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La tumba del abuelo

jlopez.ccoo.es | 07 Julio, 2017 18:02

“un infierno sobre la arena:

los hombres allí sobreviven bajo tiendas de fortuna

y chozas de paja que ofrecen una miserable

protección contra la arena y el viento.

Para coronar todo ello no hay agua potable,

sino el agua salobre extraída de agujeros

cavados en la arena”.

Robert Capa

 

Me gusta recordarle frente al mar. Herido, frente al Mediterráneo. La memoria es caprichosa. Cuando no cuenta con referencias ciertas tiene permiso para inventarse momentos. Cosas que quedan ahora escritas y que pasan a ser recuerdo fiel de una realidad que tal vez no existió así. Sólo tal vez.

El recuerdo me asaltó durante el reciente Congreso de CCOO. Pepe Alvarez habló, durante la inauguración, de fosas en las cunetas. Manuela Carmena habló de memoria. Yo pensé en mi abuelo. Herido, sentado frente al Mediterráneo. En las playas de Argeles-Sur-Mer. Perdedor de una guerra desencadenada por militares contra su propio pueblo.

A sus espaldas un inmenso campo de concentración. Hay que sacar agua salada de hoyos excavados en la arena y utilizarla para cocinar. Hay que racionar los escasos alimentos que llegan sólo de vez en cuando, en camiones destartalados. Hay que ver morir a los compañeros, de hambre, de disentería, de frío, de tifus. Y seguir viviendo. Hay que sobrevivir.

Más de 100.000 exiliados han sido cercados aquí con alambradas. Más de 550.000 malviven, huidos de la guerra y de la derrota en otros campos. Pero este es el más grande, el más conocido de todos. Por aquí ha pasado Robert Capa con su cámara y ha quedado reflejado el horror de los refugiados de la guerra.

Recuerdo cuando dejó Collado Mediano y trepó al Guadarrama para frenar el avance de las tropas franquistas. Pensó que serían sólo unos días, hasta que las tropas procedentes de Madrid, restablecieran  la legalidad republicana. Su mujer, sus hijos, no volvieron a verle. Ni vivo, ni muerto. Voluntario a los 42 años, no es extraño que los más jóvenes le apodaran el abuelo. Mi abuelo.

Algo ayudan, aunque de poco sirven, los barracones donde se juntan para hablar de política, de cultura, de la organización del campo, de la familia. Recuerdo a mi abuelo, en su “barracón de cultura”, charlando con el joven militante del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), llamado Vicente Ferrer. Quien iba a decir que pasados los años el joven trotskista terminaría convertido en apostol de las Indias.

Y me gusta recordarle junto a aquel jovencísimo José Luis García Rúa, al que recuerda que tiene la misma edad que el mayor de sus hijos y al que hace prometer que, si sale de ésta, irá a ver a Ascensión, su mujer y dará un beso en la frente a cada uno de sus tres hijos.

Otras veces recuerdo a mi abuelo charlando con Joaquín Puig, que salvaría luego la vida por los pelos al volver a España para ser condenado a muerte e indultado en el último momento. Su hijo, paradojas de la vida, fue el último ejecutado por garrote vil en la España franquista, Salvador Puig Antich.

Me gusta, sobre todo, recordarle frente al mar Mediterráneo. A él, un hombre de tierra adentro, de la Sierra de Guadarrama, de pinares y granito. Frente al mar que buscan cuantos huyen de las guerras, camino de México, Argentina, Cuba. Camino de Argel.

Guardo estos recuerdos, pero soy incapaz de imaginar donde se encuentra la tumba de mi abuelo. En eso la memoria no viene en mi ayuda. Nunca nadie en la familia encontró el camino.

Y se me ocurre que alguien tiene que buscarlo. No iré tras la tumba del Cid que, pese a todos los regeneracionistas, sigue sin contar con las famosas siete llaves. No. Iré al sepulcro de Don Quijote. La tumba de aquel soldado que partió a derrotar gigantes y topó con los tanques italianos y la aviación alemana y la mediocridad de las democracias europeas.

 

¿Qué a dónde vais?

La estrella os lo dirá: Al sepulcro.

¿Qué vamos a hacer en el camino mientras marchamos?

¿Qué? ¡Luchar! ¡Luchar!, y ¿cómo?

¿Tropezáis con uno que miente?,

gritarle a la cara: ¡Mentira!, y ¡adelante!

¿Tropezáis con uno que roba?

gritarle: ¡Ladrón!, y ¡adelante!

Miguel de Unamuno

Vida de Don quijote y Sancho

 

 

Francisco Javier López Martín

 

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La transición comienza en CCOO

jlopez.ccoo.es | 28 Junio, 2017 21:32

Se avecina el 11 Congreso de CCOO que concluirá el sábado próximo con un relevo en la Secretaría General del sindicato, que será, con toda probabilidad, asumida por Unai Sordo, hasta hace poco Secretario General de CCOO de Euskadi.

Los cambios son necesarios. Unas veces son deseados, otras provocados. En muchas ocasiones inevitables y otras son impuestos. No pocas veces son tardíos y sirven de poco. Lo ideal es que se produzcan a tiempo y sabiendo establecer una transición serena entre lo que se acaba y lo que está naciendo. Unas veces se puede y otras no. Gobernar los cambios es gobernar el futuro.

Ignacio Fernández Toxo ha tomado la decisión de impulsar el relevo en la Secretaría General de CCOO, antes de que fuera inevitable y desde la autoridad que todo el mundo le reconoce tras ocho años al frente del sindicato. Una decisión tomada con esa prudencia, no exenta de audacia, de los gallegos de El Ferrol.

Mi relación con Ignacio no tuvo buenos principios. El choque en torno al conflicto de SINTEL, allá por 2001, fue sonoro. Todo para que, pasados los años y unos cuantos conflictos más, Madrid garantizase el apoyo mayoritario a Toxo, en el Congreso de 2008, en el que se enfrentó a José María Fidalgo. A penas 28 votos de diferencia entre 1001 delegados, dirimieron el conflicto. Visto el desarrollo y las consecuencias de una crisis (económica, de empleo, política, social) implacable, creo que no nos equivocamos.

Desde entonces, hemos vivido el duro tránsito de la crisis, tres Huelgas Generales y miles de movilizaciones, así como la confluencia con organizaciones sociales en la defensa de los más golpeados por los recortes. La defensa de la sanidad, la educación, los servicios sociales, la dependencia, las rentas mínimas, la protección por desempleo, el refugio, el derecho de huelga, las pensiones, han sido parte de nuestro trabajo.

Las CCOO salen unidas de la recesión (la salida de la crisis queda lejos) y con voluntad de recuperar derechos. Todos hemos aprendido de los errores. Es cierto que SINTEL no tiene ya vuelta atrás, pero su ejemplo ha hecho que hayamos afrontado el conflicto de Coca-Cola con la convicción de que los trabajadores y trabajadoras siempre debemos tener al sindicato guardando las espaldas, aunque nos equivoquemos. Porque contra lo que se suele afirmar, la verdad del porquero no es, ni será nunca, la de Agamenón.

No ha sido un periodo fácil para CCOO y Toxo ha sabido dirigir el tránsito de este desierto económico y político con su peculiar carácter gallego de El Ferrol. ¿Podría haber sido mejor? Nunca se sabe. Lo que sé es que podría haber sido peor, mucho peor y no lo fue. Es de agradecer.

Y ahora llega el relevo. Cada vez que me han preguntado, durante años, en Madrid, en otros territorios, Federaciones, los compañeros y compañeras de la Ejecutiva Confederal, sobre el futuro, siempre dije que si Toxo quería seguir, estaría perfectamente justificado que lo hiciera. Pero si decidiera retirarse de la Secretaría General, teníamos pocas más opciones que Unai Sordo.

Muchos me objetaron que venía de una organización territorial y además pequeña. Siempre contesté que Euskadi es el lugar donde el sindicalismo de clase de CCOO ha sido más difícil y ha resistido, en condiciones muy duras y con éxito, al sindicalismo nacionalista y a la irracionalidad de la violencia. Allí hemos pagado un alto precio, a veces de vidas humanas y somos referencia sindical ineludible, cuando no única.

Hablar de Unai es ya hablar de futuro. Somos una organización unida, pero con desequilibrios importantes, con una diversidad sectorial que se corresponde con la diversidad de la clase trabajadora y sus nuevas realidades y con una pluralidad de ideas tan amplia como la que caracteriza toda España. Sólo cabe desearle suerte, aciertos, equilibrio y buen criterio, para gobernar una transición serena. Porque de esos aciertos y buen criterio dependerán buena parte de nuestra suerte.

Vayan en su ayuda los versos del poeta sevillano, que cantó la Castilla donde nacieron sus antepasados:

Cuatro principios a tener en cuenta:

Lo contrario es también frecuente.

No basta mover para renovar.

No basta renovar para mejorar.

No hay nada que sea absolutamente empeorable.

(Antonio Machado)

 

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Formación para el Empleo y la orquesta del Titanic

jlopez.ccoo.es | 28 Junio, 2017 21:30

Llegué a la Secretaría de Formación de CCOO a principios de 2013, cuando el Titanic de nuestro Sistema de Formación para el Empleo, había chocado ya con el iceberg, pero justo antes de que alguien diera la voz de alarma de que el problema no era el boquete abierto en el casco, sino un error de diseño que convertía en sumergible lo que el hombre, en su orgullo pretencioso, consideraba insumergible.

El Gobierno del PP había intensificado su campaña de deterioro de la imagen de los sindicatos como gestores de la formación. Nos desayunábamos un día sí y otro también con los escándalos de los ERE y de los cursos de formación. Con juezas estrella, hoy estrelladas, que imputaban por doquier. Con informes del Tribunal de Cuentas que ponían en solfa el sistema de formación.

No importa a estas alturas que toda la basura vertida se pueda resumir en que unos cuantos corruptos espabilados y empresarios desaprensivos, vinculados en muchas ocasiones con gobiernos autonómicos como el de Madrid, o con el propio Gobierno Central,  hayan hecho negocio con los cursos de formación y estén siendo investigados por la justicia. No importa que no haya sindicalistas de CCOO implicados, ni imputados. Ya es demasiado tarde. El trabajo sucio ya ha sido hecho.

El Gobierno del PP ha expulsado a empresarios y sindicatos de la gestión de la formación para el empleo y entregado el negocio a la “libre concurrencia”, que bien entendida, consiste en repartir el dinero de la cuota de formación que pagan empresas y trabajadores, entre un mercado cautivo, bien relacionado con los despachos de gobierno.

Lejos de buscar soluciones modernizadoras para la formación de trabajadores y trabajadoras en este país, como hemos propuesto los sindicatos y la  propia CEOE, separando impartición de la formación de gobierno y gestión de la misma. Lejos de unificar las políticas dispersas y contradictorias de los ministerios de Empleo y Educación en formación profesional. Lejos de utilizar todos los recursos disponibles. Lejos de utilizar nuestras Universidades y Centros de Formación Profesional para formar trabajadores. Lejos de acabar con las subvenciones como sistema envenenado, que no consigue hacer algo que es responsabilidad de la Administración.

Lejos de todo ello, nos encontramos que Montoro se queda, año tras año, con una parte importante de los dineros de la formación no gastados. Que los centros públicos no hacen nada de nada en formación para el empleo, simplemente porque no pueden hacerlo. Que unos pocos proveedores de formación privados, bien informados y bien relacionados, acaparan las subvenciones. Que el sistema de subvenciones sique siendo un foco de corrupción, corruptelas, mala gestión y tráfico de influencias. Que el Ministerio de Empleo desarrolla políticas de formación que nada tienen que ver con el sistema educativo.

Eso sí, como siempre ocurre en este país, todos cantan incansable y repetitivamente, el mantra de la formación dual. Formación dual para arriba y para abajo, aunque esa formación profesional que utiliza las prácticas en empresas, sea una selva indecente de precariedad y abuso sobre toda una generación de jóvenes.

Modelo alemán, dicen. La Embajada Alemana se ha visto obligada a organizar viajes de estudio a  Alemania para dar a conocer la formación dual in situ y que los periodistas, empresarios, políticos, responsables del Gobierno, sindicalistas y hasta ONGs, no hablen tan alegremente de formación dual confundiéndolas con unas prácticas laborales que nada tienen que ver con la famosa formación dual.

Aprobaron de urgencia la Ley 30/2015 de Formación para el Empleo y dos años después, el resultado es que en 2015 no hubo convocatoria estatal de formación de trabajadores y trabajadoras y que la convocatoria 2016 sigue sin ser resuelta, casi un año después de ser publicada, entre otras cosas porque los resultados, aún no oficiales de la misma, ponen de relieve que los males siguen intactos: Alta concentración de concesiones en unas pocas entidades especializadas en cazar subvenciones de formación. Inexistencia de centros públicos que hayan podido competir para impartir esta formación. Sectores enteros que se quedarán sin formación y alta concentración en sectores que requieren poca inversión económica. O un 80 por ciento de los programas formativos impartidos con el sistema de teleformación que requieren menos costes de impartición.

El Sistema de Formación para el Empleo en España es un Titanic que va progresivamente inundando de agua marina unos compartimentos que permiten el paso del agua al resto de compartimentos, mientras el capitán se muestra impotente y la orquesta ataca con decisión el himno de la Formación Dual, considerado por algunos el ungüento amarillo, que para todo sirve y para nada aprovecha, mientras otros lo consideran el bálsamo de Fierabrás capaz de curar todas las dolencias habidas y por haber, sin que nadie sepa a ciencia cierta qué cosa sea ni el famoso ungüento, ni el mágico bálsamo, ni mucho menos la formación dual.

A lo largo de estos cuatro años hemos aportado y defendido propuestas para que el dinero de la formación procedente de la cuota de formación se dedique sólo a formación de trabajadores y trabajadoras. Para que los dineros no gastados se reincorporen cada año al sistema de formación. Para que los Centros Públicos de Formación Profesional, los Centros de Formación de Personas Adultas, las Universidades, participen prioritariamente en el sistema. Para que los trabajadores y las empresas sean quienes deciden en el gobierno de sus necesidades formativas.

Hemos denunciado casos de corrupción, como el de Aneri en Madrid, entre otros muchos en Andalucía, o Valencia. Los tribunales de justicia reconocen en sus sentencias que el Gobierno lo hace mal y nuestras denuncias se ajustan a derecho. Hasta la Defensora del Pueblo nos ha dado la razón. El Gobierno calla y sigue adelante, recurriendo a unas prácticas de permisividad e inactividad, a las que intenta acostumbrar al conjunto de la sociedad.

Somos incómodos, pero el hundimiento de la formación para el empleo en España es algo que sólo se niegan a ver los responsables de la misma. En lugar de facilitar la transición de un sistema que merecía ser revisado hacia un sistema que corrige problemas y asegura la participación, optan por asistir impasibles a un deterioro cada vez mayor que está arrastrando al sector de la formación y su empleo. Especialmente a aquellas entidades formativas que no se han especializado en cazar subvenciones y que han apostado por la calidad.

Porque esa es la clave de la batalla que se está librando en estos momentos en la Formación para el Empleo en España: Calidad, buen gobierno y transparencia, o recursos repartidos de forma clientelar, con criterios opacos y manipulables, en beneficio de los amigos del gobierno de turno. Claro que apostar por la calidad requeriría, para empezar, buenos gobiernos, capaces de convocar los esfuerzos de todos los implicados, para solucionar los problemas y sacar a flote una nave cuya proa se hunde cada vez más en el océano. Para ello hay que querer y saber, pero de ambas cosas no andan muy sobrados en el puente de mando.

Francisco Javier López Martín
Secretario de Formación de CCOO

 

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AMNISTIA. Que trata de Spagna

jlopez.ccoo.es | 14 Junio, 2017 12:20

Ay, aquel que le pareciera

que es fácil mi batallar

siquiera por un momento

que se ponga en mi lugar.

(Blas de Otero)

 

Dicen que fue Alberti, quien recordando el poemario de Blas de Otero, Que trata de España, pensó en el mejor título para la exposición que iba a inaugurarse en Milán. Tenía que trasladar la imagen de una España convertida en inmensa prisión, que buscaba en la solidaridad internacional de los sindicatos italianos, el apoyo a una solución democrática para una situación cada vez más insostenible, en la que la falta de libertad condenaba a hombres y mujeres a largas penas de cárcel y hasta a la muerte, por ejercer derechos plenamente reconocidos en cualquier lugar de Europa. Así Rafael Alberti propuso que la muestra llevara el título: Amnistia. Que trata de Spagna.

Cuentan, también, que fueron los sindicatos italianos (la CGIL, UIL, CISL), en colaboración con la organización en el exterior de las CCOO y con la  agrupación de artistas plásticos del PCE, quienes organizaron en marzo de 1972 la Mostra, que incluyó numerosas actividades en Milán y también en Roma. Y cuentan que casi 300 artistas plásticos de España, Francia, Italia, aportaron sus obras. Y que casi 50 poetas y escritores enviaron textos y poemas. Y que muchos cantautores cantaron en Milán o en Roma, a favor de la amnistía para los presos y la libertad en España. Manuel Estaban Marquillas realizó un documental con intervenciones de algunos de ellos a lo largo de la Mostra.

Las obras salieron de España clandestinamente. Pasaron la frontera por Cataluña camufladas en coches o fueron porteadas a través de las montañas de Euskadi y Navarra. Un esfuerzo que merece la pena ser recordado, para entender el despliegue de  voluntad, el riesgo y la capacidad organizativa de la oposición al franquismo en aquellos momentos. Todos sabían que tras la Mostra podían llegar las represalias. Todos asumieron la responsabilidad.

El destino de la venta de las obras de Genovés, de Picasso, del Equipo Crónica, Juan Giralt, o Ricardo Zamorano, entre otros muchos, no era otro que sostener el sindicalismo de las CCOO, que actuaba como punta de lanza de la lucha por la libertad y los derechos. Las CCOO habían ganado las elecciones sindicales, pero no se plegaron a los deseos del Régimen de integrarlas en el sindicalismo vertical. Por lo tanto fueron ilegalizadas y, en aquellos años, casi 10.000 sindicalistas de las CCOO fueron encausados en los Tribunales de Orden Público del franquismo. El mayor número de procesamientos y condenas del franquismo recayó contra militantes de las CCOO. Es difícil entender que alguien sostenga que la democracia se fraguó en unos despachos de personajes notables. Franco murió en la cama, pero el franquismo murió en las calles.

Me comentan que un periodista de esos tan renombrados, prepara una serie documental que conmemora los 40 años de la democracia en España. En ella aparecerán, parece ser, notables políticos, empresarios notables, periodistas notorios y numerosos representantes de los nobles despachos en los que se sentaron quienes pergeñaron la transición española. Pero, al parecer, no habrá trabajadores, ni los de antes, ni los de ahora, ni el mismísimo Marcelino Camacho, al que todos reconocen y al que todos quieren olvidar cuanto antes.

Hace 45 años (hoy lo recordamos en el Museo de la Historia de Madrid, con una exposición, inaugurada por Manuela Carmena y por nuestro secretario general Ignacio Fernández Toxo,  que recupera textos, obras, cuadros, imágenes de la Mostra de Milán), los artistas, la cultura, los poetas, novelistas, periodistas, no eran tan pacatos en reconocer la lucha de las CCOO y su empuje hacia la democracia en este país. Eran otros tiempos. No mejores, desde luego, pero mucho menos mezquinos y miserables con la clase trabajadora de este país, sin la cual la democracia no hubiera nacido.

La exposición Amnistía. Que trata de Spagna se inauguró, por fin, en marzo de 1972. En aquellos días en los que la represión franquista acababa con la vida de dos trabajadores en una manifestación en El Ferrol. En aquellos días en los que Marcelino Camacho salía de una de sus numerosas estancias en la cárcel. Tres meses después, la cúpula de las CCOO sería detenida en el convento de los oblatos de Pozuelo de Alarcón. Permanecerían detenidos para ser luego juzgados en el proceso 1001, cuya celebración coincidió, a finales de diciembre de 1973, con el asesinato del almirante Carrero Blanco y la venganza del franquismo vino de la mano de las desproporcionadas condenas contra los 10 de Carabanchel.

Cuando la Ejecutiva salida del 10 Congreso de las CCOO me encargó asumir la responsabilidad de la Formación Sindical, me pareció que una de las tareas pendientes de nuestra organización era recuperar la memoria de nuestros orígenes, de nuestra actividad incansable por la libertad, la democracia y la dignidad de los trabajadores y trabajadoras de este país. Nicolás Sartorius suele decir que hemos sido los costaleros de la democracia. Los costaleros no salen en la foto de la procesión, como si la Virgen o el Cristo, se desplazaran solos, cuando sabemos que sin costaleros y costaleras no habría procesión.

Me pareció necesario poner en marcha un programa, en colaboración con la Fundación Abogados de Atocha, para que nuestras afiliadas y afiliados pudieran hablar, debatir, escuchar, preguntar, a quienes vivieron aquellos momentos. Hace cuatro años ya no teníamos a Marcelino, recientemente fallecido, ni al asturiano Juan Muñiz Zapico, fallecido en un accidente de coche allá por 1977, el cual da nombre a la Escuela Sindical de CCOO. También había fallecido el vallisoletano Luis Fernández Costilla. Pero seguían junto a nosotros muchos de los 10 de Carabanchel. Eduardo Saborido, Paco Acosta, Fernando Soto, Nicolás Sartorius, Pedro Santiesteban, Miguel Angel Zamora, Francisco García Salve ( el cura Paco).

De quienes sobrevivieron al asesinato de los Abogados de Atocha sólo quedaban entre nosotros Lola González Ruiz y Alejandro Ruiz-Huerta. A lo largo de estos años hemos perdido a Lola y a Fernando Soto. Pero somos una organización joven en la que los protagonistas de la historia, aunque no fueran los protagonistas directos de estos dos hechos, pueden seguir contando las luchas de los trabajadores y trabajadoras en cada Comisión Obrera que se constituía y el trabajo de los numerosos despachos de abogados laboralistas vinculados a las CCOO y al PCE.

Por estos encuentros han pasado, además de los ya mencionados, personas como Manuela Carmena, Cristina Almeida, Francisca Sauquillo, Juan Moreno, Antonio Montesinos, Raul Cordero, Paco Naranjo, Nati Camacho, Hector Maravall, o Pepe Alcázar, junto a compañeras y compañeros de toda España, dispuestos a contar su experiencia en la construcción de las CCOO.

Se han realizado más de medio centenar de encuentros en casi todas las Comunidades Autónomas, en los que cerca de 2000 personas de todas las edades, mayores y jóvenes, hemos podido escuchar las voces de nuestra memoria viva. No un recuerdo del pasado, literal, frío y sin complicaciones. No un pasado que nos esclaviza, sino una memoria que nos interpela y que, como nos recuerda Todorov, tiene un uso ejemplar que “permite utilizar el pasado con vistas al presente, aprovechando las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día y separarse del yo para ir hacia el otro”.

 Los actos conmemorativos de la legalización de las CCOO, del 40 aniversario de la Asamblea de Barcelona, de la legalización de los sindicatos, del asesinato de los Abogados de Atocha, de los sucesos de El Ferrol, del Proceso 1001 y ahora de la Exposición Amnistía. Que trata de Spagna, son hitos en ese esfuerzo para reivindicar nuestro protagonismo en el presente. No queremos ser presos de nuestro pasado, sino actores de nuestro futuro. Pero somos conscientes de la vigencia de las palabras de George Orwell: “Quien controla el pasado, controla el futuro. Quien controla el presente, controla el pasado”. En esa batalla, la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura, hoy como ayer, seguirá siendo el elemento esencial de nuestra construcción del presente y nuestra proyección hacia el futuro.

 

Si me muero, que no me mueran antes

de abriros el balcón de par en par.

Un niño, acaso un niño está mirándome

el pecho de cristal.

(Blas de Otero)

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 

 

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Un amigo llamado Andrés Ocaña Rabadán

jlopez.ccoo.es | 06 Junio, 2017 01:52

El problema de internet es que ahí está casi todo. Sin embargo nuestra capacidad es limitada y las cosas importantes pueden pasarnos desapercibidas, o simplemente puede pasar que no encontremos el camino para descubrirlas. Eso me ha ocurrido con la noticia sobre Andrés Ocaña Rabadán, el que fuera alcalde de Córdoba, fallecido en el mes de marzo. Una noticia que ha tenido mucha repercusión en los medios locales de Córdoba, y en las ediciones andaluzas de algunos grandes periódicos y agencias, pero muy poca en medios nacionales.

Me he entregado a la lectura de noticias sobre obituarios, biografías, reconocimientos, homenajes, minutos de silencio, banderas a media asta, funeral, presencias, declaraciones e intervenciones de la Alcaldesa de Córdoba, Julio Anguita, Rosa Aguilar y hasta del canónigo de la catedral, Fernando Cruz-Conde, quien reconoció su amistad y el hecho de “dejar como legado un ejemplo de concordia, de reconciliación y de paz, cuando hoy algunos quieren resucitar viejos odios y rencores”, para concluir que “Andrés trabajó por un mundo más justo”.

No conozco casi nada sobre esta etapa de la vida de Andrés Ocaña. Hace casi 35 años que le conocí y sólo pude compartir con él un curso escolar, en un lugar y en un momento que nadie menciona en su biografía. Luego, tan sólo creo haberle visto en un par de ocasiones y recuerdo que mantuve con él una correspondencia epistolar intensa, cuando aún no existía internet. De todos es sabido que, cuando la red se introduce en nuestras vidas, las conexiones intranscendentes tienden a ocuparlo todo, a multiplicarse de forma proporcional al abandono de las relaciones necesarias, que terminan siendo soterradas por tanto escombro innecesario.

Sin embargo, siempre he tenido la sensación de que con Andrés podría retomar en cualquier momento una conversación allí donde la hubiéramos dejado, gracias a la ley de la relatividad de la amistad, que curva el tiempo, en función de la intensidad de la vida compartida. Una ley no demostrada, pero que se cumple indefectiblemente con determinadas personas. Muy pocas en la vida, es cierto.

Esa conversación no podrá ser ya retomada, o tal vez sí. En cualquier caso vuelve a cumplirse otra de las leyes de la vida, en este caso formulada por Paul Bowles: "Debido a que no sabemos cuándo moriremos, pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Sin embargo, todo parece ilimitado".

Era el mes de septiembre de 1982. Andrés y yo tomábamos posesión como maestros en el colegio Reina Sofía de Ubrique (Cádiz). El venía de Córdoba para asumir su primer destino definitivo. Yo venía de Madrid. El tenía un hijo pequeño, menudo, risueño, al que habían llamado Alvaro. Yo iba a tener mi primera hija, que terminó naciendo en febrero del año siguiente, en el hospital de Ronda (Málaga), a la que llamamos Inés.

Andrés creo recordar que venía del MC (Movimiento Comunista) y yo venía de la CNT y acababa de afiliarme al PCE. Andrés militaba sindicalmente en USTEA, un sindicato profesional y progresista de la enseñanza y yo iba camino de pedir mi primer carnet de CCOO, precisamente en el pequeño local ubriqueño de CCOO de Andalucía.

Nada más llegar, contacté con Pepe Solano, cuyo nombre completo era José García Solano,  el responsable del PCA en Ubrique y me vi embarcado en la organización de la campaña de las Elecciones Generales de Octubre del 82, aquellas que trajeron un gobierno socialista y produjo la debacle de la UCD y del Partido Comunista, conducido aún por Santiago Carrillo. Aquello  abrió  una crisis interna que terminó produciendo la escisión del carrillismo y, tras el Referendum de la OTAN y múltiples ensayos de convergencias, al surgimiento de Izquierda Unida.

Pero esto no había llegado aún y, allí, en Cádiz, donde Rafael Alberti había sido diputado, cediendo luego su escaño al líder campesino Francisco Cabral, el Partido presentaba a José Luis Núñez, El Patri, uno de los abogados antifranquistas más conocidos del Partido, como cunero. La suerte estaba echada y, pese a las pegadas de carteles, actos, repartos de propaganda, etc., el revolcón fue monumental.

Hablamos mucho Andrés y yo de aquel fracaso. A fin de cuentas éramos forasteros y compartíamos inquietudes políticas, educativas, generación, ratos libres y circunstancias familiares. Así comenzó Andrés a acercarse al Partido. Yo diría que más que al Partido a las gentes del Partido. Pepe Solano, Pepe Rivas, Pepe Muñoz. Esas gentes que se ganaban la vida  fabricando petacas, carteras, bolsos, manualmente, en casa, ayudados por las tardes por sus hijos, encargados de dar cola al cuero. O en la construcción, o en el campo, o en el mejor de los casos, trabajando en una caja de ahorros.

Andrés podría haber sido uno de aquellos maestros de la Segunda República. Preparaba meticulosamente sus clases. Daba largos paseos. Dibujaba mapas del pueblo y de la Serranía de Ubrique, con los que luego trabajaba con sus alumnos. Se interesaba por su vida y por la de sus familias. Investigaba sobre la historia del pueblo y lo descubierto lo ponía a disposición de quienes asistían a sus clases. Esas cosas, maneras, formas y actitudes que el magisterio de la transición intentaba recuperar de sus predecesores republicanos. Desconfiaba de la burocracia que comenzaba a imperar en el sistema educativo, intentando medir, uno a uno los objetivos y obligando al profesorado a rellenar interminables formularios.

Pasaron los meses, pasó la primera gran huelga de defensa del trabajo de los petaqueros y sus familias. La impresionante manifestación nocturna que convocó a todo el pueblo en defensa de la dignidad de la industria. El invento de la marca Ubrique, que aún hoy figura en cada producto fabricado allí. Y llegó el tiempo de las elecciones municipales del 83.

Comenzamos a elaborar programas electorales, convocando asambleas ciudadanas para ver qué necesitaba el pueblo. Educación, por supuesto, pero también urbanismo, vivienda, salud, servicios sociales, transportes, medio ambiente. Éramos maestros. De todo sabíamos un poco, aunque no fuéramos expertos. Y lo que no se sabe se aprende, o se pregunta a quien sabe. Imprimíamos los programas en una multicopista vieja que se atascaba constantemente y los encuadernábamos a mano. Alquilamos un pequeño local en el barrio del Carril, en lo más alto del pueblo. Organizamos asambleas barrio a barrio, plaza a plaza, en colegios, en locales municipales. A golpe de megafonía instalada en un viejo coche. Inundando las callejuelas de canciones de Carlos Cano.

A Andrés y a mí nos propusieron encabezar las listas, pero los dos sabíamos que estábamos allí de paso. El volvería pronto a Córdoba y yo a mis barrios del Sur de Madrid. Allí quedarían los Pepes, sus mujeres, sus hijos e hijas y otros tantos. Los verdaderos protagonistas de la historia del pueblo. Nosotros podíamos echar una mano, escribir, hablar, organizar actos, pero ellos debían ser quienes jugaran el partido que se avecinaba.

El PCA, que había sacado poco más de 400 votos en las elecciones generales, duplicó sus resultados en estas municipales, celebradas pocos meses después. Pasamos de uno a dos concejales, que sumados al tirón del PSOE, permitieron un cambio de gobierno, con un alcalde socialista, gobernando con dos concejales comunistas.

Ahora, cuando soporto durante días el peso de la noticia del fallecimiento de Andrés, sin que se me vaya de la cabeza, sabiendo que su muerte, o mi supervivencia, son sólo una cuestión de azar. Ahora, me pregunto cuánto de aquellos días siguió vivo en Andrés y en mí. Cuánto de aquellas gentes retuvimos dentro de nosotros, para que Andrés se comprometiera en la política municipal y llegase a ocupar la alcaldía de Córdoba, en los mismos años en que yo me adentraba en la tarea de dirigir las CCOO de Madrid.

Leo y releo sobre sus andanzas, sus batallas, sus derrotas, sus momentos duros, los reconocimientos y pienso que Andrés, como casi todos nosotros, como yo mismo, siguió siendo aquel joven maestro, republicano, de izquierdas, padre de un niño llamado Alvarito, comprometido con quienes más lo necesitaban. Pienso que fue eso lo que le permitió seguir cumpliendo años siendo el mismo hombre honesto y lo que le hizo enfrentarse a aquel corrupto que, harto de no poder comprarle con maletines llenos de dinero, decidió crear un partido para combatirle abiertamente. Conozco más amigos alcaldes que han seguido su misma suerte en Villaviciosa o en Seseña. Los Sandokanes y los Poceros eran sólo variantes del mismo tronco podrido que ha dado sus peores frutos en España.

Y lo pienso así porque, cuando miro las fotos que aparecen en los obituarios de este profesor de tan sólo 62 años, mi amigo Andrés Ocaña Rabadán, sigo reconociendo su sonrisa limpia y esa mirada que juzga , a quien mira, con un punto de ironía, con  firmeza, pero con todo el afecto de un buen maestro. Tenía pendiente con él una conversación que ya no podrá ser, o tal vez sí. En un mundo más justo.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 

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FPE (y 6) Las soluciones son aún posibles

jlopez.ccoo.es | 09 Mayo, 2017 13:12

Mirar para otro lado, una de las prácticas habituales de nuestro Presidente del Gobierno,  sólo contribuye a mantener una situación insostenible. El modelo de Formación Profesional para el Empleo (FPE) se encuentra al borde del colapso. Hemos explicado  su desarrollo. Hemos analizado sus logros y sus deficiencias. Hemos reflexionado sobre la inutilidad de abordar reformas impuestas a espaldas de las necesidades de las empresas y de los propios trabajadores y trabajadoras.

Va llegando el momento de enunciar las propuestas que pueden desbloquear la situación y avanzar hacia un modelo de FPE que combine el derecho de las personas a formarse a lo largo de toda la vida y la necesidad de las empresas a contar con trabajadores y trabajadoras cualificados en un mundo cambiante.

1. Desarrollar el derecho de formación y aumentar la cohesión social.

Para ello contamos con algunos instrumentos muy poco promocionados. Cada trabajador o trabajadora cuenta con 20 horas anuales para formación que deberían constituir un derecho individual efectivo, pero que no se ejerce.

De otra parte, los actuales Permisos Individuales de Formación (PIF) deberían garantizar la igualdad, de forma que las personas menos cualificadas pudieran beneficiarse de ellos.

Vivimos en un país en el que, junto a un alto nivel de titulados superiores, de en torno al 35 por ciento, convive un porcentaje aún mayor, de entorno al 45% de la población activa con niveles básicos, o incluso inferiores, de formación. En el centro un pequeño porcentaje con estudios profesionales. Habría por lo tanto que poner en marcha programas específicos para formar a las personas menos cualificadas y abrir convocatorias permanentes de reconocimiento de cualificaciones.

2.  Calidad y oportunidad de la formación.

Contamos con una excelente red de centros público de Formación Profesional, Universidades y Centros de Educación de Personas Adultas, que viven al margen del Sistema de Formación para el Empleo. Por un lado, el Ministerio de Educación y su formación reglada, por otro el Ministerio de Empleo, al frente de un subsistema de formación en el empleo. La descoordinación entre ambas administraciones es absoluta.

Los centros públicos de Formación profesional deben jugar un papel esencial para asegurar una oferta más amplia y menos discriminatoria. Es necesario contar cuanto antes con una red de centros (públicos y privados) acreditados, con mecanismos de financiación suficientes y controles de calidad y requisitos comunes.

Además, el sistema de subvenciones no es el más adecuado para la provisión de un servicio como el que necesita la Formación para el Empleo. Los controles administrativos y económicos son tremendos, pero ello no impide la aparición de empresas especializadas en burlarlos, mientras que la agilidad se resiente y la evaluación de la calidad es una asignatura siempre pendiente.

Contamos ya con Centros de Referencia Nacional, Centros Integrados, Observatorios, que deben funcionar de forma coordinada para mejorar la calidad del sistema. Las actuales Comisiones Paritarias, compuestas por empresas y representantes sindicales en los diferentes sectores, deberían ser reducidas en número y reforzadas en sus funciones, convirtiéndose en instrumentos esenciales para reconducir el sistema actual, burocratizado e inoperante, hacia la realidad de las necesidades de las empresas y los trabajadores.

Vivimos en un país en el que se inaugura mucho, hasta varias veces los mismos proyectos y sus fases de ejecución, pero que evalúa muy poco la calidad de cada proyecto y de las políticas que los sustentan. 

3.  Recursos suficientes, estables y transparentes.

Un reciente encuentro sobre la experiencia francesa en Formación Profesional para el Empleo revelaba un gasto anual de más de 30.000 millones de euros en formación para el empleo, en nuestro país vecino. En España, por el contrario, dedicamos a Formación para el Empleo casi exclusivamente los recursos procedentes de la cuota de formación (en torno a 2000 millones de euros), y aún así, en los últimos seis años hemos dejado de gastar 450 millones de euros, cuyo destino es desconocido.

Es urgente asegurar, tal como sentencia el Tribunal Constitucional, que todos los recursos procedentes de la cuota de formación se reanualizan y se dedican a formación y no a otros fines. Es necesario reforzar esos fondos, no sólo con aportaciones de Fondos Europeos, sino con otras aportaciones para formación de colectivos no cotizantes y personas desempleadas. Es preciso que los fondos sean gestionados, en todos los ámbitos, empezando por la propia Administración, de forma transparente para el conjunto de la ciudadanía y para las personas trabajadoras.

4.  Diálogo y negociación. Bases para mejorar la formación.

En las empresas, la formación debe ser fruto de la negociación y el acuerdo entre empresarios y Representación Legal de los Trabajadores, con posibilidad de contar con aportaciones públicas y de las empresas,  para conseguir la mejor formación y la más necesaria en cada momento.
La movilidad laboral dentro de cada sector y la atención de las necesidades formativas de las pequeñas y medianas empresa, tienen que ser fruto de la negociación empresarial y sindical en el marco de las actuales Comisiones Paritarias, que la nueva ley define como Estructuras Paritarias.
La formación en los ámbitos territoriales, cuyo objetivo es la formación y la recualificación de personas ocupadas, o desempleadas, debe ser objeto de negociación entre Administraciones, empresarios y sindicatos, tomando en cuenta los recursos que pueden aportar los Centros de Formación Profesional, la realidad económica y del tejido productivo, las necesidades de empleo y orientación y la articulación de prácticas en las empresas.
Siguiendo las orientaciones europeas sería bueno acordar un Estatuto del Aprendiz que regule las prácticas y su conexión con el aprendizaje en los centros. Se habla mucho de formación dual, pero se hace muy poco para que la formación con prácticas no sea explotación laboral de nuestros jóvenes, a través de la docena de fórmulas dispersas que existen en estos momentos para abusar del trabajo de aprendices y becarios.

5.    Gobierno democrático de la Formación.

El objetivo del Gobierno, en la reforma de la Formación Profesional para el Empleo, parece haber pivotado en torno a la expulsión de organizaciones sindicales y empresariales, no sólo de la ejecución, sino del gobierno del sistema. Para afrontar el problema generado hay que entender que no se puede hacer formación de los trabajadores y trabajadoras sin los trabajadores y trabajadoras y sin las empresas en las que trabajan. Los países con mejores experiencias en formación de trabajadores y trabajadoras son aquellos que cuentan con modelos negociados y acordados en los que participan administraciones y agentes sociales.

Por eso es esencial asegurar la participación de las organizaciones empresariales y sindicales en los instrumentos de gobierno y de gestión del sistema. Contamos con instrumentos como el Consejo de la Formación Profesional, o la Fundación Estatal de Formación para el Empleo, que deben ser redefinidas, orientándolas hacia la articulación de mecanismos de detección de necesidades, coordinación de la oferta formativa, simplificación de la organización, gestión, seguimiento y evaluación del sistema.

A modo de resumen, podemos decir que la reforma impuesta debe dejar paso  a la negociación del desarrollo de un sistema de formación profesional para el empleo, que haga posible el derecho de las personas a formarse y recualificarse a lo largo de toda la vida y cubra la necesidad de las empresas de contar con trabajadores y trabajadoras cualificados.

La cualificación y formación de las personas es la mejor garantía de un futuro económico estable y de la cohesión social que sustenta la convivencia democrática en cualquier país.  

Las soluciones negociadas son inaplazables. No podemos mirar hacia otro lado.

Francisco Javier López Martín

Secretario Formación CCOO

 

 

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FPE (5) Las grandes deficiencias del sistema

jlopez.ccoo.es | 05 Mayo, 2017 10:37

Una reforma impuesta cuya única finalidad evidente es poner los recursos del sistema en manos de proveedores privados, sólo podía conducir a un empeoramiento de los datos y a una tensión ya insostenible sobre el conjunto del sistema de Formación Profesional para el Empleo.

Las deficiencias son ya insostenibles. Una de las primeras es la ausencia de una oferta de formación sectorial de calidad. Así, en 2015, especialidades formativas como Prevención de Riesgos Laborales, Inglés y Habilidades personales e interpersonales en el entorno laboral, aglutinaron el 25% del total del alumnado que participó en cursos de formación programados por las empresas.

Mientras tanto el 24% del alumnado de los cursos programados por el Gobierno se concentraban en Salud Laboral, inglés, organización empresarial, carretillas, marketing, cocina y comercio exterior.

Dicho de otra manera, se realizaba la formación más rentable para los centros privados, pero no la mejor formación para las personas, ni desde luego la que necesitan las empresas.

En la próxima convocatoria de formación, correspondiente a 2016 y aún no resuelta, todo apunta a que repetiremos deficiencias y que el 75% de los participantes se acumulará en 5 familias profesionales, como Administración y Gestión,  comercio, informática, servicios socioculturales y transportes, dejando a 21 familias profesionales con una oferta escasa o nula. De nuevo los ámbitos sectoriales más fáciles en ejecución de formación para las empresas privadas, acapararán la oferta formativa.

Las consultoras y centros de formación ofrecen un catálogo formativo a las empresas y éstas eligen lo más parecido a lo que creen que necesitan, sin reparar en necesidades reales, ni en la calidad de los cursos. Todo apunta a que cerca de 20 ámbitos profesionales sectoriales van a quedar desiertos y 25 más van a quedar sin suficiente oferta en la Convocatoria 2016.

Cuando se programan ofertas específicas sin contar con los trabajadores y trabajadoras, como ocurre con profesiones reguladas, como la del área Fitosanitaria, la oferta final no llega al 10% y los fondos reservados pueden terminar perdiéndose. Lo cierto es que cuando la formación se convierte en negocio y libre concurrencia, el beneficio fácil y la formación poco especializada consiguen muchas bazas.

Otra deficiencia evidente es la diferencia entre formación de oferta programada por el Gobierno y formación de demanda programada por las empresas. Los módulos de coste hora/alumno, en formación de oferta, son mucho más bajos que en el caso de la formación programada por las empresas.

Cuando se trata de bonificarse la formación por parte de una empresa, la bonificación de los costes de formación es automática, no existe valoración técnica de calidad, la duración es extremadamente flexible, con un mínimo de 2 horas. No existe obligación general de incluir criterios de igualdad, o de formación de las personas menos cualificadas, o más desfavorecidas.

Este perverso sistema que se ha promovido y potenciado, aún más con la reforma de la formación puesta en marcha por el Gobierno, termina produciendo, contradictoriamente con los principios de “libre concurrencia” predicados por el Gobierno, una alta concentración de ayudas en unas pocas entidades especializadas en la gestión y tramitación burocrática de planes de formación para el empleo. Así en 2014, 23 entidades concentraron casi la mitad de los recursos destinados a ayudas en toda España.

La reforma impuesta lleva camino de convertirse, tras dos años de aplicación, en un rotundo fracaso que arrastre en su caída lo construido durante dos décadas y media. Los datos son demoledores y las deficiencias evidentes. El bloqueo actual del sistema, no obstante, tiene solución, si se abordan las soluciones desde el diálogo social y el necesario papel que los protagonistas de la Formación Profesional para el Empleo (FPE), empresas y trabajadores, deben tener en el gobierno de la formación.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

 

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Cultura de la integridad, no hay excusas

jlopez.ccoo.es | 03 Mayo, 2017 09:48

No hay excusas, rezaba el lema sindical del 1º de Mayo de 2017. Es una verdad a gritos. No hay excusas para quienes nos trajeron la crisis por acción, avaricia, u omisión. Ni para los políticos que toleraron el enorme pelotazo del ladrillo y las finanzas, ni para quienes, cual cigarras depredadoras, hicieron todo el dinero del mundo, sin crear riqueza y alimentaron la burbuja de unos precios de las viviendas que nada tenían que ver con el valor real de las mismas.

No hay excusas para cuantos crearon los consorcios político-empresariales que manejaban cada cotarro a base de comisiones, sobres y maletines, pasando de las musas al teatro, sin solución de continuidad. Hoy Consejero de Sanidad y mañana Consejero Delegado de una importante empresa sanitaria. Hoy Directivo de empresas de armamentos, o del transporte, o energética y mañana responsable político de esos mismos asuntos.

No hay excusas para esa década y media de aguirrismo, en la que la crisis económica y de paro y recortes para la mayoría, se convirtió en oportunidad de negocio para unos pocos cortesanos. Cuentan que la lideresa reprochaba, a quienes la venían con el cuento del enriquecimiento acelerado de algunos de sus acólitos, que tuvieran envidia de que sus compañeros de partido se enriquecieran.

No hay excusas para la soledad que algunas personas y organizaciones vivimos cuando le afeamos públicamente su asalto a la dignidad de los profesionales del Hospital Severo Ochoa. O cuando combatimos sus operaciones privatizadoras en los hospitales y centros de salud. Cuando nos vestimos de verde para parar sus políticas educativas y convocamos huelgas educativas contra las concesiones arbitrarias de suelos y recursos para construir centros concertados y contra los recortes en la educación pública. Cuando luchamos contra la privatización del Canal de Isabel II y contra el destrozo de Telemadrid, con cerca de mil profesionales despedidos.

Dijimos no a las radiales y seguimos pagando radiales, a Eurovegas y aún padecemos el furor de construir prostíbulos y casinos por doquier en cualquier solar cercano a un aeropuerto. Siempre con la mentira de que lloverá dinero y puestos de trabajo. Hasta le afeamos la mediocridad de un miniparque Nacional de Guadarrama, que terminó contando con un tercio de la superficie del inicialmente proyectado. Se empeñó en poner a sus lugartenientes al frente de Cajamadrid y le cortamos el paso.

Nuestra voz clamaba en el desierto del silencio decretado, a base de anuncios y publicidad bien regada sobre algunos medios de comunicación. Hoy muchos y muchas dicen, en las tertulias y en los artículos, que sabían. Habría que preguntar por qué callaban, mientras unos pocos dábamos la cara y recibíamos los palos. Basta repasar los artículos de mi blog en esos años, para comprobar que fuimos Juan el Bautista, predicando en el desierto, mientras Herodías y sus Herodes hacían y deshacían a su antojo, entre risas, gracias y no pocos aplausos.

Nuestras cabezas fueron puestas a precio. Nos convirtieron en salteadores de caminos que robaban bancos de dineros de la formación. Comedores de mariscadas. Bebedores de cañas tras las manifestaciones. Militantes de un ejército de liberados a sueldo de Moscú.

Hubo un tiempo en el que algún fotógrafo me perseguía. Un día me sacaba fotos cuando salía del sindicato. Me acerqué y le pregunté de dónde era. Me respondió, con gracejo, que de Puertollano. Cuando le pregunté para quien trabajaba, me espetó que no podía decírmelo, que le habían encargado este trabajo de hacerme fotos y él lo hacía. No era cosa de rechazar un trabajo. Lo mismo harían los funcionarios nazis. Lo mismo justificaron ante el tribunal de Nuremberg. Obediencia debida.

Madrid es muy pequeño. Pronto pude ver al fotógrafo haciendo otras fotos para el periódico de Marhuenda. Eran los tiempos en los que ese periódico aclaraba, en las fotos de las pancartas sindicales, donde colocaban en portada a los Secretarios Generales de los sindicatos, que el de la derecha es el “sindibanquero”, el siguiente es el de los “rolex”, el tercero el de los “cruceros” y por último Javier López que no se ha atrevido a convocar una Huelga General. De esta guisa eran las cosas en los tiempos no  tan lejanos. En tiempos tan presentes y de actualidad.

Hoy ya sabemos que (presuntamente, siempre, con presunción de inocencia) Aneri era el pepero cordobés que vino a Madrid a montar negocios de formación en los que recibía dinero para formar trabajadoras y trabajadores, sin que hubiera cursos, con la complicidad y la pasta de organizaciones empresariales, procedentes de subvenciones.

Y sabemos que Lamela o Güemes, primero fueron Consejeros de Sanidad y ahora siguen en el negocio sanitario, después de haber esquilmado la sanidad pública. Algunos como Güemes presume de que nuestra oposición le hizo famoso y deseado por los grandes consorcios sanitarios privados, como asesor de todo tipo de privatizaciones. Y que Granados, al que alguien debió de encargarle de ese negociado, cobraba (presuntamente, siempre presuntamente) a tanto alzado, por cada colegio concertado concedido al sector privado.

Y ahora sabemos que el Presidente convertía el agua en presuntos chorros de oro. Y su señora, y la familia, y los amigos Arturo, o Cerezo, o Javier López (ese otro que se pasea con mi nombre y que no soy yo, aunque algunos periodistas se empeñen en seguirle confundiendo con el sindicalista) formaban un consorcio en el que los negocios y la política, el dinero y el poder, son todo uno y hunden sus raíces en las esencias mismas de una “capital” que es ejemplo, en lo bueno y lo malo, en vicios y virtudes, para toda España.

Han salido los trabajadores y trabajadoras, el 1º de mayo, a las calles de toda España para exigir lo de siempre: Empleos estables, salarios justos, pensiones dignas, protección para las personas. Estuve en la manifestación de Madrid hasta el final. Toxo, que pronunció su último discurso del 1º de mayo, como Secretario General de CCOO, estuvo corto y comedido, pero no quiso irse de la tribuna sin dejar clavadas sus palabras en el centro de la Puerta del Sol, "Con las actuales tasas de paro, desigualdad, pobreza y corrupción, la nuestra es una sociedad gravemente enferma".

De eso se trata, por encima de cualquier otro problema, en estos momentos. La corrupción contamina la vida económica, envenena la política, ensucia la verdad porque siembra la sombra de la duda y la sospecha, aumenta la fractura social, convierte a cada persona en sospechosa,  a unos vecinos en enemigos de otros. No importa la corrupción si los corruptos son votados hasta que los jueces los saquen de sus poltronas.

No importa la corrupción si la economía comienza a despegar y se atisban nuevos pelotazos en el horizonte y todos podremos vivir a la sombra de los saqueadores, pendientes de las migajas que caigan de sus mesas. Será verdad para siempre la España de Chirbes y el presentimiento de Manuel Vicent, Si salimos de ésta, repetiremos la fiesta. La España eterna que ya nos describía Quevedo y que aún podemos escuchar  encarnado en Juan Echanove, representando los Sueños.

No se me ocurre excusa alguna. No se me ocurre otra manera. No creo que haya nada más patriótico en nuestros días, que combatir la corrupción. A quienes corrompen y a quienes aceptan ser corrompidos. Alguien dijo que tenemos una justicia diseñada para robagallinas. Que persigue el pequeño fraude, el pequeño robo y deja impune al gran delincuente. Empecemos por ahí. Y reforcemos, a continuación, la necesidad de hablar y actuar para crear desde todos los lugares y responsabilidades  una cultura de la integridad. Parece poca cosa, pero empecemos por ahí, día tras día, año tras año y seguro que algo cambia en este país.

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

 

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FPE (4): El desastre de la Formación Profesional para el Empleo en datos

jlopez.ccoo.es | 20 Abril, 2017 23:27

Alguien podría pensar que la visión que traslado sobre la Formación Profesional para el Empleo (FPE), en España, es demasiado dura. Que seguro que, al ser sindicalista, estoy especulando y exagerando. Sin embargo, por mucho que mejoremos la valoración de las causas, no por ello las consecuencias mejoran. Muy al contrario. Embellecer la situación sólo puede alimentar las tendencias más negativas del modelo impuesto y crear nuevos problemas,

Lo cierto es que las tasas de participación de trabajadores y trabajadoras en la formación van cayendo. Quienes más necesitan formación por sufrir más los efectos de la crisis y sufrir mayor pérdida de empleo (mujeres, jóvenes, personas con bajos niveles de cualificación) no acceden suficientemente a la formación.

Es notorio que, cuanto más necesaria es la formación, menos esfuerzo realizamos en España, mientras la Unión Europea aumenta su inversión y esfuerzo en cualificación.  Antes de la crisis económica el 11% de nuestra población activa participaba en procesos de formación permanente, mientras que ahora bajamos del 10%.

En cuanto a los participantes en formación han pasado, entre 20010 y 2015, en el caso de la formación programada por el Estado y Comunidades Autónomas, ha pasado de cerca de 1,7 millones de participantes a poco más de 600.000 personas. Quienes más necesitan formación, las personas desempleadas, han pasado de algo más de 400.00 a 175.000.

Pero si esto ocurre en la formación de oferta programada  por las Administraciones, no va mejor la formación programada directamente por las empresas que, tras la reforma del Gobierno, ha hecho que el número de horas de formación programadas haya descendido un 20%, tan solo entre 2015 y 2016.

En cuanto a la tasa de formación de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) ha pasado del 31,1% en 2012 al 22,7% en 2016. Eso significa que más de 100.000 PYMES de menos de 50 trabajadores y trabajadoras ha abandonado la formación profesional de su personal.

La FPE se comporta como un cazador que dispara a bulto, pero siempre termina hiriendo a los más débiles. No sólo en el caso de quienes trabajan en una pyme. También en el caso de las personas menos cualificadas. Las personas con baja cualificación en nuestro país suponen un 43%, pero sólo pesan el 23% de cuantas personas participan en procesos de formación. Incluso han perdido un punto de participación en los últimos años.

En cuanto a las mujeres, las mujeres asalariadas han pasado de suponer un 42% en 2007 a un 46% del total de personas trabajadoras en 2015. Sin embargo, el porcentaje de mujeres asalariadas que participan en formación han pasado de suponer un 46% en 2008 a un 44% en 2015 pasando por momentos externos, como 2011 en los que la participación de la mujer bajó al 42%.

Las personas menos cualificadas se benefician menos de la formación. Quienes trabajan en pymes, la inmensa mayoría, se forman menos y los jóvenes… Los jóvenes que suponían la mitad de las personas que participaba en formación en 2008, no llegan ahora  a un tercio, cuando el empleo juvenil ha sido una de las mayores víctimas de la crisis y todo ello pese a que el gobierno disponga de abundantes recursos para la cualificación de los jóvenes desempleados, con bajos niveles educativos.

El número de horas financiadas para formación en las empresas ha disminuido en un 20% en tan solo un año, aunque el número de personas formadas crece levemente, al pasar la media de horas de duración de cada curso, de 26 horas a 17. Con casi 10 horas menos de media por curso, con menos horas totales se termina se terminan formando más personas. La calidad se deteriora a favor de la cantidad.

Uno de los datos más alarmantes del destrozo producido en FPE es que la participación de empresas en la formación ha caído del 31.1% en 2012 al 22.7% en 2016. Más de 100.000 pequeñas y medianas empresas han dejado de participar en la formación en los últimos cuatro años. Las empresas con menos de 50 trabajadores y trabajadoras están desertando de la formación continua de sus trabajadores.

Los datos son muy preocupantes. La Formación profesional para el Empleo, sometida a las tensiones de una reforma impuesta, está produciendo una agudización de los problemas y un deterioro del sistema de FPE, cuyos efectos son demoledores para quienes más necesitan la formación y cualificación en el trabajo.

 

Francisco Javier López Martín

 

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FPE (3) Los costes de romper el diálogo social

jlopez.ccoo.es | 05 Abril, 2017 00:54

El Tribunal Constitucional se ha pronunciado una y otra vez sobre la utilización del dinero procedente de la cuota de Formación para el Empleo que pagan empresas y  trabajadores. Sostiene el Tribunal Constitucional que ese dinero no forma parte del sistema de Seguridad Social, aunque sea la Seguridad Social el instrumento para recaudar. Y sostiene, también, que la Seguridad Social es la entidad recaudadora, pero que esos fondos son finalistas y solo pueden dedicarse a formación de la población activa.

Lo mismo dice el Tribunal de Cuentas cuando afirma que los recursos procedentes de la cuota de formación profesional deben considerarse ingresos “afectados” cuya finalidad específica debe ser la financiación de iniciativas de formación. El Tribunal de Cuentas mandata al Servicio Público Estatal de Empleo (SEPE) para adoptar las medidas para el cumplimiento de este principio, evitando que los fondos de la cuota se destinen a otras finalidades.

Ahora que tanto valor se da al necesario cumplimiento de las sentencias, especialmente las del Tribunal Constitucional, conviene conocer que, entre los años 2013 y 2016 los recursos de Presupuestos de Formación Profesional para el Empleo no gastados en formación han ascendido a más de 1000 millones de euros (hablamos sólo de los recursos que debería haber gastado la Administración Central), a los que había que añadir los no gastados en formación por parte de las Comunidades Autónomas.

La opacidad de los recursos destinados a la Formación Profesional para el Empleo (FPE) ha contribuido a la ruptura del diálogo social en esta materia, pero hay otras causas también vinculadas al incumplimiento de los compromisos que el propio Tribunal Constitucional reconoce.

Así, el Tribunal Constitucional deja claro en sus sentencias que el diálogo social y la negociación colectiva son los instrumentos esenciales para el funcionamiento del mercado de trabajo. Pese a ello el Gobierno ha reducido a la mínima expresión las reuniones del sistema de Formación para el Empleo. La información que se facilita es la mínima posible, o incluso se niega el acceso a la misma. Se retrasan, sin necesidad, la aprobación de procedimientos, como el que regula la actividad de las Comisiones Paritarias en la detección de necesidades formativas y otras tareas legales que deben acometer. Se abusa de mecanismos legislativos aprobados con carácter transitorio, temporal, urgente, evitando así la negociación real de soluciones a los problemas.

El propio Comité Europeo de Derechos Sociales en su informe sobre Mercado de Trabajo en España (2011-2014) denuncia el incumplimiento del deber de Información, en particular del Servicio Público de Empleo Estatal, que España ha contraído al firmar la Carta Social Europea.

Los Tribunales de Justicia de han visto obligados a anular la propia Convocatoria Estatal de Ayudas a la formación del año 2014, porque el Gobierno ha incumplido su obligación de someter dicha convocatoria a Informe del órgano de participación del Sistema Nacional de Empleo, quien delega esta función en una Comisión Estatal de Formación para el Empleo.

 La Defensora del Pueblo se las ve y se las desea cuando intenta obtener información, a petición de las organizaciones sindicales y empresariales, sobre el destino que se da a los remanentes no gastados de la cuota de Formación Profesional.

Sindicatos y empresarios nos hemos visto obligados a recurrir ante los tribunales, nuestra exclusión del órgano colegiado que informa las propuestas de financiación de los planes de formación.

El desorden en el SEPE hace que se reinterpreten normas y requisitos de ejecución de planes de formación, años después de ejecutarse y sin que en las convocatorias correspondientes aparecieran esos requisitos, originando así solicitudes de reintegros de fondos destinados a cursos de formación, que fueron correctamente ejecutados e impartidos, de acuerdo a los requisitos establecidos en el momento de la impartición.

El SEPE ha instruido con estas actuaciones, “una causa general” contra el sistema de FPE, con el objetivo claro de deslegitimar el papel de empresarios y sindicatos en el mismo. Sin embargo, esta pretensión choca con los recientes informes de evaluación, elaborados por entidades externas independientes que destacan una valoración muy positiva de quienes participan en cursos, y que sitúan como responsabilidad de la administración la burocracia excesiva, la rigidez, la falta de transparencia y la arbitrariedad en la interpretación de las normas.

Pero el ataque constante y las continuas acusaciones contra sindicatos y organizaciones empresariales ha contribuido a tapar lo bueno y airear lo supuestamente malo, aunque al final la propia administración, o los tribunales de justicia terminen archivando y desestimando las acusaciones iniciales.

Es el caso de nuestro compañero Gonzalo Fuentes, histórico sindicalista malagueño que, durante más de tres años, ha permanecido imputado, a merced de la jueza Alaya, sometido a pena de banquillo, para que al final, una nueva jueza, haya terminado declarando que Gonzalo ha sido víctima de una macrocausa y en ningún caso delincuente.

Nadie parece haberse dado cuenta de que tan importante como combatir la corrupción existente es no sembrar dudas sobre aquellas personas e instituciones cuyo comportamiento es intachable. No todo es lo mismo. No todo vale y no todos son iguales. Haría mejor la Administración en combatir su ineficacia y su ineficiencia en la gestión de la formación, que en dedicar tanto esfuerzo en sembrar dudas sobre todo y sobre todos.

Para hacerse una idea de la ineficacia, el 25% de los fondos de las ayudas de formación concedidas en la convocatoria 2014, unos 80 millones de euros, siguen sin pagarse a las entidades que han realizado y justificado los cursos, provocando el cierre de numerosos centros de formación y academias.

El diálogo social ha sido sustituido por la imposición, la cooperación ha sido sustituida por el ataque sistemático de los agentes sociales. El esfuerzo compartido por mejorar el sistema de Formación Profesional para el Empleo, ha sido convertido en un modelo de ineficacia y asignación arbitraria de los recursos procedentes de la cuota.

No es difícil entender que los datos sean cada vez más insostenibles y que defender la FPE en España, en contraste con el  marco europeo en el que nos movemos, sea tarea poco menos que imposible. O actuamos rápidamente, o el nuevo sistema se autodestruye sin haber comenzado a andar, tirando por la borda 25 años de logros y fracasos, pero de avances indudables en Formación Profesional para el Empleo.

 

Francisco Javier López Martín

 

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FPE (2) Las reformas impuestas no funcionan

jlopez.ccoo.es | 26 Marzo, 2017 20:50

La llegada al poder del PP, con mayoría absoluta,  supuso, en el caso de la Formación Profesional para el Empleo, la puesta en marcha de un proceso de negociación para afrontar los problemas acumulados. En principio, la intención parecía positiva, pero vino precedida de una campaña mediática, que sembraba dudas sobre el papel de los sindicatos y las organizaciones empresariales en la formación.

Ahora, cuando los tribunales van deshaciendo entuertos, va quedando claro que las verdaderas responsabilidades sobre la corrupción en la formación, se encuentran en la permisividad, cuando no connivencia, de algunas administraciones con determinadas empresas de formación, surgidas al calor de las ayudas públicas para obtener beneficios injustificables, en un régimen de subvenciones. Empresas frecuentemente denunciadas por CCOO, como ha ocurrido con el caso Aneri en Madrid, o el caso Ojeda, en Andalucía.

Pero basta repetir la mentira mil veces y a través de todos los medios posibles, para que adquiera apariencia de verdad. Así, esta campaña de deterioro de la imagen de sindicatos y empresarios sirvió como disculpa para excluir a los agentes sociales, no sólo de la gestión de los recursos de la formación, sino del propio gobierno del sistema de Formación Profesional para el Empleo (FPE). Se ignora, de esta manera, que la formación de los trabajadores y trabajadoras funciona mejor en aquellos países en los que el diálogo social goza de buena salud y donde la formación forma parte de la agenda de trabajo compartida de las organizaciones sociales y los gobiernos.

El gobierno del PP ha recorrido un camino inverso al de nuestros socios europeos más avanzados. Del diálogo social ha transitado hacia la imposición de políticas de reforma y recorte, como ha ocurrido con la Reforma Laboral y, posteriormente, la de la formación para el empleo, reduciendo de paso los fondos dedicados a la mejora de la cualificación de trabajadores y trabajadoras, ya sean ocupados o desempleados.

Hasta algún aspecto positivo de dichas reformas, como el reconocimiento del permiso de formación retribuido de 20 horas anuales para cada trabajador o trabajadora, permanece en el más absoluto de los ostracismos y desconocimiento. Lo mismo ha ocurrido con la cuenta de formación que debía de servir para inscribir y registrar, de forma personalizada, los cursos y los procesos de formación de cualquier persona, independientemente de las empresas por las que vaya pasando.

Incluso cuando el gobierno se ha comprometido, con su firma, a promover el diálogo social y la negociación colectiva para desarrollar el Sistema de Formación Profesional para el Empleo y contar con financiación suficiente, estable y equitativa, el resultado es que han terminado imponiendo medidas como la famosa “concurrencia competitiva”, que funciona, paradójicamente, en un mercadillo cerrado de proveedores de formación y que ignora la necesaria participación de empresarios y sindicatos en la detección de las necesidades reales en las empresas y en los sectores, en la programación de acciones formativas ajustadas a dichas necesidades y en el control, seguimiento y evaluación de la formación.

El negocio ha vuelto a situarse por encima de las necesidades reales, una vez más. Son los más astutos y bien informados los que saben cómo conseguir más puntos, mientras los centros públicos y las universidades son excluidos de hecho, porque la calidad no tiene al final nada que ver con los trucos para conseguir una subvención. Son los pícaros los que saben cómo obtener subvención, aunque luego no ejecuten, renuncien a parte de la formación menos rentable. Todo un mundillo cerrado de picaresca a la carta.

Ha presumido el gobierno de un amplio apoyo parlamentario a su reforma de la Formación para el Empleo ( la Ley 30/2015). Pero ese apoyo vino condicionado por la inclusión de enmiendas parlamentarias del resto de los grupos políticos, que recogían, en buena medida, las propuestas planteadas por los sindicatos. Enmiendas como la que recoge la participación de los centros públicos en un sistema de formación monopolizado por los centros privados y que cierra las puertas a la incorporación del potencial formativo de universidades, centros de FP, o centros de educación de personas adultas, lo cual constituye una excepción inaceptable en nuestro entorno europeo. La Formación para el Empleo no puede seguir siendo un mercado cautivo y exclusivo.

Enmiendas como las que recogen las sentencias del Tribunal constitucional y del Tribunal de cuentas que aseguran el carácter finalista de la cuota de formación. Es decir, que esa cuota que pagamos empresas y trabajadores, sólo puede gastarse en formación y que deben reanualizarse los fondos no ejecutados, o recuperados. Otras enmiendas que reconocen el papel de las Estructuras Paritarias Sectoriales, nacidas de la Negociación Colectiva, en la formación de trabajadores y trabajadoras en los sectores y empresas, o el reconocimiento del papel de las organizaciones sindicales y empresariales en el gobierno del sistema.

Han pasado dos años y nada de esto se ha desarrollado. El gobierno tenía mucha urgencia en la reforma, pero luego se ha olvidado de ella por completo, hasta el punto de que no se ha aprobado, a lo largo de todo este tiempo, ni una sola de las normas de regulación y desarrollo del nuevo sistema de formación, que aparecen en la ley. El año 2015 no hubo convocatoria de Formación y la convocatoria 2016 viene marcada por una situación general de inseguridad jurídica, transitoriedad y desorden.

No hay Real Decreto de desarrollo de la Ley. No hay órdenes que establezcan las bases reguladoras de aspectos tan importantes como la financiación, la concesión de ayudas, la formación de los empleados públicos, la formación impartida por centros públicos, los módulos económicos aplicables, el papel y funcionamiento de las Estructuras Paritarias… No hay nada. Inseguridad y desorden. Ahora, deprisa y corriendo, querrán aprobar una nueva chapuza que ponga algún parche en el boquete creado, en el destrozo que ellos mismos han provocado.

Una situación legal de bloqueo de la formación profesional para el Empleo, que tiene su correspondencia con una situación presupuestaria fuera de control, absolutamente irrespetuosa con las sentencias de Tribunal Constitucional y el Tribunal de Cuentas. Situación económica y presupuestaria que analizaremos a continuación.

Francisco Javier López Martín

 

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FPE (1) Una historia de logros y fracasos

jlopez.ccoo.es | 22 Marzo, 2017 21:28

Tras la Huelga General del 14-D en 1988 se abre en España un escenario de Diálogo Social en torno a muy diferentes materias y entre ellas la Formación Profesional para el Empleo. Un diálogo que da lugar a sucesivos Acuerdos Nacionales de Formación para el Empleo suscritos entre gobiernos de todos los colores y organizaciones sindicales y empresariales.

Acuerdos que han tenido efectos positivos, como la extensión de la cultura de la formación permanente de los trabajadores y trabajadoras y que condujeron a que las tasas de participación de la población activa (ocupada y desempleada) en procesos de formación profesional para el empleo hayan alcanzado progresivamente niveles europeos. Han sido 25 años de logros, de adaptaciones a sucesivas a las nuevas realidades, de mejoras y corrección de errores en los que no han faltado fracasos.

Entre esos fracasos hay que constatar que el modelo español de Formación Profesional para el Empleo presenta una tremenda descoordinación entre  las actuaciones  del Ministerio de Educación, que se encarga de la Formación Profesional reglada, y el Ministerio de Empleo que controla la Formación para el Empleo. De otra parte la Administración Central, las Autonómicas y los Ayuntamientos actúan sin planificación estratégica compartida.

La conexión con el tejido productivo y las necesidades formativas de los trabajadores y trabajadoras es una de las peores consecuencias de esta dispersión. Si a ello añadimos que la evaluación del impacto de la formación es muy deficiente, podemos concluir que la necesidad de revisar el sistema era evidente. La crisis, las altas tasas de paro, especialmente juvenil, hacen absolutamente necesaria una reforma acordada, participada y negociada.

Tanto CCOO como UGT hemos aportado numerosas propuestas para abordar este proceso, desde la convicción de que la Formación para el Empleo es una herramienta imprescindible para superar la crisis y aportar un desarrollo económico y social, centrado en el crecimiento del empleo, el futuro de las empresas y el progreso personal y profesional de la clase trabajadora.

Ese proceso de desarrollo y mejora de la Formación Profesional para el Empleo exige, al menos, dos condiciones de partida: una estabilidad normativa fruto del acuerdo político y social y una estabilidad presupuestaria que se sustente en el hecho de que las cuotas de Formación Profesional, que provienen de las nóminas de los trabajadores y trabajadoras y de las empresas se dediquen a la formación, tal como exigen las sentencias del Tribunal Constitucional y del Tribunal de Cuentas.

No es nada de esto lo que ha llevado adelante el Gobierno, con una pretendida reforma de la formación, que ha contribuido a sembrar confusión en el sistema de formación para el empleo, poniendo piedras en el camino, en lugar de aportar mejoras y soluciones y huyendo del diálogo social necesario.

Francisco Javier López Martín

 

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Trump, la última vuelta de tuerca

jlopez.ccoo.es | 14 Noviembre, 2016 09:41

Los años 80 vinieron marcados por una ofensiva generalizada contra el modelo del Estado del Bienestar. La ofensiva fue preparada concienzudamente en la década anterior, utilizando el escenario del que los Estados Unidos consideran su patio trasero, América Latina. Las dictaduras militares, acompañadas de las recetas económicas de la Escuela de Chicago, sirvieron de probeta y prepararon el camino a las nuevas tendencias políticas que se desarrollaron tras el advenimiento de Reagan a la presidencia estadounidense, mientras en Europa la señora Thatcher se aupaba al puesto de primera ministra en Gran Bretaña.

En España no pudimos percibir con claridad la que se avecinaba, porque vivíamos tiempos de salida de una larga y agria dictadura y nos adentrábamos en la Transición Democrática, los Pactos de la Moncloa, la aprobación de una Constitución y nuestro ingreso en Europa, a mediados de los 80. El derroche de fondos estructurales europeos puso las bases y la llegada al gobierno del PP en 1996 aportó la voluntad firme de convertir el suelo y el ladrillo en boom inmobiliario. Era tanto el retraso acumulado con respecto a Europa que todo nos parecían avances sin posible retroceso. Hasta la brutal desindustrialización, la venta de empresas públicas al frente de las cuales situaron a compañeros de pupitre y amigos de los jefes del partido de turno, o los destrozos del trazado ferroviario, en aras de construir autovías y autopistas de peaje, quedaron desdibujados.

Duró la fiesta hasta que Lehman Brothers, allá por 2007 y 2008, demostró la desnudez del modelo de crecimiento especulativo, basado en un crecimiento artificial y ficticio de la riqueza, sobre la base exclusiva del consumo de bienes inmobiliarios comprados con créditos muchas veces impagables. Una economía de casino que no podía perdurar indefinidamente.

Se inició así una crisis que dura ya más de 8 años, que nos condujo a tasas de paro del 26 por ciento. Aún hoy, cuando el gobierno exhibe nuestro gran crecimiento económico y nuestra creación de empleo, casi el 60 por ciento de las personas paradas lleva más de un año en paro y uno de cada cuatro lleva más de cuatro años en situación de desempleo. Un 8 por ciento de los hogares tiene a todos sus miembros en paro y un 4 por ciento de las familias no cuenta con ningún ingreso laboral.

Entonces comenzamos a enterarnos de lo vulnerables que eran los derechos alcanzados hasta ese momento, a lo largo del periodo democrático, en forma de colegios, universidades, centros sanitarios, hospitales, incipientes servicios sociales, el anuncio de una ley de dependencia, un trabajo con derechos, unas pensiones aseguradas.

Las reformas laborales, especialmente la del PP en 2012, los recortes en las prestaciones por desempleo, en las pensiones, los salarios, las políticas públicas y la protección social nos han conducido a la modernidad de un mundo occidental de precariedad laboral e inseguridad social. Esa precariedad e inseguridad que alimentan el huevo de la serpiente que anida en Europa y que acaba de llegar al poder en los Estados Unidos, donde la desacreditada política ha dejado paso al gobierno de los más ricos, directamente y sin intermediarios. El poder en estado puro, sin mediadores inútiles y desprestigiados.

Ya tienen un gran camino avanzado. En la vertiente española ya nos han acostumbrado a un horizonte de desempleo y precariedad laboral. La media de los contratos en España es de 51 días de duración y el 27 por ciento es de menos de una semana. Además han conseguido imponernos una crisis de diseño contra los sectores populares. El 54 por ciento de las personas paradas tienen niveles bajos de estudios. La crisis ha sido la disculpa perfecta para asestar un golpe definitivo a la clase trabajadora, al valor del trabajo, a los derechos laborales y sociales que lo acompañan.

Las políticas contra la crisis desplegadas por el Partido Popular han conseguido transformar el riesgo empresarial en inseguridad laboral. Siguiendo la consigna de que debilitar el empleo permite crear más empleo. Ignorando, eso sí, que el empleo depende de la actividad económica del país, de la tipología de nuestras empresas y no de los  manotazos constantes contra el Estatuto de los Trabajadores.

Ampliar las causas de despido no crea empleo. Reducir las indemnizaciones por despido, no crea empleo. Eliminar los salarios de tramitación, o suprimir la autorización administrativa de los ERE, no crea un sólo puesto de trabajo. Debilitar la negociación colectiva produce recortes unilaterales de los salarios y los derechos protegidos por el convenio colectivo, pero no crea un sólo puesto de trabajo.

Lo cierto es que seguimos teniendo un país de empresas precarias, en segmentos de actividad de poco valor añadido y eso produce empleo precario sin más remedio. Sin buenas empresas no hay buen empleo. Parece mentira que el Banco de España, durante todos estos años de boom inmobiliario, en mitad del gran pelotazo de bancos y constructoras, supiera tanto sobre el mercado de trabajo y pidiera una reforma laboral tras otra, cuando lo ignoraba todo sobre los riesgos financieros en los que nos estábamos metiendo.

La respuesta a esta situación, no exclusivamente española, no puede venir de la mano de experimentos como Trump, Marie Le Pen, o la complacencia con el Partido Popular, en nuestro caso. La respuesta no puede venir de los instintos y las pasiones que representan los movimientos populistas en auge en Gran Bretaña, Alemania, o Austria.

La respuesta debe venir de la mano de buenos gobiernos que combatan la corrupción instalada en el corazón mismo del sistema, que arrinconen a los corruptos y a los corruptores. Que deshagan es nudo de alianzas férreas entre poderes políticos y corporaciones económicas que ha conducido a que el libre mercado y la libre concurrencia se hayan convertido en un reparto descarado de la riqueza nacional entre unos pocos.

La respuesta debe venir de la construcción de un modelo de desarrollo asentado en la innovación en nuestros productos y servicios. En el trabajo decente. Un modelo que tome en cuenta a las personas y promueva y aproveche su cualificación. Un modelo político y social que considere los derechos de la ciudadanía como algo más que discursos y redacciones leguleyas para un boletín oficial, sino como garantías ineludibles que deben ser cumplidas, promovidas y desarrolladas.

Vivimos en sociedades plurales y diversas que merecen más esfuerzos de integración, respeto, compromiso y menos manotazos sobre la mesa y voces estridentes que apelan a nuestras pasiones, en lugar de a nuestros intereses reales. El sindicalismo y los sectores de progreso y de izquierdas no somos los culpables últimos de esta situación, pero sea cual sea la mínima parte de nuestra responsabilidad en la misma, tenemos la obligación de impedir que las tendencias que se apuntan en el horizonte y que comienzan a hacerse realidad en el presente, puedan conseguir el advenimiento de en un mundo que aplaste a las personas y borre para siempre su sonrisa.

Francisco Javier López Martín

 

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No hay vida digna sin trabajo decente

jlopez.ccoo.es | 07 Octubre, 2016 10:45

Me piden desde la Vicaría de Pastoral Social e Innovación de la Archidiócesis de Madrid que participe en una Mesa Redonda, que se enmarca en la Jornada Mundial por el Trabajo Decente. Esa Jornada que la Confederación Sindical Internacional convocó por primera vez allá por 2008. Una mesa en la que participarán además Cáritas y las Hermandades Obreras de Acción Católica (CCOO).

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) había ido acuñando este término de Trabajo Decente. El propio organismo internacional, del que forman parte gobiernos, empresarios y sindicatos, considera que el concepto de trabajo decente expresa las aspiraciones a un buen trabajo y un empleo digno en un mundo globalizado. Un trabajo para las personas, que dignifica y permite el desarrollo de sus capacidades. Ese empleo, ese trabajo, debe permitir unos ingresos justos, sin discriminaciones de género, o de otro tipo. Un trabajo que se ejerce en el marco de unos derechos laborales que aseguran la protección de los trabajadores y Trabajadoras.

Fue en 1999 cuando Juan Somavia, el primer director general de la OIT que provenía del Sur del planeta, presentó una Memoria sobre Trabajo Decente, que contribuyó a difundir y generalizar este término. Según él, Trabajo Decente quiere decir derecho al trabajo, trabajo con derechos, protección social y diálogo social. Las Naciones Unidas recogieron el concepto y plantearon que sin Trabajo Decente es imposible conseguir un desarrollo económico y social sostenible, que asegure la libertad, la igualdad, la seguridad y la dignidad humana.

Eran conscientes de que sin crear oportunidades de trabajo decente, eso que llaman la gobernanza de las sociedades y la paz en el conjunto del planeta, tienen pocas oportunidades. La Recién creada Confederación Sindical Internacional (ITUC), convocó por primera vez, un 7 de octubre de 2008, la primera Jornada mundial por el Trabajo Decente.

Recuerdo cómo los sindicatos del planeta, organizaron aquella jornada. La página de ITUC se vio desbordada de visitas, donde cada amanecer, cada mañana, cada tarde y noche, trazados por el huso horario, contenían las actividades que en cada país se estaban desarrollando, retransmitidas casi en directo.

Recuerdo que nuestro Congreso de las CCOO de Madrid, celebrado ese mismo año, eligió el lema Vida Digna es Trabajo Decente, para enmarcar los trabajos del mismo.

Han pasado los años y el panorama del trabajo decente en el planeta sigue siendo desolador. Para empezar hay más de 200 millones de personas en el mundo que quieren trabajar y no encuentran empleo. De esas personas 74 millones son personas jóvenes y, en su conjunto, hay 30 millones de personas paradas más que en aquellos momentos de 2008, en los que comenzaba la crisis económica mundial.

Entre quienes trabajan en este mundo, hay 2.000 millones de personas que lo hacen sin contrato y sin derechos, sometidos a riesgos laborales y con salarios de miseria. El trabajo indecente contribuye a que el 80 por ciento  de la población mundial carezca de seguridad social, protección por desempleo, por enfermedad, discapacidad, vejez o maternidad.

La desoladora lista de destrozos, sería infinita. Pero terminaré resaltado otros dos datos que el sindicalismo internacional destaca. Son 168 millones las niñas y niños, que soportan la lacra del trabajo infantil y más de 21 millones de personas trabajan en condiciones de esclavitud. Eso que casi de forma eufemística se denomina trabajo forzoso.

Se preguntan los organizadores del acto, personas comprometidas con la dignidad de la vida humana, qué transformaciones se han producido en las relaciones laborales, hasta el punto de que podamos preguntarnos si el trabajo ha dejado de ser una garantía de acceso a una vida digna y cómo ha influido la precarización del empleo en la pobreza. ¿En qué se ha convertido el trabajo y cómo ha evolucionado (involucionado) la cultura del trabajo?

Ver, juzgar, actuar. Son los tres ejes de debate que plantean. Me parece una propuesta tremendamente moderna y actual. Conecta a la perfección con el debate abierto en las CCOO, al que hemos denominado Repensar el Sindicato. Me trae a la cabeza aquella canción de Luis Pastor, en otro memento de cambio profundo al que se vio sometida la sociedad española, la denominada Transición Democrática: Las cosas están cambiando... agárrense que allá vamos.

De eso se trata en estos momentos. La crisis económica mundial se parece cada vez más al golpe de estado en Turquía. La disculpa perfecta para asestar el golpe definitivo a un modelo de trabajo y de vida sustentados en derechos colectivos y personales, que aseguran el bienestar, la libertad, la justicia y la paz.

Tal vez conviene preguntarse si la respuesta se encuentra dentro de las fronteras de cada país, en el corporativismo de cada una de las organizaciones que hemos ido generando, o si va siendo hora de concitar voluntades surgidas de la pluralidad y la diversidad de cuantos asistimos al desmán que los poderes económicos, en confluencia con  poderes políticos subsidiarios y con la inestimable ayuda de sus escuderos a sueldo, están perpetrando dentro y fuera de nuestras fronteras.

Porque lejos de concebir un mundo en el que sus habitantes se vean igualados en torno al respeto de los derechos humanos y entre ellos el derecho a empleo decente, parecen empeñados en conducirnos a una desigualdad generalizada, aceptada, justificada y concebida como modelo, que nos conduzca a la destrucción del planeta, con los seres humanos dentro.

Por eso me siento tremendamente satisfecho y agradecido de acudir a este y a cualquier otro foro donde haya personas dispuestas a ver, juzgar y actuar en defensa de la vida digna y el trabajo decente. Dispuestas a seguir la invitación de Ernesto Sábato, Es hora de abrazarse a la vida y salir a defenderla.

Francisco Javier López Martín

 

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Asesoría de Formación en tu Empresa

jlopez.ccoo.es | 12 Julio, 2016 09:13

En enero de 2015, hace ya año y medio, CCOO lanzamos un programa para asesorar a las trabajadoras y trabajadores sobre la formación y contratación en su empresa. Creamos una página web en nuestra Fundación de Formación (FOREM) para que cualquier persona que lo necesitara, afiliada o no, mayor o joven, mujer u hombre, pudiera consultar cualquier duda sobre sus derechos a la formación en su empresa.

El derecho a la formación de cualquier trabajador o trabajadora es muy poco conocido.  Los fraudes que se producen en la contratación vinculada a la formación y en el ejercicio de los derechos a la formación, son el pan nuestro de cada día, con abusos y malas prácticas frecuentes.

Tal vez por eso, la Asesoría de Formación en tu Empresa ha tenido cientos de consultas a lo largo de este año y medio. Tengo en mis manos un primer balance sobre los temas que más interesan a quienes entran y consultan en el servicio. Les preocupa cómo conocer cuál es el plan de formación de su empresa. Qué derechos tienen los trabajadores y trabajadoras y sus representantes sindicales para diseñar y aplicar un Plan de Formación. Cómo se aplica la formación dual y las prácticas en las empresas. Cómo ser gestionan el crédito de formación y las bonificaciones empresariales, los permisos de formación.

En muchas ocasiones no es necesario ni formular una consulta porque hay 14 documentos disponibles sobre cada uno de estos temas que pueden descargarse y que, de forma sencilla, permiten conocer y solucionar las dudas y problemas. La mayoría de las consultas proceden de Madrid, Andalucía, Valencia, Canarias, Castilla-La Mancha, Euskadi y castilla León.

Son muchos y muchas los delegados y delegadas, afiliados y afiliadas, miembros de Comités de Empresa, pero también personas no afiliadas a CCOO, que tiene dudas o problemas y buscan asesoramiento.

En cuanto a los sectores productivos las entradas y  consultas de los sectores industriales, servicios, sanidad, son los que más demandan ayuda de la Asesoría.

La mayoría de los usuarios pregunta sobre los Permisos Individuales de Formación a los que tiene derecho, seguidos de los derechos de la representación legal de los trabajadores, el diseño y análisis de planes de formación, la gestión de los créditos de formación,o la formación dual. 

Hemos acompañado un cuestionario de evaluación, que nos permite saber que la mayoría de los usuarios conocieron el servicio a través de una web, aunque las redes sociales como Twitter y Facebook, han permitido conocer la existencia de la Asesoría, aunque en la propia empresa, o en el sindicato ha funcionado también la información sobre el servicio de Asesoría de Formación en tu Empresa.

s del 80% valora positivamente la calidad y utilidad de la información recibida y de los documentos que están disponibles para consultar, mientras que tan sólo el 7% valora negativamente la organización de la página.

Por último, la inmensa mayoría recomienda este servicio a otras personas y cree que debemos, desde CCOO, mantener el servicio.

La formación es un derecho constitucional que debe asegurarse a lo largo de toda la vida. El futuro de cualquier país depende, en buena medida, de la formación y cualificación de las personas, de sus trabajadores y trabajadoras. Invertir en medios de producción es algo que rinde sus frutos en pocos años. Invertir en formación exige, sin embargos tiempo, constancia y voluntad sostenida.

Por eso es importante que las personas puedan ejercer su derecho, aclarar sus dudas, solucionar sus problemas, de forma ágil y eficaz. Esa es la misión de este servicio de Asesoría de Formación en tu Empresa, por el que vamos a seguir apostando desde CCOO.

Francisco Javier López Martín

 

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