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Decidnos cómo es Atocha

jlopez.ccoo.es | 20 Enero, 2017 00:41

He cerrado los ojos para no ver nada.
He cerrado los ojos para llorar por no verte.

Paul Éluard 

El dictador había muerto, pero la dictadura no había sido derrotada. Lo viejo no había muerto. Y lo nuevo no había aún nacido. Un momento histórico apasionante se abría paso entre grandes ilusiones y no pocas penalidades. La clase obrera empujaba para conseguir libertad, derechos laborales y sociales equiparables a los que tenían los trabajadores y trabajadoras europeos. Los despachos laboralistas eran una cuña en el sistema judicial español para conseguir que el ejercicio de esos derechos fuera erosionando los estrechos márgenes de las leyes franquistas.

Había dos despachos de abogados laboralistas en la calle de Atocha. Uno de ellos, en las inmediaciones de la Plaza de Antón Martín, el de Atocha 55, lo dirigía Manuela Carmena. Ese fue el despacho elegido por las huestes del franquismo sin Franco para dar una lección que nunca olvidara una clase obrera que protagonizaba, en esos momentos, una huelga del transporte que se antojaba intolerable para el sindicalismo vertical de la dictadura. El 24 de enero de 1977, hace ya 40 años, se produjo la tragedia, el cruel atentado contra el despacho laboralista de Atocha 55.

No eligieron su suerte. Fueron ellos como podrían haber sido los abogados, abogadas o sindicalistas de cualquier otro despacho laboralista. O como lo fueron los estudiantes que participaban en manifestaciones pacíficas reclamando democracia y libertad. Esa misma semana, el 23 de enero, caía abatido por un disparo de un ultraderechista, el estudiante Arturo Ruiz y, al día siguiente, la joven universitaria María Luz Nájera, al ser golpeada por un bote de humo de la policía. Todo ello en un contexto de secuestro de los GRAPO, de Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado y del general Emilio Villaescusa.

No estaban solos. El despacho de Atocha 55 era uno de los que se habían ido abriendo, por parte de jóvenes abogados y abogadas recién salidos de la universidad, siguiendo la estela y multiplicando la experiencia de aquel primer despacho laboralista fundado por María Luisa Suárez, Antonio Montesinos, Pepe Jiménez de Parga, o José Esteban, en la calle de la Cruz. Despachos en los que se defendía a los trabajadores y trabajadoras, jurados de empresa, enlaces sindicales de las CCOO, que eran procesados por defender derechos, participar en huelgas y manifestaciones, tener en su poder octavillas, o publicaciones en las que se animaba a la movilización, o en las que se exigían derechos fundamentales como la huelga, la manifestación, la libertad, la democracia, la amnistía.

Despachos en los que se abordaban también procesos penales ante el Tribunal de Orden Público, creado por la dictadura franquista para perseguir a la oposición, especialmente del PCE y a los integrantes de las ilegalizadas Comisiones Obreras. Despachos donde se defendían problemas de barrio, como los desahucios, problemas de infravivienda y equipamientos para la ciudadanía.

Fue mucha la tarea desde que en los años 60 se constituyeron las CCOO y se extendieron, gracias al apoyo del PCE y otras organizaciones de la oposición a la Dictadura, por todos los sectores y por toda España. Y tuvieron que hacer frente a la brutal represión que sufrió el movimiento obrero con su “galena de huelgas” en los años 1975 y 1976 que hizo posible que aunque el dictador muriera en la cama, el régimen fuera derrotado en la calle.

Tras el asesinato de los Abogados de Atocha y el velatorio organizado por el Colegio de Abogados en su sede, su despedida se convirtió en una inmensa manifestación organizada por el PCE y las CCOO, silenciosa y pacífica, que terminó con los nuevos intentos de imponer una democracia mutilada. Un interminable despliegue de coronas de duelo, claveles rojos y puños en alto, que firmó en las calles la muerte definitiva del franquismo. Tras la masacre de Atocha nadie pudo negarse a la evidencia. En la Semana Santa de aquel mismo año, el Gobierno emanado de la legalidad franquista, presidido por Adolfo Suárez, legalizó el Partido Comunista y a finales de abril fueron legalizados los sindicatos. España emprendía el camino hacia una nueva legalidad democrática.

Se preguntaba el Jefe del Estado, en el reciente encuentro mantenido con el Patronato de la Fundación Abogados de Atocha, promovida por CCOO de Madrid, cómo era posible que hasta el año 2005 no se hubiera creado una institución para preservar la memoria y defender los valores de los Abogados de Atocha. Unos jóvenes que con  las únicas armas del derecho pusieron en juego su vida para defender la dignidad y la decencia de todas nuestras vidas y pagaron con su sangre nuestra libertad.

Durante décadas, cada 24 de enero, hemos acompañado la soledad de los cementerios y junto a los cuatro sobrevivientes, Luis Ramos, Lola González Ruiz, Alejandro Ruíz- Huerta, hemos escuchado a Miguel Sarabia recitar lentamente los nombres de los jóvenes asesinados, ante la placa conmemorativa instalada junto al portal de Atocha 55: Luis Javier Benavides Orgaz, Serafín Holgado, Ángel Rodríguez Leal, Francisco Javier Sauquillo, Enrique Valdelvira. Así pronunciados, despaciosamente, decía Sarabia, siembran armonía en el  mundo.

Le gusta a Alejandro recordar a Paul Éluard, quien haciendo memoria de los campos de concentración nazis, nos recuerda que "si el eco de su voz se debilita, pereceremos". Por eso, tal vez, las CCOO de Madrid, en nuestro Congreso de 2004, conmocionados aún por la inmensidad del golpe de los Atentados del 11 de Marzo de ese mismo año, decidimos crear la Fundación Abogados de Atocha, para preservar la memoria y el espíritu de los de Atocha. Para impulsar los valores y los anhelos de libertad, igualdad, justicia, solidaridad, diálogo y paz que alentaba la lucha de aquellos jóvenes y que sigue anidando en los corazones de la ciudadanía. Para premiar y reconocer a cuantas personas siguen luchando aquí y más allá de nuestras fronteras por la libertad y los derechos laborales y sociales.

Volviendo a Éluard, el poeta, el militante de la resistencia francesa, el comunista ortodoxo y heterodoxo, nos parece necesario recordar, en este 40 aniversario del atentado contra los Abogados de Atocha, que "hay otros mundos, pero están en éste". Un mundo, un espacio de convivencia, en el que saquemos de nosotras y nosotros lo mejor de aquella juventud de Atocha. Pero para ello tendremos que seguir defendiendo su memoria y, parafraseando a Marcos Ana, uno de los merecedores de los premios anuales de la Fundación, formular y contestar (y contestarnos) cada día la pregunta: “Decidnos como es Atocha.”

Jaime Cedrún López
Secretario General de CCOO de Madrid

Francisco Javier López Martín
Secretario de Formación de CCOO

 

 

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La forja de Giner de los Ríos (Episodio I)

jlopez.ccoo.es | 23 Diciembre, 2015 10:57

A finales de octubre participé en un Homenaje a Francisco Giner de los Ríos en Colmenar Viejo, con motivo del centenario de su fallecimiento. El proceso electoral, durante el cual he ido publicando diversos artículos sobre las propuestas sindicales dirigidas a los partidos políticos, me ha hecho retrasar la publicación del contenido de aquella conferencia.

Ahora, cuando ya conocemos los resultados de las elecciones del 20 de Diciembre, me parece más imprescindible aún poner de relieve la labor pedagógica y el esfuerzo regeneracionista, de una figura como la del creador de la Institución Libre de Enseñanza, que cobra especial actualidad en estos momentos.

Me invita Vicente Puerta, desde su Colmenar Viejo, a hablar sobre Francisco Giner de los Ríos, en compañía de Isabel Galvín, Secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid y de José Luis Pazos, Presidente de la Federación de Madres y Padres Giner de los Ríos de Madrid, con motivo del Homenaje que Izquierda Unida de Colmenar organiza para conmemorar el centenario de su muerte.

No soy un experto en Giner de los Ríos. Me parce un arduo divertimento. Decido recurrir a aquel viejo método de Francisco Gutiérrez, que desentrañaba la realidad recurriendo al lenguaje total. Intentar entender a Giner de los Ríos desde los hechos que lo definieron, los sentimientos que provocó y provoca, en otros, en mí. Sentir que parte de Giner de los Ríos es mía, parte de mí.

Y para encontrar estas claves recurro a la estructura del libro “La forja de un rebelde”, al que García Márquez considera uno de los mejores diez libros del exilio español. Arturo Barea divide el libro en tres grandes capítulos: La Forja, la Ruta, la Llama. Me parece que estos tres grandes capítulos pueden servir también para definir las etapas que marcaron la vida de Giner de los Ríos.

La Forja: Nació Giner en 1839, pocos años después de la llegada de Isabel II al trono. Siendo una reina-niña, menor de edad, era su madre María Cristina, quien actuaba como Regente, afrontando la primera Guerra Carlista, que cuestiona que la niña Isabel llegue a reinar.

Durante este reinado se forjará Francisco Giner de los Ríos. Nace en Ronda, pero se forma en Cádiz, estudia el Bachillerato en Alicante, inicia estudios de Jurisprudencia en Barcelona, pasante en Madrid y obtiene la Licenciatura de Derecho y Bachiller en Filosofía en Granada, donde tomará sus primeros contactos con el krausismo y conoce a Nicolás Salmerón, que llegará a ser Presidente de la I República Española y diputado, desde 1886 por circunscripciones como Madrid y Barcelona, hasta su fallecimiento en 1908. La formación de Giner cuenta con personas como el también Presidente de la República de 1873, Emilio Castelar, o Gumersindo de Azcárate.

Algo mayores eran Francisco Pi y Margall, también futuro Presidente de la República, o el introductor del krausismo en España, Julián Sanz del Río, aunque formaban parte del núcleo intelectual que, desde la defensa de la libertad de enseñanza, construyeron un modelo de educación que quería reformar España, con la convicción de que, ni las revoluciones, ni la violencia, aportan soluciones reales a los problemas.

Cada generación tiene la obligación de dar respuesta a los problemas que se encuentra, afrontar los retos propios de su momento y ellos lo hicieron con responsabilidad generosidad y con creces.

En 1863 Giner de los Ríos ya está en Madrid y, al tiempo que trabaja, obtiene un Doctorado en la Universidad Central, accediendo en 1866, con 27 años, a la Cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional. Es aquí donde desarrolla su amistad con Sanz del Río y se adentra en el krausismo, como pensamiento inspirador de su acción.

Pero pronto, en 1867, el Ministro de Educación conservado, Manuel Orovio, publica un decreto contra la libertad de cátedra. Julián Sanz del río, Fernando de Castro, Nicolás Salmerón y otros, son separados de sus cátedras. Giner se pronuncia en solidaridad con ellos y en mayo es suspendido como catedrático.

Poco después estalla La Gloriosa. Isabel II abandona un trono acosado por las divisiones, las fuerzas carlistas y la corrupción generalizada, en torno al desarrollo de infraestructuras como el ferrocarril. Prim, toma el mando de la situación y el decreto de libertad de enseñanza repone en sus cátedras a los separados de las mismas.

Se inicia, de esta manera, el “sexenio democrático” que, tras diferentes intentos, desemboca en la designación como Rey de Amadeo de Saboya, el cual parte hacia España el mismo día que su mentor, el general Prim, es asesinado.  Un periodo marcado por la inestabilidad política impulsada por la iglesia, los carlistas, los unionistas, los progresistas, los republicanos, o por la aristocracia borbónica.  Muerto Prim, el único capad de poner algo de orden en la confusión del momento, el reinado de Amadeo nace herido de muerte, incapaz de frenar el independentismo cubano, la guerra carlista y las tensiones en torno a la definición del modelo de Estado.

Amadeo renuncia al trono y en 1873 se proclama la I República, que pronto tiene que hacer frente a tres guerras. La carlista, la cubana y la desencadenada por las tensiones entre federalistas y centralistas, que desemboca en la proclamación de cantones independientes, maravillosamente reflejada, años después, por Ramón J. Sénder, en su novela Mr. Witt en el cantón. La República, como bien sabemos, acabó con la entrada del general Pavía, a caballo, en el Congreso de los Diputados y dando paso a la Restauración Borbónica, con el hijo de Isabel II, Alfonso XII, en el trono.

Acaba con esta experiencia la forja de Francisco Giner de los Ríos y serán los primeros actos del nuevo gobierno de Cánovas del Castillo los que inaugurarán su nueva ruta vital.

Francisco Javier López Martín

 

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Reforma de la formación (II): un asunto de empresa

jlopez.ccoo.es | 18 Marzo, 2015 09:43

Quedó dicho, en el primer artículo sobre la Reforma del Sistema de Formación para el Empleo, que las Comunidades Autónomas reciben más de 1000 millones de euros, de los casi 1900 de la cuota de formación que empresas y trabajadores depositamos anualmente en la Seguridad Social. 

El segundo gran bloque de recursos lo constituye la formación directamente ejecutada por las empresas, por el sistema de bonificarse la totalidad, o parte, de la cuota, que han pagado.

El 77% de las ayudas para la formación gestionadas por el Estado, va directamente a las empresas.  Más a las grandes que a las pequeñas. Así, mientras el 93% de las grandes empresas se bonifican la cuota de formación y programan actividades formativas, sólo el 23% de las pequeñas lo hace.

Además, el empresario tiene en sus manos todo el poder legal para decidir sobre la formación que va a impartir, sin necesidad de negociar con sus trabajadores, con la salvedad de que tiene la obligación de informar a la Representación Legal de los Trabajadores.

Otro de los problemas es que vivimos en un país de pequeñas empresas y microempresas, que no pueden por su tamaño organizar la formación que necesitan. Un campo en el que miles de consultoras, gestorías, centros de formación, asesorías, se dedican a captar alumnos para bonificar la formación de sus empresas, realizando una oferta formativa genérica, demasiado transversal y poco útil para cubrir necesidades reales de pymes y micropymes.

Una reforma de este tipo de formación es urgente y el Gobierno debería poner toda su atención en la formación de trabajadores en esas pymes y micropymes.  Deberían de ser las organizaciones sectoriales de las empresas y los trabajadores, quienes trazasen necesidades y prioridades formativas y vertebrasen y organizasen a las pymes y micropymes, para utilizar bien los recursos, al tiempo que evaluasen y propusieran los cambios necesarios para ir adaptando cada vez más y mejor las necesidades formativas con la formación que se realice. Esa formación debería ser impartida, salvo excepciones justificadas, por centros de formación acreditados y registrados, que aseguren la calidad de sus programas formativos.

Si no lo hacemos así, la calidad de esta formación seguirá siendo baja y poco adaptada a las necesidades y realidad de las empresas.  Además, estos recursos seguirán siendo campo abonado para irregularidades  de todo tipo, cuando no para corruptelas que comprometen la viabilidad del sistema.

En cuanto a las grandes y medianas empresas, me parece esencial que en el seno de cada empresa funcionase una Comisión de Formación, en la que empresario y Representación Legal de los Trabajadores, deberían negociar las necesidades formativas y los planes anuales de formación.

Dejamos un tercer capítulo para la formación programada directamente desde la oferta estatal, en el marco de la Fundación tripartita de Formación para el Empleo.

Francisco Javier López Martín

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Mañana, la igualdad

jlopez.ccoo.es | 09 Marzo, 2015 13:17

Ya ha pasado el 8 de Marzo. Cada año, en las fechas previas al Día Internacional de la Mujer, decenas de informes nos recuerdan el largo camino que queda por andar para alcanzar la igualdad real entre mujeres y hombres. Centenares de actos, encuentros, jornadas, actividades culturales, ponen de nuevo el acento en el lento proceso que vivimos, en los retrocesos a los que asistimos, en la cantidad ingente de años que tendremos que consumir para, si seguimos al mismo ritmo, poder decir que la igualdad de oportunidades es un hecho que no tiene vuelta atrás.

No hablamos sólo de España. Un reciente Informe del Parlamento Europeo, avanza que la igualdad salarial en la Unión Europea no llegará hasta 2084. Es decir, para cuando mi hijo esté a punto de cumplir 80 años. Largo me lo fiáis. En España las mujeres ganan una media de 6.144 euros menos al año que los hombres. Es decir, la brecha salarial alcanza el 31 por ciento. Y no es un problema de atraso económico. En una de las Comunidades más ricas de España, la de Madrid, esa brecha salarial es de 7.750 euros anuales, aunque al ser más rica, el porcentaje de esa brecha, sea del 27´5 por ciento.

Pero no es sólo el salario, es también el trabajo. Cuando se piensa en trabajos que no ocupen 8 horas de jornada laboral, los contratos a tiempo parcial, nos encontramos con que las mujeres obtienen tres de cada cuatro. Esto indica perfectamente a quien se le encomienda socialmente la tarea de atender a la familia, cuidar de las personas dependientes y eso que se ha dado en llamar conciliación de la vida laboral y familiar.

En tasa de actividad las mujeres obtienen un 54 por ciento y los hombres un 66. Pero es que además en la tasa de ocupación, esas mismas mujeres presentan una brecha de 10 puntos menos que los hombres. Si se quedan en paro, menos de la mitad recibe protección y, cuando la reciben, más de la mitad percibe tan sólo los famosos 426 euros.

Resulta curiosa alguna de las conclusiones del reciente informe de la OIT sobre “Brecha salarial de género y brecha salarial por maternidad”, según el cual las mujeres españolas están más capacitadas que los hombres, tienen “más capacidad humana”, pero sin embargo las empresas penalizan la maternidad y bonifican la paternidad. Dicho de otra forma, cuantos más hijos tiene una mujer, menos oportunidades de empleo, promoción y desarrollo en la empresa y cuantos más hijos tiene un hombre, más se valoran sus posibilidades de compromiso con la empresa.

Una discriminación laboral que tiene sus consecuencias en las prestaciones por desempleo, en las pensiones que perciben las mujeres, notablemente inferiores a las de los hombres. Una discriminación que se refleja en los recortes presupuestarios destinados a promover la igualdad, en las políticas educativas y que tiene sus consecuencias en las inaceptables cifras de denuncias por violencia de género, víctimas de malos tratos y muertes de mujeres a manos de hombres.

En las inmediaciones de cada 8 de Marzo, se multiplican las noticias sobre la igualdad y la discriminación de la mujer. Los encuentros, las jornadas, los informes, las ruedas de prensa. Los actos culturales de todo tipo, presididos por pancartas moradas. Las manifestaciones reivindicativas y festivas, a las que se suman no pocos hombres con sus camisetas, sus pañuelos de color lila, cuando menos un pin, una chapita… Sin duda alguna, constituyen un hito anual importante para exigir la igualdad. Una muestra del esfuerzo desplegado por organizaciones de mujeres y organizaciones políticas y sociales, que luchan cada día por la igualdad. Una demostración de fuerza, conciencia, lucha y esperanza en un futuro de igualdad.

Pero, una vez pasado el 8 de Marzo, la sociedad no puede pasar página y olvidar. Nos quedan por delante 365 días en los que se jugará el que al cabo de un año podamos constatar mejoras, o admitir retrocesos. Y éste que nos queda será un año marcado por la política, en el que los compromisos por la igualdad deben convertirse en algo más que unas líneas y unos cuantos párrafos en los programas electorales de todos los partidos, para pasar a ser contratos exigibles a quienes nos gobiernen en Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y en el Estado.

Todo un año que debemos utilizar a la manera en la que Beppo Barrendero explicaba a aquella magnífica niña llamada Momo, enfrentada a los “hombres grises”, especializados en la eficacia, la eficiencia y el ahorro de tiempo, la forma de afrontar una ingente tarea como la de barrer una larga calle:

“Ves, Momo, a veces tienes ante ti una calle que te parece terriblemente larga que nunca podrás terminar de barrer. Entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle sigue igual de larga. Te esfuerzas más aún, empiezas a tener miedo, al final te has quedado sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer. Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Entonces es divertido: eso es lo importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser. De repente, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, pero no se ha quedado sin aliento. Eso es importante”.

Pensé escribir, como casi cada año lo hago, un artículo sobre el 8 de Marzo y la lucha por la igualdad, pero al final me he inclinado por escribirlo sobre el día siguiente y todos los restantes días del año, que deberemos convertir en 8 de Marzo, paso a paso, inspiración a inspiración, barriendo una tras otra, todas y cada una de las desigualdades.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

 

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Homenaje a la CONC

jlopez.ccoo.es | 17 Noviembre, 2014 09:37

Homenaje a Cataluña. Así se titulaba el libro en el que George Orwell narra su experiencia como voluntario en la Guerra Civil Española. Una obra que inspiró posteriormente la película Tierra y Libertad, de Ken Loach. Es en ese momento cuando en el centro de Orwell se alza una concepción de defensa de la libertad que terminará dando origen a Rebelión en la Granja y, posteriormente, a 1984. Como bien canta Víctor Manuel, recordando Asturias, tampoco en Cataluña han faltado las ocasiones para jugarse la vida en una partida.

Fue, hace más de un siglo, en el puerto de Barcelona, donde las familias trabajadores se rebelaron durante el embarque de las tropas que partían a Marruecos. Eran padres de familias trabajadoras los que arrojaron al mar los escapularios que les eran entregados por señoritas de buena familia de la aristocracia catalana. Eran sus mujeres y sus familiares los que gritaban desde los muelles, ¡Abajo la guerra! ¡Que vayan los ricos! ¡O todos o ninguno! Y es que, por aquel entonces, iban a la guerra de Marruecos los reservistas que no podían pagar los 6000 reales que costaba librarse del reclutamiento. Eran trabajadores los que secundaron la Huelga General de 24 horas y se lanzaron a las calles.

Pero fueron torpes gobernantes y capitanes generales, los que declararon el estado de guerra y los que reprimieron las manifestaciones, mataron a trabajadores y desencadenaron la desgarradora Semana Trágica, a caballo entre julio y agosto de 1909. Fueron ellos los causantes de la brutal represión que causa 78 muertos, centenares de heridos, miles de detenciones, 2000 procesos y condenas, 175 destierros, 59 cadenas perpetuas, 5 condenas a muerte. Entre los ejecutados, el educador Francisco Ferrer y Guardia.

Los trabajadores y trabajadoras catalanes se la volvieron a jugar en la Huelga General de 1917. Y una vez más en 1919, en la huelga de La Canadiense, que paralizó el suministro eléctrico de la industria catalana. Y frente a los pistoleros de Martínez Anido, que se estrenó como Gobernador Militar durante la Huelga de La Canadiense y que sostuvo el régimen de terror de los pistoleros de los "sindicatos libres" impulsados por la patronal catalana, vinculada a la Lliga Regionalista. Se jugaron de nuevo la vida y la perdieron decenas de sindicalistas sensatos como Salvador Seguí, asesinado en uno de aquellos atentados.

Un periodo histórico, éste de las primeras décadas del pasado siglo en Cataluña, magníficamente reflejado en novelas como La verdad sobre el caso Savolta, o La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza, en las que muchos aprendimos la triste historia de los trabajadores que han luchado por un trabajo decente y una vida digna, cuando se enfrentan al poder y al dinero. A esos personajes corruptos, implacables, que hacen de la riqueza y el manejo de los hilos políticos, todo su objetivo vital. Esos que constituyen la clase capitalista. Esa que no existe, pero que como dicen en gallego, en referencia a las meigas, "haberlas hailas".

Como la situación se les iba de las  manos, el golpe de Estado de Primo de Rivera, en este momento, 1923, Capitán General de Barcelona, vino a poner desorden oficial e institucional y, de nuevo, fueron los trabajadores y trabajadoras catalanes los que sufrieron con dureza la represión, al ser ilegalizada y perseguida su principal organización obrera, la CNT. De hecho, Primo de Rivera nombra Ministro de la Gobernación a... Martínez Anido.

Luego llegó la República y aquellos patronos y sus militones fraguaron la larga y dolorosa Guerra Civil que, como un rodillo, fue aplastando de forma sistemática y despiadada toda resistencia obrera. Y de nuevo, Cataluña, Valencia, Madrid, resistieron hasta el final. Hasta acabar en el exilio, en las tapias de los cementerios, en las cunetas de los caminos, en las cárceles, en la prisión en la que, durante décadas, quedó convertido todo el país. Un partido único, un sindicato vertical, un caudillo, una iglesia, una lengua, un inmenso cuartel.

Son Tiempos de Silencio. Esos tiempos que presentimos cuando vemos La Voz Dormida, las Trece Rosas, Pa Negre, El Laberinto del fauno, Los girasoles ciegos y tantas otras películas. Durante muchos años la libertad política, la libertad sindical, las organizaciones políticas y sindicales, desaparecen. Sin embargo, como la hierba que surge entre las grietas del asfalto, ya en 1947, cerca de 50.000 metalúrgicos se alzan en huelga en Vizcaya. Y en 1951 miles de trabajadores catalanes boicotean los tranvías de Barcelona, en protesta por las subidas abusivas de los transportes públicos. Un boicot que acaba en huelgas  y manifestaciones en los pueblos industriales de Cataluña.

Comienzan a surgir las primeras comisiones obreras, el PCE enuncia la política de reconciliación nacional, la huelga de La Camocha. Más tarde las huelgas del 62 por toda España, las primeras coordinadoras sectoriales e intersectoriales de las incipientes Comisiones Obreras. Y, en el 64, la Comisión Obrera Central de Barcelona  nace de una asamblea de 300 delegados, celebrada en la parroquia de Sant Medir, que se convertirá en el 66 en la Comisión Obrera Nacional de Cataluña.

Eran ya los años de la emigración masiva de españoles hacia el extranjero y la emigración interior de las zonas rurales a las industriales. Era aquel tiempo de maquetos, de charnegos, de constructores nocturnos de chabolas, allá Donde la ciudad cambia su nombre. Francisco Candel me enseñó estas cosas cuando yo vivía en Villaverde y me sentía protagonista de Hay una juventud que aguarda y también me sentía de la patria y la raza de Los que nunca opinan. Aunque más joven que Paco Candel, bien sabía yo que Ser obrero no es ninguna ganga. Me encantó adentrarme con él en aquel mundo de Els altres catalans. Francisco Candel, primo hermano de Juan Genovés, que convirtió su cuadro El Abrazo en escultura que homenajea a los Abogados de Atocha en la plaza madrileña de Antón Martín.

Cincuenta años se cumplen ahora de aquella primera Comisión Obrera. Los compañeros de CCOO de Cataluña, de la CONC, celebran este 20 de noviembre los actos centrales que conmemorarán aquella voluntad de ser y de existir de la clase trabajadora, aún en las peores condiciones. No podré acompañarles físicamente en esos actos, pero no por ello dejaré de sentirme uno de ellos, porque mucho les debo. Muchas buenas gentes reconocidas y conocidas, con las que me siento hermanado y de las que me siento discípulo. Comín, Candel, Vázquez Montalbán, López Bulla, Simón Rosado, Coscubiela, Joan Carles.

Mucho debemos, a esa clase trabajadora que en Cataluña ha luchado sin descanso por nuestro derecho a elegir nuestra patria. Yo soy de donde trabajan mis hijos, decía la madre de Serrat. La patria del trabajo, la de los de abajo, la que se construye arrimando el hombro cada día para conquistar derechos. Para defender una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

 

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Abandono escolar y formación profesional

jlopez.ccoo.es | 14 Noviembre, 2014 11:32

Vivimos en el país de Europa con la tasa más alta de abandono escolar entre los jóvenes. No tiene explicación alguna que en la Europa de los 28 la marca España consista en que más de uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años sólo cuente con estudios obligatorios, o no alcance ni este objetivo. Estos jóvenes que abandonan los estudios, afrontan un futuro de alto riesgo de paro, de subempleo y precariedad y, consecuentemente, de pobreza y exclusión social, que no debería ser admisible en ningún lugar del planeta, menos aún en Europa y en un país como el nuestro que presume de encontrarse entre las economías más potentes (5ª economía en la clasificación europea).

Estimaciones de la Unión Europea nos indican que el coste de esta situación para la economía europea supone un 1,25 del Producto Interior Bruto (PIB). Un coste que es mayor en el caso de España, si tenemos en cuenta que entre los jóvenes no cualificados la tasa de paro alcanza al 66% del grupo de 16 a 19 años y al 50% entre los que tienen 20 y 24 años (son más de 800.000 jóvenes). Sin embargo este drama, más allá de las declaraciones formales, no parece preocupar y mucho menos ocupar a nuestros gobernantes.

Sabemos quiénes son los jóvenes más afectados por esta situación. Los estudios nos dicen que hay grandes diferencias entre comunidades autónomas y que tienden a abandonar más los varones que las mujeres. Pero el condicionante más importante es el origen social: los jóvenes procedentes de familias trabajadoras en que padre y madre no cuentan con cualificación, abandonan la escuela con mayor frecuencia. A estos hay que sumar aquellos que pertenecen a grupos sociales vulnerables, o que tienen dificultades de aprendizaje.

Podríamos pensar que la Formación Profesional sería un buen remedio para hacer volver a los estudios a muchos de estos jóvenes, pero no siempre es así. Son muchas las razones que acompañan y determinan el abandono escolar temprano también en la Formación Profesional y no siempre son problemas que puedan corregirse en el ámbito de lo individual.

Es cierto que la gran variedad de opciones en Formación Profesional, puede determinar abandonos que se corresponden con una elección incorrecta de programas formativos poco conocidos y que terminan por no adaptarse a las necesidades o expectativas del alumnado. Es cierto que encontrar un empleo, aunque sea de baja cualificación, puede alentar el abandono, porque aunque el paro es más alto entre personas de baja cualificación, no es menos cierto que los salarios que se ofrecen para personas más cualificadas y con un título, no son hoy mucho mejores.

Sin embargo, creo que uno de los principales recursos para reducir el abandono de los estudios, en el caso de España, se encuentra en mejorar y diversificar las formas de ofrecer formación en centros de Formación Profesional, de Adultos, o Universidades, y vincularla a la mejora del entorno productivo y las oportunidades de empleo.

En este momento en nuestro país el Ministerio de Empleo es un mundo donde hay un “subsistema de formación para el empleo” y el Ministerio de Educación va por otra parte, con conexiones y pasarelas independientes, cuando no antagónicas.

Hay países europeos donde gestionar tu carrera profesional, incluyendo la formación, es un aprendizaje obligado, que te permite adquirir competencias clave de las que careces; realizar prácticas y procesos de aprendizaje en las empresas; conectar aprendizaje formal en un centro, con el aprendizaje informal; ayudando a los jóvenes a evaluar su formación y elegir programas en línea con su trayectoria profesional; desarrollando programas de orientación, apoyo multiprofesional, tutorías, etc.

Los programas de aprendizaje en las empresas, combinados con estudios de módulos profesionales en los centros de formación, acompañados de incentivos para los estudiantes, se revelan como prácticas que permiten atraer y retener en la formación a muchos jóvenes que, de lo contrario, abandonarían los estudios.

Estas cuestiones no dependen de la voluntad de nuestros jóvenes, ni tan siquiera de los centros de formación profesional. Depende, sobre todo, de vincular la formación con las expectativas de los jóvenes y las oportunidades de empleo. Depende de vincular la formación a un salario digno, a una carrera profesional, a la participación de los trabajadores y de sus representantes en las empresas, del valor social que se concede a las cualificaciones y  competencias profesionales y del compromiso de las propias empresas que tienen que percibir la importancia de la formación de sus trabajadores como factor esencial para la supervivencia de las empresas.

La educación no asegura un empleo, pero sin duda las oportunidades de desarrollo y participación social dependen cada vez más de contar con una buena educación y cualificación. Una formación profesional bien diseñada remueve las dificultades para acceder a un puesto de trabajo, mejora la empleabilidad, otorga a los títulos de formación garantías y confianza en la utilidad para la persona y para la empresa.

En este contexto es un error de bulto pensar que la liberalización de la formación, en el ámbito de la formación para el empleo, entregando los recursos a los más hábiles en la presentación de solicitudes de subvención, a los mejor conectados con administraciones y empresas, va a solucionar algún problema.

El futuro de nuestra Formación Profesional debería pasar por forjar el compromiso entre la Administración Educativa y la Administración Laboral para compartir al máximo los recursos públicos, especialmente los centros de FP del sistema educativo y, con el concurso de empresas y de la representación de los trabajadores, encontrar la manera de sacar a nuestros jóvenes de esa trampa que supone el fracaso escolar y el abandono temprano de los estudios y darles la oportunidad de mejorar su cualificación para conseguir un empleo decente y para construir una carrera profesional.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

 

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Mucha reforma y poca formación

jlopez.ccoo.es | 21 Febrero, 2014 13:23

Lo peor de las crisis de caballo que vivimos es la obsesión de los gobernantes por aplicar “reformas” que consigan “resultados”, lo cual les conduce a un empeño constante por dar palos de ciego.  Cada día sacamos a pasear una procesión y si, por un casual llueve, es gracias a la imagen que llevamos en andas y si no llueve es por falta de fe en la susodicha.

Acostumbrados a este proceder endémico, nos hemos convertido en expertos en intuir cuándo sacar la imaginería, antes incluso de que los hombres del tiempo anuncien lluvia.  Así siempre podemos seguir fomentando la fe en los milagros.

Ese loco empeño produce efectos demoledores sobre las políticas.  Por ejemplo, es evidente que la formación no crea empleo, aunque hace más fácil conseguirlo.  Tampoco mejora la calidad del empleo por si misma, ni los procesos productivos. 

Perseguir resultados inmediatos de la formación es querer ver un árbol crecido inmediatamente después de haber plantado la semilla, lo cual es imposible. Y, sin embargo, eso es lo que se hace sin descanso.

Las políticas indiscriminadas de ajuste han llevado a reformas educativas sin consensos, a contratos de aprendizaje sin garantías, a alimentar el mito de una formación dual, más virtual que real.  Y todo ello en aras de adaptar la formación a las necesidades de las empresas, aún a sabiendas de que esas empresas sufren destruyendo empleo y, el que crean. es temporal y de baja cualificación.

Los datos oficiales son demoledores.  El SEPE (antiguo INEM), nos dice que las ocupaciones más ofertadas por los empresarios son para contratar trabajadores de transporte de mercancías, descargadores, administrativos, animadores de tiempo libre, promotores de ventas….

El empresariado parece bastante menos interesado en la cualificación de sus trabajadores, que en su disponibilidad horaria, su flexibilidad, su “compromiso” con la empresa. Les preocupa más, a nuestros empresarios, la actitud, que la aptitud.

Pero la paradoja es que el empresario, el emprendedor, la empresa, se han convertido en el centro de las políticas.  Da igual qué tipo de empresa, su compromiso con la sociedad, su carácter productivo o especulativo.  Poner jóvenes al servicio y libre disposición de la empresa, es la última moda y lo más innovador.  De ahí que la educación y la formación, un derecho constitucional, haya dejado de ser un bien público, para ponerse a disposición de los intereses económicos privados.

En buena lógica es el nivel de formación de la población, en relación con las características del tejido productivo y empresarial que tenemos, el que determina las necesidades formativas reales y no al contrario.  Por eso, la política de formación debería combinarse con las estrategias de desarrollo a medio plazo que deben incorporar actividades productivas e industriales, que generen empleo, que apuesten por inversiones en infraestructuras públicas, que incorporen elementos de protección social, que fortalezcan la negociación colectiva y la capacidad de acuerdo entre empresa y los trabajadores organizados en sindicatos..

Una realidad de nuestra formación es que seguimos teniendo un 45% de la población entre 25 y 64 años con un nivel educativo de primera etapa formativa o inferior, el más alto de Europa, después de Portugal.

Pese a ello los recortes se han llevado por delante 7.984 millones de euros de presupuesto educativo y la Formación para el Empleo se ha visto recortada en 800 millones.  Queda en muy poco el compromiso teórico de mejorar el nivel educativo general, la recualificación de las personas en desempleo, la adaptación de las personas que trabajan. Y, sin embargo, combatir el abandono escolar y elevar los niveles medios de cualificación debería aglutinar los esfuerzos prioritarios de la administración educativa.

La reducción de los recursos contrasta con el incremento de la demanda. Así, la matrícula de los ciclos de FP del sistema educativo se ha incrementado en los peores años de la crisis, entre 2009 y 2012 en un 15 por ciento en los ciclos de Grado Medio y en un 24 por ciento en los Ciclos de Grado Superior. Por su parte, la Formación de Adultos para preparar acceso a la FP ha incrementado su matrícula en un 24 por ciento.

Las verdaderas reformas que habría que abordar, en estos momentos, pasarían por revertir las reformas estructurales en aquellos aspectos que ponen en cuestión y debilitan la equidad y la calidad e la educación. La Reforma Educativa del ministro Wert, la reforma del contrato de aprendizaje, el desastroso diseño de la formación dual, son elementos sobre los que habría que actuar de inmediato. Sería urgente regular de forma clara, en al marco del diálogo social, el Estatuto de Aprendiz y del Practicando, para evitar una abusiva explotación laboral de los jóvenes, cada vez más extendida.

Se encuentra pendiente la negociación de un III Programa Nacional de Formación Profesional, que debería constituir la oportunidad para establecer un Pacto por la FP, simplificando el diseño de instituciones que actúan y coordinando mejor la oferta formativa, evitando duplicidades. Convirtiendo la Negociación Colectiva en un elemento vertebrador de todas las actividades formativas en los centros de trabajo. Facilitando la mejora de la formación de las personas adultas, desde los distintos ámbitos, haciendo posible una oferta accesible y gratuita, permisos remunerados, Planes Sectoriales de cualificación, reconocimiento de las competencias adquiridas a través de la experiencia profesional. Todo un abanico de posibilidades que permitiría enriquecer las relaciones laborales y crear un clima de trabajo que ponga en valor la Formación Profesional en el ámbito de las empresas y los sectores productivos.

En cuanto al panorama de la Formación para el Empleo, la que se sustenta en la cuota de formación, que pagamos empresas y trabajadores, debería seguir el modelo europeo, en el que empresarios y trabajadores tienen un papel determinante en la toma de decisiones sobre la formación de las personas ocupadas. Sin embargo, durante los dos últimos años se han introducido modificaciones no negociadas por el Gobierno, se han deteriorado los instrumentos de participación, se ha fomentado la presencia de sectores privados con intereses económicos en la formación y se han olvidado las sentencias del Tribunal Constitucional que avalan la vigencia y validez del modelo.

Por eso creemos llegado el momento de aprovechar la negociación de los V Acuerdos de Formación Profesional para el empleo, para definir las competencias de cada Administración; desarrollar el derecho individual a la formación; crear sistemas integrados de información y orientación laboral, así como de registro de entidades formativas; redefinir la arquitectura institucional del sistema y el papel que debe jugar en el futuro el Consejo General de la Formación Profesional, la Comisión Estatal de Formación para el Empleo y la propia Fundación Tripartita de Formación para el Empleo; incrementar el papel de los centros públicos en la formación de trabajadores y trabajadoras; evaluando de forma permanente para reforzar la eficacia y eficiencia de la formación.

La obsesión por las reformas, también en materia educativa, no puede conducir al país a un destrozo de lo construido con largo e intenso esfuerzo, sino a  un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles. De otra parte, esos cambios no pueden producirse desde una genérica primacía de la empresa, sino desde el derecho individual de las personas a la formación y desde la necesidad de dotarse de estrategias productivas en el medio plazo, que permitan determinar la formación y las adaptaciones de cualificación que vamos a necesitar en el país.

Los recursos son siempre escasos, pero si los utilizamos bien podemos, incluso en tiempos de crisis, hacer que la formación constituya la base sólida para superar la crisis y afrontar un futuro económico y social sólido y sostenible.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

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AQUELLOS JOVENES DEL 14-D

jlopez.ccoo.es | 14 Diciembre, 2013 11:57

Me pilló aquel 14-D con 31 años. Lo que hoy sería ser joven, no lo era en 1988. No son sólo cambios culturales los que se han producido. Son, también, cambios económicos y sociales los que han conducido a un estado de juventud prolongada. Siento que siempre he ido un paso por delante de ese estado. Siempre un año por delante de las ampliaciones de la edad para sacar el abono joven.

Para cuando las CCOO y la UGT decidieron convocar la Huelga General del14-D  yo no era joven, por más que, técnicamente, hoy pudiera serlo. Para esas fechas había hecho la famosa mili, había obtenido el título de Profesor de EGB. había dado clases durante diez años en el colegio de la Unidad Vecinal de Absorción de Villaverde, en Ubrique, en Leganés. Tenía dos hijas de 5 y 3 años.

Pocos podían pensar que aquella Huelga General era la primera batalla de una larga guerra de resistencia contra las reformas laborales impuestas, contra la precarización de los contratos de trabajo, contra el abaratamiento de los despidos, contra la conversión de nuestros jóvenes en mano de obra barata, temporal, precarizada.

De la misma forma que pocos podíamos entender que un gobierno socialista, que había llegado al poder seis años antes, aglutinando esperanzas de cambio, fuera el autor de semejante despropósito. Y, sin embargo, lo era. Quienes deberían haber culminado la transición política, afrontando la transición de un poder económico heredero del franquismo, repartiendo la riqueza de forma más equitativa, se habían dejado abducir por la fascinación del poder y de la riqueza.

Tan intactos quedaron los poderes económicos, que el gobierno de Aznar encontró el terreno abonado para inflar esa burbuja inmobiliaria y financiera que destrozó nuestro modelo de crecimiento y dejó abiertas de par en par las puertas para que la crisis llegara y se instalara entre nosotros para muchos años.

Por lo pronto, aquel 14-D, una generación nacida a principios de los 60 reclamaba su puesto en la sociedad. Ahí estaban, en los sindicatos, en los  centros de estudio, en las empresas. En las inmediaciones de la Huelga General organizaron impresionantes manifestaciones contra un futuro que les estaban pergeñando a traición.

Francisco Moreno, era uno de aquellos jóvenes. Secretario de Juventud de CCOO planteaba así, diez meses después de la Huelga, en el diario El País, las reivindicaciones juveniles planteadas en la Propuesta Sindical Prioritaria, que reproduzco a continuación:

LA PROPUESTA SINDICAL PRIORITARIA, UNA APUESTA CON LOS JÓVENES

No descubrimos nada nuevo al afirmar que los jóvenes constituyen el sector más afectado por el desempleo y por condiciones de trabajo en precario o sumergidas, viéndose obligados a contemplar su futuro como una realidad oscura o incierta. Situación de la que los jóvenes son bastante conscientes, como demostraron antes y durante el 14-D, obligando al Gobierno a guardar el PEJ (Plan de Empleo Juvenil) en algún cajón de la Moncloa. Pero para algunoslumbreras del Gobierno parece como si aquella participación juvenil no les hubiera afectado, y vuelven a la carga con los argumentos de siempre: la negociación colectiva es un freno para la contratación de jóvenes, debido a los salarios "tan altos de entrada".Esto es lo que nos venía a decir el ministro de Economía, en un estudio publicado recientemente. Cabría recordarle que la naturaleza de los empleos a los que acceden los jóvenes se caracteriza por ser los menos cualificados, sin posibilidades en muchos casos de promoción y, por tanto, los peor pagados. Casi un 70% de los salarios de los jóvenes están por debajo del SMI.

No, los costes salariales no son la causa de la falta de inserción laboral del joven. Además, desde el Gobierno, ya se han encargado de facilitarles a los empresarios mano de obra barata, rompiendo el principio de a igual trabajo, igual salario, estableciendo un salario mínimo diferente para los jóvenes de 17 años y otro distinto para los de 16, enmascarando la antigua figura del aprendiz, cuando el Estatuto de los Trabajadores no plantea ninguna diferenciación por cuestión de edad y obliga al empresario a pagar por la prestación de un trabajo igual el mismo salario. Por tanto, no es la negociación colectiva un freno, más bien ésta corrige las desigualdades que se producen y que el Gobierno alimenta con sus decisiones.

Otro argumento del Ministerio de Trabajo es el de la falta de experiencia profesional. Si la inexperiencia profesional fuese un obstáculo, ¿por qué casi 500.000 jóvenes que trabajaron alguna vez hoy no encuentran un puesto de trabajo, y ¿por qué los empresarios no reconocen las titulaciones profesionales? Tenemos que empezar a desmitificar esta supuesta barrera de la inexperiencia profesional. Aunque reconozcamos la necesidad de aumentar la formación profesional, ésta, por sí sola, no resolverá el problema, debido al desfase existente entre la demanda de trabajo y las colocaciones que se ofertan. Y además el actual sistema de formación es absolutamente ineficaz, como reconocen los propios jóvenes en un estudio que estamos realizando en las escuelas-taller y casas de oficio.

En la actualidad las dos únicas fórmulas de contratación para jóvenes son las de prácticas y formación que se han visto desvirtuadas en su aplicación, convirtiéndose en la inmensa mayoría de los casos en otra vía de contratación en condiciones de precariedad.

Medidas concretas

Es partiendo de todo lo anterior donde cabe situar la Propuesta Sindical Prioritaria, una propuesta que recoge las demandas más sentidas por los jóvenes, desarrollando ese derecho reconocido en la Constitución, de un empleo digno y de calidad e intentando acabar con ese sentimiento de resignación al que nos conduce la política de empleo gubernamental, aquello de que más vale esto que nada. Considerando a los jóvenes ciudadanos de segunda clase y aspirantes a los trabajos más precarios.

Con la Propuesta Sindical Prioritaria, CC OO y UGT pasamos de la denuncia a la alternativa, en una palabra, pasamos a la ofensiva, ofreciendo cauces de solución al fenómeno del desempleo juvenil y sus consecuencias. Integrando en la propuesta medidas de formación, empleo y prestaciones.

Medidas tales como:

- Elaboración de un plan de choque de formación profesional para aquellos sectores de jóvenes que provienen del fracaso escolar.

- Garantizar dos años de preparación profesional para los jóvenes, con una reforma de la formación profesional que asegure una calidad en la formación y responda a las necesidades del sistema productivo.

- Establecer un servicio público de información y orientación profesional, coordinando lo formativo con lo laboral.

- Establecer un sistema único de certificaciones y homologaciones profesionales que reconozcan la experiencia y la formación profesional adquirida.

- Elaborar una normativa clara para las escuelas-taller y casas de oficios, que conviertan a éstos en experiencias útiles.

- Revisar las modalidades de contratación en prácticas y para la formación que realmente sirvan para lo que fueron creados general empleo.

- Establecer topes porcentuales máximos de jóvenes con contrato en prácticas y de formación en función de las plantillas de trabajadores fijos, discriminando positivamente en favor de su transformación en indefinidos.

- Extender la cobertura por desempleo a los jóvenes parados de larga duración.

- Establecer un salario Social para aquellas situaciones no cubiertas por el desempleo, en las que se encontrarían un colectivo juvenil amplio y marginado socialmente.

- Promoción de viviendas públicas de alquiler que den respuestas a las necesidades sociales de un gran número de ciudadanos, entre ellos jóvenes.

La PSP, pues, se sitúa en la realidad del presente, proyectándose hacia un horizonte optimista, renovando el compromiso adquirido con los jóvenes tras el 14 D, y donde la participación es fundamental para que esta apuesta se abra camino.

Francisco Moreno Chamorro escribió este artículo cuando era Secretario de Juventud de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, actualmente Adjunto a la Secretaría Confederal de Formación de CCOO

 

 

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EL ORGULLO DE LOS GUARDIAS

jlopez.ccoo.es | 03 Diciembre, 2013 18:30

Mi blog se encuentra presidido por un lema de Ernesto Sábato, “Nos salvaremos por los afectos”.  De eso va, sin duda, el premio que me entregó la Asociación Unificada de la Guardia Civil de Madrid (AUGC).  Su insignia de Oro. De un afecto cultivado, trabajado, defendido, durante años.  Un premio compartido con Felipe Brihuega, hasta hace poco Secretario General del Sindicato Unificado de Policía de Madrid.

Un premio, como casi siempre, que premia, en una persona, a todo un equipo.  El equipo que ha representado a las CCOO de Madrid durante la primera década del siglo XXI. Gente como las que me acompañaron esa noche, Francisco Naranjo, Jaime Cedrún, Ana González, Paco Cruz, Manuel Rodríguez.

De los premios que he recibido, hay algunos que me han conmovido especialmente. Casi siempre han sido premios que vienen de quienes trabajan por la vida.  El premio a un cuento sobre los templarios que me entregó un bibliotecario de Hervás (Cáceres) enamorado de su oficio y empeñado en fomentar la lectura en uno de esos pueblos que, a modo de islas, a modo de valles helénicos, aún existen en España.

Otro premio, por un cuento que se adentraba en la corrupción, premonitoriamente, que me concedió la Asociación Voces de Chamamé en Asturias.  Un grupo de enamorados de la poesía encabezado por Javier García Cellino.

El premio a un poemario, la Tierra de los Nadie, escrito por esos pagos suburbiales del sur de Madrid, que me fue concedido por el Ayuntamiento de Lekumberri (Navarra). 

Esa placa que me entregó Pilar Manjón, de la Asociación 11M, grabada desde el dolor de los atentados en los trenes que venían hacia Atocha.

El premio que me entregaron los ecuatorianos de FENADEE, en memoria de la unidad que el dolor habrá fraguado, tras los atentados de la T-4.

El premio de la AUGC es uno de ellos.  Un premio que conceden servidores públicos a otros servidores públicos.  A periodistas, a sindicalistas.

Siendo maestro he dado clases a los hijos de los guardias.  Siendo Secretario General de CCOO de Madrid he aprendido a conocer la dureza de la vida que fragua el sindicalismo de los guardias civiles.

He conocido a gente como a Joaquín Cánovas, al que ha sucedido Francisco Cecilia en el cargo, combatiendo por la libertad sindical y pagándolo con un cerro de expedientes disciplinarios.  He compartido con ellos manifestaciones, actos públicos, reuniones.

Y hoy, cuando los tiempos son más difíciles, los servidores públicos son más necesarios que nunca. En la sanidad, en la educación, en los servicios sociales.  En la seguridad ciudadana, en nuestras carreteras, nuestras calles, velando por la seguridad de nuestros hijos en Internet.  Investigando los delitos cometidos por quienes se apropian, siempre indebidamente, de lo que es de todas y todos.

Esta insignia de oro es un motivo de orgullo para mi gente y para mí. Un acicate más para defender la libertad sindical y la dignidad del trabajo, porque como también decía Sábato, son momentos para abrazarse a la vida y salir a defenderla.

Gracias. ¡Viva la AUGC!

Francisco Javier López Martín

 

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CAMUS, UN EXTRANJERO

jlopez.ccoo.es | 07 Noviembre, 2013 13:01

A modo de introducción:

Inicio mi andadura en este espacio de Blogs de CCOO, con un artículo dedicado al centenario del nacimiento de Albert Camus. Habrá quien pensará que hay temas más actuales y combativos para un momento como éste. Y, sin embargo, os lo aseguro, no se me ocurre otro tema más actual y combativo, más necesario para cada uno de nosotros y nosotras, como personas, como ciudadanía, como clase trabajadora, que la lucha permanente y prometéica de nuestra gente, para abrir paso a la justicia y a la libertad, sin ceder un solo paso en ninguno de los dos empeños.

Albert Camus

 

ALBERT CAMUS, NUESTRO EXTRANJERO

El 7 de Noviembre de 1913 nacía en la Argelia francesa Albert Camus. 44 años después, en 1957, el año de mi nacimiento, el año aleatorio del nacimiento de las CCOO, Albert Camus recibía el Premio Nobel de Literatura, por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Su discurso, en el momento de recibir el premio, es toda una declaración de vida y de intenciones que no me resisto a reproducir al final de este artículo.

Un discurso en el que reconoce el fracaso de su generación en dar cumplimiento al reto que cualquier generación se plantea: rehacer el mundo. La misión de su generación, nos cuenta Camus, es, tal vez, aún más grande y consiste en impedir que el mundo se deshaga.

Una generación, resalta en su discurso, que carga con una pesada herencia de corrupción, revoluciones frustradas, técnicas enloquecidas, dioses muertos e ideologías extenuadas. En un momento histórico en el que los poderes más mediocres pueden destruirlo todo y vencer sin convencer. En el que los intelectuales se han rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión. Una generación que ha tenido que restaurar, por sí misma, en torno a sí misma, desde sus propias negaciones, un poco de cuanto constituye la dignidad de vivir y de morir.

Cómo no sentirse, en estos días que corren en España, en Europa, en el planeta todo, concernido, llamado, convocado, por estas reflexiones de un hombre que, en el momento de recibir el Premio Nobel, en el momento de su muerte, dos años más tarde, era más joven de lo que yo lo soy ahora.

No llegué a Camus con facilidad. No llegué sólo por la lectura y el conocimiento. Mis primeras aproximaciones a Camus vinieron de la mano del idioma francés que se enseñaba en el bachillerato. La lectura de L´Étranger fue mi primer acercamiento a Camus. Tal vez era demasiado joven, o dominaba superficialmente el idioma, para entender el pozo profundo de un alma, tan sólo segura de su vida y de su muerte.

Mi segundo encuentro, leyendo La Peste, me resultó mucho más satisfactorio. Ese aire inmundo de un Orán asolado por la peste, asediado, ocupado por la muerte y el dolor, la enfermedad, fue desvelando sentimientos, sensaciones, miedos que anidaban en mí, como imagino que en la gran mayoría de los habitantes de aquel Orán suburbial y sitiado, de los últimos años del franquismo.

Imagino que esos libros provenían de aquella librería Espinela, en cuya trastienda se acumulaban algunos ejemplares venidos de Francia, o de editoriales latinoamericanas que suministraban libros que nunca traían impreso el nihil obstat.

Mi tercer encuentro, llegó de la mano de un grupo de drogodependientes, empeñados en representar la obra Calígula. Eran ya los años duros de la droga que asediaba, como la peste, los barrios obreros del sur de Madrid. No eran grandes actores, pero la obra funcionaba y conmovía, porque aquellos jóvenes, con sus sábanas a modo de togas romanas, eran los extranjeros de una tierra desolada.

El Hombre Rebelde llegó más tarde para cerrar el círculo de mi comprensión de un hombre que, en su corta vida, truncada en un accidente de coche en 1960, tuvo tiempo para asumir el orgullo de una madre analfabeta de la que aprendió el español y el catalán. De un padre trabajador en los campos de Argelia, muerto en la I Guerra mundial y del cual casi sólo tenía el recuerdo de su rechazo ante la horrible ejecución de una pena de muerte. Tuvo tiempo para alzarse del suelo, sobre la dura miseria de su infancia, aprender de excelentes profesores a los que recordaría toda la vida, hasta llegar a convertirse en un hombre entre los hombres, pensando entre los hombres, viviendo entre los hombres, sin dejar de ser un extranjero.

Un hombre capaz de defender la justicia y la igualdad, sin dejar de construir su propia libertad, porque "si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo". Capaz de debatir y rebatir con los surrealistas, con quienes fueron sus camaradas en el Partido Comunista. Con los pieds-noirs, los colonos originarios de Francia en Argelia y con los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional de Argelia.

Con Jean-Paul Sartre y con los existencialistas, entre los que también estuvo encuadrado. Con los propios anarquistas, con los que también colaboró, pero que tampoco escapan al doctrinarismo y la ortodoxia, pese a que no son pocos los que consideran que Camus formuló el pensamiento anarquista del siglo XX.

Presente en todas las causas justas, nunca renunció a su libertad. El precio que pagó fue alto. El Premio Nobel no consiguió romper el ostracismo personal, que no literario, al que le habían condenado los círculos intelectuales encabezados por Sartre. Un extranjero siempre consciente de que "el éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo".

Un hombre libre, de esos que siempre son necesarios en cada generación. De esos que tienen plena vigencia y actualidad en nuestros tiempos Un hombre capaz de decir No, aun siendo consciente de que "las tiranías de hoy se han perfeccionado: Ya no se admiten el silencio ni la neutralidad. Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra".

Un hombre capaz de habitar entre nosotros, preguntándose las mismas cosas y respondiéndolas con libertad, aun pagando el precio de ser siempre un extranjero.

Francisco Javier López Martín

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR ALBERT CAMUS EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO NOBEL

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Albert Camus

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