubana y la desencadenada por las tensiones entre federalistas y centralistas, que desemboca en la proclamación de cantones independientes, maravillosamente reflejada, años después, por Ramón J. Sénder, en su novela Mr. Witt en el cantón. La República, como bien sabemos, acabó con la entrada del general Pavía, a caballo, en el Congreso de los Diputados y dando paso a la Restauración Borbónica, con el hijo de Isabel II, Alfonso XII, en el trono.

Acaba con esta experiencia la forja de Francisco Giner de los Ríos y serán los primeros actos del nuevo gobierno de Cánovas del Castillo los que inaugurarán su nueva ruta vital.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: General, Trabajo, Política, Sociedad, Educación, Ideas, Historia, Cultura . Comentario: (7953). Retroenlaces:(0). Enlace

La cuenta personal de formación

jlopez.ccoo.es | 29 Abril, 2014 12:42

La nueva Ley francesa de Formación Profesional es un buen ejemplo del debate abierto en toda Europa, también en nuestro país, sobre la importancia de la Formación Profesional para el Empleo.

La ley francesa va más allá de la Formación Profesional, porque se convierte en un instrumento para regular la representatividad y financiación de las organizaciones empresariales y sindicales, además de regular la financiación del sistema de formación, o reforzar el papel de la Inspección de Trabajo en el control del sistema.

No da el espacio de un artículo para dejar constancia de los cambios que introduce la ley francesa y que podríamos y deberíamos tomar en cuenta en la negociación de un nuevo modelo de formación para el Empleo en España.

Ya he reflexionado en otros momentos sobre  otros elementos a tomar en cuenta, en un cambio de modelo de formación, como la tan cacareada formación dual.  Aprovecharé este artículo para describir la Cuenta Personal de Formación (CPF).  Toda persona mayor de 16 años, con o sin empleo, así como los mayores de 15 años que  hayan terminado ciclo escolar y firmen un contrato de aprendizaje, dispondrán de esta CPF, que se nutrirá  con 20 horas de formación por año trabajado, hasta alcanzar un crédito de 120 horas, y posteriormente 150 horas.

Se trata de una Cuenta Personal no vinculada a un contrato, sino a una vida laboral.  Es decir, la Cuenta de Formación (CPF) va unida a la persona y sigue a la persona a lo largo de su vida laboral, favoreciendo su itinerario profesional.

Las horas acumuladas no se pierden al cambiar de empleo, o perder el empleo.  Además pueden incrementarse con aportaciones complementarias de la empresa, el trabajador, los organismos paritarios (empresariales y sindicales), las instituciones, las Regiones……

Permitirá, esta cuenta personal, adquirir competencias, certificados, títulos más prolongados en el tiempo y por lo tanto más útiles para la economía y para los itinerarios profesionales.

La cuenta viene a sustituir el Derecho Individual de Formación ( DIF) que no llegaba al 5% de utilización, promovía procesos cortos de formación con una media de 22,5 horas por acción formativa y alcanzando a 66.000 personas en 2012.  Si el DIF contaba con 180 millones de euros, la nueva Cuenta Personal de Formación (CPF) contaría con una dotación de 1.000 millones de Euros anuales.

Para las personas desempleadas que buscan un empleo, la cuenta personal de formación supone medios y el derecho a formarse.  Los recursos que aportan las empresas a través de organismos bipartitos de empresarios y sindicatos para la protección a las personas desempleadas pasarán de 600 a 900 millones de Euros, además de los recursos que los Servicios Regionales de empleo puedan aportar a las cuentas personales de formación de los solicitantes de empleo.

A partir de ahora, la Cuenta Personal de Formación, se constituye en Francia en la puerta de acceso a la Formación Profesional, además de convertir al trabajador o trabajadora, en el protagonista de su propia carrera profesional. La empresa participa, pero es el trabajador el que utiliza las horas de su cuenta sin esperar a que otros, ya sean empresa o servicios de empleo, decidan por él.

En las grandes empresas la negociación colectiva  nutrirá  las cuentas de formación con horas de formación, que podrán incrementarse en función de las necesidades formativas acordadas. 

En las pequeñas empresas será el Fondo Paritario de Protección, constituido por empresarios y sindicatos, el que planificará las acciones formativas en el marco de un plan para la formación en las pequeñas empresas.

No existen soluciones mágicas, ni modelos de gestión únicos, pero creo que para repensar el modelo de formación para el empleo, la condición del éxito estriba en conseguir compaginar el derecho personal a la formación, con las necesidades del sistema productivo.  Estriba en combinar y articular bien el carácter bipartito (empresarios-sindicatos) y tripartito (Administración, empresarios, sindicatos) que deben vertebrar y organizar el sistema.

Bajo la fórmula de la formación dual (a la alemana, austriaca, suiza, danesa, francesa, o de cualquier otro país europeo), o bajo el modelo francés, es el equilibrio entre estos elementos el que asegura el éxito, o determina el fracaso, del modelo.

Aprender de lo mejor de cada sistema, mantener lo mejor de nuestra propia experiencia de formación y prácticas en las empresas, debe permitirnos negociar un nuevo modelo de formación al servicio de las personas y de un nuevo modelo de país que necesitamos.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Trabajo, Política, Sociedad, Educación, Servicios Públicos . Comentario: (1893). Retroenlaces:(0). Enlace

Todos los 8 de marzo

jlopez.ccoo.es | 07 Marzo, 2014 10:04

Todos los 8 de Marzo se convierten en un momento para reivindicar la igualdad de la mujer en nuestra sociedad. Un día para reivindicar el final de esa violencia de género que nos sigue golpeando día tras día desde las pantallas de la televisión y las páginas interiores de los periódicos. Un día para exigir que el acoso sexual, el acoso laboral, dejen de ser una realidad cotidiana que machaca a miles de mujeres. Para tomar conciencia de la discriminación laboral, social, cultural, que ha pervivido tras más de 35 años de Constitución democrática.

Todos los 8 de Marzo se convierten en el día en el que el curso de la historia parece detenerse para constatar que, a partir del mismo, todo puede cambiar a mejor, si nos lo proponemos. Por eso cada 8 de Marzo miles de personas, mujeres y hombres, retoman el compromiso por la igualdad. Porque ese es el verdadero problema. El reto de la igualdad. Un reto en el que hemos ido perdiendo terreno, a lo largo de los últimos años de triunfo de un imaginario de prosperidad infinita, enriquecimiento generalizado, endeudamiento espiral, que nos otorgaba la libertad de consumir productos y servicios sin cuento y sin fin.

El viejo ideario de la libertad y la igualdad, de la mano de su inseparable compañera, la solidaridad (a la que los revolucionarios franceses llamaban fraternidad), ha devenido en un liberalismo feroz, antisocial y, a la vista de los acontecimientos, antieconómico e insostenible, que ha propiciado que los desechos se conviertan en el paradigma de la sociedad.

Ese mundo se ha derrumbado estrepitosamente sobre la sociedad toda, pero son las mujeres las que primero padecen los efectos de las crisis y las que más tardan en sentir los efectos de las recuperaciones económicas. El paro de las mujeres, las pensiones de las mujeres, la calidad de su empleo, ponen de relieve la discriminación existente.

La cualificación de las nuevas generaciones de mujeres, contrasta con los empleos que ocupan, sus salarios siguen sometidos a una brecha salarial injustificable. Siguen perviviendo categorías profesionales destinadas a discriminar salarialmente a la mujer, de forma que con cualificaciones similares, se producen diferencias salariales sustanciales.

Preservar los derechos y los avances en igualdad conquistados, hubiera debido ser el empeño de cualquier gobierno para intentar salir de la crisis más pobres, pero no menos iguales. Sin embargo hemos asistido a un proceso de desmantelamiento de derechos laborales y sociales. Se han alentado políticas de austeridad y recortes presupuestarios, que han incidido directamente en el aumento de las desigualdades y de forma notoria las de género.

Los recortes en la sanidad y la educación públicas, en los servicios sociales, tienen efectos inmediatos sobre las mujeres. Los recortes en educación infantil (0-3 años), en la ayuda a domicilio,  en la aplicación de la ley de dependencia, en plazas residenciales y centros de día. Hasta la aplicación de la reforma laboral introduce nuevas medidas encaminadas a endurecer las condiciones de trabajo e impedir la conciliación de la vida laboral, personal y familiar.

Para terminar de agravar el proceso de involución en la vida y los derechos de la mujer española, entra en liza el poderoso influjo de la jerarquía católica española, que se niega a perder sus privilegios económicos y su capacidad de imponer sus principios a toda la sociedad. La contrarreforma de la Ley del Aborto, es un mazazo en el centro mismo de una sociedad que a duras penas ha conseguido ir arrinconando un pasado de sometimiento al nacionalcatolicismo más rancio y casposo de la vieja Europa.

Como bien nos recuerda Laura Nuño, Directora de la Cátedra de Género del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos y Coordinadora del Master en Género y Políticas de Igualdad entre Mujeres y Hombres,  que CCOO organizamos conjuntamente con la Universidad Rey Juan Carlos, los avances son siempre muy lentos y rápidos los retrocesos.

Por eso, no podemos permitir que la igualdad pase a ser un asunto subsidiario en las políticas públicas. No podemos tolerar que la violencia de género sea tratada como un drama puntual y no como un problema estructural de nuestra sociedad. No podemos aceptar que la Ley del Aborto nos retrotraiga a la etapa más negra de nuestra historia.

Este 8 de Marzo, como todos los 8 de Marzo, ratificamos un compromiso: No podemos consentir que la igualdad de género, los avances en materia de paridad, sean tratados como una molesta obligación, tras la cual se oculta la pervivencia de una profunda fractura de desigualdad y discriminación en nuestro país.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Poesía, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (479). Retroenlaces:(0). Enlace

Una renta mínima para Europa

jlopez.ccoo.es | 19 Febrero, 2014 08:38

Llega a mis manos un Dictamen del Comité Económico y Social Europeo que invita a la Comisión Europea a estudiar posibilidades de financiación de una Renta Mínima Europea.

La del Comité es una de las cada vez más numerosas voces que reclaman que la lucha contra la pobreza y la exclusión social en Europa, sean algo más que meras declaraciones de objetivos, siempre postergados por los gobiernos nacionales y por las autoridades europeas. De hecho, desde hace más de 20 años el Comité viene reivindicando este tipo de medidas.

La crisis y las insensatas políticas de ajustes y reformas, han incrementado el riesgo de pobreza hasta el punto de que el 24,2% de la población europea, casi 120 millones de personas, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.  Durante la crisis,  todos los indicadores de riesgo han empeorado. Tanto en riesgo de pobreza, en privaciones materiales severas, o en familias en las que el empleo es escaso, o inexistente.

Los pobres son cada vez más pobres y los menores de 18 años, conforman uno de los grupos más expuestos a la pobreza con una tasa de 27,1%, seguidos, en muchos países, de las personas mayores y otros grupos de población vulnerables como las personas con discapacidad, con enfermedades crónicas graves, hogares monoparentales, familias de rentas bajas, inmigrantes, minorías étnicas.

Aparecen nuevas formas de pobreza, como las personas sin hogar, la pobreza energética, la exclusión financiera, el endeudamiento excesivo, la feminización de la pobreza. Nuevas formas de pobreza que incorporan el fenómeno de los trabajadores y trabajadoras pobres, cuya precariedad y bajo salarios vienen a sumarse a los 26,2 millones de personas desempleadas, alcanzando el desempleo juvenil tasas máximas del 23’6%. Desgraciadamente España duplica las medidas europeas en casi todos estos datos desfavorables.

Mientras los programas nacionales de ajustes y reformas se cumplen al milímetro.  Mientras las entidades financieras gozan de ayudas incondicionales para sus rescates, los objetivos de la Estrategia Europea 2020, que incorporan una reducción de 20 millones de personas pobres, no se cumplirán y quedarán entre 5 y 8 millones por debajo, suponiendo que la suma de objetivos nacionales se cumpliera rigurosamente.

Hay que reforzar las políticas que permitan impulsar una economía sostenible, que apueste por el empleo y la formación de las personas y los trabajadores y trabajadoras.  Y en el mientras tanto, hay que poner en valor elementos sociales de los tratados, Cartas de Derechos, recomendaciones, planes y estrategias de la Unión Europea.

La pobreza tiene hoy muchas y muy variadas dimensiones.  Sus efectos sobre la sociedad son demoledores.  Incluso económicamente sus consecuencias son desastrosas sobre las rentas disponibles y la demanda.  No hay país competitivo compatible con altas tasas de pobreza.

La Unión Europea no puede seguir concentrando todas sus prioridades en las políticas monetarias, de estabilidad presupuestaria, de recortes presupuestarios, de injusticia fiscal.

La implantación de una Renta Mínima se viene reclamando desde hace más de veinte años.  Recientemente CCOO hemos presentado una propuesta en este mismo sentido. No es una panacea, ni una solución a la crisis, pero puede contribuir a paliar los efectos sociales de la misma, al dotar a las personas de los recursos mínimos esenciales para la subsistencia, impulsando la demanda interna y provocando un efecto anticíclico que contribuya a superar la crisis.

Europa necesita que todos sus países establezcan una Renta Mínima garantizada para las personas que no pueden acceder a prestaciones derivadas de sus cotizaciones al desempleo, o a la Seguridad Social. Necesitamos una última barrera contra la pobreza que asegure el derecho a una vida digna de las personas y las familias.

Son muchas las organizaciones sindicales, sociales, fuerzas políticas, que reclamamos una Renta Mínima Garantizada,  Una demanda que no puede toparse con los silencios de los Gobierno, con la indolencia de los poderosos, con la avaricia de quienes detentan la riqueza.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Empleo, Política, Sociedad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (476). Retroenlaces:(0). Enlace

2013 el año del oprobio

jlopez.ccoo.es | 09 Enero, 2014 12:13

Es difícil decir algo sobre 2013 que no haya sido dicho ya. Pocos años habrán sido percibidos tan nefastos como el que acaba de terminar, pese a que no han faltado malos años en nuestra historia. Sin embargo, en muy pocas ocasiones hemos podido sentir que los cambios que se estaban produciendo, acelerados, vertiginosos, nos conducían a otro país. Un país que no sabemos cómo será, pero que intuimos que alguien está diseñando a nuestras espaldas.

Para mí también ha sido un año de profundos cambios. La Secretaría General de CCOO de Madrid, que ocupé hasta enero, me parece, tras el año transcurrido, un lugar seguro, en el que la perspectiva tenía puntos de fuga reales a los que dirigir la vista en cada momento, a los que acudir para poner barreras, taponar grietas, frenar agresiones. Un lugar donde perder o ganar. Un lugar inmenso, pero acotado. Un territorio de frontera, pero de dimensiones aún humanas. Complicado, pero conocido.

Durante este año me he adentrado en un territorio nuevo. El de la formación profesional para el empleo. Soy maestro y el funcionamiento de la estructura educativa no me es ajeno. Sin embargo, la formación para el empleo es un subsistema que funciona como un submundo, con reglas propias y una arquitectura diseñada a lo largo de décadas, que hoy se ve sometida a los avatares de la crisis, no sólo económica, sino de empleo, social, política, cultural.

El modelo de formación para el empleo tiene muchas virtudes y no pocos problemas. Revisar el modelo, crear un nuevo marco para la formación de los trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda la vida, sería una tarea urgente, pero lo urgente no siempre es prioritario en política y la política no goza de buena salud en nuestro país.

Ha sido duro. Y, sin embargo, lo peor con diferencia no ha consistido en aceptar un nuevo reto en tiempos difíciles, sino percibir que la crisis que atravesamos es mucho más que una crisis económica al uso, más dura y más larga que otras anteriores. Percibir que el mundo que hemos vivido y conocido, afronta uno de esos procesos de transformación histórica que lo convierte en irreconocible y que abre un escenario nuevo de imprevisibles consecuencias. Un mundo globalizado frente al que los Gobiernos, los Estados, los pueblos, tienen poco margen de maniobra y los instrumentos de gobierno internacionales se muestran impotentes.

Por lo pronto, el destrozo económico que ha producido la crisis, ha fracturado el mercado de trabajo hasta límites intolerables. El paro frente al empleo, el temporal frente al fijo, el becario frente a todos. El empleado público frente al privado. El autónomo frente al asalariado. En todos los casos los salarios se reducen, las condiciones de trabajo empeoran, las posibilidades de encontrar un empleo para los que carecen del mismo son cada día menores, las posibilidades de perderlo para cuantos lo han conservado han crecido de forma desproporcionada. La temporalidad, la precariedad, la inseguridad en los derechos laborales, parecen convertirse en el paradigma de la modernidad que se avecina.

Mientras tanto, los recortes sociales han conseguido que servicios esenciales para el bienestar de la ciudadanía se hayan visto no sólo recortados, sino sometidos a los flujos de los intereses privados. La sanidad, la educación, los servicios sociales, la atención a nuestros mayores, el acceso a la cultura, que considerábamos como logros conseguidos durante largos procesos de movilización y negociación, de construcción democrática, se ven sometidos a las reglas inexorables de los mercados.

Las libertades públicas, los derechos individuales, para reunirse, concentrarse, manifestarse. El derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Hasta el derecho a fumarse un canuto de marihuana, se ven limitados y sometidos a ancestrales principios del nacionalcatolicismo. Retrocedemos a pasos de gigante hacia los últimos puestos de la Unión Europea en los derechos laborales, sociales, de ciudadanía.

La especulación, la corrupción, la puerta giratoria que pone en comunicación constante la política y los intereses empresariales, la falta de transparencia, el tráfico de influencias y de información, en aras de conseguir más riqueza, más poder. Los largos años dedicados a construir un espejismo de riqueza basado en el alto consumo interno, el endeudamiento infinito, el crecimiento especulativo del sector inmobiliario y de los precios de la vivienda, hicieron el resto y hoy pasan factura.

Algo muy grave tiene que haber pasado en el corazón de este país para que las ansias de riqueza, el todo vale para conseguir el poder del dinero, el amor al poder, se hayan convertido en valores admirables y admirados. Algo muy grave tiene que haber ocurrido para que el beneficio fácil y especulativo prevalezca sobre el estudio, el esfuerzo, el trabajo de cada día. Algo debe haber nublado este rincón de Europa que lamamos España, para que tanta gente de alta estirpe y de baja estopa, de alta cuna y de baja cama, hayan creído que la impunidad podía presidir sus comportamientos especulativos, sus tráficos de influencias, sus fraudes a la Hacienda, sus correos dando cuenta y presumiendo de sus actuaciones mafiosas.

Así llegaron estos largos años de crisis. Así nos ha golpeado sin clemencia y con brutalidad inusitada. Así ha terminado este año 2013, este año del oprobio, mientras hay quien anuncia que 2014 será el año de la recuperación de la economía. Parece ser que hemos tocado suelo, e iniciamos una larga y lenta recuperación, en la que lo último que volveremos a tener será empleo y, para cuando éste retorne, será temporal, precario, inseguro, mal pagado y sin derechos. Así de simple, así de terrible.

Paradójicamente, quienes más dicen amar a España, están alentando todo el individualismo necesario, produciendo todas las fracturas precisas, dibujando todos los puntos de fuga posibles y  levantando todas las murallas infranqueables, para impedir cualquier intento de reconstrucción, o para que esa reconstrucción se produzca bajo los designios de una nueva burbuja especulativa, en un nuevo modelo económico y social, en el que los pueblos hayan perdido todas las bazas para gobernar y tan siquiera limitar, las fuerzas de una economía de consumo globalizado.

El destino no está escrito, pero si queremos elegir y decidir nuestro destino, deberemos sumar mucha sensatez, mucha voluntad, mucho trabajo, mucha flexibilidad en las ideas y una cultura de la honestidad, a prueba de bombas, de la que no andamos sobrados. No lo tenemos fácil. En primer lugar porque muchos de nuestros males son estructurales, forman parte de cuanto hemos acuñado como país. Y en segundo lugar porque nos encaminamos hacia un mundo desconocido, donde muchas de las experiencias pasadas nos servirán de poco.

Pero de nuestra decisión de hoy, dependerá el futuro de nuestras hijas y nuestros hijos. De nosotros y nosotras depende que ese futuro desconocido vaya naciendo bajo el signo de los derechos de ciudadanía, o sometidos a la marca del oprobio. Un futuro de las personas, o un futuro de opresión de las libertades. Es la hora de tomar las riendas y la palabra.

 

Francisco Javier López Martín.

Categora: Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (92). Retroenlaces:(0). Enlace

Mandela: de terrorista a hypster

jlopez.ccoo.es | 12 Diciembre, 2013 14:24

alt

Quisiera haber escrito este artículo cuando me enteré de la muerte de Nelson Mandela, pero me fue imposible. Además las televisiones se inundaron de Mandelas y Madibas. Los periódicos se llenaron de obituarios y artículos de opinión unánimemente laudatorios. Las redes sociales de trend topic. Los medios se ubicaron en Johanesburgo, con viajes organizados a Soweto o a Robben Island. Sus funerales se colmataron de mandatarios de todo el mundo, dispuestos a hacer su gimnasia matinal en los mejores hoteles y posar ante las cámaras formulando pretenciosas declaraciones alabando al hombre que acababa de morir.

La Merkel se negó a asistir a los funerales, tal vez porque no eran los suyos. La reina de Inglaterra y el rey de España, por los problemas de salud de la monarquía.  El primer ministro israelí por no hacer gastos. El Dalai Lama por las buenas relaciones de Sudáfrica con China. El Presidente chino vaya usted a saber por qué. El presidente de Uruguay por la edad y la presidenta argentina por prescripción médica. El Papa Francisco porque ha delegado en Dios y él no se ve en esos saraos.

Este Papa Francisco, de entre los que han podido elegir no asistir, me parece, con todo, el más coherente. Porque sonroja ver y escuchar a algunos de los personajes que han desfilado por la tribuna de invitados del estadio de Johanesburgo. "el funeral de Mandela hará más emblemático al estadio donde ganó España", ha declarado el inefable Rajoy, arrimando el ascua a su sardina.

Una de dos, o este mundo está necesitado de héroes, o Mandela se ha convertido en el paradigma del buen rollito posmoderno, aún mucho antes de fallecer. O las dos cosas a la vez. Porque conviene recordar que este Rolihlahla Mandela, al que su maestra rebautizó como Nelson, del clan Madiba, de la etnia Xhosa, nacido de familia real, hizo honor a su nombre de pila, que significaba algo así como tirar de la rama del árbol, el alborotador, el rebelde. El que huyó de su casa y aprendió las luchas de los mineros y la resistencia de los indios. El que estudió derecho y, sin terminar la carrera comenzó a defender a su pueblo. El que se involucró en política con comunistas del Congreso Nacional Africano, hasta llegar a dirigir la lucha armada del Comando Lanza de la Nación, antes de ser detenido y condenado a cadena perpetua. El que cumplió 27 años de cárcel. El  que se negó a renunciar a la lucha armada a cambio de la libertad. "¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Sólo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos". El que dirigió el proceso de negociaciones que condujo al fin del apartheid.

El Premio Nobel de la Paz y el primer Presidente negro de Sudáfrica. El amigo de Gadafi y de Castro, lo cual le valió abucheos en Miami. El jefe de la organización que Inglaterra, la ONU, los Estados Unidos, catalogaban como terrorista y comunista hasta 2008. El que tenía cuadros de Lenin y Stalin en su casa, en los años 50. El que abandonó la no violencia para abrir un frente armado. El hombre sin el cual la democracia hubiera sido imposible en Sudáfrica. El que gustaba de codearse con la alta sociedad y, durante su mandato como Presidente, no abordó el problema del SIDA. El que después se comprometió con los activistas que luchaban contra la enfermedad, aun a costa de enfrentarse a su sucesor en la presidencia. El que unió a blancos y negros hasta hacerles sentirse parte de una misma patria.

Mandela, Madiba para los suyos. Un hombre como todos los hombres. Con las virtudes de los hombres y las contradicciones que les acompañan. Pero un hombre bueno, que no es exactamente lo mismo que un buen hombre. Un hombre que aconsejó a Clinton, durante el escándalo Lewinsky, “Mandela me dijo que perdonó a sus opresores porque de no hacerlo, ellos lo habría destruido. Él me dijo: ‘Ellos tomaron ya todo lo que me pertenecía. Tomaron mis mejores años, que no viese a mis niños crecer, mi unión matrimonial, abusaron de mí física y mentalmente. Podían tomar todo excepto mi mente y mi corazón. Esas cosas tendría que darlas yo y decidía no dárselas.’  ‘Ya tuvieron 27 años… No les voy a dar más que eso. Y dejé ir al odio’. Para concluir afirmando: “Haces esto no para los demás, sino para ti. Si no abandonas el odio, te carcome el alma.”

Perdonar, que no olvidar. Esa es la grandeza de Mandela. Junto a ese carisma personal que mantuvo intacto durante toda su vida. El que transmitía seguridad y confianza a los suyos, porque cargaba sobre sus espaldas el dolor y la lucha de todo un pueblo y porque ese compromiso tenía un precio insalvable, pagado con 27 años de cárcel y un alto coste personal. “No abandonaré Sudáfrica, no me rendiré. Solo con penurias, sacrificio y acción militante se puede conquistar la libertad. La lucha es mi vida. Seguiré luchando por la libertad hasta el fin de mis días.”

Por eso resulta bochornosa esa crónica edulcorada de los funerales de Mandela. Ese buen rollito hypster. Esa conversión de Mandela, Madiba para los suyos, en un icono de la posmodernidad estética, del buenismo, la genialidad, la “autenticidad” mediática, el negro blanco. Un producto exclusivo para camisetas fabricadas en la India por niños de ocho años. Del espectáculo, nos queda el despliegue de mandatarios de todo el mundo, un Obama dando la mano a Raul Castro, un Obama flirteando con la primera ministra danesa, el abucheo al Presidente de Sudáfrica, a cargo de su propio pueblo. Al final va a resultar que lo más auténtico del acto se encuentra en el dolor de todo un pueblo por la pérdida y su incertidumbre hacia el futuro. Al final, junto a tanto mandatario en la tribuna, el interprete de signos que traducía a su aire, utilizando arbitrariamente los gestos, reinventando los discursos (bien porque era simple y llanamente un impostor, bien porque sufriera un “brote esquizofrénico”, como él mismo afirma), se ha convertido en el cronista real de un episodio de sinsentido que será recordado en los anales del esperpento. Un intérprete que, actuando como espejo privilegiado, en el callejón del Gato, nos devolvía la imagen deformada, pero real de lo que estábamos viendo, entre atónitos y despavoridos. El mundo está desnudo. El mundo está necesitado de gente honesta, de héroes de carne y hueso.

Dicho todo lo cual, Hasta siempre Mandela, Madiba para los tuyos. Seguiremos tus pasos, aprenderemos de ti, nos guiará tu ejemplo. Y suerte, mucha suerte, gentes buenas de Sudáfrica.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Política . Comentario: (57). Retroenlaces:(0). Enlace

35 AÑOS: UNA CONSTITUCION EN LA ENCRUCIJADA

jlopez.ccoo.es | 06 Diciembre, 2013 01:31

Los años transcurridos, cuando acaban en cero, o cuando acaban en cinco, llaman al recuerdo, a la conmemoración. Convocan la memoria, la evocación del tiempo transcurrido, el camino andado, el momento que fue y el que está por venir. Pueden convertirse en un jetztzeit, al más puro estilo Walter Benjamin. Un tiempo del ahora, que rompe el curso continuo de los acontecimientos, cargado de energía y dispuesto a dar un salto hacia el futuro. Pueden convertirse, que nadie se ofenda (que anda el personal muy crispado), en momentos revolucionarios, cargados de transformaciones profundas. 35 años de Constitución Española, no son una cifra tan redonda como 25, o 50, pero bien podrían constituir un tiempo-ahora, como me recordaba recientemente Jesús Montero, al comentar un artículo mío sobre Camus y rememorar los 25 años transcurridos desde la Huelga general del 14-D. Y sin embargo, atenazados como estamos por una crisis económica, de empleo, política y social, nadie parece excesivamente interesado en conmemorar la Constitución. Como si pensáramos que hacerlo puede aún empeorar la ya irrespirable situación. El país parece entregado a la autoinmolación en aras de satisfacer a los más ancestrales demonios, que nos han devorado, cada cierto tiempo, a lo largo de nuestra historia, obligándonos a largos, duros y costosos procesos de renacimiento y reconstrucción, emergiendo de las cenizas. La eterna derechona inclemente, que transigió a regañadientes con el advenimiento de un régimen constitucional, ha encontrado en la crisis, la coartada perfecta para desmontar la igualdad aún incipiente e imperfecta que, con tanta persistencia y sacrificio, hemos ido construyendo. Vuelve por sus fueros el nacionalcatolicismo a las escuelas y se extinguen las becas y ayudas a los estudios. Vuelve Torquemada a perseguir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo. Vuelven a expoliar los recursos de todos, para ponerlos a los pies del dios mercado, al servicio de los intereses privados. Vuelven nuestros mayores a la indigencia y la soledad. Vuelve la justicia a ser de pago. Vuelven los jóvenes, más preparados que nunca, a hacer las maletas y emigrar al extranjero. Y los que se quedan, serán la primera generación que viva peor que la anterior, desde hace muchas décadas. Porque de eso se trata. La precariedad, la temporalidad, lo efímero, la inseguridad como forma de vida y horizonte de futuro. La modernidad de diseño que nos deparan. Vuelve la criminalización de la protesta. Vuelve la hipocresía del empresario “buen salvaje”, que explota hasta el hastío a sus trabajadores y recoge alimentos para los mismos trabajadores que acaba de despedir, ahora convertidos en pobres que aguardan en la cola de la beneficencia. Vuelven las organizaciones de caridad, que no de justicia, que suplen temporal y precariamente, el hueco dejado por unos servicios públicos debilitados. Vuelven los ataques al sindicalismo. Si un despacho de abogados negocia un ERE en nombre de la empresa y cobra sus abultados honorarios, estamos ante profesionales. Si los abogados y economistas del sindicato intervienen y cobran un pequeño porcentaje que nada tiene que ver con los costes de los despachos “profesionales”, están robando a todos los ciudadanos. Si la editora de El Mundo, o de La Razón, o de ABC, organizan cursos para altos ejecutivos, a 3000, a 6000 euros, y los bonifican con recursos de todos los trabajadores extraidos de la Fundación Tripartita, y obtienen cuantiosas subvenciones y tapan sus agujeros financieros sangrando a Ministerios, a Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, el silencio es absoluto. Si los sindicatos organizan cursos, mucho más modestos, pero más pegados a las necesidades formativas de los trabajadores, de las personas paradas y del común de los mortales, son ladrones y ocupan portadas en esos mismos periódicos. El silencio es absoluto, entre otras cosas porque perro no come perro. Entre otras cosas, porque una corte de tertulianos bien pagados y alimentados, viven de despotricar, contra los sindicatos y contra la izquierda, en las tertulias de las mismas televisiones que propiedad de esos mismos grupos editores de los periódicos. Televisiones que les han sido concedidas por amigos bien situados en la política. Amigos que tendrán su puesto asegurado en los consejos de administración, cuando decidan utilizar la puerta giratoria que conecta la política con la empresa. Y no quiero decir, con todo esto, que los sindicatos y la izquierda, hayamos hecho todo bien en este país. La burbuja inmobiliaria, que trajo la ley del suelo del inefable Aznar, era mucho más que una burbuja de especulación inmobiliaria. Era especulación bancaria, Era fijar precios a la carta. Era con IVA o sin IVA. Era tener derechos sin deberes. Era depredar el territorio, las costas, los espacios protegidos. Era envilecer a las personas. Era espejismo de crecimiento sin fin. Era pelotazo infinito. Era consumo descabellado. Era vivir a crédito. Decía mi padre, que vivió y murió en la pobreza, Que no me pongan donde haya. A lo largo de la ultima década y media, todo parecían oportunidades y el que no las aprovechaba, podía pasar por tonto. También habrá habido sindicalistas que han picado ese anzuelo. No conozco, sin embargo, nadie que se haya hecho rico y haya amasado fortunas en el sindicato. Pero si alguno ha incurrido en ilegalidades, merece pagarlo. Estoy seguro de que cuando echemos cuentas de la locura que vivió este país y las consecuencias que trajo consigo, podremos comprobar que los sindicalistas aportaron una ínfima parte de esa locura. Quienes hoy deterioran lo público, la sanidad pública, la enseñanza pública, los servicios sociales, las pensiones. Quienes hoy atacan a los partidos políticos, a los sindicatos, a las instituciones públicas, degradando su credibilidad, preparan el asalto al Estado, para apropiarse de lo que es de todos, en beneficio de intereses privados. Sin control alguno, sin testigos. Con todo, la Constitución que construyeron quienes hace 35 años asumieron la responsabilidad de acabar con una dictadura, en un momento de crisis económica mundial que devoraba empleos, salarios, empresas, tiene poco que ver con la corrupción, con la destrucción de derechos laborales y sociales, con el paro, con las tensiones políticas, con el robo de lo que es de todos para ponerlo a los pies de los mercaderes,con la fractura social que se está generando. Más bien al contrario, releer la Constitución, que comienza definiéndonos como un Estado Social y Democrático de Derecho, puede ayudarnos a tomar conciencia de ese tiempo-ahora que nos toca vivir. Un tiempo que rompe la secuencia de los últimos 35 años y nos sitúa ante el despeñadero, o ante la voluntad de negociar un nuevo contrato social que asegure los derechos sociales y de ciudadanía, sin los cuales no hay país, no hay patria, no hay futuro. Hoy, la Constitución es nuestra última esperanza. Francisco Javier López Martín

Categora: General, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos . Comentario: (93). Retroenlaces:(0). Enlace

SOSTIENE ANTONIO RATO: A PROPOSITO DE CAMUS

jlopez.ccoo.es | 24 Noviembre, 2013 23:00

Al poco tiempo de publicar el artículo sobre Camus que inauguró este blog, recibí un comentario de Antonio Rato, que decía:

“Tu artículo sobre Camus me ha hecho recordar la soledad en el Orán de La peste. Y la sensación de soledad de gran parte d la literatura francesa de aquella época –¿recuerdas la nausée o aquello de l’enfer c’est les autres?. Y me ha inspirado las líneas que te acompaño. Creo que las asambleas de la Puerta del Sol son un síntoma de la misma soledad del ciudadano actual. En esta hora  en que se trata de romper la soledad de los políticos es necesario recordar la fuerza aglutinante de las ideologías. Saludos”

Leí muy por encima aquellas notas, siempre es un premio para quien escribe un artículo, que quien lo lee sienta la inspiración para escribir unas cuantas reflexiones personales. Así que me apresuré a contestar a Antonio:

“Muchas gracias, Antonio, leeré atentamente tus reflexiones y, si me lo autorizas, las publico en el blog, porque quiero que sea un blog abierto a reflexiones varias de amigos y compañeros. 

Un fuerte abrazo,”

La respuesta no se hizo esperar:

“Creo que la lucha ideológica contra el pensamiento único puritano-capitalista-mediático es hoy aún más necesaria que bajo el franquismo. Entonces existía el contubernio judaico masónico anarco separatista y ahora solo se oye a los futboleros-conformistas. ¿Cómo no te voy a autorizar a que siembres mi granito de mostaza? Un fuerte abrazo”

El artículo de Antonio creo que es polémico, más al principio que al final, con esa idea de que la CIA tuvo algo que ver con Mayo del 68 en París. Pero, a la vista de las revelaciones de Snowden, nada parece imposible para esa “inteligencia” que tantos errores termina cometiendo.

Además, Antonio se ha ganado, a fuerza de ser de aquella raza de laboralistas que tanto contribuyó a traer la democracia, a base de PCE y de actuar como acusación particular en juicios como el de los Abogados de Atocha. A base de defender gentes ante los Tribunales franquistas de Orden Público (TOP) y de toda una vida dedicada a los derechos laborales y sociales. Antonio Rato, digo, se ha ganado la libertad de decir y opinar lo que le de la gana.

Ahí va, por tanto. Sostiene Antonio Rato:

La ausencia de ideología en la lucha política actual

El rechazo de la ideología era endémico en los jóvenes franceses que salían de la adolescencia en la década de los cincuenta, (los llamados J3 por las siglas de su cartilla de racionamiento)). La obsesión fundamental de estos jóvenes era la de no ser engañados (ne pas être dupe). Habían nacido en los horrores de la guerra mundial y se educaban entre las mentiras sangrientas de Guy Mollet y el prefecto Papon (posteriormente condenado como criminal nazi) en los estertores del colonialismo francés. La dialéctica de las ideas comenzaba entonces su decadencia para llegar a convertirse en el opio de los intelectuales (Raymond Aron). En España, Fernández de La Mora cosechó un éxito inmenso con su Crepúsculo de las Ideologías, y en el mundo anglosajón la revolución de los managers reemplazaba a los políticos por tecnócratas.

El mayo francés, propiciado por la CIA como represalia por los desdenes  de De Gaulle a la OTAN y el dólar, supuso en Francia el triunfo definitivo del individualismo sobre la ideología de clase. El ciudadano se refugia en la soledad de sus problemas como individuo aislado. No milita en los partidos ni se afilia a los sindicatos. Se limita, tapándose las narices, a votar cuando no tiene nada mejor que hacer.  

De la misma forma que sería injusto calificar la ideología de la ilustración (Montesquieu, Rousseau, etc) por el Terror en que desembocó la revolución, sacando como el Syllabus, la consecuencia de  que el liberalismo es pecado, no menos injusto es sostener que la Revolución Octubre y sus consecuencias históricas impiden la rehabilitación de la ideología de izquierdas.

El aislamiento de los ciudadanos para solucionar individualmente sus problemas es la consecuencia directa de la negación de las ideologías. Aunque no es del todo cierto que las ideologías hayan desaparecido  de la política de forma absoluta. Hemos pasado de la lucha ideológica entre las distintas clases y capas sociales a la ideología única de la clase dominante. Decía Stuart Mill que si todo fuese azul no podríamos saber qué es el color azul. Cuando todo es liberalismo económico ocurre lo mismo: los palos que recibimos del legislador se nos justifican por la derecha como algo inevitable; hay como un fatum que rige nuestro destino. Incluso los partidos políticos de izquierda reniegan de los planteamientos ideológicos sin caer en la cuenta de que sus programas los escriben sobe las plantillas de la ideología liberal. Porque la democracia (gobierno del pueblo) se identifica con el liberalismo (gobierno de los poderosos). La política en la democracia liberal no es ya tarea colectiva del pueblo sino un apaño tecnocrático para preservar los privilegios de las oligarquías dominantes.

El problema de la izquierda no es de personas ni de programas, sino la carencia de una ideología diferente de la de la derecha. Sus señas de identidad se limitan a un plus de compasión hacia los más oprimidos. Pero siempre sin exagerar, porque hasta la bajada de impuestos forma ya parte de los programas de izquierdas.

Todo programa político necesita de una ideología subyacente que lo dote de congruencia en la lucha contra las oligarquías, de una meta final que permita establecer el rumbo legislativo. Solo así podrá determinarse la estrategia de la lucha política, tanto en el ámbito español como en el europeo. Y esa ideología tendrá que recuperar muchas de las ideas marxistas que siguen siendo válidas e insustituibles, incluso hoy cuando la clase explotada aparece dividida en una pluralidad de capas medias con intereses y culturas a menudo enfrentados. Sin ideología no hay verdadera política. Y, además, con la lucha ideológica se puede conocer que es lo que subyace tras la opacidad de enunciados programáticos que pretenden ser apolíticos.

Quienes se llevan las manos a la cabeza cuando oyen hablar de la dictadura del proletariado ni siquiera sospechan que, en la actualidad y en nuestra democracia, vivimos bajo la dictadura de las oligarquías nacionales y extranjeras. Lo que no significa que esta dictadura se ejerza de la misma forma policiaca y brutal que bajo la dictadura tiránica del funesto Caudillo. La dictadura de los trabajadores, en el sentido amplio y actual que engloba el término trabajador, significa solamente que la inmensa mayoría del pueblo ostenta el derecho a mayor participación efectiva en el poder político que las cien mil familias que monopolizan, bajo el actual sistema bipartidista, todos los resortes del ejercicio de la soberanía por los tres poderes del Estado. Pero esta transmisión de poderes puede y debe realizarse manteniendo el régimen de partidos y las demás conquistas de la revolución burguesa. Con un régimen electoral y de partidos más democrático, una educación real e igual para todos, prohibiendo el monopolio de los medios de información, y con una banca pública que otorgue el crédito atendiendo a las necesidades del Estado, las cosas pueden cambiar y el pueblo recuperar la soberanía.

Los partidos turnantes tienen buen cuidado en legislar con lo que denominan sentido de Estado, aunque que, en realidad para ellos la significación de este sintagma es sentido de lo que no lesiona los intereses oligárquicos. Y ridiculizan los programas que carecen de tan peculiar sentido de estado. Porque, remedando a Luis XIV, la oligarquía mantiene que  L’etat c’est moi, verdadero resumen de la ideología dominante que acepta fuera de toda discusión una amplia mayoría parlamentaria.

En estos momentos se necesita una ideología de izquierdas que devuelva la confianza en que la toma  pacífica del poder político es posible y que, por tanto, el poder oligárquico desaparecerá algún día como la rueca y el hacha de bronce.

Antonio Rato 

 

Categora: Política . Comentario: (46). Retroenlaces:(0). Enlace

CAMUS, UN EXTRANJERO

jlopez.ccoo.es | 07 Noviembre, 2013 13:01

A modo de introducción:

Inicio mi andadura en este espacio de Blogs de CCOO, con un artículo dedicado al centenario del nacimiento de Albert Camus. Habrá quien pensará que hay temas más actuales y combativos para un momento como éste. Y, sin embargo, os lo aseguro, no se me ocurre otro tema más actual y combativo, más necesario para cada uno de nosotros y nosotras, como personas, como ciudadanía, como clase trabajadora, que la lucha permanente y prometéica de nuestra gente, para abrir paso a la justicia y a la libertad, sin ceder un solo paso en ninguno de los dos empeños.

Albert Camus

 

ALBERT CAMUS, NUESTRO EXTRANJERO

El 7 de Noviembre de 1913 nacía en la Argelia francesa Albert Camus. 44 años después, en 1957, el año de mi nacimiento, el año aleatorio del nacimiento de las CCOO, Albert Camus recibía el Premio Nobel de Literatura, por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Su discurso, en el momento de recibir el premio, es toda una declaración de vida y de intenciones que no me resisto a reproducir al final de este artículo.

Un discurso en el que reconoce el fracaso de su generación en dar cumplimiento al reto que cualquier generación se plantea: rehacer el mundo. La misión de su generación, nos cuenta Camus, es, tal vez, aún más grande y consiste en impedir que el mundo se deshaga.

Una generación, resalta en su discurso, que carga con una pesada herencia de corrupción, revoluciones frustradas, técnicas enloquecidas, dioses muertos e ideologías extenuadas. En un momento histórico en el que los poderes más mediocres pueden destruirlo todo y vencer sin convencer. En el que los intelectuales se han rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión. Una generación que ha tenido que restaurar, por sí misma, en torno a sí misma, desde sus propias negaciones, un poco de cuanto constituye la dignidad de vivir y de morir.

Cómo no sentirse, en estos días que corren en España, en Europa, en el planeta todo, concernido, llamado, convocado, por estas reflexiones de un hombre que, en el momento de recibir el Premio Nobel, en el momento de su muerte, dos años más tarde, era más joven de lo que yo lo soy ahora.

No llegué a Camus con facilidad. No llegué sólo por la lectura y el conocimiento. Mis primeras aproximaciones a Camus vinieron de la mano del idioma francés que se enseñaba en el bachillerato. La lectura de L´Étranger fue mi primer acercamiento a Camus. Tal vez era demasiado joven, o dominaba superficialmente el idioma, para entender el pozo profundo de un alma, tan sólo segura de su vida y de su muerte.

Mi segundo encuentro, leyendo La Peste, me resultó mucho más satisfactorio. Ese aire inmundo de un Orán asolado por la peste, asediado, ocupado por la muerte y el dolor, la enfermedad, fue desvelando sentimientos, sensaciones, miedos que anidaban en mí, como imagino que en la gran mayoría de los habitantes de aquel Orán suburbial y sitiado, de los últimos años del franquismo.

Imagino que esos libros provenían de aquella librería Espinela, en cuya trastienda se acumulaban algunos ejemplares venidos de Francia, o de editoriales latinoamericanas que suministraban libros que nunca traían impreso el nihil obstat.

Mi tercer encuentro, llegó de la mano de un grupo de drogodependientes, empeñados en representar la obra Calígula. Eran ya los años duros de la droga que asediaba, como la peste, los barrios obreros del sur de Madrid. No eran grandes actores, pero la obra funcionaba y conmovía, porque aquellos jóvenes, con sus sábanas a modo de togas romanas, eran los extranjeros de una tierra desolada.

El Hombre Rebelde llegó más tarde para cerrar el círculo de mi comprensión de un hombre que, en su corta vida, truncada en un accidente de coche en 1960, tuvo tiempo para asumir el orgullo de una madre analfabeta de la que aprendió el español y el catalán. De un padre trabajador en los campos de Argelia, muerto en la I Guerra mundial y del cual casi sólo tenía el recuerdo de su rechazo ante la horrible ejecución de una pena de muerte. Tuvo tiempo para alzarse del suelo, sobre la dura miseria de su infancia, aprender de excelentes profesores a los que recordaría toda la vida, hasta llegar a convertirse en un hombre entre los hombres, pensando entre los hombres, viviendo entre los hombres, sin dejar de ser un extranjero.

Un hombre capaz de defender la justicia y la igualdad, sin dejar de construir su propia libertad, porque "si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo". Capaz de debatir y rebatir con los surrealistas, con quienes fueron sus camaradas en el Partido Comunista. Con los pieds-noirs, los colonos originarios de Francia en Argelia y con los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional de Argelia.

Con Jean-Paul Sartre y con los existencialistas, entre los que también estuvo encuadrado. Con los propios anarquistas, con los que también colaboró, pero que tampoco escapan al doctrinarismo y la ortodoxia, pese a que no son pocos los que consideran que Camus formuló el pensamiento anarquista del siglo XX.

Presente en todas las causas justas, nunca renunció a su libertad. El precio que pagó fue alto. El Premio Nobel no consiguió romper el ostracismo personal, que no literario, al que le habían condenado los círculos intelectuales encabezados por Sartre. Un extranjero siempre consciente de que "el éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo".

Un hombre libre, de esos que siempre son necesarios en cada generación. De esos que tienen plena vigencia y actualidad en nuestros tiempos Un hombre capaz de decir No, aun siendo consciente de que "las tiranías de hoy se han perfeccionado: Ya no se admiten el silencio ni la neutralidad. Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra".

Un hombre capaz de habitar entre nosotros, preguntándose las mismas cosas y respondiéndolas con libertad, aun pagando el precio de ser siempre un extranjero.

Francisco Javier López Martín

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR ALBERT CAMUS EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO NOBEL

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Albert Camus

Categora: General, Poesía, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Literatura, Afectos, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Ideas, Historia, Cultura . Comentario: (465). Retroenlaces:(0). Enlace