Logo de CCOO

Menu:

calendario

« Julio 2017 »
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
          1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30
31            

Recientemente...

Buscador

Accesos directos

Categorias

Links

Sindicacin

RSS 0.90
RSS 1.0
RSS 2.0
Atom 0.3

Somos orgullo de clase

jlopez.ccoo.es | 15 Septiembre, 2016 09:47

Las CCOO de Madrid me han invitado a la clausura de su Escuela Sindical 2016 cuyo eje conductor es El Trabajo en el Centro del Debate. Una Escuela en la que los asistentes han tenido la oportunidad de debatir las prioridades de CCOO para el curso  político que se abre con nuestro Secretario General, Ignacio Fernández Toxo y afrontar temas importantes, como el papel del sindicato en las instituciones, la garantía de rentas en la salida de la crisis, el trabajo como fuente de derechos y, al final de  la cual, la organización madrileña de las CCOO ha rendido homenaje a los compañeros y compañeras que hace ya 50 años crearon la primera Inter-ramas de las CCOO en Madrid.

Me parecía importante destacar, ante los asistentes a la clausura, que las Comisiones Obreras nos encontramos inmersas en dos procesos internos que desembocarán en la celebración del Congreso Confederal de finales de junio de 2017. El primero de esos procesos nos invita a Repensar el Sindicato, reflexionar sobre las CCOO que queremos ser, partiendo de nuestras virtudes y nuestras debilidades.

El segundo proceso tiene que ver con la reivindicación de unas CCOO que hicimos, hacemos y haremos historia. Nada distinto, para una organización, de lo que nos preguntamos cada uno de nosotros y nosotras en cada momento de nuestra vida: ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos?

Preguntas a las que tenemos que respondernos en un mundo que se transforma a pasos agigantados y en el que las palabras ven amenazado su valor. Siempre que esto ha ocurrido en la historia ha habido quienes exigen acabar con la palabrería inútil a base de más cuentas y menos cuentos. Más resultados y menos prédicas. El problema de este planteamiento es que el populismo de las cuentas termina resultando tan peligroso como el que generan los cuentos.

En primer lugar porque las cuentas son maquillables y manipulables, en función del relato histórico predominante en cada momento. Un fracaso en las cuentas puede ser presentado como un triunfo. Lo vemos cada día en los medios de comunicación. La lógica de las cuentas ha producido situaciones como la descrita por el Presidente del Consejo Económico y Social, Marcos Peña, en su intervención en la Escuela, quien pone de relieve el hecho de que los movimientos financieros en el planeta multipliquen por nueve la riqueza de todos los países del mundo juntos. La riqueza generada “ficticiamente” es nueve veces superior que el PIB, la riqueza real, de todo el planeta.

Ese populismo de las cuentas, de los resultados, de los beneficios, nos ha traído una brutal crisis financiera, acompañada de una burbuja inmobiliaria incontrolable, que ha derivado en crisis económica, de empleo, social y política. La tormenta perfecta, la disculpa inevitable para que los poderosos de la tierra asesten el golpe definitivo que vienen preparando desde hace cuatro décadas, a los modelos de Estado del Bienestar surgidos tras la Segunda Guerra Mundial, especialmente en lugares como Europa.

La acción persistente y planificada de los Señores del  Dinero, los think tank que han financiado en Universidades, Fundaciones, clubs, organismos internacionales... junto a las  tareas de difusión y propaganda realizadas por numerosos medios de comunicación, que de ellos dependen, han creado tendencias que alientan, entre otras muchas cosas, a la privatización de servicios públicos esenciales, como la sanidad, educación, servicios sociales, que sustentan derechos fundamentales de la ciudadanía.

Han ido imponiendo relatos en los que lo público es caro, funciona mal, es ineficaz, ineficiente, no es de calidad. Hay que entregar la gestión de lo público al sector privado. La ofensiva topaba con un obstáculo insalvable que había que remover: acabar con el sindicalismo de clase. Tras casi 40 años la ofensiva ha alcanzado muchos de sus objetivos. Numerosos servicios públicos han sido entregados a gestión privada.

Los resultados son perceptibles: El empleo se ha precarizado en los sectores públicos y privados. Los servicios han perdido calidad y capacidad de cubrir las necesidades sociales. La corrupción en las concesiones se ha generalizado poniendo en solfa mantras como el de la "libre concurrencia". Las puertas giratorias se han multiplicado de forma escandalosa, de forma que muchos políticos pasan directamente a la gestión empresarial en sectores de los que han sido responsables y responsables empresariales pasan a la gestión de las políticas que afectan a empresas y sectores de los que provienen.

Al final la prestación de los servicios resulta más cara, porque hasta los beneficios empresariales quedan asegurados frente a pérdidas, introduciendo cláusulas de compensación de pérdidas. La privatización ha alimentado un consorcio de intereses político-económicos que se comporta como las meigas. No existen, pero haberlas haylas.

Esta evidencia encuentra algunos problemas para ser reconocida. La primera de ellas es que el tiempo juega a la contra. Durante casi 40 años la campaña privatizadora ha sido muy intensa y ha creado una poderosa tendencia que conduce a ser aceptada sin crítica alguna. En segundo lugar, la historia y el relato lo imponen los vencedores y, según ellos vivimos en el mejor de los mundos posibles. Vivimos en el país de las maravillas.

Ya se lo explicaba, en el cuento, el huevo Humpty Dumpty a Alicia, en aquel momento en que, enfrascados en el debate, la niña plantea que la cuestión es cómo una palabra puede significar dos cosas distintas al mismo tiempo. Entonces Humpty zanja la cuestión: No, Alicia, la cuestión es saber quién es el que manda. Eso es todo.

Ayer y hoy, la cuestión sigue siendo qué poder tienen los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones sindicales, sociales y políticas, para que las cosas sean vistas como las vemos desde abajo. Porque ese poder es el que permite construir identidad y escribir la historia de y desde la clase trabajadora. De ahí la importancia de actos como el que han celebrado las CCOO de Madrid para reivindicar nuestra historia, defenderla, construir nuestro propio relato. Sentir orgullo de lo que fuimos y de lo que somos. Afrontar nuestro futuro. A fin de cuentas, nuestra historia no son cuentos. Es nuestra vida contada por nosotros mismos.

CCOO es eficacia y eficiencia al servicio de la calidad de vida y trabajo de las personas trabajadoras. Pero el poder sindical necesita algo más. Necesita memoria de quienes fuimos. Capacidad de repensarnos, reivindicarnos, mejorar. Necesita sensatez en las propuestas, firmeza en las negociaciones, fuerza en las movilizaciones. Orgullo de clase.

A lo largo del acto Rosa León interpretó Volver a los 17, de Violeta Parra y Al Alba, de Luis Eduardo Aute. Juan Margallo nos dirigió unas palabras sobre los orígenes de CCOO y sus relaciones con la cultura. Juan Diego y Luis García Montero enviaron saludos.

Rosa sigue siendo nuestro Alba. Juan Diego, o Juan Margallo, siguen representándonos en los escenarios. Luis es nuestra poesía. Nuestro camino es el mismo que comenzaron hace ya 50 años los compañeros y compañeras de la primera Inter.

Todas ellas y todos ellos nos llenan de orgullo. Con todos ellos, con todas ellas, tiene sentido seguir gritando ¡Vivan las Comisiones Obreras!

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (0). Retroenlaces:(0). Enlace

El ejército de los escuderos privatizadores

jlopez.ccoo.es | 29 Agosto, 2016 13:33

Hace unos días comenté una noticia en esa red social que permite sólo 140 caracteres, introduciendo una reflexión sobre la utilización de los recursos públicos como fuente de negocio privado, por parte de algunos avispados “emprendedores”. En concreto en el campo de los servicios sociales y, más específicamente, en la atención a nuestros mayores.

La respuesta de uno de los escuderos mayores en el castillo de la mediocracia no se hizo esperar, acusándome poco menos que de estalinismo y blandiendo los beneficios de la gestión privada. No faltaron escuderos menores y aspirantes a escuderos, en el intenso debate que se suscitó a continuación. Y cuando hablo de escuderos, aplico la definición que Owen Jones realiza de estos curiosos personajes en su libro El Establishment: La casta al desnudo.

Tampoco faltaron, en el trasiego, quienes, en defensa de lo público, argumentaron que, lejos de atacar la libertad y acercarnos a la extinta Unión Soviética, defender lo público nos acerca a un modelo europeo, que ha asegurado, durante décadas, la calidad de vida y los derechos sociales de quienes más necesitan de la protección y la solidaridad de la sociedad y el Estado. Desde luego, quienes no aparecieron por ninguna parte son los auténticos protagonistas políticos y empresariales del desaguisado.

Es obvio que un debate a base de 140 caracteres se deja mucho por el camino y produce pocas conclusiones y un imposible consenso. Pero creo que este debate merece algunas reflexiones a vuelapluma, al menos. La primera de ellas, sin ánimo de exhaustividad, es comprobar la cantidad de personas, no pocos de ellos jóvenes que dirigirán en breve nuestra sociedad, que han caído en las garras de quienes confunden interesadamente libertad con ultraliberalismo. Dicho de otra manera, para ellos la libertad consiste en poder montar empresas y negocios, mientras que privar de libertad a nuestros mayores no es más que una circunstancia de los tiempos modernos. Algo así como un mal colateral sobrevenido e inevitable.

La segunda reflexión que me viene a la cabeza es hasta qué punto los señores que manejan el cotarro y sus fieles escuderos, han conseguido, introducir la falsa idea de que lo privado gestiona mucho mejor que lo público cualquier cosa que se le ponga por delante. Han sido largos años, ya décadas, de atacar la gestión pública de la sanidad, la educación, los servicios sociales, que han terminado calando. Como bien dice mi amigo Manuel, han creado tendencia y, a partir de ahí, todo es fácil, porque ya es el río el que nos lleva.

Han sido años atacando cada uno de los baluartes que podían actuar como defensa de las familias trabajadoras. Entre ellos los sindicatos y los partidos de la izquierda. La clase trabajadora ha sido, efectivamente, demonizada y sus organizaciones acosadas hasta conseguir su claudicación, situarlas a la defensiva. La aspiración máxima del consorcio político-empresarial consistiría en reconducirlas hacia el colaboracionismo, hacia la aceptación, sin rechistar, de un sistema y un modelo que deja a demasiada gente en las cunetas del camino.

Hoy, una persona trabajadora es poco más que un factor necesario, pero molesto, a tomar en cuenta como coste minimizable a la hora de establecer los beneficios empresariales. La clase trabajadora no necesita estabilidad, salario decente, ni formación, o protección contra la siniestralidad laboral. No hay por qué asegurar a estas gentes trabajadoras un horizonte de empleo y vida digna. Hoy hay que ser “emprendedor”, lo cual consiste en aceptar la extra y autoexplotación por parte de los grandes, sin salario seguro, sin condiciones dignas de trabajo, sin futuro en las pensiones, sin protección por desempleo, sin derechos laborales, ni sociales.

Los escuderos y sus señores han conseguido hincar el diente mucho más allá de la gestión de la iniciativa privada. Han conseguido adentrarse profundamente en la gestión de los recursos públicos, lo que es de todos, los dineros que la ciudadanía deposita en manos del Estado (ya sea Estado Central, Autonómico, o Local), a través de los impuestos y cotizaciones sociales, fundamentalmente.

Atacaron la Sanidad Pública, cuando ya controlaban el importante gasto farmacéutico y abrieron las puertas a las más diversas fórmulas de participación privada en la gestión sanitaria hospitalaria (Fundaciones, empresas mixtas, conciertos, contratos, convenios…). Grupos financieros, sanitarios y empresariales corrieron a aprovecharse en comandita del botín.

No pocos políticos acabaron utilizando las puertas giratorias para encontrar asiento bien remunerado en dichos proyectos, en justo y presunto agradecimiento por los favores prestados. En premio por su incansable labor en el fomento de la “colaboración público-privada”. Algunos exconsejeros de Sanidad de la Comunidad de Madrid son claro ejemplo de este tipo de patrióticos personajes y gozan de buena salud y grandes ingresos.

Atacaron la enseñanza pública y abrieron las puertas a la concesión de conciertos educativos, entregando terrenos y facilitando fórmulas de financiación. Los casos Gürtel, o Púnica, ponen bien de relieve las comisiones pagadas por algunas de estas concesiones y los maletines y dineros que han viajado al extranjero. Algunos de los responsables políticos de estos tejemanejes están en la cárcel, pero quienes los financiaron permanecen impunes en la mayoría de los casos. Parece difícil combatir a los corruptos cuando no se persigue con la misma saña a los que financian la corrupción.

El caso de los Servicios Sociales y la Atención a la Dependencia es no menos llamativo. Con el agravante de que la base pública, de entrada, era muy escasa. Desde la beneficencia, generalmente en manos de la Iglesia, tuvimos que pasar a los derechos reconocidos de las personas mayores, las personas con alguna discapacidad, o quienes carecen de recursos. Pasar del Auxilio Social de la dictadura a una red pública de servicios sociales en democracia, hubiera exigido una apuesta, política y económica, que en pocos casos se produjo.

Tras la construcción de algunas residencias públicas, se pasó a construirlas con presupuesto público y entregarlas a gestión privada y poco después a concertar directamente con la iniciativa privada, tras facilitar la cesión de suelos, el acceso a financiación. Negocio redondo.

En cuanto a nuevos derechos como la ayuda a domicilio, o la teleasistencia, prácticamente se desarrollaron desde su nacimiento bajo fórmulas de gestión privada. No pocos de los gestores de esas empresas provienen, de nuevo, de la utilización de las puertas giratorias que permiten, sin solución de continuidad, pasar del despacho donde se conceden las ayudas a la gestión privada de esas ayudas.

No seré yo quien diga que toda iniciativa privada es puro negocio. Hay iniciativa social que merece ser apoyada con recursos públicos. De otra parte, prescindir del sector privado en la prestación de todos los servicios públicos tampoco parece una opción viable sin crear un bloqueo en muchos de esos servicios.

Ahora bien, reconocer esto no significa que debamos aceptar como animal de compañía el consorcio de intereses empresariales, políticos y personales que se ha instaurado en la gestión de los servicios públicos esenciales. Esta situación, unida a los recortes injustificables en la prestación directa de servicios públicos, ha producido una caída de la calidad de los servicios y un deterioro de las condiciones de trabajo, aún más evidente en el caso de los servicios públicos entregados a gestión privada (contratos precarios, salarios bajos, condiciones de trabajo de pura y dura explotación laboral).

Por eso hay que establecer criterios claros. El titular de un servicio público, es siempre la Administración responsable de asegurar el ejercicio del derecho. Significa que el sector privado debe actuar siempre como colaborador subsidiario. En segundo lugar, las Administraciones deben promover la gestión directa de servicios esenciales y, entre ellos, especialmente, la Sanidad, la Educación, los Servicios Sociales.

Deben crearse instrumentos de evaluación de la calidad de los servicios públicos y hay que establecer fórmulas de participación social en el control, seguimiento y evaluación de dicha calidad de los servicios públicos. Una de las características de la operación de deterioro y privatización ha consistido, precisamente en devaluar o suprimir los instrumentos de participación social para terminar concediendo las ayudas sin testigos.

Hay que acabar con las irregularidades, las corruptelas, el pasilleo, la información privilegiada, los pagos de comisiones, la prevaricación, el trato de favor, el tráfico de influencias y las puertas giratorias. Y eso sólo se consigue con control social de los pliegos de condiciones, con participación social en la gestión y evaluación de la calidad de los servicios.

Sólo se consigue si el empleo y las condiciones de trabajo en el sector privado son equiparables con las del sector público. Y, sobre todo, se consigue, si desde la sociedad organizada y vertebrada, desde la izquierda, desde los sectores sensatos de la política, desde las organizaciones democráticas, desde los sindicatos, nos aplicamos, sin prisa, pero sin pausa, en esa labor educativa y ética imprescindible de desmontar la confluencia de intereses políticos y empresariales que han convertido la gestión de los público en fuente de negocio, jugando con las necesidades y los derechos esenciales de la ciudadanía.

Esa es la nueva tendencia que tenemos la obligación de construir, si queremos que la libertad, la igualdad, la justicia y los derechos laborales y sociales, sigan siendo valores y principios rectores de nuestra convivencia. O eso, o el triunfo de la jungla de los Señores del Dinero y sus escuderos mediáticos y políticos.

Francisco Javier López Martín.

 

Categora: Cultura . Comentario: (367). Retroenlaces:(0). Enlace

20 puntos, 20 son… Y si no Chirrín, Chirrán

jlopez.ccoo.es | 08 Junio, 2016 09:34

Vamos directos a unas nuevas elecciones generales. No tengo ni idea de qué va a pasar en ellas. Puede que se repitan los mismos resultados, con leves variaciones y los partidos se vean en la misma tesitura que hace seis meses, o puede que no. Vaya usted a saber. No conviene hacerse demasiadas ilusiones en uno u otro sentido, porque el voto es caprichoso y se decide en función de tendencias inescrutables que se van generando, diseñando, calando, o no calando, en cientos de miles de personas. Hay quienes dicen que no van a votar, pero luego votan y quienes dicen y hacen lo contrario.

Lo único cierto y verdadero es que quienes tengan que gobernar este país, a partir del 26 de junio, se van a encontrar un país electoralmente exprimido, pero social y políticamente muy activo. Un país dispuesto a perseguir hasta las madrigueras los rastros de la corrupción. Un país y unos paisanos que comienzan a entender que la salida de la crisis sólo es realidad para unos pocos, porque estos mismos pocos  han diseñado un futuro de precariedad, temporalidad, bajos salarios, escasos derechos y ningún horizonte de futuro hacia el que dirigir nuestros esfuerzos de supervivencia.

Y no estamos dispuestos a acostumbrarnos a esa realidad, por mucho que la alabe el Presidente de la CEOE, el Gobernador del Banco de España, o cualquiera de aquellos que blindan férreamente sus salarios, sus beneficios y sus pensiones, ante cualquier eventualidad futura. Personajes de éxito que burlan la ley hasta que el escándalo es insoportable, e insostenible. Y aun así es casi seguro que no irán a la cárcel, porque en un país con una justicia diseñada para robagallinas, sólo va a la cárcel ese joven que se gastó 79 euros con una tarjeta falsa.

Hay cosas que queremos que cambien y vamos a empujar para que cambien, sea cual sea el signo (izquierda-derecha, arriba-abajo, acá-allá, colorao-descolorío) del partido, o partidos, que se encuentre (o encuentren) en condiciones de formar gobierno a partir del 26 de junio.

Hay 20 puntos que los sindicatos hemos presentado a los partidos políticos, ante esta nueva campaña electoral. Parafraseando a Carlos Puebla, en su famosa canción… 20 puntos, 20 son/ ni uno menos ni uno más/ Si quieren me los aceptan/ y si no chirrín, chirrán. Ese chirrín-chirrán, por cierto, no se lo tomen a guasa. Allá en Cuba viene a significar que hasta aquí hemos llegado. Que lo nuestro se acabó. Tomen ustedes nota, así pues, de las 20 actuaciones que no admiten demora, dilación, ni escamoteo, a partir del día en que votemos de nuevo.

Esos 20 puntos empiezan por el empleo. Este país necesita un Plan de Choque para crear empleo. A continuación la derogación de las reformas laborales impuestas y no negociadas, porque nos dejan a los pies de los caballos del empresariado. En tercer lugar, basta ya de austeridad para los más y derroche y corrupción para unos pocos. Queremos un Salario Mínimo decente que evite que cada vez haya más trabajadores con empleo y en la pobreza. Y una política fiscal justa, porque aquí sólo pagamos nosotros, los que trabajamos, mientras quienes más tienen dejan limosnas en la Hacienda Pública, a base de deducciones, desgravaciones, bonificaciones y maquinaciones fiscales a las que llaman ingeniería o viaje al paraíso.

En séptimo lugar queremos que haya unos mínimos, un suelo, de gasto social reconocido en la Constitución. Queremos recuperar, consolidar y fortalecer el gasto social, porque ese gasto en servicios sociales, en sanidad, en educación, en pensiones, en rentas mínimas, es lo que construye ciudadanía unida, en torno a un proyecto común. No se puede, decimos en noveno lugar, jugar con las pensiones, hay que recuperar el Pacto de Toledo, que el gobierno del PP ha inutilizado.

Y tras el desastre de la ley Wert, hay que derogar la LOMCE y abrir un diálogo sereno y no partidista sobre la educación. Queremos igualdad entre mujeres y hombres. Y no jugarnos la vida y la salud en el puesto de trabajo. Que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales deje de ser papel mojado en muchos lugares.

Para quienes no tienen nada, queremos una Renta Mínima. Y queremos políticas reales de lucha contra la pobreza, la vieja pobreza y las nuevas formas de pobreza. Para ello es necesario reforzar los servicios sociales y que actúen de manera integral. Un buen ejemplo es la necesidad de acabar con el abandono, retraso, infradotación, al que se ha sometido a la ley de Dependencia. Las personas mayores y con alguna discapacidad lo necesitan ya.

Este país necesita invertir en su sistema productivo, en su industria, en la calidad de sus servicios. Y este país necesita defender la calidad de su democracia, acabando con leyes mordaza y artículos como el 315.3 del código penal que conducen a la cárcel a los huelguistas.

Necesitamos un gobierno que diga basta a la indecencia de las políticas de una Europa que no respeta los derechos humanos y los derechos sociales. Dramas como el de los refugiados no pueden formar parte de la memoria de Europa que dejemos a nuestros hijos e hijas. Como necesitamos un gobierno que nos defienda de los excesos que anuncian los tratados de libre comercio, que se negocian de espaldas a la gente y que sitúan las vidas y los derechos por debajo de los intereses de las grandes corporaciones. Y con esto acaban los 20 puntos a los que no vamos a renunciar, sea cual sea el gobierno. Vuelvo a parafrasear a Carlos Puebla… No somos intransigentes/ ni nos negamos a hablar/ pero aceptan nuestros puntos/ o no hay nada que tratar. Ya saben, que sea cual sea el nombre del partido, o partidos, agraciados con la lotería electoral… 20 puntos, 20 son, ni uno menos, ni uno más. Si quieren me los aceptan. Y si no chirrín, chirrán.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (103). Retroenlaces:(0). Enlace

Desastres de la Educación Española en 2016

jlopez.ccoo.es | 06 Mayo, 2016 09:51

Es cansino, pero muy eficaz, ese machacón bombardeo que sitúa a la formación y la educación como instrumentos al servicio de la economía. Alentar insistentemente este enfoque sesgado pretende hacernos olvidar, más temprano que tarde, que la educación y la formación son derechos constitucionales y que la “competitividad” de las empresas no puede prevalecer sobre las necesidades individuales y sociales.

Para alimentar aún más estas tendencias intencionadas se promueven estudios y encuestas que concluyen sistemáticamente que existen serios desajustes entre las aptitudes que demandan las empresas y la falta de personas la formación necesaria.  Se airean datos como que hay 59.000 vacantes de puestos de trabajo sin cubrir a finales de 2015, por falta de cualificación.

Pero claro, estos creadores de tendencia obvian dos circunstancias que no hay que olvidar: contamos con la generación de jóvenes en paro más cualificada de la historia y con 4.800.000 personas paradas en estas mismas fechas. Así visto, el planteamiento de la falta de personas cualificadas suena hasta ridículo.

Vivimos en un país poco valorado internacionalmente desde el punto de vista educativo.  Los niveles de fracaso y abandono escolar son demasiado altos. De otra parte, el famoso informe de pago, el llamado informe PISA, nos sitúa también bastante mal. La respuesta del PP, inducida por la soberbia de ministro Wert, ha consistido en atacar con brutalidad el eje vertebrador de la educación española, la escuela pública.

Si la LOMCE ha destrozado el consenso educativo, el Ministerio de Educación ha ido reduciendo la inversión en programas que compensan desigualdades, hasta un 24% entre 2009 y 2015. El número de docentes ha caído en 30.000 personas menos, mientras el alumnado crecía un 17%. Sin embargo los centros concertados han observado la tendencia contraria.  Más inversiones pese a que el alumnado en los mismos sólo ha crecido un 5%.

Las alumnas y alumnos son segregados, clasificados, dirigidos durante la educación infantil y la enseñanza obligatoria. Al final la desigualdad se consagra dirigiendo a las alumnas y alumnos con mayores dificultades hacia una artificialmente devaluada Formación Profesional. Ese procedimiento perverso consigue mantener la mala imagen de la formación profesional que es, sin embargo, prioritaria y preferente como opción en muchos países de Europa.

El gobierno del PP ha propiciado la caída de efectivos en el profesorado, el aumento del mínimo de alumnas y alumnos por profesor, o profesora, la elevada rotación de las plantillas. La única preocupación de la reforma de Wert y la aprobación sin acuerdos de su LOMCE, consiste en actuar sobre la formación del profesorado para que cumplan los objetivos de la nueva ley y mejorar así nuestra posición en el informe PISA, un informe devaluado y sesgado, que se elabora en función de los interesas económicos de la OCDE.

Se desprecian así, criterios y orientación de otros organismos mundiales, como la UNESCO, que prestan atención no solo a los contenidos, sino a la capacidad de las nuevas generaciones, para vivir en sociedades  complejas, lo cual exige un profesorado preparado para el diálogo y el consenso. Para preparar a las nuevas generaciones para analizar, diseccionar, juzgar y actuar sobre la realidad, desde diferentes puntos de vista.

Es verdad que mejorar la cualificación general es importante. Pero prestando atención, especialmente, a las personas desempleadas. Sólo se ha ejecutado el 60% del presupuesto para formación de personas desempleadas, mientras que sólo el 5% de ellas han recibido formación.

Una posible línea de actuación podría pasar por el impulso a la formación dual tanto desde el Ministerio de Educación, como el de Empleo. Sin embargo, más allá de las declaraciones rimbombantes, no existen evaluaciones de calidad, cantidad, e impacto de ese tipo de formación en nuestro país.

Además de que la implantación de programas autodenominados de “formación dual” en la educación y a través de los contratos de formación, deja mucho que desear y tiene muy poco que ver con el modelo alemán, o de otros países europeos. Hay recursos, se aplican bonificaciones y ayudas a las empresas, crecen los contratos de formación, pero la realidad es muy poca formación y muy baja y mala contratación.

Por último, en lugar de implicar a las universidades en estos retos de cualificación y empleo, se las embarca en la expansión de la oferta formativa descontrolada de másteres, cursos, títulos propios, de cuestionable calidad en algunos casos.

En lugar de racionalizar y coordinar cada vez mejor la Universidad con la sociedad y la realidad de las empresas, se alienta la constitución de nuevas universidades privadas y la desregulación de la duración del primer ciclo, situándolo en 3ó 4 años, en lugar de buscar una mayor racionalización de la formación universitaria.

El panorama en la educación no es, ni mucho menos, prometedor. Y, sin embargo, cada vez aparece como más necesario un pacto de Estado, en esta materia, de la inmensa mayoría de los partidos políticos y del conjunto de la sociedad, que sustituya la imposición de las políticas por la capacidad de diálogo y negociación.

El horizonte de un nuevo gobierno que surja del aparentemente inevitable “ponte bien y estate quieto” de una nueva foto electoral, parece aún lejano, e incierto y, en el mientras tanto, las inercias de los recortes (también educativos), por más en funciones que las consideremos, siguen triunfando. Sembrando problemas y recogiendo malestares y contestación. Impidiendo acuerdos y soluciones negociados. Pero decididamente, en este país, cuando se trata de ir a la batalla, el fervor es imbatible. Otra cosa es cómo volvemos de la misma. Otra cosa es contabilizar los desastres de la guerra. Pero eso ya, que lo haga un tal Francisco de Goya, que se le da bien dibujar.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (42). Retroenlaces:(0). Enlace

Tras 130 años.....al 1 de Mayo

jlopez.ccoo.es | 27 Abril, 2016 10:21

Conmemoramos, este año, el 130 aniversario de aquel Primero de Mayo de 1886, en el que los trabajadores y trabajadoras de Chicago padecieron la brutal represión de una huelga y de las manifestaciones en las que reivindicaban la jornada laboral de ocho horas, que constituía la base de unas condiciones dignas de trabajo. Manifestaciones en las que murieron y fueron heridas muchas personas y que culminaron en la revuelta de Haymarket Square.

Es un buen momento para recordar, como cada año, los nombres de aquellos tres periodistas, Albert Parsons, August Spies y Adolf Fischer. El de aquel carpintero, Louis Lingg. Y de aquel tipógrafo, George Engel, que fueron condenados a muerte y ejecutados de forma inmediata, por participar, alentar, encabezar aquella huelga y aquellas manifestaciones. Mientras Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michel Schwab, eran condenados a cadenas perpetuas o numerosos años de cárcel.

El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas, clamaba el Philadelphia Telegram, antes de la huelga.

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas! clamaban los tertulianos de turno desde las columnas de los periódicos, tras los sucesos de Haymarket del 4 de mayo.

Es buen momento para recordar que aquellas reivindicaciones que aspiraban a una vida digna y un trabajo decente, han tenido un largo recorrido cargado de persecuciones, cárcel, dolor, tortura y muerte, bajo acusaciones parecidas, a cargo de los poderosos, los ricos y su ejército de pícaros plañideros, holgazanes y perceptores de incontables mamandurrias.

Es buen momento para recordar que, pese a los años transcurridos, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo básicamente las mismas, aunque se han perfeccionado de tal manera que, al igual que en aquellos lejanos días, son presentadas y asumidas como inevitables y hasta necesarias.

Una de las consecuencias de esta explotación vigente es que el Primero de Mayo es explicado como una conmemoración obsoleta, anacrónica y caduca, a la que se aferran, tan sólo, aquellos que se niegan a adaptarse a unos supuestos nuevos tiempos, en los que la clase trabajadora ha desaparecido de la escena de la historia. Tesis, por cierto, en la que coinciden todos los tirios y hasta algunos troyanos de nuevo cuño.

Y, sin embargo, la clase trabajadora sigue existiendo, porque la explotación del hombre por el hombre no ha desaparecido. Es más, esa explotación se ha despojado de la careta y se nos muestra en su más cruda realidad. Sólo hay que escapar del bombardeo constante de imágenes publicitarias, que nos alientan a un consumo infinito e insaciable, para reparar en las enormes grietas y las horribles cicatrices que esa explotación produce en nuestra vida cotidiana.

La corrupción que se adueña de la economía y devora la política. El inmenso poder de corporaciones como Coca-Cola, capaces de burlar la justicia, incumplir sentencias, despreciar a las personas que trabajan en sus factorías, robar el agua a pueblos enteros, mientras, al mismo tiempo, dona ingentes cantidades de latas con sus productos a los bancos de alimentos y financia instituciones sanitarias predispuestas a cantar las bondades de sus productos.

La persecución a la que el Estado somete en España a centenares de sindicalistas que han tenido el atrevimiento de participar en huelgas contra los recortes brutales de los derechos laborales y sociales. Los 8 de Airbús han salido relativamente bien parados, no sin antes sufrir años de sufrimiento y amenaza. Han visto reconocida su inocencia, pero la propia sentencia establece la  plena vigencia del artículo 315.3 del Código Penal, que sigue siendo la base sobre la cual los fiscales sustentan las peticiones de cárcel para los sindicalistas, en otros centenares de juicios abiertos, de incierto resultado.

El deterioro del Estado Social y Democrático de Derecho, reconocido en nuestra Constitución, recortado y a punto de ser jubilado, atado de pies y manos en su imprescindible tarea de asegurar la calidad de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales, de la atención a la dependencia, del derecho a una vivienda digna, del derecho a un trabajo decente y un salario digno.

Cada vez que un paciente se ve relegado a una larga lista de espera. Cada vez que desaparece una maestra o un maestro de una escuela pública, a causa de los recortes. Cada vez que una mujer anciana se ve imposibilitada para mantener un nivel digno de autonomía personal, porque ve recortada su ayuda a domicilio, o su grado de dependencia. Cada vez que quien no tiene recursos, ni puede acceder a un empleo, pierde su vivienda, sin que nadie le asegure eso que eufemísticamente se ha dado en denominar una “solución habitacional”.

Cada vez que una persona que necesita un empleo, no lo encuentra, o recibe una oferta que no cubre sus más mínimas necesidades básicas. Cada vez que un joven tiene que buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, porque aquí es imposible labrarse un futuro. Cada vez que quien no tiene trabajo, ni salario, ve negado el acceso a unas rentas mínimas que aseguren su suficiencia económica, para atender sus necesidades familiares.

Cada vez que alguien muere en el trabajo, o a causa de enfermedades contraídas en el desempeño de unas tareas que no cuentan con las medidas de prevención adecuadas. Cada vez que alguien necesita una ayuda social y se topa con un muro infranqueable, legal pero injusto. Cada vez que quien huye de una guerra y se ve privado del derecho humano a encontrar refugio seguro, o que vuelve a morir una mujer a manos de su pareja.

Cada vez que estas cosas ocurren (y lo hacen con frecuencia pasmosa y pertinaz), el Primero de Mayo vuelve para recordarnos que sólo la voluntad de ser y existir puede sacarnos de este atolladero. Que otra vida mejor es posible. Que estas maldiciones no son condenas ineludibles. Que sólo nuestro miedo, nuestra falta de unidad, permiten la pervivencia de la explotación. Y que el trabajo sindical, la organización de la solidaridad, son una de las mejores herramientas con las que contamos para poner fin y coto a tanto desmán.

Hace años escribí un libro titulado El Madrid del Primero de Mayo. En él me detenía en los lugares, los edificios, que jalonan el recorrido tradicional de las manifestaciones del Primero de Mayo en la capital. No era, obviamente, un mero libro de arquitectura, ni una guía turística más (al estilo del Madrid de los Austrias, los Borbones, o de Galdós), sino una reflexión sobre el esfuerzo de millones de personas, a lo largo de la historia, para construir lugares para la convivencia.

Lugares, espacios para la convivencia, que sólo podrán ser disfrutados plenamente cuando la libertad, la justicia, los derechos, sean el patrimonio común que a todas y todos nos pertenecen, nos albergan, nos protegen. Mientras tanto, mientras ese día llega, tras 130 años, tendremos que seguir saliendo a las calles de todo el mundo, cada Primero de Mayo, porque siendo los más, seguimos luchando por ser mejores.

Francisco Javier López Martín.

 

Categora: Cultura . Comentario: (1). Retroenlaces:(0). Enlace

Sobrecualificación y subempleo en Europa

jlopez.ccoo.es | 22 Febrero, 2016 09:26

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro”, comienza el poema de los Nadies de Eduardo Galeano. Y sueñan algunos empresarios con contratar a trabajadoras y trabajadoras, buenos, bonitos, baratos, temporales y precarios. La crisis económica se lo ha puesto fácil, al provocar altos niveles de desempleo.

Y pese a esta situación dramática del empleo, en Europa, uno de cada tres empresarios dice tener dificultades para encontrar trabajadores y el 40 por ciento manifiesta que no encuentran personas con la cualificación que necesitan.

Curiosamente, muchos de estos empresarios consideran que hasta los recién licenciados en las universidades tienen escasa preparación.  Esta visión puede conducir a justificar una enseñanza, en todos sus niveles, sometida a los intereses de las empresas y que descuide el derecho de la persona a elegir su educación. Lo primero es una necesidad de la economía, lo segundo un derecho de la persona, de toda persona. Ambas cosas deberían convivir, sin sometimiento absoluto a los desafíos de la economía,

La verdad es que la preparación de nuestros jóvenes no explica la existencia de altas tasas de paro, ni los problemas para encontrar personas cualificadas para determinados empleos. En Europa, un 21% de los trabajadores y trabajadoras tienen un bajo nivel de estudios, mientras que los puestos de trabajo para estas personas se encuentran en el 12%. Aquí ya hay un desajuste importante. 

Por el contrario, mientras que el 56% de los empleos disponibles exigen un nivel medio de cualificación, el porcentaje de trabajadoras y trabajadores con niveles medios de cualificación es 10 puntos inferior, es decir el 46%.

Por último, el nivel de personas con alto nivel de estudios se encuentra en el 33%, cuando el 32% de los puestos de trabajo requieren ese nivel. Esta situación explica, en parte, que un 29% de los trabajadores altamente cualificados terminen realizando trabajos que requieren titulaciones de nivel medio, o bajo, generando un debate sobre la sobrecualificación.

Si se tratase de una situación coyuntural, estaríamos ante un problema acotado en el tiempo; pero la realidad es que, con una crisis prolongada, el desajuste de las competencias con los puestos de trabajo puede ser causante de problemas sociales y económicos. Entre otras cosas, porque una persona sobrecualificada, nunca se sentirá satisfecha con su sueldo y su puesto de trabajo. Tampoco con la precariedad creada por la crisis, por más que eso sea un problema generalizado. Además, si no se consigue corregir, la sobrecualificación puede convertirse en una trampa que atrapa a la persona en puestos de trabajo que no aprovechan sus capacidades.

En cualquier caso, a estas alturas, parece claro que la falta de cualificación no explica los altos niveles de paro. Simplemente, con los mismos niveles de cualificación, hoy los puestos de trabajo a cubrir son un 25% inferiores a los de 2008.

Es también muy preocupante que la salida de la crisis en Europa, tomando en cuenta el crecimiento del empleo, se está produciendo de manera desigual, a dos velocidades. Los propios empresarios reconocen que la evolución de la demanda es mucho más determinante que la cualificación, a la hora de valorar el aumento o disminución de la producción.

Algunos elementos que deberíamos tomar en cuenta para corregir el problema de desajustes entre competencias y empleo, tienen que ver con la necesidad de que empresas programen actuaciones de formación, para que la cualificación inicial se ajuste al puesto de trabajo. No basta quejarse de falta de experiencia de los nuevos trabajadores. Hay que suplirla mediante formación dual en la empresa, que combine el empleo y el aprendizaje.

Otro elemento importante es apostar por las competencias sociales y no sólo por las habilidades concretas de cada puesto de trabajo. La preparación para el trabajo en equipo, las relaciones personales, las habilidades de comunicación, o la capacidad de resolver problemas, son cada vez más importantes para el buen funcionamiento de una empresa. Esto requiere un buen clima y compromiso entre los responsables de la empresa y las organizaciones sindicales, cosa a la que los empresarios, aun menos los españoles, están poco acostumbrados.

Un buen número de las ofertas de empleo de las empresas vienen marcadas por ofertas con bajos salarios, malas condiciones de trabajo, no cuidar las condiciones de movilidad laboral, e incluso la poca o nula información a sus trabajadores.

Para corregir el problema, lo primero es tomar conciencia de que es una demanda laboral débil lo que produce los desajustes en las competencias y no al contrario, como algunos economistas y expertos tertulianos intentan hacernos creer. Es bueno acercar la formación a los centros de trabajo y a las nuevas necesidades de competencias, pero no lo es someter la educación a un proceso de sometimiento a los mercados.

La siguiente clave es que los empresarios intenten aceptar que una empresa la componen ellos, con su inversión  y los trabajadores y trabajadoras con su cualificación y capacidades. Un proyecto colectivo construido por personas y no una fuente de beneficios empresariales a cualquier precio.

Sólo desde la cooperación entre empresarios, sindicatos y gobiernos (en nuestro caso central, autonómicos y locales), podemos mejorar la calidad del empleo, a través del desarrollo de la formación profesional, en todos sus niveles, ya sea en sus niveles más elementales de corta duración, hasta la formación superior.

Una tarea que debe completarse con una cada vez mejor información sobre la evolución del empleo, que nos permita anticiparnos a las nuevas necesidades y con una mejora de la orientación laboral. El reforzamiento de los servicios públicos de empleo, que actualmente se ven imposibilitados para intermediar entre las necesidades de las empresas y los trabajadores y trabajadoras en paro, o que intentan mejorar su empleo. Estas funciones esenciales de las políticas públicas de empleo, se han convertido en fuente inagotable de negocio privado.

No serán nuevas reformas laborales, ni nuevas vueltas de tuerca en el recorte de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, las que corrijan esta situación. Muy al contrario, acabarán por agravarla. Tras las reformas laborales y recortes de derechos, tenemos en Europa más de 25 millones de personas desempleadas (una de cada cinco, en España) y  2 millones de puestos de trabajo sin cubrir. Tenemos más de 20 millones de personas subempleadas cuyo horizonte es el desánimo laboral. En total, casi 46 millones de ciudadanos y ciudadanas europeos en el paro o el subempleo.

El futuro de nuestras empresas y de nuestra economía, no sólo en España, sino en toda Europa. El propio futuro de nuestra convivencia y la calidad de nuestra democracia, dependen, en este momento, de la capacidad que demostremos los partidos políticos, las organizaciones empresariales, los sindicatos, la sociedad organizada, para afrontar y superar la crisis, creando empleo de calidad y asegurando, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades de las personas para desarrollar sus competencias. Porque sin igualdad no hay futuro. Sin igualdad, la libertad es una mera declaración de intenciones sin sustento real.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (1). Retroenlaces:(0). Enlace

CADA 24 DE ENERO, LA LIBERTAD

jlopez.ccoo.es | 22 Enero, 2016 09:53

 

Cada 24 de enero y van ya 39, caiga en el día de la semana que caiga. Siempre con frío. A veces -pocas son en este Madrid- bajo la lluvia. Pasadas las 8 de la mañana, en el cementerio de Carabanchel, depositamos coronas en las tumbas de Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira. Somos casi siempre pocos. Nunca más de veinte. No sabemos aún de quién son las manos que han dejado, horas antes, esas flores frescas, año tras año, sobre las lápidas de los jóvenes abogados.

Luego nos encaminamos al cementerio de San Isidro. Allí, muy cerca de la tumba de José María de LLanos, al que todos, en el Pozo del Tío Raimundo (otra Tierra de los Nadie), llamaban Padre Llanos, se encuentra la tumba de la familia Benavides Orgaz. Allí depositamos la corona de Luis Javier. Son los tres abogados que se encuentran en Madrid. Ángel Rodríguez Leal está enterrado en su pueblo (Casasimarro), en Cuenca y Serafín Holgado en Salamanca.

Luego llegamos al homenaje ante el monumento a los Abogados de Atocha en Antón Martín y más tarde, al Auditorio Marcelino Camacho, donde se produce el acto de entrega de los Premios Anuales Abogados de Atocha, que reconocen a personas, instituciones, organizaciones, que se han distinguido por la defensa de los derechos civiles, laborales, sociales. No tienen dotación económica, porque ese no es el fuerte de nuestra gente, pero conllevan toda la dignidad de vidas dedicadas a defender la libertad y la democracia por todo el planeta. Y eso no tiene precio.

Este año se cumplen 39 del asesinato de los abogados en la calle Atocha. Este año nos ha abandona Lola González Ruiz. Antes se habían ido Luis Ramos y Miguel Sarabia. Ya sólo queda entre nosotros Alejandro Ruiz-Huerta, que sigue presidiendo la Fundación Abogados de Atocha, que las CCOO de Madrid decidieron fundar en su 8 Congreso, celebrado en 2004, en ese mismo salón de actos que aún no llevaba el nombre de Marcelino Camacho.

39 años nos son una cifra redonda. Pudiera parecer otro año más. Y sin embargo las circunstancias, esas casualidades que nunca son casuales, han determinado que pocas semanas antes, el cuadro del Abrazo, pintado por Juan Genovés, que se encontraba enclaustrado en los depósitos subterráneos del Museo Reina Sofía, haya sido cedido por el Ministerio de Cultura al Congreso de los Diputados y se haya expuesto en un Salón de los Pasos Perdidos, donde también se encuentran los retratos de los reyes Juan Carlos y Sofía, los de Felipe y Leticia. Los bustos de Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y Clara Campoamor.

El Abrazo había sido cedido por Genovés, una década antes, a las CCOO como emblema de La Fundación Abogados de Atocha. El Abrazo aparece representado en la placa que entregamos cada año a los premiados y fue el propio pintor quien fundió el monumento en bronce que inauguramos el 10 de junio de 2003 en Antón Martín, muy cerca del despacho laboralista de Atocha 55 donde se cometió el atentado. Antes, en plena Transición española, el Abrazo había sido el símbolo de la reconciliación nacional, de la lucha por la libertad, de la amnistía. Su entrada en el Congreso de los Diputados es mucho más que un acto de justicia. Es el reconocimiento de un largo camino de lucha y sufrimiento recorrido por el pueblo español para conseguir la libertad.

Resuenan aún en mis oídos las palabras de Genovés, en el Congreso, recordando que toda aquella lucha y sufrimiento se encontraban cargados de una ilusión, de una alegría, a las que parece que hemos renunciado en la sociedad española actual. Ya no hay tanta alegría, ya no se ve tanto entusiasmo, recordaba este incansable soñador de 85 años. “Fue otro tiempo. Siempre es tiempo de los abrazos, sin duda, pero no me parece que ahora la gente esté tanto por abrazarse".

El Abrazo en el Congreso desde principios de enero, tras una larga reivindicación de las CCOO de Madrid, que acogió bien José Bono como Presidente del Congreso, pero que ha tardado años en materializarse, tras la petición formulada por Izquierda Unida. Y esta misma semana, el mismo Auditorio Marcelino Camacho, donde el domingo 24 entregaremos los Premios Abogados de Atocha a las organizaciones ACNUR y Médicos del Mundo, se llenó de sindicalistas exigiendo la derogación del artículo 315.3 del Código Penal, que ha conducido a más de 300 sindicalistas ante los tribunales, encausados por participar en las tres Huelgas Generales que hemos realizado durante la crisis económica, para frenar los recortes laborales y sociales impuestos.

Cuando oigo que los sindicatos hacen poco, que hay pocas huelgas generales para las que tenía que haber y cosas así, recuerdo siempre a estos más de 300 compañeros  amenazados por las fiscalías, con peticiones de condenas muy superiores a las de personajes corruptos, defraudadores, que manchan cada día la dignidad y la decencia de la política y la economía españolas y que nos han conducido a una situación de degradación de unas instituciones que deberían garantizar la justicia, la libertad y la democracia. Recuerdo a los 8 de Airbús y a los de Coca-Cola en lucha, a Lola y Gonzalo, a los trabajadores y trabajadoras de Bosal, entre otros muchos.

Porque un país es lo que es su ciudadanía. Y un sindicato, mucho más que la suma de sus afiliados. Trabajadoras y trabajadores organizados para defender sus derechos laborales y sociales. Para defender la libertad fuera y dentro de las empresas. Para defender la convivencia democrática y la justicia en la solución de los conflictos inevitables entre quienes tienen el capital y los medios de producción y quienes tienen su fuerza de trabajo. Acción Sindical organizada de los trabajadores y trabajadoras y buenos abogados comprometidos. Eso es todo cuanto vertebra un sindicato y le hace fuerte y capaz de defender a los trabajadores y trabajadoras.

Sin el sindicalismo, sin los trabajadores y trabajadoras de este país, no habría existido abrazo, ni reconciliación, ni amnistía, ni democracia, ni libertad. Sin los 10 de Carabanchel, encausados, juzgados y condenados en el proceso 1001, con Marcelino Camacho a la cabeza, pero junto a Sartorius, Saborido, Acosta, Soto, Santiesteban, Zamora, Zapico, García Salve, Luis Fernández. Sin los cerca de 10.000 sindicalistas que fueron juzgados y condenados en los Tribunales de Orden Público franquistas. Cuando Camacho entró como diputado en el Congreso constituyente, todas y todos supimos que habíamos abierto las puertas de la democracia.

Como no hubiera habido legalización del PCE y luego de las CCOO, sin esa condena de muerte póstuma que el dictador ejecutó contra los Abogados de Atocha el 24 de enero de 1977. Aquel brutal asesinato, al que los medios llamaron Matanza, perpetrado contra jóvenes abogados, cuyas únicas armas eran la ley y la justicia. Cuyos únicos ideales eran los de la libertad y la democracia. Aquel mazazo irracional e inhumano, se clavó en los corazones y en las conciencias de todo el planeta. Cerró cualquier vía de retorno a las huestes negras de la dictadura y abrió definitivamente las alamedas de la libertad.

Por eso, cada 24 de enero, Atocha, hermanos, No os olvidamos.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (3980). Retroenlaces:(0). Enlace

La forja de Giner de los Ríos (Episodio I)

jlopez.ccoo.es | 23 Diciembre, 2015 10:57

A finales de octubre participé en un Homenaje a Francisco Giner de los Ríos en Colmenar Viejo, con motivo del centenario de su fallecimiento. El proceso electoral, durante el cual he ido publicando diversos artículos sobre las propuestas sindicales dirigidas a los partidos políticos, me ha hecho retrasar la publicación del contenido de aquella conferencia.

Ahora, cuando ya conocemos los resultados de las elecciones del 20 de Diciembre, me parece más imprescindible aún poner de relieve la labor pedagógica y el esfuerzo regeneracionista, de una figura como la del creador de la Institución Libre de Enseñanza, que cobra especial actualidad en estos momentos.

Me invita Vicente Puerta, desde su Colmenar Viejo, a hablar sobre Francisco Giner de los Ríos, en compañía de Isabel Galvín, Secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid y de José Luis Pazos, Presidente de la Federación de Madres y Padres Giner de los Ríos de Madrid, con motivo del Homenaje que Izquierda Unida de Colmenar organiza para conmemorar el centenario de su muerte.

No soy un experto en Giner de los Ríos. Me parce un arduo divertimento. Decido recurrir a aquel viejo método de Francisco Gutiérrez, que desentrañaba la realidad recurriendo al lenguaje total. Intentar entender a Giner de los Ríos desde los hechos que lo definieron, los sentimientos que provocó y provoca, en otros, en mí. Sentir que parte de Giner de los Ríos es mía, parte de mí.

Y para encontrar estas claves recurro a la estructura del libro “La forja de un rebelde”, al que García Márquez considera uno de los mejores diez libros del exilio español. Arturo Barea divide el libro en tres grandes capítulos: La Forja, la Ruta, la Llama. Me parece que estos tres grandes capítulos pueden servir también para definir las etapas que marcaron la vida de Giner de los Ríos.

La Forja: Nació Giner en 1839, pocos años después de la llegada de Isabel II al trono. Siendo una reina-niña, menor de edad, era su madre María Cristina, quien actuaba como Regente, afrontando la primera Guerra Carlista, que cuestiona que la niña Isabel llegue a reinar.

Durante este reinado se forjará Francisco Giner de los Ríos. Nace en Ronda, pero se forma en Cádiz, estudia el Bachillerato en Alicante, inicia estudios de Jurisprudencia en Barcelona, pasante en Madrid y obtiene la Licenciatura de Derecho y Bachiller en Filosofía en Granada, donde tomará sus primeros contactos con el krausismo y conoce a Nicolás Salmerón, que llegará a ser Presidente de la I República Española y diputado, desde 1886 por circunscripciones como Madrid y Barcelona, hasta su fallecimiento en 1908. La formación de Giner cuenta con personas como el también Presidente de la República de 1873, Emilio Castelar, o Gumersindo de Azcárate.

Algo mayores eran Francisco Pi y Margall, también futuro Presidente de la República, o el introductor del krausismo en España, Julián Sanz del Río, aunque formaban parte del núcleo intelectual que, desde la defensa de la libertad de enseñanza, construyeron un modelo de educación que quería reformar España, con la convicción de que, ni las revoluciones, ni la violencia, aportan soluciones reales a los problemas.

Cada generación tiene la obligación de dar respuesta a los problemas que se encuentra, afrontar los retos propios de su momento y ellos lo hicieron con responsabilidad generosidad y con creces.

En 1863 Giner de los Ríos ya está en Madrid y, al tiempo que trabaja, obtiene un Doctorado en la Universidad Central, accediendo en 1866, con 27 años, a la Cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional. Es aquí donde desarrolla su amistad con Sanz del Río y se adentra en el krausismo, como pensamiento inspirador de su acción.

Pero pronto, en 1867, el Ministro de Educación conservado, Manuel Orovio, publica un decreto contra la libertad de cátedra. Julián Sanz del río, Fernando de Castro, Nicolás Salmerón y otros, son separados de sus cátedras. Giner se pronuncia en solidaridad con ellos y en mayo es suspendido como catedrático.

Poco después estalla La Gloriosa. Isabel II abandona un trono acosado por las divisiones, las fuerzas carlistas y la corrupción generalizada, en torno al desarrollo de infraestructuras como el ferrocarril. Prim, toma el mando de la situación y el decreto de libertad de enseñanza repone en sus cátedras a los separados de las mismas.

Se inicia, de esta manera, el “sexenio democrático” que, tras diferentes intentos, desemboca en la designación como Rey de Amadeo de Saboya, el cual parte hacia España el mismo día que su mentor, el general Prim, es asesinado.  Un periodo marcado por la inestabilidad política impulsada por la iglesia, los carlistas, los unionistas, los progresistas, los republicanos, o por la aristocracia borbónica.  Muerto Prim, el único capad de poner algo de orden en la confusión del momento, el reinado de Amadeo nace herido de muerte, incapaz de frenar el independentismo cubano, la guerra carlista y las tensiones en torno a la definición del modelo de Estado.

Amadeo renuncia al trono y en 1873 se proclama la I República, que pronto tiene que hacer frente a tres guerras. La carlista, la cubana y la desencadenada por las tensiones entre federalistas y centralistas, que desemboca en la proclamación de cantones independientes, maravillosamente reflejada, años después, por Ramón J. Sénder, en su novela Mr. Witt en el cantón. La República, como bien sabemos, acabó con la entrada del general Pavía, a caballo, en el Congreso de los Diputados y dando paso a la Restauración Borbónica, con el hijo de Isabel II, Alfonso XII, en el trono.

Acaba con esta experiencia la forja de Francisco Giner de los Ríos y serán los primeros actos del nuevo gobierno de Cánovas del Castillo los que inaugurarán su nueva ruta vital.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: General, Trabajo, Política, Sociedad, Educación, Ideas, Historia, Cultura . Comentario: (7953). Retroenlaces:(0). Enlace

La atención a la dependencia en tiempo de elecciones

jlopez.ccoo.es | 17 Diciembre, 2015 09:18

Parece que importa mucho en esta campaña electoral hablar de lo nuevo y lo viejo, lo de arriba y lo de abajo, lo de antes y lo de ahora, lo que da bien en televisión y lo que no.  La corrupción y lo que todavía no se ha corrompido. Todo lo anterior es malo y todo lo que viene es bueno. Por eso, tal vez, oigo hablar muy poco de las necesidades de nuestras personas mayores. Porque vienen de lejos y han visto mucho malo y también algunas cosas buenas.

Una de esas cosas buenas que vieron nuestras personas mayores, fue la publicación en el Boletín Oficial del Estado, de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia. Coincidió que la fecha de publicación fue el  mismo día en que se cumplían 18 años de la Huelga General del 14-D. Es decir, el 14-D de 2006.

Como ya sabéis, mi amigo Indio Juan, decía que nada es casual y tampoco en este caso parecía serlo. La Huelga General del 14-D y la Propuesta Sindical Prioritaria (PSP), que presentamos CCOO y UGT un año después, incluían ya toda una batería de demandas al gobierno socialista de turno, sobre protección a las personas, pensiones, rentas mínimas y atención a las personas mayores.

De hecho, la ley de Dependencia fue el fruto de la reivindicación constante y de la negociación de CCOO y UGT con los gobiernos. Entendíamos que era necesario que España, como los países más avanzados de la Unión Europea, contase con un sistema de atención a la dependencia que asegurase no sólo los recursos económicos, sino la calidad de vida de las personas dependientes. Y lo conseguimos, con el gobierno de Zapatero y sin oposición posible por parte de los demás partidos políticos.

La aprobación de la ley de Dependencia supuso una esperanza para todas aquellas personas mayores y con algún tipo de discapacidad, que no sólo necesitan recursos y rentas para atender su suficiencia económica, sino también ayudas que permitan asegurar su autonomía personal. Sin embargo esa esperanza se vería pronto defraudada con la llegada de la crisis económica y el acceso al poder del gobierno de los recortes de Mariano Rajoy.

Los ajustes presupuestarios aplicados por el Gobierno central y exigido a los Gobiernos autonómicos, acabó con buena parte de los recursos presupuestarios para la aplicación de la ley de Dependencia. Lejos de crecer, desde mediados de 2012, el número de personas atendidas es menor (un 4´53% menos), al tiempo que se han reducido las prestaciones (un 15% menos en prestaciones económicas y entre un 20 y un 60% menos, según los casos, en ayuda a domicilio).

Se da así, con frecuencia, el caso de que cuando a alguien le reconocen un grado de dependencia ha pasado tanto tiempo que esa persona ha fallecido. Es también muy frecuente que cuando le reconocen el acceso a una prestación lo que ocurre es que le reducen las prestaciones, con respecto a las que venía percibiendo a cargo de su ayuntamiento de residencia.

Los recortes han intentado ser compensados con alguna barbaridad como trasladar la responsabilidad de financiación del sistema a los propios beneficiarios, por el mecanismo de aplicar copagos, o financiar tan solo parcialmente los servicios. Por unos u otros mecanismos, un derecho que debería cubrir en estos momentos a 1´2 millones de personas, está tan sólo atendiendo a 745.000.

Uno de los retos de quienes afronten el gobierno de este país, a partir del 20 de diciembre, consistirá en asegurar los recursos necesarios para atender a las casi 500.000 personas dependientes que tienen derecho a una prestación, pero a las que se priva de la misma. Al tiempo que mejorar la calidad e intensidad de las prestaciones y servicios que reciben los actuales beneficiarios.

No obstante, no sólo se trata de reconocer prestaciones, sino de que las mismas sean cubiertas por profesionales bien formados y acreditados y eso requiere un esfuerzo compartido de todas las administraciones, que no se está realizando en estos momentos.

Tampoco hay que olvidar que la atención a la dependencia requiere una buena coordinación de los servicios sociales y el sistema sanitario, porque debe convertirse en un sistema bien coordinado que permita cubrir de forma integral las necesidades de nuestras personas mayores y con discapacidad.

Hemos perdido cuatro años en la aplicación de un derecho que costó mucho conseguir. No podemos permitirnos, como país, durante cuatro años más, que quienes más sufren los efectos de la crisis, quienes más necesitan de la capacidad protectora del Estado vean negados sus derechos. Y la atención a la dependencia es uno de esos derechos a los que no vamos a renunciar, gobierne quien gobierne.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (7926). Retroenlaces:(0). Enlace

20D: Un Salario Mínimo Interprofesional de 800 Euros

jlopez.ccoo.es | 14 Diciembre, 2015 09:41

Una buena muestra del desinterés de los candidatos (da igual que sean tradicionales o emergentes)  por el valor del trabajo, lo encontramos en el poco acento que ponen en defender un salario digno y un salario mínimo decente. Olvidan así, que, para la mayor parte de la población española, el salario constituye la única fuente de ingresos familiares y que la calidad de nuestras vidas trabajadoras depende, por lo tanto, de nuestro salario.

Hasta la pensión que percibiremos en el momento de nuestra jubilación tiene como referencia obligada el salario que hemos percibido a lo largo de nuestra vida laboral. Es extraño, como extraña es la política en estos días inciertos, que el debate se centre en el establecimiento de complementos de rentas, a cargo del Estado,  para quienes tienen salarios miserables y se olvide el debate sobre la necesidad de un salario digno  que permita atender las necesidades básicas de la clase trabajadora.

La economía de un país depende, en buena medida, de la capacidad adquisitiva de sus ciudadanos y ciudadanas. Sin salarios decentes no puede haber recuperación del consumo, ni salida de la crisis. Recortar salarios para mejorar beneficios es una trampa para los propios empresarios que no podrán vender sus productos, entrando en un círculo vicioso insalvable. Sin salarios dignos, las arcas del Estado no recaudan los recursos necesarios para atender las necesidades sociales de la población. Los bajos salarios son un círculo vicioso que impide la reactivación económica y la creación de más empleo.

El establecimiento de un Salario Mínimo digno trae asociados beneficios, no sólo sociales, sino también económicos. Un Salario Mínimo Interprofesional decente permite reducir las brechas salariales entre hombres y mujeres y con respecto a colectivos en riesgo de exclusión, como extranjeros y jóvenes. Produce, además, un reparto más equitativo de las rentas y una mayor cohesión del mercado de trabajo. Tira hacia delante de la productividad real y mejora la calidad del empleo, que tiene un componente salarial indudable. Impulsa el consumo y la actividad económica, lo cual amortigua los riesgos de nuevas etapas de recesión económica.

La última Encuesta de Condiciones de Vida 2014, que elabora el INE, fija el umbral de la pobreza en España en 7.961 euros para una persona que vive sola. El Salario Mínimo en ese año se encuentra por debajo de los 8.300 euros anuales netos. Podemos concluir que quienes cobran por su trabajo el Salario Mínimo, rozan el umbral de la pobreza, si viven solos y se encuentran por debajo de ese umbral, si tienen familiares a cargo.

En principio, parece que el número de personas que perciben el Salario Mínimo es pequeña, unas 250.000 personas ocupadas a tiempo completo en España, pero son cada vez más las personas que trabajan a tiempo parcial, que tienen como referencia retributiva el Salario Mínimo. Además, el Salario Mínimo es una referencia inevitable para la fijación del IPREM, el indicador de rentas que sirve de referencia para el establecimiento de determinadas prestaciones sociales.

Ahora el Salario Mínimo es de 648,6 euros al mes, en 14 pagas. Entre 2004 y 2009 su capacidad adquisitiva creció, poco, pero creció, mientras que desde 2010 ha perdido 4,1 puntos de su poder adquisitivo. Y eso, teniendo en cuenta que hablamos de uno de los Salarios Mínimos Interprofesionales (SMI) más bajos de Europa.

Por eso no parece una barbaridad exigir al Gobierno actual y al que salga de las elecciones del 20-D que aplique un incremento progresivo anual del Salario mínimo, con subidas del 11 por ciento en enero de 2016 (720 euros) y otro 11 por ciento en enero de 2017 (800 euros). Este Salario Mínimo de 800 euros permitiría recuperar el poder adquisitivo perdido desde 2010.

Además, en nuestro entorno europeo, sólo Grecia y Portugal tienen un Salario Mínimo más bajo que el nuestro, mientras que estamos muy lejos de los Salarios Mínimos de economías centrales como Alemania, o Luxemburgo. Esta propuesta permitiría situar nuestro SMI cerca de la media comunitaria de la Europa de los 15.

La Carta Social Europea, firmada por nuestro país, reconoce que “todos los trabajadores tienen derecho a una remuneración suficiente que les proporcione a ellos y a sus familias un nivel de vida decoroso”. En base a ello el Consejo de Europa estableció el objetivo, vinculante para los países miembros, de alcanzar unos salarios netos equivalentes al 60 por ciento del salario neto medio del país. Un SMI de 800 euros, nos acercaría a ese objetivo europeo.

Salir de la recesión y la crisis, cambiar el ciclo económico terrible que hemos vivido, hace más necesario que nunca abordar este objetivo de mejorar del Salario Mínimo para llevarlo a 800 euros mensuales, en 14  pagas. Quienes hoy cacarean la recuperación económica, no pueden abandonar a quienes más lo necesitan, porque han padecido más los efectos de la crisis y de los recortes impuestos. A quienes referencian sus ingresos en el Salario Mínimo Interprofesional. Quienes más sufrieron la crisis no pueden quedar relegados y postergados en la recuperación.

Además, de no hacerlo, se seguirían incumpliendo el Estatuto de los Trabajadores y los objetivos europeos. El artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores exige consultas previas a las organizaciones sindicales para fijar el SMI, que no se han producido. Al igual que se ha obviado tomar en cuenta variables como la inflación, la productividad del trabajo, la remuneración salarias en el país, o los cambios en la coyuntura económica. Han hecho de su capa un sayo y han impuesto sus decisiones por decreto.

En definitiva, el objetivo de alcanzar los 800 euros de Salario Mínimo mensual en enero de 2017, permitiría recuperar el poder de compra perdido por las rentas más bajas. Permitiría reducir las diferencias con Europa y acercarnos a una retribución mínima equivalente al 60 por ciento del salario medio. Permitiría establecer criterios justos de revalorización del SMI, cada año, en función de la evolución de los salarios medios en España y de los salarios mínimos en Europa. Permitiría afrontar la renegociación del Artículo 27 del Estatuto de los Trabajadores para sentar nuevas bases en la fijación anual del Salario Mínimo, que eviten pérdidas de poder adquisitivo y aseguren la participación de la representación de los  trabajadores y trabajadoras en la negociación de las cuantías.

El valor del trabajo, la creación de empleo decente, la importancia del salario, la necesidad de un Salario Mínimo digno, deberían mover debates intensos en este proceso electoral. Aunque todo indica que no será así, nosotros no damos nunca nada por perdido y seguiremos exigiendo estas cosas, poco importantes para quienes mandan en la economía y gobiernan la política (que vienen a ser los mismos perros con distintos collares), pero imprescindibles para quienes somos clase trabajadora y para nuestras familias.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (0). Retroenlaces:(0). Enlace

20-D: España, país de trabajadores y trabajadoras

jlopez.ccoo.es | 10 Noviembre, 2015 13:33

Es tiempo de elecciones. Tiempo para la política. Vamos a tener la oportunidad de escuchar a los representantes de los partidos en mesas redondas, foros, tertulias, debates. Los políticos y sus propuestas electorales bajan a la plaza del pueblo en busca de votos y respaldo para sus candidatos y candidatas.

Aunque el ruido será mucho y las declaraciones más estrambóticas acapararán mucho tiempo y muchas páginas y minutos en los medios de comunicación, parece que no es mal momento para que los trabajadores y trabajadoras intentemos situar en la agenda de los políticos y políticas, nuestros problemas y nuestras propuestas.

Además, es nuestra obligación constitucional. Los partidos vertebran la voluntad política, dice el artículo 6 de la Constitución y los sindicatos, los intereses de los trabajadores  y trabajadoras (artículo 7). Es obligación nuestra, pero es deber de los poderes públicos, escuchar y gobernar con la participación de las organizaciones que vertebran la sociedad.

Por eso, CCOO, hemos elaborado nuestras propias propuestas, para que sean contempladas en los programas electorales de los partidos políticos.

1. La primera de ellas tiene que ver con una nueva política económica.  Dice Manuel Vicent, en una entrevista sobre su libro “Desfile de Ciervos” que, si salimos de esta crisis, repetiremos la fiesta. El modelo de crecimiento asentado en el pelotazo, el ladrillo, el consumo interno y el endeudamiento de empresas y familias, era insostenible y debería ser irrepetible.

Por el contrario, necesitamos una política económica orientada al crecimiento sostenible, que cree empleo y recupere los derechos perdidos en materia laboral y el Estado de Bienestar. Una política que actúe sobre el tejido productivo, la calidad y la innovación de nuestro tejido industrial y de servicios.  Redefinir nuestra política energética, demasiado dependiente del petróleo. Apostar por la ciencia, la tecnología, la innovación.

Nuestro tejido empresarial es de pequeñas empresas y microempresas, lo cual lastra sus posibilidades de desarrollo y exportación. Un esfuerzo que hay que acometer desde la inversión pública, como motor de la recuperación de la inversión privada y la creación de empleo.

2. En segundo lugar, CCOO apostamos por la negociación y aprobación de una Carta de Derechos de los Trabajadores y Trabajadoras. Una carta que debería verse recogida en una futura reforma constitucional y que incorpore: el trabajo estable y de calidad. La no discriminación por razones de edad, sexo, origen, condición social, orientación sexual, sindicación, etc. La ocupación efectiva que restituya la causalidad en la contratación y las causas justas en el despido. La salud laboral. La libre sindicación y el libre desarrollo de la acción sindical. Cambiando las leyes que conducen a la persecución de sindicalistas por el libre ejercicio del derecho de huelga. Libertad que debe extenderse a los centros de trabajo, porque las libertades democráticas no pueden detenerse a las puertas de la empresa.

Una carta de derechos que contemple un salario mínimo y suficiente que eleve el Salario Mínimo Interprofesional a 800 euros en 2016. El trato digno y la formación continua de cada trabajador y trabajadora.

Los derechos de los trabajadores y trabajadoras son incompatibles con los recortes y retrocesos introducidos en la negociación colectiva.  Las sucesivas reformas laborales aprobadas durante la crisis, no sólo han abaratado y facilitado el despido, sino que han destrozado la fuerza vinculante de los convenios. Es necesario revertir las reformas laborales y restituir un marco justo de relaciones laborales.

Los derechos laborales a un empleo estable, a un salario digno, a unas condiciones de trabajo decentes, a la salud, a la cualificación, deben completarse con el desarrollo de las políticas públicas necesarias para luchar por la igualdad y combatir la exclusión social.  Quien carece de empleo debe ver mejorada su protección por desempleo y quien carece de recursos debe contar con una renta mínima que asegure su suficiencia económica y su autonomía personal. 

Cualquier futuro Gobierno debe incorporar entre sus prioridades la sostenibilidad y revalorización de las pensiones y el impulso de la Ley de dependencia, después de que, durante la crisis, los recortes en la Ley hacen que más de 500.000 personas hayan visto impedido el acceso a los recursos y prestaciones que les debería asegurar la ley.

Nuestro sistema fiscal es, además, profundamente injusto con los trabajadores y trabajadoras. Nuestros ingresos públicos siguen muy por debajo de la media europea. El IRPF se ha convertido en un impuesto sobre las rentas del trabajo, del que se evaden las rentas del capital. El impuesto de sociedades suponía el 23% de los ingresos fiscales en 2006 y el 9% en 2012.

Debemos recuperar los impuestos a los más ricos.  Debemos revisar el tratamiento injusto del IVA. Debemos de avanzar en impuestos medioambientales y a las entidades financieras. Debemos combatir el fraude fiscal y la economía sumergida, fortaleciendo los cuerpos de inspectores de Hacienda. La crisis y los recortes del PP han supuesto un deterioro inaceptable del gasto público.  Gasto en Educación, en Sanidad, en Vivienda, en Servicios Sociales, Migraciones.

El documento que CCOO presenta en estos días a los partidos políticos es un mapa para situar la ruta de los trabajadores y trabajadoras en la próxima legislatura. La crisis ha sido utilizada para imponer recortes que han producido una crispación social y política, que sólo puede abordarse desde el diálogo y la restitución de la justicia laboral y social.

Quienes nos gobiernen a partir del 20-D deben saber que se puede intentar gobernar sin los trabajadores y trabajadoras, pero nunca en contra de ellos, porque sería tanto como gobernar contra la vida, o de espaldas a ella. Y eso nunca construye proyectos viables para un país.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (32065). Retroenlaces:(0). Enlace

Así que pasen cinco años, Marcelino

jlopez.ccoo.es | 30 Octubre, 2015 09:47

El 29 de Octubre, CCOO de Madrid ha organizado un homenaje a Marcelino Camacho, conmemorativo del 5º aniversario de su muerte. Un acto en el que hemos podido recuperar su imagen y su voz entre nosotros. En el que hemos podido escuchar  la voz de quienes hoy luchan por lo mismo que luchaba Marcelino, una vida digna y un trabajo decente.

Fue aquel 29 de Octubre de hace 5 años, un día intenso y duro. El día en que despedimos a Marcelino. Menos mal que esta organización, de la que fue uno de los fundadores y líder indiscutible, mantiene intacta su capacidad de organizar movimientos masivos de personas en muy poco tiempo. Porque fue muy poco el tiempo para que el Auditorio que lleva su nombre estuviera en condiciones de recibir a miles de ciudadanos y ciudadanas que querían darle su último adiós.

Decenas de compañeros y compañeras del sindicato se pusieron a la tarea de facilitar que aquel acto fuera un acto de las CCOO. Planificado y organizado, pese a la premura de tiempo y en el que hasta la improvisación hay que acometerla y calcularla.

Nos conmovió la voluntad de Josefina de permanecer a su lado. Por eso, de acuerdo con Marcel y Yenia, sus hijos, decidimos cerrar el Auditorio por la noche y preparar un pequeño acto de despedida al día siguiente, antes de arrancar la comitiva que, desde la calle Lope de Vega, bajo la lluvia, recorrió el Paseo del Prado, Cibeles y la calle de Alcalá, hasta la Puerta de Alcalá, escoltado por centenares de chubasqueros rojos de las CCOO. Allí, su hijo, Marcel, Centella en nombre del Partido Comunista, Ignacio Fernández Toxo, Secretario General de las CCOO y la propia Josefina, despidieron a Marcelino.

Ante Marcelino Camacho, para despedirse y para rendirle  homenaje, pasaron el futuro Rey de España, el entonces Príncipe Felipe, o el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al que habíamos organizado una Huelga General justo un mes antes. Esa Huelga General por la que todavía seguimos pagando el precio de ver a más de 300 sindicalistas, entre ellos los 8 de Airbús, ante los tribunales de la injusticia. Por allí pasaron amigos de Marcelino, como Raphael y Natalia Figueroa, o como José Bono.

Quienes dirigieron la CEOE y las organizaciones patronales, las grandes empresas del país. Los compañeros de la UGT, como Nicolás Redondo y Cándido Méndez, con los que Marcelino quiso siempre confluir en una gran Unión General de las Comisiones Obreras. Porque Marcelino era unidad. Y quienes desde la política asumieron las tareas de gobierno y de oposición, Felipe González, el hijo de Adolfo Suárez. Ruiz Gallardón, Jiménez de Parga, Carmen Chacón, Marcelino Oreja y hasta Rodrigo Rato.

No faltaron los artistas, las gentes de la cultura, cantantes, actores. No podían faltar los camaradas del Partido Comunista, presididos por José Luis Centella y de Izquierda Unida, con su Coordinador General, Cayo Lara. Santiago Carrillo, que casi dos años después se encontraría en el mismo lugar, el Auditorio Marcelino Camacho, acompañado por su familia, recibiendo a quienes acudieron a despedirle.

 Y miles de amigos y amigas, de jóvenes que le conocieron, de camaradas, compañeros y compañeras. Los del Proceso 1001, los supervivientes del asesinado de los abogados de Atocha. Aquellos que le acompañaron en sus primeras direcciones de las CCOO, Nicolás Sartorius, Salce Elvira, Antonio Gutiérrez, Agustín Moreno. Miles de ciudadanos y ciudadanas acudieron a su última cita con Marcelino.

Han pasado cinco años. Así que pasen cinco años, dijo Federico García Lorca, presintiendo el drama que se cernía sobre España. Han pasado cinco duros años más de crisis económica y de recortes laborales y sociales. Han pasado dos Huelgas Generales más y miles de manifestaciones y luchas por el empleo y los derechos.

Cinco años que han hastiado y hartado a España y a los españoles. Que han puesto en cuestión la política y las formas de hacer política. El despotismo de los poderosos y la injusticia insoportable de las desigualdades. La corrupción instalada en la economía y en el gobierno de los asuntos públicos. Cinco años que han desvelado la desnudez con la que todo un país caminaba sin intuir que el castillo de naipes tenía los días contados.

Marcelino pasó por nuestra España intentando desbrozar cada día los caminos para hacerlos transitables para la mayoría, para quienes viven honradamente de su trabajo. Se relacionó con mucha gente, no toda buena, imagino, pero supo siempre preservar  su honestidad personal. Se equivocó, imagino también, nunca afirmó lo contrario, porque era humano entre los humanos, tal vez el más humano de entre nosotros, pero siempre hizo lo que creía que había que hacer, con convicción y ansia de justicia. Y esa forma de ser sindicalista y ciudadano le granjeó un respeto general y generalizado.

Si algo le define, aún más que su famoso, Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar, que constituye toda una declaración de intenciones para toda la clase trabajadora y que nos ha ayudado en tantos momentos duros, creo que es aquello que nos contó Josefina en la Puerta de Alcalá, las últimas palabras de su esposo, Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante. Unas palabras que revelan la voluntad indomable de un hombre que confesaba haber luchado.

De este Acto conmemorativo del 5º aniversario de la muerte de Marcelino quiero retener, por último,  unas palabras de su hijo Marcel, La clase obrera pone orden en la dispersión de la izquierda. De nuevo, toda una declaración de intenciones y un despliegue de voluntad de ser, de existir y de hacer que el mundo funcione mejor cada día para quienes más lo necesitan. Y otra frase del Secretario General de las CCOO, Ignacio Fernández Toxo, Marcelino buscaba siempre a los mejores y se rodeaba de ellos.

Porque, así que han pasado cinco años, de eso se trata para nosotros, la clase obrera, de volver a levantarse, de poner orden en la dispersión y las fracturas generadas por todas las crisis que habitan en esta crisis y por buscar a los mejores, rodearse de ellos y salir a mejorar las vidas y los trabajos. De eso trataba la vida de Marcelino y la cita que con él tenemos cada día. Hacerlo como si Marcelino nos viera.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (89). Retroenlaces:(0). Enlace

Un gobierno indolente

jlopez.ccoo.es | 27 Octubre, 2015 09:01

Algo que me ha enseñado esta actividad sindical en la que me he forjado es, precisamente, que las declaraciones de intenciones son muy importantes, pero sólo adquieren carta de naturaleza, si esas intenciones tienen respaldo presupuestario.

He visto muchas veces la pasión que desatan las más absurdas declaraciones públicas, mientras que los debates presupuestarios pasan sin pena ni gloria.  El debate político de cada año, no es el del Estado de la Nación, Región o ayuntamiento, sino el debate del Presupuesto de cada año.  Todo lo que no está presupuestado no existe.

Si algo revela el Presupuesto del Reino de España para 2016, es que este Gobierno vuelve a reducir al gasto social en un 5,5% con respecto a 2015 y casi un 26% con respecto a 2011. Aún incorporándole gasto de pensiones, el conjunto del gasto social retrocede un 0'7%.

Sin empacho alguno, el Gobierno del PP nos agradece los sacrificios realizados por el pueblo español. Sacrificios impuestos sin misericordia alguna y con mano de hierro.  Sacrificios que no hemos realizado por igual quienes vivimos de nuestro trabajo y quienes viven de nuestro trabajo.

Sin embargo el Gobierno de Rajoy nos presenta unos presupuestos que no echan ni una paletada para tapar la brecha social, agrandada por la crisis.  Muy al contrario, el gasto social disminuye.  Unos presupuestos que apuestan por el empleo deben poner más acento en la inversión pública y sin embargo las transferencias de recursos para invertir caen en más de 1400 millones de euros. La inversión del Estado cae en más de 1800 millones, con pérdidas en el desarrollo de infraestructuras y perdiendo aún más recursos para la investigación (-0.6%).

Es hora de incorporar a las personas a la política. Y eso no consiste en consultar mucho a las personas por Internet. Sino en convertir a las personas en el centro de la acción política. No sólo regalarles los oídos con promesas, sino regalarles los bolsillos, con dotaciones presupuestarias que incorporen los recursos necesarios para tapar las desigualdades y corregir la profunda brecha de riqueza, que no ha hecho sino aumentar, entre quienes trabajan y quienes utilizan el destrozo de nuestro empleo para obtener beneficios abultados, inclusive en tiempos de crisis.

Obras son amores y no buenas razones. Y las buenas razones hay que explicitarlas en los Presupuestos. Desde el inicio de la crisis han pasado ya  ocho años, en los que la misma ha golpeado a millones de personas en nuestro país en forma de paro, precariedad laboral y social, reducción de las prestaciones sociales, calidad de la sanidad, la educación, los servicios sociales.

Si el Gobierno ha concebido estos presupuestos como sustitutos del Programa Electoral, nos presenta un cuadro de desilusiones, fracturas, desigualdades que no podemos soportar por más tiempo y que no se corrige, ni parecen querer corregir de forma alguna. Lamentable, pero cierto. Indolente Gobierno que nos ha hecho  sufrir en el pasado y nos condena al sufrimiento en el futuro.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Cultura . Comentario: (1). Retroenlaces:(0). Enlace

Día internacional de las personas mayores

jlopez.ccoo.es | 01 Octubre, 2015 09:40

Recuerdo aún, con cierta añoranza, esos tiempos en los que casi todas las semanas había un día internacional de algo, sobre todo ahora que casi cada día del año ha sido declarado, por parte de algún organismo, día internacional de una causa justa. Porque, al igual que la inflación de malas noticias, conduce a la insensibilización, recordar cada día una buena causa, no necesariamente nos lleva a una acción capaz de mejorar las cosas.

No es el caso del Día Internacional de las Personas Mayores, que se viene celebrando desde hace años, pero el efecto puede ser el mismo. Unos minutos en los medios de comunicación, algún reportaje de encargo, declaraciones institucionales sobre la importancia del evento, algún acto de entrega de premios y aquí paz y después gloria.

Y sin embargo la dignidad de la vida de las personas mayores sigue siendo un reto para todas las sociedades desarrolladas y especialmente para las que, como en el caso de España, el desarrollo se ha producido en detrimento de la igualdad y existen muchos colectivos que resultan especialmente perjudicados por los efectos de una crisis en la que aún escasean los brotes verdes y que amenaza con dejar un panorama de desequilibrios económicos y sociales difícilmente superables en un futuro inmediato.

En nuestro país más de cuatro millones de pensionistas viven bajo el umbral de la pobreza y tres millones sobreviven pon pensiones inferiores a los 420 euros, al tiempo que, desde el inicio de la crisis, se ha triplicado el número de hogares que sobreviven gracias a la pensión de un jubilado o jubilada. El dato de que hasta el 30% de nuestros hogares con todos sus miembros en paro, sobreviven gracias a un pensionista, es dramático, sobre todo si tomamos en cuenta que el 50% de nuestras personas pensionistas cobran una pensión inferior al Salario Mínimo Interprofesional.

La primera Huelga General en España, fue convocada por CCOO, en 1985, precisamente en contra de la reforma de las pensiones. Tras la Huelga General del 14-D de 1988 y tras la elaboración de una Propuesta Sindical Prioritaria (PSP), CCOO y UGT arrancamos la puesta en marcha de las Pensiones No Contributivas (PNC), para aquellas personas que no habían conseguido reunir los requisitos para acceder a una Pensión Contributiva  de la Seguridad Social.

En diciembre de 2005, tras una dura negociación con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, arrancamos un Acuerdo para crear un nuevo sistema de protección a la Dependencia, que fue aprobada definitivamente el 14 de diciembre de 2006. Un nuevo derecho para todas aquellas personas mayores y con algún tipo de discapacidad reconocida encaminada a garantizar su autonomía personal.

La crisis desencadenada inmediatamente después, dio al traste con las buenas intenciones y paralizó la aplicación de la ley en toda su extensión. La crisis, además, ha sido aprovechada por los gobiernos central y autonómicos del PP, para introducir nuevos recortes como la nueva fórmula de revalorización de las pensiones, el aliento a las privatizaciones en materia sanitaria, la reducción de los esfuerzos para asegurar una atención geriátrica suficiente, los escasos esfuerzos para cualificar a las y los profesionales que prestan servicios a las personas dependientes, la paralización de los esfuerzos para corregir la pobreza energética, la baja cuantía de muchas pensiones, o el debilitamiento del Fondo de Reserva, esencial para garantizar el futuro de nuestro sistema de pensiones.

Derogar los recortes, recuperar y asegurar los derechos, son demandas inaplazables. Ningún gobierno tiene justificación alguna para anunciar la recuperación económica y la salida de la crisis, mientras quienes más lo necesitan y entre ellos nuestras personas mayores, no vean asegurada la dignidad de su vida, mediante unas rentas suficientes y un sistema de atención a sus necesidades cotidianas, que permita asegurar su autonomía personal.  Por eso, este 1 de Octubre, Día Internacional de las Personas Mayores, las CCOO ratificamos nuestro compromiso, durante todos los días del año, en la defensa de los derechos y la justicia social para quienes construyeron el presente que hoy somos y merecen, junto al reconocimiento de toda la sociedad, un lugar en el futuro que luchamos por construir. Es su derecho y es nuestro deber.

Francisco Javier López Martín 

 

Categora: Cultura . Comentario: (7856). Retroenlaces:(0). Enlace

Homenaje a Cataluña

jlopez.ccoo.es | 28 Septiembre, 2015 09:23

El día que Calixto salió de su pueblo de canteros, en las estribaciones de la Sierra de Guadarrama, para defender el Puerto de los Leones, tal vez pensaba que lo hacía tan sólo por unos cuantos días. A sus 42 años no había sido llamado a filas, pero militante como era de la UGT, tal vez sintió que era su deber acudir a defender la República de esos militares levantiscos que habían decidido dar un golpe de estado contra su propio pueblo. Ese acto voluntario le valió que le llamaran el abuelo y le costó la vida.

Tras la batalla del Ebro y el asalto de los nacionales a Cataluña, después de que Orwell publicara su Homenaje a Cataluña, cuando ya la guerra civil tocaba a su fin, se perdió la pista de Calixto. Hay quien dice que murió en un bombardeo. Quien afirma que le vio pasar herido la frontera de Francia. No falta quien cuente que terminó muriendo en un hospital francés bombardeado por los alemanes. El hecho es que nunca más se supo de Calixto y que su viuda Ascensión, acabó con tres hijos y acogiendo a una niña que fue tratada como una hija y como una hermana. He hecho algunas gestiones para saber dónde acabaron sus días, pero nada. Un hombre irremisiblemente devorado por la guerra.

Calixto era mi abuelo y siempre he admirado su valor para acudir a defender sus ideas y a su pueblo frente a la poderosa maquinaria de guerra dirigida por el general Franco y entrenada en el duro combate contra las guerrillas cabileñas del Rif. He llegado a pensar que una guerra tan larga sólo podía explicarse por el deseo del futuro dictador de consolidar su poder personal frente a los demás conmilitones y por su voluntad de ir laminando, pueblo a pueblo, todo resto de resistencia obrera que pudiera ir quedando. Esa estrategia de sangre y fuego dejó una España de fosas comunes improvisadas, convertida en campo de concentración irrespirable para los vencidos, durante décadas.

El dictador siempre lo tuvo muy claro, un auténtico precursor de las dictaduras modernas. El se encargaba del poder y los ricos podían seguir atentos a sus negocios. No había venido a disputarles la riqueza, sino a quedarse con el poder. Hágame caso, mi general, haga como yo, No se meta usted en política, cuentan que respondió en cierta ocasión al general Muñoz Grandes, que le trasladaba sus preocupaciones sobre el curso de los acontecimientos.

Por eso, en sus últimos casi veinte años de dictadura, la economía era cosa de los tecnócratas del Opus Dei y él podía ejercer de apacible abuelo pescador y cazador, que exhibía, eso sí, su mano dura cuando las cosas amenazaban con escaparse de las manos. Ese que firmaba una sentencia de muerte en El Pardo, al tiempo que tomaba una taza de "colacao" con galletas.

Un joven recluta acaba de jurar bandera y goza de unos días de permiso. La tarde es gris.  O tal vez en la memoria de esos tiempos, la mayoría de los días son recordados en blanco y negro. Las calles están vacías en este otoño de 1975. Le gusta al recluta tocar la guitarra y se sienta en una esquina a entonar algunas canciones. No puedo presumir que Al Alba estuviera en el repertorio, por más que ese 27 de septiembre miles de voces la canturrearan al conocer que el más triste presagio se había cumplido. Un hombre había sido fusilado en Barcelona, otro en Burgos y tres más en Hoyo de Manzanares, en Madrid.

Los dictadores viven para la muerte y mueren matando. En el caso de este dictador, sapo iscariote y ladrón, que diría León Felipe, murió matando y mató incluso después de muerto. El 24 de Enero de 1977, la camada negra de la dictadura ejecutaba una sentencia de muerte no escrita contra los abogados laboralistas de la calle Atocha.

Yo era aquel recluta, que se retiró pronto a casa, cargado de soledad y acorralado por la tristeza. Uno de tantos jóvenes que vivían la incertidumbre, el miedo, el desgarro de un tiempo sin futuro en el horizonte. Uno de tantos jóvenes de los barrios periféricos que habían ido rodeando de sucesivos cinturones rojos, las grandes ciudades del desarrollismo franquista.

Jóvenes que escuchábamos con la misma pasión a Luis Pastor, Raimon, LLuis Llach, María del Mar Bonet, Pablo Guerrero, Rosa Léon, junto a aquellas voces que venían de más allá del Atlántico. Los muertos en la dictadura y los vivos, exilados de dictaduras latinoamericanas, como la chilena, impuesta por un militar traidor a su República y admirador del dictador español.

Luego, más tarde, aprendimos a apreciar la rumba catalana, desde Peret a Gato Pérez, sin perder de vista al Último de la Fila, Estopa, ni a Agua Bendita y el inestimable, irreverente, e imprescindible, Albert Plá.

He dudado si era oportuno escribir este artículo. Vivimos tiempos en los que hay que tomar partido y ser políticamente correctos con el pensamiento del bando al que te has, o te han, adscrito. No caben matices. Cualquier opinión, por ejemplo, sobre lo que acaece en Cataluña, te coloca en uno de los dos bandos, nacional o nacionalista, en los que se ha dividido la sociedad española y la catalana. La opinión será tachada de amenaza por unos, de claudicación, por otros, de intolerable intromisión por los de más allá. Aunque, lo más probable es que pase desapercibida en la maraña de opiniones tertulianas que se desencadenarán inmediatamente.

Por eso, aunque sin esperanza alguna de que el efecto no sea el mismo, escribo esta tarde del 27 de septiembre, cuando ya han terminado de votar los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Cuando aún no se ha dilucidado un resultado. No sé quien va a ganar, ni quien va a perder. Si ganan todos, como es habitual. O si pierden todos, perdemos todos, como suele terminar ocurriendo en este "viejo país ineficiente, algo así como España entre dos guerras civiles", que tan lúcidamente nos mostrara Gil de Biedma. Por cierto, a este Gil de Biedma y a Ernesto Cardenal, debo buena parte de las maneras y las formas, hasta los fondos, que componen el poemario La Tierra de los Nadie que acabo de publicar.

No tengo aprecio especial por las patrias. Menos aún por las banderas. Me forjé en una de esas iglesias populares de barrio, donde estudiábamos a Hélder Cámara, o Pere  Casaldáliga. Luego estudié magisterio, que era la carrera corta que podíamos permitirnos los listos de los pobres y los tontos de los ricos. Allí mamé de Paulo Freire, Lorenzo Milani, Ivan Illich, Freinet, Ferrer i Guardia, Rosa Sensat.

Pasé de las iglesias de barrio a transitar un tiempo por la CNT y luego por el PCE, hasta IU. Sin la ayuda inestimable de gente como Alfonso Carlos Comín, o el propio Casaldáliga y la teología de la liberación, este tránsito hubiera sido más inexplicable. He aprendido muchas cosas, también, de buenas gentes que militaban en el PSOE y he tenido que bregar con gobiernos del PP, donde he encontrado de todo.

Llevo más de treinta años en las CCOO. He querido, admirado y aprendido mucho de Marcelino, Sartorius, Saborido, López Bulla, Antonio Gutiérrez, Joan Coscubiela y muchos otros. Las CCOO se constituyeron como tales en una Asamblea en una iglesia de Barcelona. Tampoco puedo olvidar que Salvador Seguí, el Noi del Sucre, fue mi primer modelo de defensa de la gente que trabaja y lucha por la dignidad de su vida. Su intervención en la Plaza de Toros de las Arenas, durante la huelga de La Canadiense y su asesinato a manos de los pistoleros de la patronal catalana, son cosas que un trabajador o trabajadora, cualquier trabajador o trabajadora, no deberíamos olvidar.

He mamado mi forma de entender la escritura y los cuentos que he escrito y hasta muchas formas de entender mi presencia en el mundo y afrontar la vida, de cuanto he leído en Vázquez Montalbán, Francisco Candel, Pere Calders, Quim Monzó, Juan Marsé, o Eduardo Mendoza.

Si me dais a elegir patria, ya os lo he dicho otras veces, yo ya he elegido la patria de los Nadies, de aquellos que cuestan aún menos que la bala que les mata, en palabras de Eduardo Galeano. Los condenados de la tierra, que describió Franz Fanon. Los pobres evangélicos. Los últimos. No me parece que haya tarea tan esencial en estos momentos como dar respuesta a esos compatriotas de cualquier lugar del mundo, que mueren en las cunetas del camino que intentan recorrer en busca de una vida digna. Todo lo demás son fronteras artificiales.

Creo que, tras más de 35 años de vida en democracia en España, la crisis nos ha revelado que son muchas las prendas que hemos ido dejando por el camino, hasta el punto de que la desnudez de la corrupción, de la ineficacia y la ineficiencia, de la endogamia y el autismo de la política, insensible a los problemas reales de la ciudadanía, parecen intolerables e insufribles. Son la Gürtel, la Púnica, el Tamayazo, Banca Catalana y el tres por ciento. Son Blesa, Rato y sus chicos y chicas, sus homólogos en otras Cajas de Ahorros, también en las cajas catalanas. Modelos extendidos por toda España. Por Valencia, Galicia, Andalucía, Baleares. Basta leer el Desfile de Ciervos de Manuel Vicent para recordar. La indignación y el rechazo a esta situación son inevitables. Irse de un país así es, no sólo una opción, sino la única posibilidad, en el caso de muchos jóvenes.

Y creo, también, que vivimos en un mundo que va desdibujando a los pueblos, a golpes de globalización, convirtiéndonos en consumidores itinerantes de las marcas de moda, a las que no debemos fidelidad alguna, porque sólo el consumo se convierte en patria y la capacidad de consumo, en único pasaporte válido para traspasar todas las fronteras. El dinero y sus poseedores frente a los desposeídos.

En un mundo así, la defensa de una lengua, una cultura, unas formas de convivencia,   de entender la vida cotidiana, tienen valor e importancia. Son las comunidades locales y las regiones, las que mejor pueden defender el autogobierno de su destino, frente al poder avasallador del dinero. Y eso puede hacerse de muchas maneras. Una de ellas es constituir un Estado propio. Pero no es la única. Y en todo caso habría que tomar esta opción cuando una mayoría abrumadora y cualificada lo decida.

Todo indica que eso no pasa en Cataluña. La crisis económica, política, social y la incapacidad de los políticos, los catalanes y los del resto de España, han producido una situación de fractura social injustificable. Una fractura nacional y nacionalista muy beneficiosa para quienes deberían responder política y hasta judicialmente de sus corrupciones y corruptelas. Una fractura muy útil para los pescadores de río revuelto. Una fractura que no preocupa en las bolsas, ni a los dueños del capital. Una fractura que sirve para que cientos de políticos tapen sus incompetencias llenando de banderas, con más o menos franjas rojigualdas, las rotondas y plazas de sus pueblos.

Esa fractura es la que hay que recomponer en Cataluña y entre Cataluña y el resto de España. La crisis ha puesto ante nuestros ojos la desnudez y las vergüenzas con las que hemos caminado durante muchos, demasiados años. Hay mucho que recomponer, que negociar y que repensar. Hay mucho que acordar. Mucho empleo que crear, muchas pensiones que asegurar, mucha sanidad y educación que defender. Muchos mayores y discapacitados a los que atender. Mucha corrupción, corruptelas y malas prácticas que combatir.

No sé si quienes tienen que hacerlo van a saber, poder, o querer hacerlo. No sé si el resultado electoral de esta noche servirá para andar este camino. Pero, pase lo que pase, aunque no soy adivino y me he acostumbrado a aceptar lo imprevisible como parte consustancial de lo posible y hasta de lo probable, nadie, sea nacional o nacionalista, de derechas o de izquierdas, me va a amputar esa parte de mí que se construyó en y con Cataluña. Porque soy de los que, como Aresti, piensa que sólo es español quien sabe las cuatro lenguas de España.

Francisco Javier López Martín

 

 

Categora: Cultura . Comentario: (12). Retroenlaces:(0). Enlace