Logo de CCOO

Menu:

calendario

« Junio 2017 »
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30    

Recientemente...

Buscador

Accesos directos

Categorias

Links

Sindicacin

RSS 0.90
RSS 1.0
RSS 2.0
Atom 0.3

EL ESPIRITU DE LOS DE ATOCHA

jlopez.ccoo.es | 19 Enero, 2017 13:25

 

No es frecuente, en estos tiempos de alto consumo y fuerte materialismo, escuchar a alguien pronunciar la palabra espíritu. Como si ese nombre ya sólo pudiera ser utilizado con propiedad en ámbitos religiosos, o transustanciado en espiritualidad en determinados fenómenos esotéricos. Y, sin embargo, lo escucho con bastante frecuencia, casi como una  reivindicación que no hubiera de ser olvidada, en boca de Alejandro Ruiz-Huerta.

Pero Alejandro no es de estos tiempos. Como no lo eran Luis Ramos, ni Miguel Sarabia y aún menos Lola González Ruiz, los otros tres compañeros de Alejandro, que sobrevivieron al asesinato terrorista y brutal que ejecutó una banda de ultraderechistas en el despacho laboralista de la calle de Atocha, número 55.

Alejandro aún vive. Los otros tres han fallecido en estos últimos años. Pero digo que no son de estos tiempos, porque algo de ellos quedó impregnado para siempre entre las paredes de Atocha, entre los restos de sangre y los casquillos de bala desperdigados por la estancia, incrustados en las paredes. Algo de ellos quedó entre los cuerpos inertes, o aún agonizantes, de sus compañeros de despacho. Desde aquel día fueron cumpliendo años, pero de otra manera, como en órbitas espirales alrededor de un agujero negro, cuyo influjo y poder sólo ellos podían sentir en todas sus dimensiones y con todas las consecuencias.

Lo cuenta Alejandro en su libro La memoria incómoda. Es profesor de derecho constitucional y trabaja en Córdoba. Ha escrito diversos libros, artículos, publicaciones. En alguno de ellos ha  analizado los Ángulos Ciegos de la transición española. Un texto esencial para que podamos hacernos una idea de lo que quedó escrito y por escribir en ese momento histórico tan complejo. Pero es en La Memoria Incómoda dónde el análisis deja paso a la memoria que se ancla en un momento. El recuerdo cada día, durante años, de la misma escena.

El dolor, los sentidos golpeados, el cuerpo que resiente cada herida y presiente las heridas de los que han fallecido, la vida que se desmorona, la necesidad de olvidar lo que no se puede dejar de revivir. El silencio reparador, el sueño alterado por cada nuevo disparo, noche tras noche. La incapacidad de escribir y el dolor de escribir, pese a los años transcurridos. Cuarenta años ya. Cuarenta años y como ayer.

Siguieron viviendo. Tuvieron parejas. Algunos tuvieron hijos, o hijas. Ejercieron su profesión. Miguel, creó una academia. Alejandro, pasó a la docencia. Pero siempre fueron, son, serán los de Atocha. No por decisión suya, ni por voluntad nuestra. Lo eran, lo son, lo serán. No lo eligieron. Eran jóvenes y realizaron unos estudios, iniciaron una profesión. Decidieron ejercerla siguiendo la estela de María Luisa Suárez, Pepe Jiménez de Parga, Antonio Montesinos, fundadores del primer despacho laboralista madrileño de la calle de la Cruz.

Ellos eran los más jóvenes. La nueva hornada de abogados y abogadas, recién salidos de la facultad y deseosos de comenzar a defender a la clase trabajadora y a la ciudadanía, desde los nuevos despachos de Atocha, o Españoleto. Muchos de ellos venían de buenas familias, pero se sentían de izquierdas, del PCE y de las CCOO. Eran todo lo libres que podían ser en una dictadura y querían vivir en democracia. Por eso defendían en los tribunales de lo social, en los Tribunales de Orden Público, a quienes luchaban por los derechos laborales en las empresas y los derechos sociales en los barrios.

De aquel atentado no salieron vivos Enrique Valdelvira, Angel Rodríguez Leal, Francisco Javier Sauquillo, Serafín Holgado, Luis Javier Benavides. Cada año visitamos los cementerios de Madrid, junto a Alejandro. Lola pocas veces quería acompañarnos en este recorrido previo a concentrarnos en Antón Martín, ante el portal del despacho, hasta que en 2003 inauguramos el monumento realizado y cedido por Juan Genovés, que reproduce su famoso cuadro del Abrazo. Un símbolo de la lucha por la reconciliación, la amnistía, la libertad.

Pero es que Lola había sobrevivido al atentado, perdiendo a su esposo Francisco Javier Sauquillo en el mismo. Igual que había perdido pocos años antes, en 1969, a su novio Enrique Ruano, que murió mientras se encontraba detenido en dependencias de la Brigada Político Social, la policía secreta del régimen franquista. Había años en los que Lola no aparecía el 24 de enero. Pocos sabían, en esas ocasiones, dónde estaba Lola. En su refugio de Cantabria, en Roma, encerrada en su casa. Pocos lo sabían, todos lo comprendíamos.

Se cumplen 40 años del atentado que cambió la historia de España. El franquismo firmó con sangre su salida de nuestras vidas. La legalización inmediata del Partido Comunista y de las CCOO, fueron el preludio de un proceso histórico hacia la democracia, al que llamamos transición. Pero la lucha por esa democracia fue una historia sembrada de sangre hasta el final de la dictadura.

Se cumplen ahora 40 años y el Rey ha recibido al patronato de la Fundación Abogados de Atocha, que las CCOO de Madrid constituimos en 2005. Serán muchos los actos que recordarán a los de Atocha. Juan Genovés recibirá el premio anual Abogados de Atocha, concedido por la Fundación. Se acaba de reeditar La memoria incómoda de Alejandro. Presentaremos un libro sobre tres mujeres abogadas en aquellos despachos: Paquita Sauquillo, Cristina Almeida, Manuela Carmena.

Ojalá lo que no se ha estudiado, ni aún se estudia, en las aulas españolas, pase a ser uno de los patrimonios más limpios de los que toda la ciudadanía pueda sentirse orgullosa, en la que todas las gentes de bien puedan reconocerse. Porque pocas cosas hay tan limpias en nuestra historia, por triste y turbia que nuestra historia haya sido, como la vida de esos jóvenes abogados de Atocha que amaban la vida y la libertad. La de aquellos que perdieron la vida sin ver amanecer la libertad. Los que abrieron las puertas de un futuro mejor, de par en par, para que entrásemos en un país democrático, a costa de su sangre, al precio de su vida.

A estas cosas creo que hace referencia Alejandro cuando habla del espíritu de Atocha. El que impregnaba a los de Atocha. El que ha marcado de por vida a los sobrevivientes. El que no debemos olvidar nunca quienes hemos escuchado su historia y sabemos que no contarla es tanto como dejar que las pistolas vuelvan a romper su silencio una fría noche de invierno. Porque ese espíritu, el de los de Atocha, es uno de los valores más  firmes que nos permite mirar con ojos jóvenes y limpios el horizonte, por incierto que ese horizonte sea.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Ciudadanía . Comentario: (36). Retroenlaces:(0). Enlace

CARTA ABIERTA AL PADRE Y LA MADRE DE UNA PRINCESA

jlopez.ccoo.es | 22 Noviembre, 2016 23:09

 

Señor y Señora,

Encabezo la carta con este tratamiento, porque he visto en algunos lugares que la forma de dirigirse a un rey y una reina ha de ser ésta. Además, no quiero incurrir en ninguna expresión que pueda ser considerada descortés y mucho menos insultante, injuriosa, ofensiva, o calumniosa. Uno sabe cómo empiezan estas cosas, pero luego algunas leyes, en manos de depende qué jueces,  o fiscales, puede dar lugar a disgustos innecesarios.

No me queda más remedio que dirigirles esta carta, como padres que son de una Princesa de Asturias menor de edad, que no merece, por el momento, saber tan siquiera de la existencia de la misma. Tiempo habrá, algún día.

Verán, Señor y Señora, he vivido recientemente la experiencia de la concesión de los Premios Princesa de Asturias de la Concordia. He querido dejar pasar el acto de la concesión y no he querido introducir ningún elemento que empañase la ceremonia, las celebraciones anteriores, ni las satisfacciones posteriores. He querido, incluso, esperar a que pasasen unas semanas, las elecciones en Estados Unidos y hasta la apertura de la legislatura. Entre otras cosas, porque creo que todos y todas los premiados tienen algún merecimiento, por encima de que yo pueda considerar que haya otras, u otros, que en algunos casos lo hubieran merecido más.

No crean que hablo desde la independencia y la falta de intereses en este tema. Muy al contrario. Resulta que a estos premios concurría una humilde fundación dedicada a los Abogados de Atocha. Y resulta que esta fundación fue creada durante un Congreso de CCOO de Madrid, en el año 2004, pocos meses después de los terribles atentados del 11-M. Nos parecía importante reivindicar la vida de una juventud formada y comprometida con la libertad y la justicia en España, aún a riesgo de perder su propia libertad y hasta su vida. Yo era Secretario General de la organización en aquellos momentos.

Intereses colectivos y personales, los tengo todos, para no ser imparcial. No conocí a los fallecidos en el atentado, pero he conocido a los sobrevivientes; a sus familiares; a sus compañeros y compañeras (María Luisa, Cristina, Manuela, Paca);  a las personas a las que defendían, trabajadores y trabajadoras, vecinos y vecinas de Madrid. He visitado sus tumbas cada 24 de enero.

He pronunciado sus nombres despaciosamente, Enrique Valdelvira, Luis Javier Benavides Orgaz, Francisco Javier Sauquillo, Serafín Holgado, Angel Rodríguez Leal, porque cuentan que, al decirlos despaciosamente, siembran armonía en el mundo. Me han dolido las muertes posteriores de los que sobrevivieron: Miguel Sarabia, Luis Ramos, Lola González Ruiz. Ya sólo queda de ellos, entre nosotros y nosotras, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, actual Presidente de la Fundación Abogados de Atocha.

La candidatura de la Fundación al Premio de la Concordia fue impulsada por el hermano de una de las víctimas del atentado contra los Abogados de Atocha, que se produjo el 24 de enero de 1977, hace ya casi cuarenta años. Contaba con el apoyo de diplomáticos, colegios de abogados, personalidades nacionales e internacionales del mundo del derecho, así como adhesiones  llegadas desde Guatemala, México, o el Sahara, entre otros.

También hubo artículos de prensa manifestando su apoyo, escritos por personas conocidas como Vicente Alvarez Areces, que fue Presidente de Asturias, o Jorge Martínez Reverte, que proponía un premio ex aequo para la Fundación y para el proceso de Paz en Colombia. Parece que ambas candidaturas quedaron entre los finalistas. Al final, por cierto, fueron los suecos los que concedieron el Nobel a uno de los promotores de la Paz en Colombia.

Nos hicimos ilusiones, que se demostraron infundadas. Finalmente el premio fue a parar a una entidad que trabaja con la infancia. No seré yo quien niegue sus méritos, en tiempos tan duros como los que vivimos, en los que la infancia es víctima de los peores horrores. Habrá organizaciones que lo merezcan más y otras que lo merezcan menos, pero seguro que lo merecen. A mí no me gustan sus rastrillos, sus cocidos madrileños, sus carreras populares, ni las personalidades de alta alcurnia que los rodean. Pero, reitero, seguro que lo merecen con creces.

No es, por lo tanto, el premio en sí, ni los premiados, lo que me movió a bucear en internet. Hoy todo está en internet, o casi todo. Fue, más bien, esa curiosidad insaciable que me conduce siempre a buscar respuestas, causas, porqués. Y lo primero que busqué es la composición del jurado que concede los premios. Encontré personas vinculadas a todo tipo de grandes empresas y organizaciones de ideología conservadora, junto a algún presidente, o expresidente, de Asturias, algún alcalde asturiano, algún Rector universitario asturiano.

Por cierto, entre cerca de 30 personas, sólo tres mujeres. Una de ellas, Sol Daurella, Presidenta de Coca-Cola European Partners, conocida deudora de Hacienda y responsable de conflictos sociales y laborales que ha desencadenado con el cierre de embotelladoras, como la de Fuenlabrada en España. Otra, la marquesa de Bellavista, Alicia Koplowitz y la tercera la conocida militante del PP asturiano y hoy presidenta de UNOSA, Teresa Mallada de Castro.

Señor, Señora, con todo respeto, les ruego ahora que consideren si ese jurado representa, en lo más mínimo, la composición de la sociedad española, su diversidad y pluralidad. Quienes trabajamos en las más diferentes profesiones constituimos la inmensa mayoría de este país. Ni un solo trabajador en el jurado. Ni una sola trabajadora. Hay magníficos profesionales en todos los sectores, pero los miembros del jurado proceden, casi exclusivamente, del mundo de las finanzas, los seguros, los negocios, las constructoras, organizaciones empresariales, o de organizaciones políticamente conservadoras. 

Reiterando que, con toda probabilidad, la entidad que este año ha obtenido el premio lo merece con creces, ha resultado que cuando tecleo el nombre de dicha entidad, emparejado al de casi todas y cada una de las empresas con las que tienen, o han tenido, vinculación los miembros del jurado, son esas mismas empresas las que aparecen, con frecuencia, como donantes y financiadoras de actividades de la entidad en cuestión y se publicitan en los photocall de los diferentes eventos que organiza.

Probablemente a eso se le llama hoy responsabilidad social corporativa, pero no deja de parecerme un gasto publicitario, un apunte contable y, en mi opinión, una manera de alentar la beneficencia y la caridad, en lugar de la justicia y la igualdad. A fin de cuentas, los costes de estas donaciones son, probablemente, desgravables ante Hacienda, o se repercuten sobre los precios de productos y servicios que termina pagando el consumidor.

Sólo falta tomar en consideración que la entidad premiada cuenta como Presidente de Honor con el Rey de España. Por más que las presidencias honoríficas no sean ejecutivas, creo sinceramente que el nombre de altas autoridades del Estado, no debería verse involucrado en este tipo de situaciones, porque puede terminar ocurriendo que, en ocasiones como ésta, utilizando el nombre de una hija, un jurado como el descrito, termine premiando a una entidad presidida honoríficamente por su padre.

Lo primero que se me viene a la cabeza, tras estas consideraciones, es la poca oportunidad que tenía la Fundación Abogados de Atocha, de alcanzar el Premio Princesa de Asturias de la Concordia. Lo segundo que se me ocurre es trasladarles el ruego, Señor y Señora, de que valoren si su hija, la princesa de Asturias, puede prestar su nombre a las decisiones de un jurado con la composición descrita. No porque los premiados no sean merecedores de un premio, sino porque los premios aparecerán marcados por el signo de la interrogación, cuando no de la duda.

Y en tercer lugar, para terminar y no aburrir, ni seguir liando la madeja hasta incurrir en algún tipo de descortesía, desearía que considerasen que una Fundación que utiliza el nombre de la Princesa de Asturias para otorgar reconocimientos y premios internacionales, no puede seguir teniendo en la composición de su patronato y de jurados como el del Premio de la Concordia que nos ocupa, unas carencias de pluralidad, diversidad, e igualdad de género, tan marcadas y evidentes, porque no responden al país que somos, ni al que deberemos ser.

Se me ocurren y me vienen a las memoria muchos nombres de personas jóvenes y mayores, mujeres y hombres, gentes del trabajo, de la cultura, de las ciencias, o las artes, del deporte, o de organizaciones de todo tipo, que pudieran formar parte de dichos órganos, pero no es mi responsabilidad designarlos, ni tan siquiera proponerlos.

Señor, Señora, como ciudadano, como trabajador y como padre (tampoco en eso soy imparcial), tan sólo espero que estas consideraciones, puedan tener alguna utilidad, pues creo, con sinceridad, que la única forma de convivir con dignidad y decencia en este país es que, quienes lo habitamos, comencemos a decir con claridad cómo nos vemos, qué creemos que necesitamos y cómo consideramos que hay que solucionar nuestros problemas y nuestros males. Eso, por sí solo, no basta, pero sin ese primer paso nada es posible.

Francisco Javier López Martín 

 

Categora: Ciudadanía . Comentario: (0). Retroenlaces:(0). Enlace

La intransitable cartografía de los recortes

jlopez.ccoo.es | 13 Junio, 2016 13:59

Un reciente informe de CCOO pone de relieve que uno de los peores efectos de la crisis ha sido que los ingresos públicos han disminuido brutalmente.  Así, las cuentas del Estado, que se saldaban en 2007 con un superávit de 21.620 millones de euros, arrojaban en 2009 un déficit de 118.237 millones de euros. La caída de los ingresos fue de casi 70.000 millones de euros, pero las rebajas fiscales descontroladas puestas en marcha desde 1994, también tienen mucho que ver.

La solución de los recortes es la más fácil, pero la que más pone en riesgo la estabilidad y cohesión de cualquier país. En las cuentas formales, el gasto de las Administraciones Públicas disminuyó en 30.824 millones de euros entre 2009 y 2014. Pero este dato oculta un desequilibrio más complejo.  Así, mientras los intereses de la deuda, el gasto energético, o las pensiones crecieron en 47.000 millones de euros, el resto del gasto público bajó en 78.000 millones de euros (casi 8 puntos del Producto Interior Bruto). Si tomamos en cuenta la inflación acumulada, el gasto público ha caído entre un 21% y un 30%.

Y el golpe no lo han sufrido exclusivamente los empleados públicos en forma de rebajas salariales y pérdida de empleo. Tan sólo en el capítulo de inversiones en transportes hemos perdido 13.000 millones de euros, 4.400 millones en vivienda, 4.000 en inversiones sanitarias y educativas, o 4.600 millones en políticas sectoriales. Las políticas de Investigación y Desarrollo (I+D+i) han perdido en su conjunto más de 1.700 millones.

Esto sólo en las inversiones, porque si miramos el retroceso de la dotación de servicios como la salud y la educación se han gastado, en 2014, 18.400 millones menos que en 2009. Pero se trata de recortes desequilibrados- Mientras la educación pública ve retroceder sus inversiones en un 70%, los conciertos con centros privados caen un 1,2%.

Los gastos con mayor componente social han sido el principal objetivo del PP a lo largo de los últimos años. Ya sea la incapacidad laboral, el apoyo a las familias y la infancia, las políticas sociales de vivienda, la protección del medio ambiente, las políticas sectoriales de impulso a la economía.

En definitiva, una orientación de la política de gasto presupuestario, que nos está colocando en los últimos puestos de la Unión Europea en nuestra capacidad de proteger  a las personas y las familias frente a los efectos de la crisis.

Corregir esta deriva de empobrecimiento que fractura cada vez más a la sociedad, sería el trabajo urgente de cualquier Gobierno. Ese Gobierno que lleva ya seis meses sin constituirse y que veremos cuanto tarda en llegar después del 26j.  Un lujo, que no deberíamos permitirnos como país, pero que nos estamos permitiendo. Y es que la lógica política no parece tener mucho en común con la lógica de las necesidades de la sociedad. Con el agravante de que en este caso, como en muchos otros, el tiempo solo puede empeorar las cosas.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: General, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos . Comentario: (232). Retroenlaces:(0). Enlace

Crítica al Plan de Choque por el Empleo PSOE-Ciudadanos

jlopez.ccoo.es | 07 Marzo, 2016 11:52

Un punto central del pacto PSOE-C´s es lo que llaman Plan de Choque por el Empleo y la Inserción laboral. No es extraño, si tomamos en cuenta que, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de enero, los ciudadanos perciben el paro y la mala calidad del empleo como primer problema de nuestro país.

El Plan parte de un diagnóstico del mercado de trabajo y las políticas activas de empleo en línea con los  realizados por el CES y la OCDE y otras instituciones similares. Señala la alta tasa de temporalidad (solo uno de cada diez contratos realizados en 2015 es fijo), el despilfarro en ineficaces bonificaciones y subvenciones a las empresas (hay más de 70 modalidades de bonificación que en 2016 costarán al Estado alrededor de 5.720 millones de euros), la escasa oferta de formación para desempleados (apenas un 6% accede a los cursos), el bajo nivel de cualificación de la población activa y el casi inexistente sistema de orientación profesional.

Desde nuestro punto de vista, es un acierto dedicar a mejorar la situación de los desempleados los enormes recursos que se han estado transfiriendo a las empresas por la vía de las bonificaciones, ayudas y subvenciones. Sin embargo, los principios generales que inspiran el Plan, son idénticos a los que ha utilizado el Partido Popular durante los últimos cuatro años para justificar sus políticas: evaluación permanente, colaboración público-privada, concurrencia competitiva, personalización de los servicios de orientación y cheque formación.

Se trata de enunciados tan ambiguos que pueden albergar iniciativas muy distintas, pero que, en general, se han venido utilizando como marco narrativo de políticas neoliberales. Así, la colaboración público-privada y la concurrencia competitiva significan, en la práctica, ofrecer a la iniciativa privada la gestión de los servicios públicos “rentables”. En cuanto a la personalización de la orientación laboral significa convertir el problema social del paro en un problema individual del parado, condenado a prever las necesidades de las empresas y adaptarse a ellas para que le contraten. La evaluación permanente consiste, con demasiada frecuencia, en utilizar la estadística para justificar decisiones ya tomadas. 

Por lo demás, el documento incluye una amalgama de medidas con distintos grados de novedad y desigual desarrollo. Repasamos, someramente, las más relevantes:

1. Perfilado estadístico de los desempleados y cheque formación. La ley 30/2015 ya contempla la creación de un sistema integrado de información que permita obtener el perfil competencial de cada desempleado, para adaptar los servicios de formación y orientación a sus características individuales. Así mismo propone conceder a los desempleados un cheque formación que el usuario entregaría al proveedor de formación (privado) elegido.

 Por lo tanto, estas medidas no son nuevas. De hecho, casi todos los gobiernos de los últimos años han sido víctimas de una especie de falsa creencia, según la cual los desajustes entre las cualificaciones que demandan las empresas y las que ofrecen los trabajadores, en gran medida, son el resultado de falta de información y se podrían atenuar, e incluso resolver, con una herramienta informativa capaz de integrar y ordenar todos los datos del mercado.  Obviamente, tener información es necesario, pero es dudoso que, por sí sola, pueda arreglar desajustes que dependen del modelo económico.

 El cheque formación es una de las propuestas estrella de Ciudadanos. Se trata de una iniciativa que plasma dos principios liberales: el de que la formación debe ser tratada como una mercancía y el de que las decisiones individuales, en un contexto de mercado, son más acertadas que las decisiones colectivas.

 El cheque formación resulta atractivo para muchos ciudadanos, porque se vende apelando a la libertad individual de elección y a la eliminación de barreras burocráticas en la asignación de los fondos. Por supuesto, se puede conseguir la misma libertad de elección construyendo una oferta pública suficientemente amplia, pero esa no parece ser la cuestión.

 De otra parte, tampoco se toman en cuenta las experiencias europeas en la aplicación del cheque formación, que demuestran que contribuye a incrementar la desigualdad, pues son las personas con mejor posición económica y nivel educativo las que lo usan. En casos como el de Inglaterra, el experimento se saldó con la retirada del cheque, ante los numerosos fraudes detectados durante su primer año de aplicación.

2. Reforma de la Formación Profesional Reglada y para el empleo. Tampoco es nuevo proponer la creación de un grupo de trabajo para la reforma de la formación profesional reglada. Lo que sí resulta original es anticipar las conclusiones de ese grupo, indicando que debe contemplar “medidas de fomento para las medianas y grandes empresas, destinadas a lograr su cooperación y compromiso con la formación profesional de personas ajenas a sus propios trabajadores o aspirantes a serlo”.

La idea de que grandes empresas contribuyan a formar a los trabajadores de PYMES con menor desarrollo tecnológico es interesante, pero no es ni de lejos suficiente para articular la revisión de todo el sistema de Formación Profesional. Tampoco debería otorgarse a las grandes empresas y sus representantes un papel preeminente en la discusión de las políticas de educación y formación. En primer lugar, porque la formación de los trabajadores ocupados es materia laboral y debe estar vinculada con la negociación colectiva En segundo, porque las carencias de formación más importantes se dan en las Pymes.

3. Formación de Mayores de 45 años: Las medidas que se centran, casi en exclusiva, en variables como la edad, tienen la virtud política de parecer igualitarias, pues todo el mundo es susceptible de acceder o haber accedido a ellas en algún momento. Sin embargo, en la práctica, acentúan la desigualdad, al no tener en cuenta aspectos como el género, el origen socioeconómico, la categoría profesional, o el nivel educativo, que influyen, tanto o más que la edad, en la situación laboral.

Estamos de acuerdo, por lo tanto, en aumentar las medidas destinadas a los mayores de 45 años siempre que se tengan en cuenta el resto de las circunstancias sociolaborales que influyen en el empleo y no se ofrezcan los mismos servicios y se destinen los mismos recursos a personas con una situación diferente.

De los dos programas previstos para este colectivo, el más novedoso es destinado a trabajadores ocupados. Consiste en dar una ayuda (renta de recualificación) a las personas con mucha antigüedad en la empresa, que sigan un proceso de formación para el reciclaje profesional. Las empresas se comprometerían a reservarles el puesto de trabajo.

Debemos señalar que, tras la última reforma laboral, el trabajador tiene derecho a la formación necesaria para su adaptación a las modificaciones operadas en el puesto de trabajo. Esta formación se realizará con cargo a la empresa y en jornada laboral. Por lo tanto, no debe ser financiada con fondos del Estado. Desde este punto de vista, a falta de conocer los detalles, la propuesta no sería aceptable. Además, parece muy poco adaptada a las necesidades de las PYMES, donde se encuentran las personas con más dificultades para el mantenimiento del empleo.

4.  Plan para la adquisición de competencias básicas para el empleo.” El plan iría destinado a otorgar una certificación a quienes no han alcanzado un nivel educativo básico, con una partida presupuestaria propia y un diseño de incentivos que fomente el aprendizaje permanente entre los adultos. En cuanto a los jóvenes, se trata de que tengan la posibilidad de acreditarse en competencias clave de nivel 2, imprescindibles para optar a la especialización formativa, en un plazo de 6 meses. El programa se desarrollará con la suma de tres acciones: oferta pública de cursos de competencias clave de nivel 2, elaboración de un dispositivo de formación a distancia para realizar estos cursos; realización masiva de pruebas de acreditación de las competencias clave”.Es crucial aumentar el nivel de cualificación de la población activa, sin embargo la modalidad a distancia no es la más adecuada. Los potenciales alumnos de los cursos de competencias clave son personas que no obtuvieron el título de ESO y necesitan un apoyo adicional que no se obtienen con esta modalidad didáctica.

5. Medidas específicas para parados de larga duración Se propone aumentar el presupuesto del Programa Prepara (destinado a personas que han agotado todas sus prestaciones) y mantener la ayuda (que se llamará renta de reinserción) durante el tiempo necesario para que la persona reingrese en el mercado de trabajo, en vez de durante los seis meses actuales.

Además, el Plan plantea subvencionar la contratación de estas personas en determinados supuestos. Se vuelve pues a la denostada receta de las bonificaciones pero, en este caso, para compensar los costes de formación que va a tener la empresa. Da la impresión de que se quiere extender el contrato para la formación y el aprendizaje a trabajadores de cualquier edad, lo cual sería totalmente equivocado, pues supondría extender la precariedad.

A veces, tan importante como lo que se dice, es lo que se calla. En estas propuestas se echan de menos tres grandes temas: La creación de una oferta pública de calidad en formación para el empleo, pues la oferta privada actual presenta serias lagunas de variedad, calidad y eficacia. La participación de los agentes sociales en la redefinición de la formación profesional y, en particular, siguiendo el modelo alemán, en la administración de la formación dual y, por último, el establecimiento de medidas para regular la situación de los becarios y aprendices, un colectivo cada vez más numeroso que necesita urgentemente que se garanticen sus derechos laborales.

Irene Albertos, Esther Gómez y Yolanda Ponce

 

Categora: Ciudadanía . Comentario: (7849). Retroenlaces:(0). Enlace

La llama de Francisco Giner de los Ríos (Episodio III)

jlopez.ccoo.es | 07 Enero, 2016 11:22

 

Quedó dicho que, en 1881, los liberarles llegan al poder y Giner, junto a los catedráticos depuestos por los conservadores, vuelven a sus cátedras.  Quedó reseñado que la Institución Libre de Enseñanza (ILE) obtiene un respaldo gubernamental, que la consolida en España y la proyecta internacionalmente.  Quedó constancia del desarrollo impresionante de la ILE y la amplitud y variedad de los proyectos que se fraguaron en su entorno.  Consignamos el nombre de las muchas y los muchos profesores, colaboradores y alumnos que por allí pasaron.

La ILE, no obstante, tuvo que desarrollarse en el marco de un proceso histórico tremendamente complicado en el que los problemas, lejos de encontrar solución, no hicieron más que enquistarse, dando lugar a un conflicto que desembocó en una Guerra Civil, que arrasó a España con los españoles dentro.

En 1885 muere Alfonso XII, tras diez años de reinado.  Su hijo, el futuro Alfonso XIII, no ha nacido aún y las clases dirigentes no están dispuestas a revivir un periodo de inestabilidad como el del “sexenio democrático”, o “sexenio revolucionario”, según se mire. Por eso los conservadores de Cánovas del Castillo y los liberales de Sagasta, se apresuran a acordar, en El Pardo,  en vísperas de la muerte del monarca, un pacto que les asegura el poder, consolidando un turno pacífico en el Gobierno.

El problema consistía en que, para que el turno de relevo se produjese, eran necesarias unas elecciones amañadas, en las que los datos se manipulaban a placer. Un sistema que necesitaba del control absoluto de los votos, fomentando el caciquismo y el encasillado de los candidatos destinados a salir elegidos. El propio sistema bloquea el debate, la libertad del voto y cualquier perspectiva de introducir reformas que alteren el equilibrio acordado. 

El sistema funcionó hasta que sus grietas se agrandaron  a partir de 1898.  Conducida a una guerra con los Estados Unidos, España pierde sus colonias de Cuba y Filipinas.  Prim, durante La Gloriosa, había planteado resolver el problema del independentismo cubano, mediante una amnistía general para los patriotas cubanos, la celebración de un referéndum y, en caso de ganar el independentismo, el establecimiento de una compensación avalada por Estados Unidos. Prim fue asesinado y, al final, la solución fue una de las más desastrosas posibles: La independencia tras una cruenta Guerra.

Una vez más, la misma España que aplaza sus problemas, los enquista y los resuelve a las bravas, a sangre y fuego. La España de las fracturas profundas y de las cuestiones nunca bien resueltas, cuyos periodos de paz son breves reposos entre dos guerras civiles. La España experta en no desaprovechar ninguna oportunidad de desaprovechar una oportunidad. La que se perpetúa en sus males.

Y entre esos males, el primero de ellos, la cuestión imperial. Definida España como un Imperio, tiene que cortar con sus  correspondientes colonias. Sin colonias no hay imperio y las últimas colonias dignas de tal nombre se perdieron en 1898.  Tras cuatrocientos años imperiales, España tiene que repensarse.

Podría haber escuchado a Joaquín Costa, otro hombre vinculado a la ILE, krausista y abanderado del regeneracionismo en España, quien propugnaba rehacer y refundir al español en el molde europeo. Poco más o menos, la desafricanización y europeización de España.  Escuela, despensa y dos llaves al sepulcro del Cid (se entiende que para que no cabalgue de nuevo).

Mira que insistió Costa, tras el desastre de Cuba y Filipinas en que “ningún ideal nos llama ya a ninguna parte del mundo fuera de la Península. No hay ya para nosotros cuestión colonial, los que sueñan con nuevas adquisiciones territoriales para rehacer en África la epopeya americana, no han caído en la cuenta de que mientras España dormía, enamorada de sus Antillas y de sus Filipinas y satisfecha con ellas, el planeta entero ha sido ocupado, sin que quede libre un palmo de suelo donde pudiera ser izada la bandera de marras”.

Una cuestión imperial o colonial, que no podemos dejar de relacionar con la cuestión militar. Ese turbio asunto de unos militones acostumbrados a intervenir en los asuntos de la política, que no dudan en protagonizar alzamientos, pronunciamientos y sublevaciones para “salvar a la patria” y que encuentran ahora acomodo en las agrestes montañas del Rif y el desértico Sahara, que nos corresponden en el reparto de África entre las potencias europeas. 

Los militares africanistas obtendrán mejores sueldos y ascensos rápidos, mientras los que quedan en la península expresan su malestar a través de las Juntas de Defensa y en 1906, obtienen del Gobierno de Lloret la reinstauración de los tribunales militares para juzgar delitos contra el ejército y la patria. 

A los Espartero, Narváez, Prim, Topete, Serrano, o Pavía, les seguirán pronto, Martínez Anido, Primo de Ribera, Sanjurjo y, al final, los Millán Astray, Mola, Queipo de Llano y el inefable Franco.

Imperio, ejército, iglesia. La cuestión religiosa, marcada por el intervencionismo de la iglesia, fraguado en siglos de inquisición, con un poder desmesurado en la beneficencia y en la educación, con posesiones inmensas, a lo largo de todo el territorio nacional y que se convertirá en barrera infranqueable para experiencias educativas como la Institución Libre de Enseñanza, o las Escuelas Modernas, que basan su funcionamiento en el laicismo, la libertad, el diálogo, el respeto de las ideas, o la coeducación.

No residen aquí todos los males de España. El cóctel explosivo, se completa con otros problemas como la cuestión nacionalista, o territorial. La Liga Regionalista Catalana, que vertebra a la burguesía catalana en torno a un líder como Francisco Cambó, que reclama autonomía, pero que ve con horror el ascenso de la clase obrera y no duda en respaldar la represión de la Semana Trágica, en 1909.

Tampoco duda en apoyar el pistolerismo antisindical del Gobernador Militar de Barcelona, el Coronel Martínez Anido. Persecución a sangre y fuego de los sindicalistas, que condujo al asesinato callejero del líder de la CNT, Salvador Seguí y que usó y abusó de la Ley de Fugas para matar por la espalda a los militantes obreros.

Un historial, éste de Anido, que le encumbró al generalato y que le llevó a ocupar el Ministerio de la Gobernación con el dictador Primo de Ribera, y el de Orden Público, en el primer Gobierno del dictador Franco, tras un breve exilio en Francia, durante la República.

Y todo ello con la connivencia y apoyo de Francesc Cambó que, cuando se ve desbordado por Esquerra Republicana, no duda en apoyar la sublevación militar que conducía a la Guerra Civil.

Mientras tanto, en el País Vasco, Sabino Arana crea el Partido Nacionalista Vasco, profundamente conservador, católico, liberal en lo económico y reformista en lo social. El modelo de Estado, centralista, federal, confederal, marcará el debate político durante décadas y llega hasta nuestros días

Quedan aún, al menos, dos problemas que reseñar. La cuestión agraria, con una siempre necesaria y nunca resuelta reforma agraria, hacia la que ya apuntaban las ideas ilustradas de personajes como Jovellanos.  Un problema de la tierra, que revela también la fractura de una España interior y profunda, en la que los caciques abusan del campesinado y una España periférica, (donde podemos incluir, paradójicamente, a Madrid) en la que una burguesía industrial, financiera, comercial, choca con una aristocracia de rentistas y con una clase obrera que reclama su papel en la historia.

Protagonismo de un campesinado hastiado de tanta miseria y opresión y una clase obrera, que paga con la vida, o con la cárcel, cada intento de mejorar sus trabajos y las condiciones de vida de sus familiares. Una clase obrera que, de la mano de Pablo Iglesias, crea el Partido Socialista (PSOE) en 1879 en Casa Labra y en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT) en Barcelona.

Mientras tanto, la Federación de Trabajadores de la Región Española, fiel a la I Internacional, termina creando la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910, en el Teatro del Círculo de Bellas Artes de Barcelona.

Las tensiones y la crisis económica de la I Guerra Mundial, conducen al acuerdo de unidad de acción entre ambas organizaciones. Un acuerdo en el que se encuentran Julián Besteiro y Largo Caballero, por UGT, junto a Ángel Pestaña o Salvador Seguí, por la CNT y cuyo fruto inmediato será la Huelga General de 1917.

Este es el revuelto panorama económico, político y social que envuelve la vida de Francisco Giner de los Ríos y que alimenta una llama que intenta responder,  desde el regeneracionismo y desde la educación en la libertad, a unos males que ya apuntaban hacia la justificación de un enfrentamiento civil que daría al traste con lo mejor de España, abriendo las puertas a décadas de negra dictadura.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Ciudadanía . Comentario: (8055). Retroenlaces:(0). Enlace

2015, NO SE ME OCURRE OTRA MANERA

jlopez.ccoo.es | 03 Enero, 2015 02:36

Y ha llegado 2015, como el niño deseado por todos. El año en el que comenzará la recuperación económica y podremos permitirnos algunas limosnas de ingeniería social, recuperando un buen puñado de votos perdidos, piensan unos. El año en el que consolidaremos un nuevo líder y romperemos la mala racha que nos dejaron los inexistentes brotes verdes, piensan otros. El año en el que se hará realidad el fenómeno mediático, se prometen felices unos terceros, aunque para ello haya que retranquear las protuberancias programáticas y limar las aristas que asustan al público en general. El año en el que lo que era pequeño, será grande y, en muchos casos, llave inevitable para la gobernabilidad de Ayuntamientos, Comunidades y el mismísimo Estado que, por más estigmatizado que se encuentre, no deja de ser menos deseado y deseable.

Son los sueños de los políticos. Porque 2015 es un sueño que se libra en la cama de la política. Estamos ante un año electoral y todo sueño que se precie aspira al poder que emana de las urnas. Tiene su lógica. Es el momento de la política. Tal vez por eso muchos de cuantos han emergido, a lo largo estos años, desde las filas de una sociedad hastiada de los recortes, aplicados como indiscriminada receta para superar la crisis, recomponiendo los beneficios y procurando un nuevo reparto de la riqueza en favor de los más ricos, se preparan para intervenir en política. Tal vez porque son muchos y muchas, los que no quieren que la desigualdad y la libertad sean las víctimas propiciatorias de todo este montaje al que llaman crisis.

Muchos líderes surgidos de los movimientos sociales, algunos de ellos nacidos del descontento, la indignación y el hartazgo de una política  endogámica, cargada de vicios y acostumbrada a un devenir que poco o nada tiene que ver con el del común de los mortales, se presentarán al concurso político, junto a otros que esperaban su momento, recluidos en universidades, o en tareas profesionales. Se han sentido llamados a participar en la regeneración de una forma de entender la política que muestra signos evidentes de agotamiento, tras 35 años de trayectoria democrática y que acusa los golpes de una crisis económica, social y política con pocos precedentes.

No es malo que la política renueve sus caras, e incorpore gentes venidas de otros espacios. Muy al contrario, parece saludable la permeabilidad entre la cosa política y la marea de una sociedad en constante transformación. No es un mero asunto de renovación generacional, porque muchos de los nuevos actores políticos llevan toda su vida, más corta o más larga, interviniendo como actores sociales. Eran jóvenes concejales, asesores políticos, dirigentes de organizaciones sociales, líderes estudiantiles, profesionales con larga trayectoria, profesores de universidad, dirigentes sindicales.

Tampoco me parece que se trate, tan sólo, de poner en marcha una nueva política, aunque sí de aplicar nuevas formas de hacer política. Los nuevos órganos de dirección que surgen de los procesos de renovación en las fuerzas políticas tradicionales, o en los nuevos fenómenos políticos, no parecen especialmente preocupados por integrar la diversidad y la pluralidad de la sociedad que les nutre. Las direcciones que se configuran suelen ser monolíticas y abundan los llamamientos a los perdedores, para que se aparten a un lado, cuando no a que se vayan, en el caso de no compartir el proyecto ganador.

Hasta las primarias dejan muy poco margen a otra renovación que no sea la de las caras que figurarán en la cartelería electoral. No es poco, pero tampoco mucho, cuando comprobamos que parecen ser los aparatos internos, de uno u otro signo, más viejos o más nuevos, los que terminan imponiéndose a la hora de elegir no sólo al líder, al cabeza de turco en el caso de una derrota en las urnas, sino en la decisión sobre el resto de la lista electoral. Haz tu la ley y déjame los reglamentos, cuentan que decía Romanones.

Bien, en todo caso, por la renovación de personas, bien por la incorporación de jóvenes, bien por el ensayo de nuevas formas de hacer política que permitan más transparencia y participación. Sobre todo si consiguen establecer los controles y cortafuegos necesarios para acabar con la corrupción instalada en el centro de las instituciones.

Pero ni todo lo pasado fue malo, ni todos los políticos fueron corruptos, ni todo lo nuevo será bueno y mejor. Pensar lo contrario supondría que diéramos por bueno a Lampedusa y su famoso eslogan "revolucionario", Que todo cambie para que todo siga igual. Y no parece que sea eso lo que necesitamos como país y como sociedad.

Por eso creo que, aunque vivamos tiempos de política electoral, conviene fijar la atención en algunas de las raíces del problema que tenemos. La crisis española tiene componentes propios y hunde sus raíces en vicios que tienen que ver con un modelo de crecimiento poco sano, por no decir  enfermizo. La alianza entre sectores inmobiliarios, financieros y políticos ha creado y mantenido, durante décadas, un espejismo de crecimiento con escasa base productiva y poco interés por la innovación, la investigación, la industria, la calidad de nuestros productos y servicios.

Pero además, la sociedad ha perdido protagonismo, interlocución, influencia en la política. Basta comprobar cómo dos huelgas generales y manifestaciones masivas contra las reformas y recortes laborales han sido ninguneadas sistemáticamente. Basta comprobar cómo protestas ciudadanas contra las políticas de recortes aplicadas en la educación, la sanidad, los servicios sociales, no surten efecto político alguno, salvo que se acerque un periodo electoral.

No se trata sólo de que las manifestaciones sean masivas, sino que no obtienen lectura alguna por parte de una política entregada a la autocomplacencia del gobierno de turno. Al principio parece que no pasa nada por proceder de esta manera, pero, mas temprano que tarde, comienzan a aparecer la incertidumbre, el desapego, la indignación y el rechazo, ante una política y unos políticos que no han entendido que son elegidos como representantes, que no como dictadores cuatrienales y que tienen la obligación de gobernar desde el diálogo permanente con la sociedad.

No es un problema constitucional, porque es nuestra Constitución la que asigna a los partidos políticos un papel vertebrador de la voluntad política y a los empresarios y sindicatos, a las organizaciones sociales, el de representar los intereses que les son propios. Es nuestra Constitución la que establece la obligatoriedad de los poderes públicos de asegurar la participación social en la política.

Solemos pensar que elegimos a alguien para gobernar y si lo hace mal lo cambiamos. Parece una fórmula sencilla y hasta útil, pero no lo es y además es nefasta. La política, como cualquier tarea humana que afecta a nuestras vidas, es tan importante para las personas, que no puede dejarse en manos exclusivas de los políticos.

Estamos ya en 2015. Se avecinan importantes citas políticas. Hay quienes anuncian grandes cambios de todo tipo. Esperemos que esos cambios no consistan en consolidar las injusticias perpetradas durante y en nombre del combate contra la crisis. Esperemos que los derechos usurpados sean restituidos y no pasen a formar parte del inventario de los beneficios de los ganadores de la crisis. Esperemos que tanto cambio no se ventile con un nuevo pacto entre la política y la economía, tras el que pervivan los problemas de fondo y todo quede reducido a un cambio de apariencias. Ya se sabe que las apariencia engañan.

Esperemos que esos cambios que se anuncian y avecinan, aseguren que el futuro de este país se asiente sobre bases económicas, educativas y sociales más sólidas y que esas bases vayan impregnadas de una cultura de la convivencia, que tenga que ver más con la honestidad y la dignidad, que con el pelotazo y el todo vale. Una cultura de la libertad, la igualdad y la solidaridad.

Y para que esto sea así no basta esperar a que las cosas ocurran. No basta elegir nuevos gobernantes. Será necesario algo más que manifestarse en las calles y protestar con ahínco renovado. Necesitamos construir una sociedad vertebrada y organizada que hable de tu a tu a la política. Que defienda sus intereses en la calle y en la propuesta creíble y realizable. Que desarrolle y consolide el Estado Social y Democrático de Derecho que establece la Constitución.

Necesitamos una sociedad que dialogue con el poder político y unos políticos que desarrollen su capacidad de mirar, escuchar y dialogar con la sociedad. El acuerdo entre los representantes de la sociedad y aquellos que son elegidos por la ciudadanía para gobernar un país, una comunidad autónoma, no debería ser algo excepcional, sino el pan nuestro de cada día.

Por eso, en estas primeras horas de 2015, no se me ocurre otra manera que ser sindicalista. No digo con ello que todos tengan que serlo, aunque no sería malo que quienes trabajan, o han trabajado, o se encuentran en el paro, se agrupasen en sindicatos para defender los valores y los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras.

No niego que haya en la sociedad tareas tan dignas como ésta de ser sindicalista.   Muy al contrario, creo que ha llegado precisamente el momento de que cada cual se enfrente al deber y la responsabilidad, puesto que la libertad es el ejercicio de una responsabilidad, de hacer bien aquello para lo que se encuentre más preparado. Ya sea la ciencia, la cultura, la albañilería, el comercio, la producción industrial, la enseñanza, la sanidad, o cualquier otra tarea humana.

Hablo, por lo tanto, en primera persona y a título personal. No se me ocurre otra manera que defender a los compañeros y compañeras de @cocacolaenlucha. A cuantos son perseguidos por ejercer su derecho a la huelga y la manifestación. A esas mujeres que combaten sin descanso por la dignidad de su trabajo, en las grandes superficies y cadenas comerciales, en la ayuda a domicilio, en la limpieza de edificios y locales, en los comedores escolares y de empresa. A cuantos ven amenazado su empleo, a quienes lo han perdido, a quienes nunca lo han tenido.  A esas personas golpeadas por la crisis a las que se les niega el futuro.

En 2015, en esta España cargada de demonios, No se me ocurre otra manera que seguir en pie de guerra, en la lucha sindical. En mi caso, en las CCOO. Por lo demás, Feliz Año, a todas y todos.

Francisco Javier López Martín

 

Categora: Ciudadanía . Comentario: (7886). Retroenlaces:(0). Enlace

Todos los 8 de marzo

jlopez.ccoo.es | 07 Marzo, 2014 10:04

Todos los 8 de Marzo se convierten en un momento para reivindicar la igualdad de la mujer en nuestra sociedad. Un día para reivindicar el final de esa violencia de género que nos sigue golpeando día tras día desde las pantallas de la televisión y las páginas interiores de los periódicos. Un día para exigir que el acoso sexual, el acoso laboral, dejen de ser una realidad cotidiana que machaca a miles de mujeres. Para tomar conciencia de la discriminación laboral, social, cultural, que ha pervivido tras más de 35 años de Constitución democrática.

Todos los 8 de Marzo se convierten en el día en el que el curso de la historia parece detenerse para constatar que, a partir del mismo, todo puede cambiar a mejor, si nos lo proponemos. Por eso cada 8 de Marzo miles de personas, mujeres y hombres, retoman el compromiso por la igualdad. Porque ese es el verdadero problema. El reto de la igualdad. Un reto en el que hemos ido perdiendo terreno, a lo largo de los últimos años de triunfo de un imaginario de prosperidad infinita, enriquecimiento generalizado, endeudamiento espiral, que nos otorgaba la libertad de consumir productos y servicios sin cuento y sin fin.

El viejo ideario de la libertad y la igualdad, de la mano de su inseparable compañera, la solidaridad (a la que los revolucionarios franceses llamaban fraternidad), ha devenido en un liberalismo feroz, antisocial y, a la vista de los acontecimientos, antieconómico e insostenible, que ha propiciado que los desechos se conviertan en el paradigma de la sociedad.

Ese mundo se ha derrumbado estrepitosamente sobre la sociedad toda, pero son las mujeres las que primero padecen los efectos de las crisis y las que más tardan en sentir los efectos de las recuperaciones económicas. El paro de las mujeres, las pensiones de las mujeres, la calidad de su empleo, ponen de relieve la discriminación existente.

La cualificación de las nuevas generaciones de mujeres, contrasta con los empleos que ocupan, sus salarios siguen sometidos a una brecha salarial injustificable. Siguen perviviendo categorías profesionales destinadas a discriminar salarialmente a la mujer, de forma que con cualificaciones similares, se producen diferencias salariales sustanciales.

Preservar los derechos y los avances en igualdad conquistados, hubiera debido ser el empeño de cualquier gobierno para intentar salir de la crisis más pobres, pero no menos iguales. Sin embargo hemos asistido a un proceso de desmantelamiento de derechos laborales y sociales. Se han alentado políticas de austeridad y recortes presupuestarios, que han incidido directamente en el aumento de las desigualdades y de forma notoria las de género.

Los recortes en la sanidad y la educación públicas, en los servicios sociales, tienen efectos inmediatos sobre las mujeres. Los recortes en educación infantil (0-3 años), en la ayuda a domicilio,  en la aplicación de la ley de dependencia, en plazas residenciales y centros de día. Hasta la aplicación de la reforma laboral introduce nuevas medidas encaminadas a endurecer las condiciones de trabajo e impedir la conciliación de la vida laboral, personal y familiar.

Para terminar de agravar el proceso de involución en la vida y los derechos de la mujer española, entra en liza el poderoso influjo de la jerarquía católica española, que se niega a perder sus privilegios económicos y su capacidad de imponer sus principios a toda la sociedad. La contrarreforma de la Ley del Aborto, es un mazazo en el centro mismo de una sociedad que a duras penas ha conseguido ir arrinconando un pasado de sometimiento al nacionalcatolicismo más rancio y casposo de la vieja Europa.

Como bien nos recuerda Laura Nuño, Directora de la Cátedra de Género del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos y Coordinadora del Master en Género y Políticas de Igualdad entre Mujeres y Hombres,  que CCOO organizamos conjuntamente con la Universidad Rey Juan Carlos, los avances son siempre muy lentos y rápidos los retrocesos.

Por eso, no podemos permitir que la igualdad pase a ser un asunto subsidiario en las políticas públicas. No podemos tolerar que la violencia de género sea tratada como un drama puntual y no como un problema estructural de nuestra sociedad. No podemos aceptar que la Ley del Aborto nos retrotraiga a la etapa más negra de nuestra historia.

Este 8 de Marzo, como todos los 8 de Marzo, ratificamos un compromiso: No podemos consentir que la igualdad de género, los avances en materia de paridad, sean tratados como una molesta obligación, tras la cual se oculta la pervivencia de una profunda fractura de desigualdad y discriminación en nuestro país.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Poesía, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (479). Retroenlaces:(0). Enlace

Mucha reforma y poca formación

jlopez.ccoo.es | 21 Febrero, 2014 13:23

Lo peor de las crisis de caballo que vivimos es la obsesión de los gobernantes por aplicar “reformas” que consigan “resultados”, lo cual les conduce a un empeño constante por dar palos de ciego.  Cada día sacamos a pasear una procesión y si, por un casual llueve, es gracias a la imagen que llevamos en andas y si no llueve es por falta de fe en la susodicha.

Acostumbrados a este proceder endémico, nos hemos convertido en expertos en intuir cuándo sacar la imaginería, antes incluso de que los hombres del tiempo anuncien lluvia.  Así siempre podemos seguir fomentando la fe en los milagros.

Ese loco empeño produce efectos demoledores sobre las políticas.  Por ejemplo, es evidente que la formación no crea empleo, aunque hace más fácil conseguirlo.  Tampoco mejora la calidad del empleo por si misma, ni los procesos productivos. 

Perseguir resultados inmediatos de la formación es querer ver un árbol crecido inmediatamente después de haber plantado la semilla, lo cual es imposible. Y, sin embargo, eso es lo que se hace sin descanso.

Las políticas indiscriminadas de ajuste han llevado a reformas educativas sin consensos, a contratos de aprendizaje sin garantías, a alimentar el mito de una formación dual, más virtual que real.  Y todo ello en aras de adaptar la formación a las necesidades de las empresas, aún a sabiendas de que esas empresas sufren destruyendo empleo y, el que crean. es temporal y de baja cualificación.

Los datos oficiales son demoledores.  El SEPE (antiguo INEM), nos dice que las ocupaciones más ofertadas por los empresarios son para contratar trabajadores de transporte de mercancías, descargadores, administrativos, animadores de tiempo libre, promotores de ventas….

El empresariado parece bastante menos interesado en la cualificación de sus trabajadores, que en su disponibilidad horaria, su flexibilidad, su “compromiso” con la empresa. Les preocupa más, a nuestros empresarios, la actitud, que la aptitud.

Pero la paradoja es que el empresario, el emprendedor, la empresa, se han convertido en el centro de las políticas.  Da igual qué tipo de empresa, su compromiso con la sociedad, su carácter productivo o especulativo.  Poner jóvenes al servicio y libre disposición de la empresa, es la última moda y lo más innovador.  De ahí que la educación y la formación, un derecho constitucional, haya dejado de ser un bien público, para ponerse a disposición de los intereses económicos privados.

En buena lógica es el nivel de formación de la población, en relación con las características del tejido productivo y empresarial que tenemos, el que determina las necesidades formativas reales y no al contrario.  Por eso, la política de formación debería combinarse con las estrategias de desarrollo a medio plazo que deben incorporar actividades productivas e industriales, que generen empleo, que apuesten por inversiones en infraestructuras públicas, que incorporen elementos de protección social, que fortalezcan la negociación colectiva y la capacidad de acuerdo entre empresa y los trabajadores organizados en sindicatos..

Una realidad de nuestra formación es que seguimos teniendo un 45% de la población entre 25 y 64 años con un nivel educativo de primera etapa formativa o inferior, el más alto de Europa, después de Portugal.

Pese a ello los recortes se han llevado por delante 7.984 millones de euros de presupuesto educativo y la Formación para el Empleo se ha visto recortada en 800 millones.  Queda en muy poco el compromiso teórico de mejorar el nivel educativo general, la recualificación de las personas en desempleo, la adaptación de las personas que trabajan. Y, sin embargo, combatir el abandono escolar y elevar los niveles medios de cualificación debería aglutinar los esfuerzos prioritarios de la administración educativa.

La reducción de los recursos contrasta con el incremento de la demanda. Así, la matrícula de los ciclos de FP del sistema educativo se ha incrementado en los peores años de la crisis, entre 2009 y 2012 en un 15 por ciento en los ciclos de Grado Medio y en un 24 por ciento en los Ciclos de Grado Superior. Por su parte, la Formación de Adultos para preparar acceso a la FP ha incrementado su matrícula en un 24 por ciento.

Las verdaderas reformas que habría que abordar, en estos momentos, pasarían por revertir las reformas estructurales en aquellos aspectos que ponen en cuestión y debilitan la equidad y la calidad e la educación. La Reforma Educativa del ministro Wert, la reforma del contrato de aprendizaje, el desastroso diseño de la formación dual, son elementos sobre los que habría que actuar de inmediato. Sería urgente regular de forma clara, en al marco del diálogo social, el Estatuto de Aprendiz y del Practicando, para evitar una abusiva explotación laboral de los jóvenes, cada vez más extendida.

Se encuentra pendiente la negociación de un III Programa Nacional de Formación Profesional, que debería constituir la oportunidad para establecer un Pacto por la FP, simplificando el diseño de instituciones que actúan y coordinando mejor la oferta formativa, evitando duplicidades. Convirtiendo la Negociación Colectiva en un elemento vertebrador de todas las actividades formativas en los centros de trabajo. Facilitando la mejora de la formación de las personas adultas, desde los distintos ámbitos, haciendo posible una oferta accesible y gratuita, permisos remunerados, Planes Sectoriales de cualificación, reconocimiento de las competencias adquiridas a través de la experiencia profesional. Todo un abanico de posibilidades que permitiría enriquecer las relaciones laborales y crear un clima de trabajo que ponga en valor la Formación Profesional en el ámbito de las empresas y los sectores productivos.

En cuanto al panorama de la Formación para el Empleo, la que se sustenta en la cuota de formación, que pagamos empresas y trabajadores, debería seguir el modelo europeo, en el que empresarios y trabajadores tienen un papel determinante en la toma de decisiones sobre la formación de las personas ocupadas. Sin embargo, durante los dos últimos años se han introducido modificaciones no negociadas por el Gobierno, se han deteriorado los instrumentos de participación, se ha fomentado la presencia de sectores privados con intereses económicos en la formación y se han olvidado las sentencias del Tribunal Constitucional que avalan la vigencia y validez del modelo.

Por eso creemos llegado el momento de aprovechar la negociación de los V Acuerdos de Formación Profesional para el empleo, para definir las competencias de cada Administración; desarrollar el derecho individual a la formación; crear sistemas integrados de información y orientación laboral, así como de registro de entidades formativas; redefinir la arquitectura institucional del sistema y el papel que debe jugar en el futuro el Consejo General de la Formación Profesional, la Comisión Estatal de Formación para el Empleo y la propia Fundación Tripartita de Formación para el Empleo; incrementar el papel de los centros públicos en la formación de trabajadores y trabajadoras; evaluando de forma permanente para reforzar la eficacia y eficiencia de la formación.

La obsesión por las reformas, también en materia educativa, no puede conducir al país a un destrozo de lo construido con largo e intenso esfuerzo, sino a  un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles. De otra parte, esos cambios no pueden producirse desde una genérica primacía de la empresa, sino desde el derecho individual de las personas a la formación y desde la necesidad de dotarse de estrategias productivas en el medio plazo, que permitan determinar la formación y las adaptaciones de cualificación que vamos a necesitar en el país.

Los recursos son siempre escasos, pero si los utilizamos bien podemos, incluso en tiempos de crisis, hacer que la formación constituya la base sólida para superar la crisis y afrontar un futuro económico y social sólido y sostenible.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación CCOO

Categora: General, Trabajo, Empleo, Sociedad, Ciudadanía, Historia . Comentario: (238). Retroenlaces:(0). Enlace

Una renta mínima para Europa

jlopez.ccoo.es | 19 Febrero, 2014 08:38

Llega a mis manos un Dictamen del Comité Económico y Social Europeo que invita a la Comisión Europea a estudiar posibilidades de financiación de una Renta Mínima Europea.

La del Comité es una de las cada vez más numerosas voces que reclaman que la lucha contra la pobreza y la exclusión social en Europa, sean algo más que meras declaraciones de objetivos, siempre postergados por los gobiernos nacionales y por las autoridades europeas. De hecho, desde hace más de 20 años el Comité viene reivindicando este tipo de medidas.

La crisis y las insensatas políticas de ajustes y reformas, han incrementado el riesgo de pobreza hasta el punto de que el 24,2% de la población europea, casi 120 millones de personas, se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.  Durante la crisis,  todos los indicadores de riesgo han empeorado. Tanto en riesgo de pobreza, en privaciones materiales severas, o en familias en las que el empleo es escaso, o inexistente.

Los pobres son cada vez más pobres y los menores de 18 años, conforman uno de los grupos más expuestos a la pobreza con una tasa de 27,1%, seguidos, en muchos países, de las personas mayores y otros grupos de población vulnerables como las personas con discapacidad, con enfermedades crónicas graves, hogares monoparentales, familias de rentas bajas, inmigrantes, minorías étnicas.

Aparecen nuevas formas de pobreza, como las personas sin hogar, la pobreza energética, la exclusión financiera, el endeudamiento excesivo, la feminización de la pobreza. Nuevas formas de pobreza que incorporan el fenómeno de los trabajadores y trabajadoras pobres, cuya precariedad y bajo salarios vienen a sumarse a los 26,2 millones de personas desempleadas, alcanzando el desempleo juvenil tasas máximas del 23’6%. Desgraciadamente España duplica las medidas europeas en casi todos estos datos desfavorables.

Mientras los programas nacionales de ajustes y reformas se cumplen al milímetro.  Mientras las entidades financieras gozan de ayudas incondicionales para sus rescates, los objetivos de la Estrategia Europea 2020, que incorporan una reducción de 20 millones de personas pobres, no se cumplirán y quedarán entre 5 y 8 millones por debajo, suponiendo que la suma de objetivos nacionales se cumpliera rigurosamente.

Hay que reforzar las políticas que permitan impulsar una economía sostenible, que apueste por el empleo y la formación de las personas y los trabajadores y trabajadoras.  Y en el mientras tanto, hay que poner en valor elementos sociales de los tratados, Cartas de Derechos, recomendaciones, planes y estrategias de la Unión Europea.

La pobreza tiene hoy muchas y muy variadas dimensiones.  Sus efectos sobre la sociedad son demoledores.  Incluso económicamente sus consecuencias son desastrosas sobre las rentas disponibles y la demanda.  No hay país competitivo compatible con altas tasas de pobreza.

La Unión Europea no puede seguir concentrando todas sus prioridades en las políticas monetarias, de estabilidad presupuestaria, de recortes presupuestarios, de injusticia fiscal.

La implantación de una Renta Mínima se viene reclamando desde hace más de veinte años.  Recientemente CCOO hemos presentado una propuesta en este mismo sentido. No es una panacea, ni una solución a la crisis, pero puede contribuir a paliar los efectos sociales de la misma, al dotar a las personas de los recursos mínimos esenciales para la subsistencia, impulsando la demanda interna y provocando un efecto anticíclico que contribuya a superar la crisis.

Europa necesita que todos sus países establezcan una Renta Mínima garantizada para las personas que no pueden acceder a prestaciones derivadas de sus cotizaciones al desempleo, o a la Seguridad Social. Necesitamos una última barrera contra la pobreza que asegure el derecho a una vida digna de las personas y las familias.

Son muchas las organizaciones sindicales, sociales, fuerzas políticas, que reclamamos una Renta Mínima Garantizada,  Una demanda que no puede toparse con los silencios de los Gobierno, con la indolencia de los poderosos, con la avaricia de quienes detentan la riqueza.

 

Francisco Javier López Martín

Secretario de Formación de CCOO

Categora: General, Empleo, Política, Sociedad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (476). Retroenlaces:(0). Enlace

2013 el año del oprobio

jlopez.ccoo.es | 09 Enero, 2014 12:13

Es difícil decir algo sobre 2013 que no haya sido dicho ya. Pocos años habrán sido percibidos tan nefastos como el que acaba de terminar, pese a que no han faltado malos años en nuestra historia. Sin embargo, en muy pocas ocasiones hemos podido sentir que los cambios que se estaban produciendo, acelerados, vertiginosos, nos conducían a otro país. Un país que no sabemos cómo será, pero que intuimos que alguien está diseñando a nuestras espaldas.

Para mí también ha sido un año de profundos cambios. La Secretaría General de CCOO de Madrid, que ocupé hasta enero, me parece, tras el año transcurrido, un lugar seguro, en el que la perspectiva tenía puntos de fuga reales a los que dirigir la vista en cada momento, a los que acudir para poner barreras, taponar grietas, frenar agresiones. Un lugar donde perder o ganar. Un lugar inmenso, pero acotado. Un territorio de frontera, pero de dimensiones aún humanas. Complicado, pero conocido.

Durante este año me he adentrado en un territorio nuevo. El de la formación profesional para el empleo. Soy maestro y el funcionamiento de la estructura educativa no me es ajeno. Sin embargo, la formación para el empleo es un subsistema que funciona como un submundo, con reglas propias y una arquitectura diseñada a lo largo de décadas, que hoy se ve sometida a los avatares de la crisis, no sólo económica, sino de empleo, social, política, cultural.

El modelo de formación para el empleo tiene muchas virtudes y no pocos problemas. Revisar el modelo, crear un nuevo marco para la formación de los trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda la vida, sería una tarea urgente, pero lo urgente no siempre es prioritario en política y la política no goza de buena salud en nuestro país.

Ha sido duro. Y, sin embargo, lo peor con diferencia no ha consistido en aceptar un nuevo reto en tiempos difíciles, sino percibir que la crisis que atravesamos es mucho más que una crisis económica al uso, más dura y más larga que otras anteriores. Percibir que el mundo que hemos vivido y conocido, afronta uno de esos procesos de transformación histórica que lo convierte en irreconocible y que abre un escenario nuevo de imprevisibles consecuencias. Un mundo globalizado frente al que los Gobiernos, los Estados, los pueblos, tienen poco margen de maniobra y los instrumentos de gobierno internacionales se muestran impotentes.

Por lo pronto, el destrozo económico que ha producido la crisis, ha fracturado el mercado de trabajo hasta límites intolerables. El paro frente al empleo, el temporal frente al fijo, el becario frente a todos. El empleado público frente al privado. El autónomo frente al asalariado. En todos los casos los salarios se reducen, las condiciones de trabajo empeoran, las posibilidades de encontrar un empleo para los que carecen del mismo son cada día menores, las posibilidades de perderlo para cuantos lo han conservado han crecido de forma desproporcionada. La temporalidad, la precariedad, la inseguridad en los derechos laborales, parecen convertirse en el paradigma de la modernidad que se avecina.

Mientras tanto, los recortes sociales han conseguido que servicios esenciales para el bienestar de la ciudadanía se hayan visto no sólo recortados, sino sometidos a los flujos de los intereses privados. La sanidad, la educación, los servicios sociales, la atención a nuestros mayores, el acceso a la cultura, que considerábamos como logros conseguidos durante largos procesos de movilización y negociación, de construcción democrática, se ven sometidos a las reglas inexorables de los mercados.

Las libertades públicas, los derechos individuales, para reunirse, concentrarse, manifestarse. El derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Hasta el derecho a fumarse un canuto de marihuana, se ven limitados y sometidos a ancestrales principios del nacionalcatolicismo. Retrocedemos a pasos de gigante hacia los últimos puestos de la Unión Europea en los derechos laborales, sociales, de ciudadanía.

La especulación, la corrupción, la puerta giratoria que pone en comunicación constante la política y los intereses empresariales, la falta de transparencia, el tráfico de influencias y de información, en aras de conseguir más riqueza, más poder. Los largos años dedicados a construir un espejismo de riqueza basado en el alto consumo interno, el endeudamiento infinito, el crecimiento especulativo del sector inmobiliario y de los precios de la vivienda, hicieron el resto y hoy pasan factura.

Algo muy grave tiene que haber pasado en el corazón de este país para que las ansias de riqueza, el todo vale para conseguir el poder del dinero, el amor al poder, se hayan convertido en valores admirables y admirados. Algo muy grave tiene que haber ocurrido para que el beneficio fácil y especulativo prevalezca sobre el estudio, el esfuerzo, el trabajo de cada día. Algo debe haber nublado este rincón de Europa que lamamos España, para que tanta gente de alta estirpe y de baja estopa, de alta cuna y de baja cama, hayan creído que la impunidad podía presidir sus comportamientos especulativos, sus tráficos de influencias, sus fraudes a la Hacienda, sus correos dando cuenta y presumiendo de sus actuaciones mafiosas.

Así llegaron estos largos años de crisis. Así nos ha golpeado sin clemencia y con brutalidad inusitada. Así ha terminado este año 2013, este año del oprobio, mientras hay quien anuncia que 2014 será el año de la recuperación de la economía. Parece ser que hemos tocado suelo, e iniciamos una larga y lenta recuperación, en la que lo último que volveremos a tener será empleo y, para cuando éste retorne, será temporal, precario, inseguro, mal pagado y sin derechos. Así de simple, así de terrible.

Paradójicamente, quienes más dicen amar a España, están alentando todo el individualismo necesario, produciendo todas las fracturas precisas, dibujando todos los puntos de fuga posibles y  levantando todas las murallas infranqueables, para impedir cualquier intento de reconstrucción, o para que esa reconstrucción se produzca bajo los designios de una nueva burbuja especulativa, en un nuevo modelo económico y social, en el que los pueblos hayan perdido todas las bazas para gobernar y tan siquiera limitar, las fuerzas de una economía de consumo globalizado.

El destino no está escrito, pero si queremos elegir y decidir nuestro destino, deberemos sumar mucha sensatez, mucha voluntad, mucho trabajo, mucha flexibilidad en las ideas y una cultura de la honestidad, a prueba de bombas, de la que no andamos sobrados. No lo tenemos fácil. En primer lugar porque muchos de nuestros males son estructurales, forman parte de cuanto hemos acuñado como país. Y en segundo lugar porque nos encaminamos hacia un mundo desconocido, donde muchas de las experiencias pasadas nos servirán de poco.

Pero de nuestra decisión de hoy, dependerá el futuro de nuestras hijas y nuestros hijos. De nosotros y nosotras depende que ese futuro desconocido vaya naciendo bajo el signo de los derechos de ciudadanía, o sometidos a la marca del oprobio. Un futuro de las personas, o un futuro de opresión de las libertades. Es la hora de tomar las riendas y la palabra.

 

Francisco Javier López Martín.

Categora: Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Cultura . Comentario: (92). Retroenlaces:(0). Enlace

35 AÑOS: UNA CONSTITUCION EN LA ENCRUCIJADA

jlopez.ccoo.es | 06 Diciembre, 2013 01:31

Los años transcurridos, cuando acaban en cero, o cuando acaban en cinco, llaman al recuerdo, a la conmemoración. Convocan la memoria, la evocación del tiempo transcurrido, el camino andado, el momento que fue y el que está por venir. Pueden convertirse en un jetztzeit, al más puro estilo Walter Benjamin. Un tiempo del ahora, que rompe el curso continuo de los acontecimientos, cargado de energía y dispuesto a dar un salto hacia el futuro. Pueden convertirse, que nadie se ofenda (que anda el personal muy crispado), en momentos revolucionarios, cargados de transformaciones profundas. 35 años de Constitución Española, no son una cifra tan redonda como 25, o 50, pero bien podrían constituir un tiempo-ahora, como me recordaba recientemente Jesús Montero, al comentar un artículo mío sobre Camus y rememorar los 25 años transcurridos desde la Huelga general del 14-D. Y sin embargo, atenazados como estamos por una crisis económica, de empleo, política y social, nadie parece excesivamente interesado en conmemorar la Constitución. Como si pensáramos que hacerlo puede aún empeorar la ya irrespirable situación. El país parece entregado a la autoinmolación en aras de satisfacer a los más ancestrales demonios, que nos han devorado, cada cierto tiempo, a lo largo de nuestra historia, obligándonos a largos, duros y costosos procesos de renacimiento y reconstrucción, emergiendo de las cenizas. La eterna derechona inclemente, que transigió a regañadientes con el advenimiento de un régimen constitucional, ha encontrado en la crisis, la coartada perfecta para desmontar la igualdad aún incipiente e imperfecta que, con tanta persistencia y sacrificio, hemos ido construyendo. Vuelve por sus fueros el nacionalcatolicismo a las escuelas y se extinguen las becas y ayudas a los estudios. Vuelve Torquemada a perseguir el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sobre su embarazo. Vuelven a expoliar los recursos de todos, para ponerlos a los pies del dios mercado, al servicio de los intereses privados. Vuelven nuestros mayores a la indigencia y la soledad. Vuelve la justicia a ser de pago. Vuelven los jóvenes, más preparados que nunca, a hacer las maletas y emigrar al extranjero. Y los que se quedan, serán la primera generación que viva peor que la anterior, desde hace muchas décadas. Porque de eso se trata. La precariedad, la temporalidad, lo efímero, la inseguridad como forma de vida y horizonte de futuro. La modernidad de diseño que nos deparan. Vuelve la criminalización de la protesta. Vuelve la hipocresía del empresario “buen salvaje”, que explota hasta el hastío a sus trabajadores y recoge alimentos para los mismos trabajadores que acaba de despedir, ahora convertidos en pobres que aguardan en la cola de la beneficencia. Vuelven las organizaciones de caridad, que no de justicia, que suplen temporal y precariamente, el hueco dejado por unos servicios públicos debilitados. Vuelven los ataques al sindicalismo. Si un despacho de abogados negocia un ERE en nombre de la empresa y cobra sus abultados honorarios, estamos ante profesionales. Si los abogados y economistas del sindicato intervienen y cobran un pequeño porcentaje que nada tiene que ver con los costes de los despachos “profesionales”, están robando a todos los ciudadanos. Si la editora de El Mundo, o de La Razón, o de ABC, organizan cursos para altos ejecutivos, a 3000, a 6000 euros, y los bonifican con recursos de todos los trabajadores extraidos de la Fundación Tripartita, y obtienen cuantiosas subvenciones y tapan sus agujeros financieros sangrando a Ministerios, a Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Universidades, el silencio es absoluto. Si los sindicatos organizan cursos, mucho más modestos, pero más pegados a las necesidades formativas de los trabajadores, de las personas paradas y del común de los mortales, son ladrones y ocupan portadas en esos mismos periódicos. El silencio es absoluto, entre otras cosas porque perro no come perro. Entre otras cosas, porque una corte de tertulianos bien pagados y alimentados, viven de despotricar, contra los sindicatos y contra la izquierda, en las tertulias de las mismas televisiones que propiedad de esos mismos grupos editores de los periódicos. Televisiones que les han sido concedidas por amigos bien situados en la política. Amigos que tendrán su puesto asegurado en los consejos de administración, cuando decidan utilizar la puerta giratoria que conecta la política con la empresa. Y no quiero decir, con todo esto, que los sindicatos y la izquierda, hayamos hecho todo bien en este país. La burbuja inmobiliaria, que trajo la ley del suelo del inefable Aznar, era mucho más que una burbuja de especulación inmobiliaria. Era especulación bancaria, Era fijar precios a la carta. Era con IVA o sin IVA. Era tener derechos sin deberes. Era depredar el territorio, las costas, los espacios protegidos. Era envilecer a las personas. Era espejismo de crecimiento sin fin. Era pelotazo infinito. Era consumo descabellado. Era vivir a crédito. Decía mi padre, que vivió y murió en la pobreza, Que no me pongan donde haya. A lo largo de la ultima década y media, todo parecían oportunidades y el que no las aprovechaba, podía pasar por tonto. También habrá habido sindicalistas que han picado ese anzuelo. No conozco, sin embargo, nadie que se haya hecho rico y haya amasado fortunas en el sindicato. Pero si alguno ha incurrido en ilegalidades, merece pagarlo. Estoy seguro de que cuando echemos cuentas de la locura que vivió este país y las consecuencias que trajo consigo, podremos comprobar que los sindicalistas aportaron una ínfima parte de esa locura. Quienes hoy deterioran lo público, la sanidad pública, la enseñanza pública, los servicios sociales, las pensiones. Quienes hoy atacan a los partidos políticos, a los sindicatos, a las instituciones públicas, degradando su credibilidad, preparan el asalto al Estado, para apropiarse de lo que es de todos, en beneficio de intereses privados. Sin control alguno, sin testigos. Con todo, la Constitución que construyeron quienes hace 35 años asumieron la responsabilidad de acabar con una dictadura, en un momento de crisis económica mundial que devoraba empleos, salarios, empresas, tiene poco que ver con la corrupción, con la destrucción de derechos laborales y sociales, con el paro, con las tensiones políticas, con el robo de lo que es de todos para ponerlo a los pies de los mercaderes,con la fractura social que se está generando. Más bien al contrario, releer la Constitución, que comienza definiéndonos como un Estado Social y Democrático de Derecho, puede ayudarnos a tomar conciencia de ese tiempo-ahora que nos toca vivir. Un tiempo que rompe la secuencia de los últimos 35 años y nos sitúa ante el despeñadero, o ante la voluntad de negociar un nuevo contrato social que asegure los derechos sociales y de ciudadanía, sin los cuales no hay país, no hay patria, no hay futuro. Hoy, la Constitución es nuestra última esperanza. Francisco Javier López Martín

Categora: General, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos . Comentario: (93). Retroenlaces:(0). Enlace

CAMUS, UN EXTRANJERO

jlopez.ccoo.es | 07 Noviembre, 2013 13:01

A modo de introducción:

Inicio mi andadura en este espacio de Blogs de CCOO, con un artículo dedicado al centenario del nacimiento de Albert Camus. Habrá quien pensará que hay temas más actuales y combativos para un momento como éste. Y, sin embargo, os lo aseguro, no se me ocurre otro tema más actual y combativo, más necesario para cada uno de nosotros y nosotras, como personas, como ciudadanía, como clase trabajadora, que la lucha permanente y prometéica de nuestra gente, para abrir paso a la justicia y a la libertad, sin ceder un solo paso en ninguno de los dos empeños.

Albert Camus

 

ALBERT CAMUS, NUESTRO EXTRANJERO

El 7 de Noviembre de 1913 nacía en la Argelia francesa Albert Camus. 44 años después, en 1957, el año de mi nacimiento, el año aleatorio del nacimiento de las CCOO, Albert Camus recibía el Premio Nobel de Literatura, por “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Su discurso, en el momento de recibir el premio, es toda una declaración de vida y de intenciones que no me resisto a reproducir al final de este artículo.

Un discurso en el que reconoce el fracaso de su generación en dar cumplimiento al reto que cualquier generación se plantea: rehacer el mundo. La misión de su generación, nos cuenta Camus, es, tal vez, aún más grande y consiste en impedir que el mundo se deshaga.

Una generación, resalta en su discurso, que carga con una pesada herencia de corrupción, revoluciones frustradas, técnicas enloquecidas, dioses muertos e ideologías extenuadas. En un momento histórico en el que los poderes más mediocres pueden destruirlo todo y vencer sin convencer. En el que los intelectuales se han rebajado hasta convertirse en criada del odio y la opresión. Una generación que ha tenido que restaurar, por sí misma, en torno a sí misma, desde sus propias negaciones, un poco de cuanto constituye la dignidad de vivir y de morir.

Cómo no sentirse, en estos días que corren en España, en Europa, en el planeta todo, concernido, llamado, convocado, por estas reflexiones de un hombre que, en el momento de recibir el Premio Nobel, en el momento de su muerte, dos años más tarde, era más joven de lo que yo lo soy ahora.

No llegué a Camus con facilidad. No llegué sólo por la lectura y el conocimiento. Mis primeras aproximaciones a Camus vinieron de la mano del idioma francés que se enseñaba en el bachillerato. La lectura de L´Étranger fue mi primer acercamiento a Camus. Tal vez era demasiado joven, o dominaba superficialmente el idioma, para entender el pozo profundo de un alma, tan sólo segura de su vida y de su muerte.

Mi segundo encuentro, leyendo La Peste, me resultó mucho más satisfactorio. Ese aire inmundo de un Orán asolado por la peste, asediado, ocupado por la muerte y el dolor, la enfermedad, fue desvelando sentimientos, sensaciones, miedos que anidaban en mí, como imagino que en la gran mayoría de los habitantes de aquel Orán suburbial y sitiado, de los últimos años del franquismo.

Imagino que esos libros provenían de aquella librería Espinela, en cuya trastienda se acumulaban algunos ejemplares venidos de Francia, o de editoriales latinoamericanas que suministraban libros que nunca traían impreso el nihil obstat.

Mi tercer encuentro, llegó de la mano de un grupo de drogodependientes, empeñados en representar la obra Calígula. Eran ya los años duros de la droga que asediaba, como la peste, los barrios obreros del sur de Madrid. No eran grandes actores, pero la obra funcionaba y conmovía, porque aquellos jóvenes, con sus sábanas a modo de togas romanas, eran los extranjeros de una tierra desolada.

El Hombre Rebelde llegó más tarde para cerrar el círculo de mi comprensión de un hombre que, en su corta vida, truncada en un accidente de coche en 1960, tuvo tiempo para asumir el orgullo de una madre analfabeta de la que aprendió el español y el catalán. De un padre trabajador en los campos de Argelia, muerto en la I Guerra mundial y del cual casi sólo tenía el recuerdo de su rechazo ante la horrible ejecución de una pena de muerte. Tuvo tiempo para alzarse del suelo, sobre la dura miseria de su infancia, aprender de excelentes profesores a los que recordaría toda la vida, hasta llegar a convertirse en un hombre entre los hombres, pensando entre los hombres, viviendo entre los hombres, sin dejar de ser un extranjero.

Un hombre capaz de defender la justicia y la igualdad, sin dejar de construir su propia libertad, porque "si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo". Capaz de debatir y rebatir con los surrealistas, con quienes fueron sus camaradas en el Partido Comunista. Con los pieds-noirs, los colonos originarios de Francia en Argelia y con los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional de Argelia.

Con Jean-Paul Sartre y con los existencialistas, entre los que también estuvo encuadrado. Con los propios anarquistas, con los que también colaboró, pero que tampoco escapan al doctrinarismo y la ortodoxia, pese a que no son pocos los que consideran que Camus formuló el pensamiento anarquista del siglo XX.

Presente en todas las causas justas, nunca renunció a su libertad. El precio que pagó fue alto. El Premio Nobel no consiguió romper el ostracismo personal, que no literario, al que le habían condenado los círculos intelectuales encabezados por Sartre. Un extranjero siempre consciente de que "el éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo".

Un hombre libre, de esos que siempre son necesarios en cada generación. De esos que tienen plena vigencia y actualidad en nuestros tiempos Un hombre capaz de decir No, aun siendo consciente de que "las tiranías de hoy se han perfeccionado: Ya no se admiten el silencio ni la neutralidad. Hay que pronunciarse, estar a favor o en contra. Pues bien, en ese caso, yo estoy en contra".

Un hombre capaz de habitar entre nosotros, preguntándose las mismas cosas y respondiéndolas con libertad, aun pagando el precio de ser siempre un extranjero.

Francisco Javier López Martín

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR ALBERT CAMUS EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DEL PREMIO NOBEL

Al recibir la distinción con que vuestra libre academia ha querido honrarme, mi gratitud es tanto más profunda cuanto que mido hasta qué punto esa recompensa excede mis méritos personales.

Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que él es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer vuestra decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre casi joven todavía rico sólo de dudas, con una obra apenas en desarrollo, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin cierta especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, en plena luz? ¿Con qué estado de ánimo podría recibir ese honor al tiempo que, en tantas partes, otros escritores, algunos entre los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natral conoce incesantes desdichas?

Sinceramente he sentido esa inquietud y ese malestar. Para recobrar mi inquietud y este malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme a tono con un destino harto generoso. Y como me era imposible igualarme a él con el sólo apoyo de mis méritos, no ha llegado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitidme que, aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, os diga, con la sencillez que me sea posible, cuál es esa idea.

Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de toda otra cosa. Por el contrario, si él me es necesario, es porque no me separa de nadie y que me permite vivir, tal como soy, al nivel de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues al artista a no aislarse; muchas veces he elegido su destino más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia sino confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y sin han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.

Por lo mismo, el papel del escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición, no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si lo consintiera. Pero el silencio de un prisionero desconocido, basta para sacar al escritor de su soledad, cada vez, al menos, que logra, en medio de los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trata de recogerlo y reemplazarlo para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Ninguno de nosotros es lo bastante grande para semejante vocación. Pero en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre de poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificara a condición de que acepte, en la medida de lo posible, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio de la verdad y el servicio de la libertad. Y pues su vocación es agrupar el mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira y a la servidumbre que, donde reinan, hacen proliferar las soledades. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia a la opresión.

Durante más de veinte años de una historia demencial, perdido sin recurso, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, esencialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres -nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años a tiempo de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, y que para poder completar su educación se vieron enfrentados luego a la guerra de España, la segunda guerra mundial, el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones -se ven obligados a orientar sus hijos y sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta que llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación, han reivindicado el derecho y el deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad. Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia.

Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrías hacerlo, pero su tarea es quizá mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida en la que se mezclan revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden destruirlo todo, no saben convencer; en que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión, esa generación ha debido, en sí misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de sus amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que nuestros grandes inquisidores arriesgan establecer para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la alianza. No es seguro que esta generación pueda al fin cumplir esa labor inmensa, pero lo cierto es que, por doquier en el mundo, tiene ya hecha, y la mantiene, su doble apuesta en favor de la verdad y de la libertad y que, llegado al momento, sabe morir sin odio por ella.

Es esta generación la que debe ser saludada y alentada donde quiera que se halla y, sobre todo, donde se sacrifica. En ella, seguro de vuestra segura aprobación, quisiera yo declinar hoy el honor que acabáis de hacerme.

Al mismo tiempo, después de expresar la nobleza del oficio de escribir, querría yo situar al escritor en su verdadero lugar, sin otros títulos que los que comparte con sus compañeros de lucha, vulnerable pero tenaz, injusto pero apasionado de justicia, realizando su obra sin vergüenza ni orgullo, a la vista de todos; atento siempre al dolor y la belleza; consagrado, en fin, a sacar de su ser complejo las creaciones que intenta levantar, obstinadamente, entre el movimiento destructor de la historia.

¿Quién, después de esos, podrá esperar que el presente soluciones ya hechas y bellas lecciones de moral? La verdad es misteriosa, huidiza, y siempre hay que tratar de conquistarla. La libertad es peligrosa, tan dura de vivir como exaltante. Debemos avanzar hacia esos dos fines, penosa pero resueltamente, descontando por anticipado nuestros desfallecimientos a lo largo de tan dilatado camino. ¿Qué escritor osaría, en conciencia, proclamarse predicador de virtud? En cuanto a mí, necesito decir una vez más que no soy nada de eso. Jamás he podido renunciar a la luz, a la dicha de ser, a la vida libre en que he crecido. Pero aunque esa nostalgia explique muchos de mis errores y de mis faltas, indudablemente me ha ayudado a comprender mejor mi oficio y también a mantenerme, decididamente, al lado de todos esos hombres silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad y esperanza de volverlos a vivir.

Reducido así a lo que realmente soy, a mis verdaderos límites, a mis deudas y también a mi fe difícil, me siento más libre para destacar, al concluir, la magnitud y generosidad de la distinción que acabáis de hacerme. Más libre también para deciros que quisiera recibirla como homenaje rendido a todos los que, participando en el mismo combate, no han recibido privilegio alguno y, en cambio, han conocido desgracias y persecuciones. Sólo me resta daros las gracias, desde el fondo de mi corazón, y haceros públicamente, en prenda de personal gratitud, la misma y vieja promesa de felicidad que cada verdadero artista se hace a sí mismo, silenciosamente, todos los días.

Albert Camus

Categora: General, Poesía, Trabajo, Empleo, Política, Sociedad, Literatura, Afectos, Educación, Sanidad, Ciudadanía, Servicios Públicos, Ideas, Historia, Cultura . Comentario: (465). Retroenlaces:(0). Enlace